3.1. Los triángulos en las relaciones
Kerr afirma que cualquier logro en el esfuerzo para elevar el nivel de diferenciación propio, reducir la ansiedad y evitar los triángulos como forma de respuesta al estrés, depende enormemente de que la persona desarrolle una mayor consciencia y control sobre su propia reactividad emocional (Kerr y Bowen, 1988). En esta misma línea, Bowen (1978) afirma que fortalecer la habilidad de uno mismo para pensar sobre los sentimientos es clave para poder mejorar el nivel de Diferenciación del Self. Los clientes podrán beneficiarse de una terapia basada en la Teoría de Bowen cuando llegan a esta emocionalmente reactivos, luchando por desarrollar un sentido claro del Self en sus relaciones con otros y por encontrar una manera de combinar la vincula- ción y la autonomía en el contexto de los sistemas relacionales. Estos individuos con frecuencia sufren también síntomas físicos y psicológicos.
Las intervenciones con jóvenes adultos solteros que vienen a terapia con dificul- tades de ajuste o preocupaciones sobre sus relaciones, se basan en enseñarles los principios de la Diferenciación del Self y los sistemas emocionales, animándolos a mantener un contacto regular con su familia de origen y ayudándoles a identificar y a salir por sí mismos de las relaciones triangulares primarias en las que participan. Con el tiempo, se les anima a asumir una mayor responsabilidad hacia el Self y a for- mular principios personales para guiar su propia vida, algo que habían descuidado ya
sea al responder a la ansiedad relacional, en los intentos de pertenencia al grupo o por amoldarse a otros en busca de su aprobación. Igualmente, las intervenciones con parejas y/o padres pueden estar diseñadas para estimular el interés sobre la propia familia de origen, conocer el funcionamiento de los sistemas emocionales familiares y ayudar a mantener un contacto frecuente con los propios padres y hermanos, estableciendo relaciones persona-a-persona. Las intervenciones con las parejas y los padres están diseñadas para mejorar su habilidad para permanecer calmados y reflexivos bajo condiciones de estrés, y para aceptar una mayor responsabilidad para hacerse cargo de sus propios sentimientos, creencias y acciones en relación con otros. Son pocos los estudios que han documentado hasta la fecha la eficacia de la terapia familiar sistémica (Hazelrigg et ál., 1987; Markus, Lange y Pettigrew, 1990) y el papel de la Diferenciación del Self para facilitar el establecimiento de una alianza terapéutica tanto en terapia individual (Skowron, Dendy y Hayes, 2004) como familiar (Lambert y Friedlander, 2008). Sin embargo, son necesarias más investiga- ciones para poder aclarar específicamente si las terapias basadas en la Teoría de Bowen son capaces de fortalecer el nivel de Diferenciación del Self y producir otras mejoras documentadas en el funcionamiento individual y familiar.
3.2. Prestando atención a los triángulos en las relaciones
Los triángulos reflejan otro constructo fundamental en la Teoría de Bowen (1978; Guerin et ál., 1996; Kerr y Bowen, 1988). Según Bowen, la unidad de relación esta- ble más pequeña es la establecida por tres, ya que cuando dos personas son inca- paces de resolver los problemas entre ellas, una o ambas tenderá/n a involucrar a una tercera (p. ej., un hijo, un amante, el trabajo, un terapeuta, etc.) para difuminar la ansiedad y el conflicto. Distraerse con el cotilleo de la oficina, tener una aventura, centrarse ansiosamente en un hijo e incluso, en algunos casos, ir a psicoterapia, pueden ser ejemplos de triangulación. Se piensa que los triángulos son resultado de la necesidad de cercanía que ha formado parte de nuestro proceso de desarrollo evolutivo, y que sirven para (a) liberar tensión (b) desplazar el conflicto y/o (c) evitar la intimidad (Guerin et ál., 1996). Aunque el triángulo sirva para aliviar la tensión, el aspecto negativo es que congela los problemas y evita la resolución del conflicto o tensión original presente en la díada. Un considerable número de investigaciones documentan el impacto del conflicto marital tanto en los niños como en la calidad de las relaciones paternofiliales (ver Erel y Burman, 1995; Krishnakumar y Buehler, 2000, para una revisión con meta-análisis), pero hay pocos estudios que hayan ope- racionalizado y analizado directamente las proposiciones sistémicas familiares sobre los triángulos en los sistemas familiares (cf. McHale, 1997; McHale et ál., 2000).
