Hacia 1910 surge un grupo de escritores que, por su edad, se hallan entre la generación del 98 y la del 27. Constituyen la llamada generación de 1914 o nove- centistas y, aunque no tienen conciencia de grupo, entre sus componentes existen muchos rasgos de coincidencia: son intelectuales con vocación de for- mar a las minorías de este país, sus reflexiones sobre España son más serenas que las del 98 y sienten una gran preocupación por la obra bien hecha, lo que se traduce en una mayor precisión en las ideas y en el lenguaje. José Ortega y Gasset (1883-1955), la máxi- ma figura de la filosofía española, Eugenio D'Ors (1882-1954) y Gregorio Marañón (1887-1960) son los tres intelectuales de mayor prestigio, que contri- buirán decisivamente con su obra a la difusión en Es- paña de las principales corrientes del pensamiento eu- ropeo.
En el terreno de la creación literaria, la prosa narra- tiva es el género más cultivado. Ricardo León y Con- cha Espina continúan la tradición realista regional de Valera y Pereda, mientras que Ayala y Miró tienen su punto de partida en Azorín y Baroja. Las obras del ali-
cantino Gabriel Miró (1879-1930) son emi- nentemente descriptivas; su prosa, cuidada y elaborada, es capaz de captar y expre- sar todo un mundo de colores y sen- saciones, único en toda la literatu- ra española. Las cerezas del cemen-
terio, Nuestro padre san Daniel y
su continuación, El obispo lepro-
so, alcanzan por el valor de
sus descripciones la cate- goría de autén-
tica poesía líri- ca. Ramón Pé-
rez de Ayala
(1881-1962), por el contrario, es
un novelista intelectual. Los personajes de sus obras, aun- que dotados de talla humana, son encarnaciones de con- ceptos e ideas del autor. En
Troteras y danzaderas ya se
advierte la inclinación por la reflexión ideológica, que se
verá aumentada en Belarmino y Apolonio, Tigre Juan y Los trabajos de Urbano y Simona.
La figura más destacada de la época y una de las más interesantes de la literatura del siglo XXes Ramón
Gómez de la Serna (1888-1963). Escritor de ingenio
desbordante, su creación más original es la greguería, una asociación ingeniosa de ideas que a veces se acer- ca a la metáfora, y otras, al concepto, a la imagen lírica o a la ironía. Aparte las greguerías, de las que se pu- blicaron varios tomos, Gómez de la Serna escribió numerosísimas novelas (El torero Caracho, Seis falsas
novelas), teatro (Los medios seres), biografías (Goya, Valle-Inclán, Quevedo), ensayos (El rastro, El circo) y
memorias (Automoribundia).
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Representación teatral de Las de Caín, obra de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero. Los dos hermanos defienden en su teatro la bondad y la ternura como valores supremos con un lenguaje vivo y espontáneo.
La descripción del paisaje constituye el elemento decisivo de la prosa del alicantino Gabriel Miró.
GREGUERÍAS
«Humorismo + metáfora = greguería», según la definición de Ramón Gómez de la Serna. En algunos casos, la greguería se acerca a la má- xima filosófica: «Nos desconocemos a nosotros mismos, porque nosotros mismos estamos de- trás de nosotros mismos». En otros, tiene un carácter lírico: «De la nieve caída en el lago nacen los cisnes». Muchas greguerías nacen de puras y caprichosas relaciones verbales: «Lo que diferencia "azar" de "azahar", lo que hace que el uno no huela a nada y el otro sí, es la "h", que es una hache de perfumería».
