CHAPTER 2: BACKGROUND AND LITERATURE 2.1.Introduction
3.2. Research design
3.2.2. Second research objective
La palabra griega gnosis quiere decir conocimiento en sentido amplio, libre de connotaciones religiosas o filosóficas.70 En esta sección
utilizamos el término en un sentido más específico, que lo distingue del “conocimiento” en general, y al precisar el perfil propio del conocimien- to gnóstico, caracterizamos también el fenómeno de la gnosis.
* A diferencia del conocimiento en general, que significa el acto de la captación de un contenido por la fuerza del intelecto, el conocimien- to gnóstico tiene un efecto sobre el sujeto del conocer que va más allá de lo puramente cognitivo: el conocimiento significa aquí el acceso a una nueva realidad que tiene que ver inmediatamente con la rea- lidad del hombre. En este caso, la nueva realidad en cuestión otorga una cualidad propia al conocimiento gnóstico, porque se refiere a la condición del ser humano en el mundo. El gnóstico se “re-conoce” como un ser extraño a este mundo, cuyo principio de pertenencia no es la realidad inmediata, sino una realidad trascendente. El rechazo de este mundo comporta un jucio negativo sobre él; la orientación hacia una realidad trascendente revela que el conocimiento gnóstico tiene una intención salvífica, que se realiza en el momento mismo del conocer. El acto del conocimiento despliega una dinámica propia que se refleja en el sujeto cognitivo. Al conocer que su mundo no es éste, él mismo pasa a pertenecer a otra realidad. Como los signos reales, que realizan lo que significan, así ocurre en el conocimiento gnóstico.
70 En una introducción a la literatura cristiana de los primeros siglos, nos interesamos por el
fenómeno de la gnosis en las comunidades cristianas, especialmente en su expresión literaria; la caracterización del conocimiento gnóstico es un presupuesto para la comprensión de la literatura. La colección de textos reunidos bajo el título Corpus Hermeticum demuestra que hubo también una gnosis no cristiana, aunque no todos los escritos recopilados en esa colección posean rasgos gnósticos. No abordamos el problema si es que hubo una gnosis anterior al cristianismo.
* La concepción de la realidad propia de la gnosis está marcada por un profundo dualismo. El objeto del conocimiento gnóstico descubre la negatividad de este mundo, a la que se opone la positividad de otra rea- lidad que es la auténtica patria del gnóstico. Las preguntas formuladas en los “Extractos de Teódoto” recopilados y transmitidos por Clemente de Alejandría, precisan el contenido del conocimiento gnóstico:
“¿Dónde estábamos? ¿Qué nos hemos vuelto? ¿Dónde estábamos? ¿A dónde hemos sido arrojados? ¿A dónde nos precipitamos? ¿De qué hemos sido rescatados? ¿Qué es la generación? ¿Qué es la rege- neración?” (78).
El “desde dónde” del gnóstico determina su destino futuro. Si viene de otra realidad y “ha sido arrojado” a este mundo, en donde ha sido generado, está llamado a ser “regenerado” por un nuevo nacimiento en el mundo trascendente al que pertenece.
* La estructura dualista de la realidad se refleja en dos niveles: el primero es cosmológico, pues si “este mundo” es negativo o per- verso, entonces el dualismo incluye el antagonismo de materia –este mundo, el objeto de la experiencia– y “espíritu” –el mundo trascen- dente, el objeto de la esperanza–. El segundo nivel atañe a la causa última del dualismo. La cuestión es eminentemente teológica y la respuesta tiene que serlo también. Dos modelos fueron elaborados para explicar este dualismo. Uno de ellos supone un proceso de degradación en el seno de una divinidad graduada, en el estrato inferior al abismo total que se escapa a toda expresión y a todo pen- samiento humano. Allí, donde la divinidad se muestra como la suma de todas las cualidades divinas, hubo una pérdida inexplicable que derivó en un descenso a niveles inferiores hasta alcanzar la creación de este mundo. El otro modelo parte de un esquema dualista en la divinidad misma: al Dios trascendente, desconocido y extraño a este mundo, se opone el Dios creador, el demiurgo perverso, que es la causa de este mundo y de la existencia del hombre en él como un ser caído y necesitado del mensaje de la salvación.