Es importante tener en mente el concepto de triángulo de Bowen tanto si se lleva a cabo una terapia individual como si es familiar o conjunta51 (CFT). De hecho, los 51 Conjoint Family Therapy (CFT), hace referencia al proceso terapéutico en el que intervienen varios miembros de una misma familia simultáneamente en las sesiones de terapia. Los términos «terapia familiar» y CFT serán usados indistintamente a lo largo del capítulo (N. de los T.).
terapeutas individuales que trabajan desde una perspectiva no sistémica pueden ser especialmente vulnerables a entrar, aun sin darse cuenta, en un triángulo o a animar la formación de este con los clientes que se presentan a terapia con problemas de relaciones personales. Por ejemplo, se puede ir al terapeuta y quejarse sobre la falta de ayuda con los niños que recibes de tu pareja y recibir una respuesta reconfor- tante del terapeuta (p. ej.: «Mmmm, él/ella debería haberte ayudado más. Debe ser difícil para ti»), que muy sutilmente se pone de tu lado en contra de tu pareja. Tú te sientes mejor. Te sientes comprendida/o porque tú y tu terapeuta habéis comenzado a formar un triángulo, con tu pareja en la posición externa. De acuerdo a la descrip- ción que Bowen hizo sobre cómo funcionan los triángulos, te sentirás mejor cuando hables con tu terapeuta sobre tus frustraciones en la coparentalidad, pero también disminuirán las probabilidades de que intentes resolver el problema directamente con tu pareja, o de que lo hagas de una forma productiva.
Si eres un terapeuta, ¿cómo sabes si has formado un triángulo con tus clientes? Si comienzas a ver víctimas y verdugos, entonces Bowen cree que te has involucra- do en el proceso emocional del sistema relacional del cliente y te has convertido en parte del problema. ¿Cómo pueden los terapeutas involucrarse con sus clientes pero evitar verse determinados por la fuerza emocional de los triángulos? La Teoría de Bowen (1978; Guerin et ál., 1996; Kerr y Bowen, 1988; Titelman, 2008) ofrece estrategias específicas para ayudar a los terapeutas a no entrar en triángulos con sus clientes, tanto en terapia individual como conjunta. En el primer caso, para man- tenerse destriangulado, el terapeuta debe mantenerse equidistante de ambas caras del sentimiento ambivalente del cliente con respecto a sus circunstancias, mientras le ayuda a clarificar todo el espectro de pensamientos y sentimientos sobre el tema a afrontar. En casos de terapia conjunta (CFT)51, el terapeuta debe buscar la conexión
con la familia al mismo tiempo que mantiene la neutralidad emocional (Titelman, 2008). Bowen (1978) describe la formación del «triángulo terapéutico» en CFT como aquel que se establece cuando el terapeuta desarrolla una alianza con cada miembro de la pareja, estableciendo relaciones persona-a-persona y permaneciendo en con- tacto con cada uno, mientras, al mismo tiempo, utiliza una serie de preguntas para explorar los patrones de relación de la pareja y el problema subyacente.