LA GENERACIÓN DEL 27
A partir de 1915, cuando el modernismo estaba prác- ticamente liquidado y Juan Ramón iniciaba la búsque- da de nuevas fórmulas poéticas, surge una nueva gene- ración de escritores –que se ha dado en llamar genera- ción del 27– compuesta por un grupo de poetas, que en tal fecha se reunieron para celebrar el tercer cente- nario de la muerte de Góngora. Nacidos todos entre 1891 y 1903, y unidos por una amistad personal, coin- cidían también en su concepción de la poesía, que re- sumían en una síntesis entre lo sentimental y lo intelec- tual, entre la pureza estética y la humanidad. Muy in- fluidos por los vanguardismos en boga en Europa y por Juan Ramón, sentían a la vez una gran admiración por los clásicos y por la tradición. Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Emilio Prados, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre y Rafael Alberti –el úni- co superviviente del grupo– son los integrantes de una extraordinaria generación de poetas, como no se ha da- do jamás en toda la poesía española.
Pedro Salinas
La obra poética de Pedro Salinas (1891-1951), que fue, además, un extraordinario ensayista y crítico lite- rario, puede dividirse en tres etapas: la primera com-
prende los libros iniciales,
Presagios, Seguro azar, Fábu- la y signo, y puede conside-
rarse como de búsqueda; la segunda, hasta el final de la guerra civil, incluye los tres grandes libros de amor:
La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento. La
tercera parte de su produc- ción corresponde a la época del destierro y a ella perte- necen Confianza, El con-
templado y Todo más claro y otros poemas. La poesía de
Salinas, que ha sido califica- da de intelectual, se centra en la búsqueda de la reali- dad profunda por debajo de las apariencias, la reali- dad que creamos dentro de nosotros. Lo mejor de la producción de Salinas es su trilogía amorosa, en la que la amada no es una idea, sino un ser concreto, y el amor no es sufrimiento, sino una fuerza que da sen- tido al mundo.
Jorge Guillén
Jorge Guillén (1893-1984) es autor de una sola obra,
Aire nuestro, título que recoge toda la producción gui-
lleniana organizada en tres libros: Cántico, Clamor y
Homenaje. La primera edición de Cántico, que apare-
ció en 1928 como modelo de poesía pura, fue enri- queciéndose posteriormente en sucesivas ediciones siempre en torno al tema de la afirmación vital y del goce de existir, eje de toda la producción de Guillén. El poeta celebra la armonía del universo y la integra- ción en él del individuo: es la exaltación del ser, el sí a la vida, expresado en un lenguaje luminoso, despo- jado de todo lo accesorio y nominal. Tras la edición definitiva de Cántico (1950), Guillén inicia un nuevo ciclo, Clamor, obra en la que ya aparecen elementos negativos, el tono se hace más grave y el estilo se ale- ja de las formas breves utilizadas anteriormente. Ho-
menaje corona este ciclo, con el que concluye una de
las obras mayores de la lírica europea de este siglo.
De la poesía de Jorge Guillén dijo Dámaso Alonso que era un «grito», «una interjección, pero con contenido intelectual».
Gerardo Diego, uno de los componentes de la generación del 27, aparece en la fotografía junto al escritor argentino Jorge Luis Borges en la entrega del Premio Cervantes que recibieron ex aequo en 1981.
Gerardo Diego
Con más de cuarenta títulos, la obra de Gerardo Die- go (1896-1987) es una de las más extensas de la gene- ración. A pesar de la diversidad de su obra, se impo- nen dos direcciones: la poesía de vanguardia y la poe- sía tradicional, cultivadas ambas paralelamente por el autor, aunque con predominio de la segunda. Si- guiendo las corrientes vanguardistas, escribe Gerardo Diego dos obras, Imagen y Manual de espumas, con versos originales y audaces, que constituyen la mejor aportación española a la poesía vanguardista. De línea más tradicional y de temática muy variada (el amor, el paisaje, la música, lo religioso, los toros) es el resto de su producción: Versos humanos, Versos divinos,
Alondra de verdad, Canciones, Sonetos y Odas morales.