* Estas dos formas de dualismo, el cosmológico y el teológico, se proyectan en una tercera forma: el dualismo antropológico. La dis- tinción entre el espíritu y la materia se toma no para designar dos componentes de la realidad humana considerada como unidad, sino
para caracterizar a dos grupos de personas: los “espirituales” (en griego: pneumatikoí), que son aquellos que poseen el Espíritu de Dios, los gnósticos, que saben de su origen en el mundo del Espíritu, y que ahora se sienten extranjeros en el mundo material de la experiencia cotidiana. A estos se oponen los seres “materiales” o “corporales” (en griego: hylikoí o somatikoí), que están inmersos en el mundo de la materia y que nunca llegarán al saber salvador de la gnosis. A veces se ha agregado a estos un tercer grupo: los “síquicos” (en grie- go psichykoí), que están llevados por una fuerza vital, y guardan la posibilidad de orientarse hacia el mundo espiritual. Con razón, este tercer grupo ha sido considerado como una creación “táctica”, para atraer a los simpatizantes con el pensamiento gnóstico, pero que aún no habían roto con la “gran iglesia”. El “gnóstico” no es un ser “espiritual” que se ha vuelto tal por un proceso de conversión, sino es el que descubre lo que siempre ha sido, aunque haya pasado un tiempo sin saberlo. Esto hace imposible el paso de una esfera de la realidad a la otra. El que pertenece a la materia, quedará en ella, así como el que pertenece al mundo del espíritu siempre encontrará su origen determinante.
* Debido a la importancia del conocimiento en la gnosis, Adolf von Harnack, un gran conocedor del cristianismo antiguo, la caracteri- zó como la “aguda helenización” del cristianismo.71 El viejo prin-
cipio: “conócete a ti mismo”, la importancia del conocimiento en el pensamiento griego, parecían dar razón a esta explicación de la gnosis por sus raíces en el helenismo. Sin negar la validez de estos argumentos, es fácil ver que la gnosis defiende principios que son totalmente opuestos al espíritu del pensamiento griego, pues en éste el mundo es “cosmos”, es decir, el adorno, el orden, la armonía, lo que contribuye a la belleza. El concepto surge de una percepción muy positiva de la realidad mundana como objeto de experiencia. A esto se opone la condenación del mundo como el lugar del “exilio”, en donde el hombre no tiene su patria. Hay otro motivo, aún más importante que la comprensión de “mundo”, que pone en cuestión la opinión de Harnack. La gnosis representa un pensamiento religioso, sediento de salvación y conciente de la situación del hombre en el
mundo, como un ser necesitado de redención. De esto da cuenta la caracterización de la gnosis de otro gran especialista del cristianismo antiguo, Hans Lietzmann, que no rechaza de plano la opinión de Harnack, pero que le agrega un elemento muy diferente: la gnosis es una “aguda reorientalización”72 del cristianismo. Aunque el concep-
to de “orientalización” sea difícil de precisar, es posible comprender su significado básico en la relación directa entre el hombre y Dios y en la tensión que constantemente acompaña esta relación, como hemos visto antes. A favor de esta explicación sobre el origen de la gnosis hay que mencionar el drama de la redención del hombre caído, un problema desconocido al pensamiento griego. Aún en el caso de una espiritualización extrema del platonismo, como está representada por Plotino, el mundo sigue siendo “cosmos” y no se acepta que sea mirado en forma negativa.73 Esto quiere decir que la
comprensión gnóstica del hombre y del mundo son profundamente ajenas a Platón y a todos aquellos que se consideraron sus herede- ros. Las dos explicaciones sobre el origen de la gnosis a partir de su génesis cultural, sea como “aguda helenización” o como “aguda reorientalización”, ponen de manifiesto aspectos de indiscutible vali- dez, pero que no dan cuenta de todo el fenómeno. Las insuficiencias que hemos constatado, muestran que la complejidad del fenómeno supera las posibilidades que brinda una explicación basada en una causalidad genética.
* Siguiendo algunas orientaciones dadas por Hans Jonas en su estu- dio sobre la gnosis: “La gnosis y el espíritu de la antigüedad tardía” (1934)74 puede explicarse el origen de la gnosis como un hecho
72 Geschichte der Alten Kirche, Bd. 1, Berlin/Leipzig 1937, 317.
73 Es significativo que Plotino, el representante más importante del pensamiento platónico
en el siglo tercero – el centro de su actividad estaba en Roma – escribió un tratado en contra de los gnósticos, a quienes echa en cara su desprecio del mundo (Enn. II,9,16). En la voz de Plotino se articula el sentimiento platónico más auténtico. Cristianos y paganos argumentan en forma semejante cuando polemizan en contra de los gnósticos. Cfr. Norbert Brox, Antignostische Polemik bei Christen und Heiden, en: Münchner Theologische Zeitschrift 18 (1967) 265-291.