Permanecer destriangulado requiere un tono de voz calmado y hablar más de los hechos que de los sentimientos. Bowen afirmó que cuando una familia entra en contacto con una persona emocionalmente neutra, la reactividad entre sus miembros se reduce (Bowen, 1978). La neutralidad emocional es la habilidad para permanecer tranquilo en la presencia de sentimientos intensos —propios y de otros (los clien- tes)—, sin realizar acciones para reducir el malestar buscando cambiar los puntos de vista o la conducta de las otras personas (Kerr y Bowen, 1988). Las preguntas sobre el proceso sirven para ralentizar a la gente, disminuir la ansiedad reactiva y ayudarles a pensar sobre el modo en que están involucrados y participan de los patrones interpersonales (e. g., ¿Qué haces cuando ella empieza a llorar?). Mientras los miembros de la familia hablan, el terapeuta se concentra en el proceso de inte-
racciones, no en los detalles del contenido de la discusión. Si una pareja comienza a discutir, el terapeuta toma un papel más activo y podría hacerle preguntas a uno y después al otro, calmadamente, y pedirles que describan detalladamente los hechos con el objetivo de calmar las emociones exacerbadas. Cuando el terapeuta es capaz de permanecer neutral ante la presión emocional del sistema que le impulsa a entrar en el triángulo, está facilitando que los propios miembros de la díada puedan trabajar en su relación (Bowen, 1978). Para reducir la reactividad emocional en el sistema, Bowen utilizaba en numerosas ocasiones el humor o las paradojas para permanecer en contacto emocional elevado con cada miembro del sistema y evitando al mismo tiempo ponerse del lado de uno de ellos. Bowen entendía que si un terapeuta puede definir Self y permanecer en buena relación con ambos miembros de una pareja, esta mejorará su funcionamiento en presencia del terapeuta. La investigación realizada sobre la alianza terapéutica en la terapia familiar conjunta (CFT) apoya estas pro- puestas, de modo que familias y parejas que refieren índices de alianza congruentes entre el terapeuta y los demás miembros del sistema, tienden a experimentar mayo- res niveles de éxito en el tratamiento (Beck et ál., 2006; Bennun, 1990; Bourgeois, Sabourin y Wright, 1990; Friedlander et ál., 2008; Knobloch-Fedders et ál., 2004; Mamodhoussen et ál., 2005; Quinn et ál., 1997).
Por el contrario, una alianza dividida podría reflejar que se ha desarrollado un triángulo entre los miembros de la familia y su terapeuta, definido por importantes discrepancias entre las percepciones de uno o más miembros de la familia sobre los límites, los objetivos y las tareas de la terapia conjunta (Pinsof y Catherall, 1986), que comúnmente aparecen en la CFT (e. g., Heatherington y Friedlander, 1990; Mamodhoussen, Wright, Tremblay y Poitras-Wright, 2005). La investigación indica que cuando se rompe la alianza en las primeras fases de la CFT, los clientes tienen más tendencia al abandono prematuro (e. g., Knobloch-Fedders et ál., 2004; Rait, 2000; Robbins et ál, 2006; Robbins et ál., 2003) y, consecuentemente, los trián- gulos se reflejan en las alianzas divididas y su presencia puede hacer peligrar el compromiso de la familia con la terapia. Además, las alianzas divididas (esto es, las que se caracterizan por puntuaciones muy divergentes en la dimensión de alianza intrafamiliar de las escalas CTAS/FTAS para terapia de pareja y familia, o bien las que muestran puntuaciones bajas en la escala Sentido de Compartir el Propósito del SOFTA) están asociadas con relaciones insatisfactorias con la familia de origen (Fried- lander et ál., 2006; Knoblock-Fedders et ál., 2004), y pueden evidenciar la presencia en la familia de triángulos anteriores a la terapia.