Federico García Lorca
Federico García Lorca (1898-1936) es, tal vez, el es- critor más universal de su generación: las circunstan- cias dramáticas de su muerte y la temática andaluza y gitana, tan frecuente en su obra, le han convertido, además, en un poeta extraordinariamente popular. En sus primeras obras, Canciones, Poema del cante jondo, aparece una poesía pura, brillante, aunque ya se ad- vierte la sensibilidad especial del poeta para los temas trágicos, que hallará en el Romancero gitano su mejor expresión. Esta obra, uno de los libros de poemas más populares de nuestro si-
glo, está presidida por el tema del destino trágico. García Lorca recrea el mundo gitano en unos personajes marcados por la frustración o abocados a la muerte, utilizando un lenguaje rico en metáfo- ras audaces y de una bri- llantez extraordinaria. La estancia en Estados Uni- dos (El poeta en Nueva
York) marca un cambio
decisivo en la obra del poeta, que incorpora a su obra un acento social; sus composiciones son gritos de dolor ante la injusticia y la deshumanización. Entre sus últimas com- posiciones destaca una de sus obras maestras, Llan-
to por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, torero ami-
go del poeta, al que escribe una de las más hermosas elegías de toda la poesía española. Además de por su
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Rafael Alberti, el poeta cuya trayectoria va desde el popularismo hasta la poesía de la nostalgia.
Representación de Doña Rosita la soltera, drama de Federico García Lorca basado en el tema de la solterona española.
LLANTO POR LA MUERTE DE IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS
La muerte en la plaza del torero, con quien García Lorca mantenía una entrañable amis- tad, inspiró al poeta una de las más hermosas elegías de la lírica española. La primera de las cuatro partes de que consta comienza así: A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde.
obra poética, García Lorca destaca por su talento dra- mático. El teatro de García Lorca es el teatro del de- seo imposible, de los amores condenados a la soledad, de los prejuicios de casta. Revitaliza los mitos clásicos en tragedias de ambiente rural y, así, la cima de su tea- tro la constituyen tres tragedias: Bodas de sangre, Yer-
ma y La casa de Bernarda Alba, en las que los prejui-
cios, el erotismo trágico y la fatalidad conducen casi inevitablemente a la muerte.
Rafael Alberti
El único de la generación del 27 que sobrevive, Ra- fael Alberti (1902) ha elaborado una obra amplia y di- versa. Su primera obra, Marinero en tierra, le consagró como poeta y supuso el inicio de un ciclo inspirado en la tradición de la poesía popular, aunque desde la po- sición de un poeta de vanguardia. En Cal y canto apa- rece una poesía de reminiscencias gongorinas, que de- rivará hacia el surrealismo en Sobre los ángeles, una obra densa en imágenes y seguramente la creación más
importante de Alberti. Inclinado hacia posiciones marxistas, el poeta sale de España con ocasión de la guerra civil y en el destierro escribe obras de gran den- sidad lírica: Entre el clavel y la espada, A la pintura, Re-
tornos de lo vivo lejano y Ora marítima, vertebradas to-
das ellas por el tema de la nostalgia. La producción de Alberti se completa con su obra dramática, Fermín
Galán, El adefesio, Noche de guerra en el Museo del Pra- do, constituyendo un conjunto coherente articulado
sobre el tema central del paraíso soñado.
Dámaso Alonso
Poeta, crítico y lingüista, Dámaso Alonso (1898- 1990) es incluido en la nómina de la generación del 27, pero la mayor parte de su producción pertenece a la posguerra. En 1944 publica Hi-
jos de la ira, un grito de protesta contra la
crueldad, el odio y la injusticia, que el poeta lanza preguntándose si Dios está muerto o es un monstruo que se burla ante las pre- guntas del mundo. Hombre y Dios es un diá- logo con el Creador sobre el dolor, la muer- te y la angustia, mientras que en Gozos de la
vista exalta el don de la visión como un rega-
lo de Dios. Junto a la obra poética de Dáma- so Alonso hay que destacar su inmensa labor de crítico, sobre todo sus estudios sobre Gón- gora (La lengua poética de Góngora), impres- cindibles para el conocimiento de este poeta.