74 El título original es: Gnosis und spätantiker Geist. Teil 1: Die mythologische Gnosis (FRLANT
33), Göttingen 1934. Años después Jonas volvió sobre el tema en una publicación en inglés: The Gnostic Religión. The message of the alien God and the beginnings of Christianity, Boston 11958. 21963. 31970, de la que hay traducción castellana: La religión gnóstica. El mensaje del Dios Extraño
que surge del espíritu dominante en una época, que se expresa en ambientes religiosos influenciados por la propaganda cristiana. Es verdad que la primera mitad del siglo segundo es el tiempo de mayor prosperidad y expansión en el imperio romano, pero las déca- das posteriores van a mostrar en forma cada vez más clara su debili- dad estructural con evidentes señales de decadencia. Los límites del imperio son atacados una y otra vez por los pueblos bárbaros, y la seguridad del todo social se vuelve problemática.
Personas de extrema sensibilidad perciben las dificultades antes de que se vuelvan patentes. Lo mismo debe decirse de los círculos en donde se desarrolla el pensamiento gnóstico. Todo ser humano hace la experiencia de los propios límites, de las deficiencias de la estructura social y de las amenazas que nacen de ella, en otras palabras, de la negatividad que determina la existencia humana, en mayor o menor medida. Pero son pocos los que experimentan esta negatividad con una sensibilidad particular y reaccionan en forma tan intensa frente a ella, que van a construir un sistema que dé una respuesta a la pregunta del por qué de tanta miseria. La respuesta gnóstica explica la maldad del mundo por una deficiencia ínsita que está causada por la acción de un creador perverso, o por un proceso de caída de la plenitud original. El diagnóstico es negativo, pero esto no quiere decir que no haya ninguna posibilidad de superar esta negatividad. El gnóstico conoce el camino de salvación que le fue comunicado por el conocimiento acerca de la estructura de la reali- dad. Él mismo no puede estar tocado por esa negatividad porque su origen no es de este mundo. Fue arrojado al mundo, pero mediante el conocimiento de su origen, alcanza la más radical “desmundaniza- ción”: por pertenecer a otro mundo lleno de luz, deja de pertenecer completamente a este mundo, aunque siga estando en él.
* La situación de crisis que vive el gnóstico, inspira y otorga creativi- dad audaz a su lenguaje, y esto se concretiza en nuevas imágenes y mitos sobre el origen del mundo, el misterio de Dios y la situación del hombre en el mundo: al ser arrojado en el mundo, sigue el “ser extraño” al mundo como lo es el mismo Dios; los dualismos de luz y tinieblas, de vida y de muerte, de la pérdida y del encuentro, del estar embriagado o adormecido y el despertar por medio del
llamado del redentor gnóstico, son las imágenes de la situación del hombre en el mundo. El hermoso “Canto de la perla” (ver más abajo) es un testimonio elocuente de la calidad del lenguaje gnósti- co, y contiene varios de los motivos que hemos expuesto. Con esta explicación no postulamos una “época gnóstica” correspondiente al siglo segundo y tercero de nuestra era, sino que aludimos al trasfon- do socio-político –un momento en el que la inseguridad del imperio comienza a volverse palpable– que consideramos como el caldo de cultivo del pensamiento gnóstico. A esto hay que sumar la crisis de la religiosidad oficial, el anhelo inquebrantable de salvación que se expresa en la atracción de los cultos mistéricos, la difusión de la fe cristiana como resultado de estos factores, la orientación del pensa- miento filosófico a valores religiosos, especialmente en el platonismo medio y en el neoplatonismo. Muchas veces se ha caracterizado a la gnosis como un fenómeno parasitario, en cuanto que asume y utiliza elementos ya presentes en la cultura reinante: la tradición bíblica, la herencia griega, los motivos de la religiosidad helenista etc. Todo esto es cierto, pero tampoco se puede negar la originalidad del pen- samiento gnóstico, perceptible en la radicalidad de las posiciones que defiende, que creó algo nuevo con elementos conocidos y suscitó la protesta airada de cristianos y paganos.
Ejercicio de lectura
El Canto de la Perla (Actas de Tomás 108-113)
“108. Cuando era un niño pequeño y vivía en mi Reino, en la casa de mi Padre, y disfrutando con la riqueza y los lujos de los que me criaron, desde Oriente, nuestra patria, me aprovisionaron mis padres y me envia- ron lejos. De la riqueza de nuestros tesoros entrelazaron para mí un hati- llo. Era grande, pero tan ligero que podía transportarlo yo solo… […] Me proveyeron de diamantes más fuertes que el hierro. Me despojaron de la espléndida vestidura, dorada, que, en su amor, me habían confeccionado para mí y de la toga purpúrea tejida a la medida de mi estatura. Hicieron un trato conmigo y lo escribieron en mi corazón, para que no lo olvidara. Dijeron: ‘Si bajas a Egipto y traes la Perla, única, que se halla allí en medio del mar a la que rodea la serpiente de potente silbido, te pondrás de nuevo tu espléndido vestido y la toga en la que te alegras, y con tu hermano, de buen recuerdo serás heredero de nuestro Reino’.