En la CFT, los terapeutas que trabajan sin el conocimiento de los triángulos, sin ser conscientes de ellos, podrían responder inevitablemente al aumento de las ten- siones entre los miembros de la familia poniéndose del lado de uno u otro miembro de una forma emocionalmente reactiva (en otras palabras, creando un triángulo). Kerr y Bowen (1988) sugirieron que cuando un terapeuta empieza a ver víctimas y verdugos en una familia ha perdido su objetividad, y esto indica que forma ya parte del triángulo en el proceso emocional reactivo de la familia. ¿Cómo puede un tera-
peuta que trabaja en CFT conseguir salir del triángulo una vez que está dentro del él? En otras palabras, ¿cómo pueden los terapeutas reparar las alianzas divididas en la terapia? Guerin et ál. (1996) propusieron que para manejar adecuadamente los triángulos en la práctica clínica es necesario, en primer lugar, que el terapeuta sea capaz de identificar dónde operan los triángulos y quiénes están involucrados. Des- pués, es importante deshacer la estructura del triángulo y observar el movimiento que se da dentro de él. Una de las claves para destriangularse es la habilidad para ver la naturaleza sistémica o circular de los problemas relacionales, en vez caer en un pensamiento de tipo causa-efecto. Para Bateson, Jackson, Haley y Weakland (1956) la tendencia a analizar la comunicación desde un modelo de causa-efecto es similar a realizar puntuaciones arbitrarias sobre un modelo que, en realidad, opera en base a procesos de mutualidad causal. En las familias que están volcadas hacia un hijo, deshacer el triángulo requiere normalmente desmontar la barrera entre el progenitor más distante y su hijo, buscando promover un mayor contacto entre ellos, al mismo tiempo que se trabaja para facilitar el contacto entre los propios progenitores. El pro- ceso de destriangulación puede verse facilitado, por ejemplo, por los esfuerzos de un padre distante para desarrollar una relación persona-a-persona con su hijo/a, en el que él y su hijo/a ponen la atención en el otro, y en la que él se abstiene de decirle al niño/a cómo su conducta afecta y preocupa a su madre (Kerr y Bowen, 1988). A este respecto es interesante indicar que la fuerza de la alianza terapeuta-adolescente en la CFT ha mostrado ser un buen predictor de una reducción en el abuso de dro- gas del adolescente, pero solamente en presencia de una alianza positiva entre los padres y el terapeuta (Shelef, Diamond, Diamond y Liddle, 2005), lo que sugiere que la disolución de los triángulos que focalizan la atención en un hijo tiene resultados positivos en el tratamiento.
Un terapeuta de CFT que es capaz de visualizar el conflicto familiar a través de una «lente sistémica» al poner su atención en la reactividad emocional subyacente que unos miembros tienen hacia otros, les ayudará a entender que sus interacciones disfuncionales están siendo reforzadas y sostenidas por ellos mismos (p. ej., a la esposa: «cuanto más te controla, más lo criticas,» y al marido: «cuanto más te critica, más la controlas»).
La habilidad del terapeuta para ver los problemas interpersonales de la familia a través de una lente sistémica, le ayudará a mantener un buen contacto emocio- nal con cada miembro de la misma y a evitar tomar partido (i. e., permaneciendo destriangulado), siendo capaz de realizar, a través de la misma relación, un trabajo significativo. Como los clientes comienzan a ensayar nuevas conductas que están pensadas para facilitar la destriangulación, esto les lleva a hacerse más conscientes de los procesos emocionales subyacentes a los triángulos y su rol en el manteni- miento de los mismos. Aprender a pensar de forma sistemática ayuda a los miem- bros de la familia a manejar mejor su reactividad emocional evitando los triángulos y, en su lugar, trabajando por diferenciar Self en sus sistemas relacionales (Kerr y Bowen, 1988). Esto es fácil de decir pero difícil de hacer. Bowen (1978) advirtió que
los esfuerzos individuales para destriangularse se encontrarían con una respuesta homeostática del sistema contra el cambio, llamada «vuelve atrás»: 1) «Estás equi- vocado», 2) «vuelve a lo anterior», y 3) «Si no lo haces, habrá unas consecuencias (negativas)». Es necesario ser capaz de perseverar con serenidad para resistir estos mensajes de «vuelve atrás».
Bowen explicó que cuando un miembro de la familia es capaz de permanecer calmado y controlar su reactividad cuando se enfrenta a los mensajes de «vuelve atrás» enviados por la familia, sin caer en enfrentamiento o retroceder, los esfuerzos por diferenciarse tendrán un gran éxito tanto para él como para el sistema, porque «si una persona en un sistema familiar consigue un nivel de funcionamiento mayor y permanece en contacto emocional con los demás, otro miembro de la familia y otro y otro darán pasos similares» (Bowen, 1978; p. 218). Estas propuestas están en el corazón de la Teoría de Bowen.