Vicente Aleixandre
El poeta Vicente Aleixandre (1898-1984) fue, du- rante los años de precariedad cultural de la posgue- rra, el representante de una honda emotividad lírica de rigurosa construcción formal, lo que le valió el Premio Nobel en 1977. El propio Aleixandre divi- dió en dos partes su producción: la primera, a la que pertenecen Espadas como labios, La destrucción o el
amor y Sombra del paraíso, se sirve de imágenes su-
rrealistas para expresar un sentimiento trágico del amor, que le conduce a un panteísmo pesimista; el segundo ciclo es el de la historia y parte de Historia
del corazón, libro que supone una mirada positiva y
solidaria con el hombre que sufre. En En un vasto
dominio, ensancha esa visión y el poeta culmina la lí-
nea de profunda humanidad en Poemas de la consu-
mación, donde trata de la vejez y la muerte. La poe-
sía de Aleixandre, hermética, difícil y llena de imá- genes grandiosas, ha sido el modelo para la mayoría de poetas posteriores.
La temática amorosa y existencial domina en la obra de Miguel Hernández, el más «impuro» de los poetas de la anteguerra española.
La obra poética de Vicente Aleixandre, hermética y rigurosa, fue premiada con el Nobel de Literatura en 1977.
Luis Cernuda
La personalidad solitaria e inconformista de Luis Cernuda (1904-1963) se refleja en una obra que el poeta reunió bajo el título de La realidad y el deseo, especie de biografía espiritual que encierra el con- flicto de su vida y de su creación poética: el deseo está siempre condenado a la frustración. A la prime- ra etapa de su producción pertenece Perfil del aire, obra en la línea de la poesía pura, a la que siguen
Égloga, elegía y oda, homenaje a la tradición clásica.
El ciclo de la juventud se abre con Un río, un amor, de tono surrealista, y prosigue con Los
placeres prohibidos, obra en la que reivindica abierta-
mente la homosexualidad. Pero la creación más personal de Cernuda es Donde habite el olvido, ex- presión profunda, grave y sincera de su apasionada intimidad. El período de madurez arranca con Las
nubes, uno de los libros más bellos sobre la guerra
civil, y prosigue con Como quien espera el alba, Con
las horas contadas y Desolación de la quimera, además
de obras en prosa (Ocnos, Variaciones sobre un tema
mexicano) y obras de crítica literaria. La poesía de
Cernuda, depurada y densa, está siendo cada vez más reivindicada por los poetas de las últimas gene- raciones.
Miguel Hernández
«Genial epígono» de la generación del 27 llamó Dá- maso Alonso a Miguel Hernández (1910-1942), que, por edad, podría incluirse en la generación posterior, pero su trayectoria y sus relaciones personales con García Lorca, Aleixandre y Alberti lo sitúan entre ellos como «hermano menor». Sin apenas más instrucción que la primaria, Miguel Hernández elabora un lengua- je poético de personalísimos acentos, de tono vigoro- so, arrebatado en ocasiones, y profundamente huma- no. Su primera obra, Perito en lunas, es de estilo gon- gorino y bastante hermética; pero, inmediatamente, el poeta se abrirá a una poesía más suelta y cordial en composiciones como El silbo vulnerado, una colección de sonetos que, refundida y aumentada, será su obra maestra: El rayo que no cesa. En ella refleja Miguel Hernández sus grandes temas: el amor y la muerte, las dos caras de una misma frustración personal. El amor, vivido como un sentimiento trágico y, la muerte, que le inspira la Elegía a Ramón Sijé, uno de los mas bellos poemas de la lírica española. Cancionero y romancero de
ausencias, acentúa el patetismo de la poesía de Hernán-
dez, con ocasión del fallecimiento de su hijo y en pleno conflicto bélico. Encarcelado al acabar la guerra, Miguel Hernández muere en prisión el 28 de marzo de 1942.
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