109. Abandoné el Oriente y descendí por un camino peligroso y difícil, escoltado por dos guardianes, pues era yo muy inexperto para caminar por él. Atravesé las fronteras de Mesán, lugar de encuentro de los mercaderes orientales; llegué a la tierra de Babel… Bajé a Egipto, pero mis compañeros me abandonaron. Me dirigí directamente a la serpiente y me senté cerca de su cueva, hasta que la venciera el sueño y se durmiera, y pudiera apoderarme de la perla.
Y estaba solo y era un extranjero por mi atuendo, y resultaba un extraño a los míos. Vi allí a uno de mi raza, un hombre libre, un oriental, un joven hermoso y amable, hijo de príncipes; vino y se unió a mí, e hice de él mi confidente y amigo, mi compañero, con el que compartía mi camino. Le previne que se guardara de los egipcios y del contacto con los impuros. Me vestí con vestiduras como las suyas para que no sospecharan que había venido de fuera a apoderarme de la perla y los egipcios despertaran la serpiente contra mí. No se por qué motivo supieron que yo no era del país, y trataron arteramente conmigo y gusté de su alimento. Olvidé que era hijo de reyes y serví a su rey. Olvidé la perla por la que mis padres me habían enviado, y por la pesadez de su comida caí en un profundo sueño.
110. Todo lo que me pasaba, lo observaron mis padres y sufrieron por mí. Se anunció una proclama en nuestro Reino para que todos se acercaran a nuestras puertas. Y, entonces, los reyes y príncipes de Partia y todos los nobles de Oriente tomaron una decisión sobre mí: que no quedara abandonado en Egipto. Me escribieron una carta, y todos los nobles pusieron en ella su nombre: ‘De tu Padre, Rey de Reyes, y de tu Madre, la Soberana de Oriente, y de tu hermano, el segundo (de nuestro Reino), a ti, hijo nuestro, que estás en Egipto, ¡salud! Levántate y despiértate de tu sueño y escucha las palabras de nuestra carta. Recuerda que eres hijo de reyes, (pero) te has sometido a un yugo ser- vil. Piensa en la Perla, por la que fuiste enviado a Egipto. Recuerda tu vestido dorado y acuérdate de tu espléndida toga, con la que te vestirás y adornarás, cuando sea leído tu nombre en el libro de la vida, y con tu hermano, nuestro virrey, serás heredero de nuestro Reino.’
111. Mi carta es una misiva que el Rey selló con su mano derecha… Voló en forma de águila, la reina de las aves; voló y se posó junto a mí, y se hizo toda palabra. Con el sonido de su voz me desperté y
salí de mi sueño. La tomé y la besé y comencé a leerla. Las palabras escritas en la carta eran tal como se hallaban grabadas en mi corazón. Recordé enseguida que era hijo de reyes y mi libertad ansiaba volver a su naturaleza. Me acordé de la Perla, por la que había sido enviado a Egipto, y comencé a pronunciar un conjuro contra la terrible serpiente silbadora. Conseguí que dormitara y se durmiera, pronunciando sobre ella el nombre de mi Padre… […] Me apoderé de la Perla y me volví a dirigirme a la casa de mi Padre. Y despojándome de los sucios vesti- dos, los abandoné en su país. Tomé mi camino para dirigirme a la luz de nuestra patria, el Oriente. Y encontré delante de mí, en el camino, la carta que me había despertado. Si con su voz me había levantado de mi sueño, ahora, con su luz, me guiaba, pues estaba escrita sobre tejido real de seda, brillando delante de mí con su aspecto y animándome con su voz y su guía para que me apresurara, empujándome y arras- trándome con su amor… […] Mis padres, de mano de sus tesoreros, me enviaron mi brillante vestidura, de la que me había despojado, y mi toga con la que me cubría…
112. En verdad no me acordaba de mi dignidad, pues la había deja- do en mi temprana niñez en la casa de mi Padre. De repente, cuando vi frente a mí el vestido, me pareció como yo mismo, como un reflejo de mí en el espejo. Lo reconocí, y en él me vi todo a mí mismo, porque éramos, en parte, dos distintos, pero a la vez uno, en una única forma, y no de otro modo los tesoreros, que me habían traído el vestido, vi que eran dos con una forma única en los dos, pues sobre ellos estaba impreso el signo único del Rey, de aquel que, a través de ellos, me había devuelto mi honor, mi prenda y mi riqueza y mi espléndido