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El siguiente paso hacia la creación de las cátedras de Arqueología Sagrada debía ser, por lógica, la redacción de manuales de dicha asignatura que ayudasen a los seminaristas a completar las explicaciones de los profesores. La secuencia propuesta de formación de cátedras, manuales y museos que sirviesen de complemento práctico a las lecciones teóricas, no siempre siguió este camino de coherencia y así, encontramos casos como el de la diócesis de Vic, donde primero nace el Museo, luego se instituye la Cátedra de Arqueología Sagrada y, posteriormente, se publica un manual exclusivamente catalán. En Santiago la situación tuvo un devenir diferente apareciendo primero la Cátedra, poco tiempo después el manual de López Ferreiro y nunca el ansiado museo (del que se había venido hablando desde hacía años).

Sea como fuere, a partir de los años 60 encontramos las primeras publicaciones relativas a la Arqueología en castellano, primero con un carácter bastante general y, más tarde, específicamente centradas en los monumentos religiosos. En el caso de las primeras, los objetivos no iban más allá de la difusión de una ciencia que comenzaba a ponerse de moda, así como la sistematización de unos conocimientos hasta ahora dispersos en estudios concretos y de difícil acceso que además incluían períodos pre- cristianos. La especialización hacia el mundo de la Arqueología Sagrada la encontramos en los manuales salidos de las plumas de los profesores de los seminarios, como el caso de las Nociones de Arqueología Española de don José de Manjarrés (catedrático de Teoría e Historia de las Bellas Artes y director de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona), las Lecciones de Arqueología Sagrada de López Ferreiro (titular de la asignatura en el Seminario Central de Santiago de Compostela), las Lecciones

elementales de Arqueología cristiana del canónigo archivero de la catedral de Oviedo, don

José de la Roza y Cabal (también catedrático de la asignatura en el Seminario Conciliar de la misma ciudad) o la obra de don Josep Gudiol i Cunill para los seminarios catalanes.

Centrándonos en el caso español, y dejando atrás los precursores franceses e italianos de los años 30 y 40 dedicados a los primeros estudios arqueológicos de carácter religioso, destacamos una de las primeras obras dedicadas expresamente a la Arqueología Cristiana, si bien no entra dentro de lo que hemos dado en llamar manuales (puesto que entonces ningún seminario contaba con cátedras específicas de la materia). Hablamos de la obra de don José Villamil y Castro262 Rudimentos de Arqueología Sagrada publicado en 1867. El objetivo final de esta publicación queda clara en la declaración de

262

José Villamil y Castro (1838-1910) aunque de nacimiento madrileño, era de familia y de corazón gallego. En 1869 obtuvo el título de Archivero, bibliotecario y anticuario pasando a dedicar parte su vida a la investigación histórica y artística de Galicia. Doctor en derecho, fue también juez de Mondoñedo y síndico de dicho ayuntamiento. Trabajó también fuera de Galicia, en Salamanca y Madrid, ciudad ésta en la que dio clases de Arqueología Sagrada en el Ateneo entre 1874-77. Fue socio y miem bro de las más prestigiosas academias de historia y arte.

intenciones que hace en el prólogo cuando expone que lo único a lo que aspira es a “Despertar en nuestro pais la aficion á este linaje de estudios, tan poco cultivados hasta

ahora (que pueden servir de agradabilísimo entretenimiento al sacerdote despues de llenar los deberes de su ministerio), y contribuir en algo al restablecimiento del arte cristiano, mirado todavia en nuestra nacion con indisculpable desdén…”263. La importancia de esta obra reside en la precocidad de su publicación en un lugar, Galicia, en el que este tipo de estudios eran básicamente desconocidos aún, a pesar de que Villamil y Castro ya había escrito, algunos años antes, otros trabajos sobre el tema264. La segunda razón por la cual esta obra resultó relevante fue porque, siendo modesta en su tratamiento y titubeante en algunos aspectos, sirvió de inspiración a la que López Ferreiro escribiría en 1889 mejorada. Por estos mismos años podemos encontrar también obras como la de don Pedro Mártir Pujalt y la de don Aureliano Fernández-Guerra y Orbe, específicamente dedicadas a la arqueología cristiana265.

Un caso similar es el de la obra de don Ramón Vinader, publicada por primera vez en Madrid en 1870. Este libro, con no ser específico para el estudio en seminarios, resultó una obra básica de consulta para la elaboración de manuales posteriores. Su objetivo iba dirigido a “infundir en el corazón de los lectores vivo amor hácia las venerables obras de la

antigüedad cristiana, y señaladamente las de la arquitectura gótica, numerosas en nuestra patria, y de mérito extraordinario. Al escribir estas lineas resuenan en nuestro oídos los golpes de la piqueta demoledora de la revolución, y vemos caer á pedazos monumentos preciosos, ricos tesoros, admirables obras que parecian destinados á atestiguar á los siglos venideros la fe, el sentimiento y el saber de nuestros mayores…”266, es decir, a contrarrestar desde la pluma las incautaciones y destrucciones de las que había sido protagonista el patrimonio histórico de la Iglesia.

En 1886 se publican, en el prestigioso Seminario Conciliar de Oviedo267, las

Lecciones Elementales de Arqueología Cristiana de don José de la Roza y Cabal, del que

uno de los ejemplares de su segunda edición encontramos en la Biblioteca del Seminario de Santa Catalina de Mondoñedo. Sobre el apoyo textual de la disciplina en este Seminario podemos decir que durante los primeros años de docencia debieron carecer de un manual concreto. En el cuadro de enseñanza de 1900 encontramos como libro de texto

263

VILLAMIL Y CASTRO, J. Rudimentos de Arqueología Sagrada, Imp. Soto Freire, Lugo, 1867 (1ª ed.), p. VI.

264

VILLAMIL Y CASTRO, J. “Arqueología Sagrada”, en El Museo Universal, vol. VII, 7 y 14 junio 1863, Madrid, pp. 178-9 y 186-7.

265

PUJALT, P. M. Arqueología Cristiana, Imp. Srs Puigrubí i Aris, Tarragona, 1860. FERNÁNDEZ-GUERRA Y ORBE, A. Arqueología cristiana, 1840.

266

VINADER, R. Arqueología cristiana española. Nociones de la arquitectura bizantina, gótica, mudejar y del

Renacimiento aplicadas á los templos de España, Madrid, 1870 (1ª ed.), p. 5. 267

Fue el obispo don Benito Sanz y Forés (1868-1881), valedor del que sería obispo de Lleida, D. Josep Messeguer i Costa, el que impulsó la organización del Seminario. Para datos de su biografía ver BERLABÉ JOVÉ, C. “La arqueología Sagrada y el museo diocesano de Lleida”, en Actas del X C. E. H. A. Los

para la asignatura de Arqueología Cristiana la obra del padre Perrone (profesor de Teología en el Colegio Romano), recomendado dentro del Plan de Estudios general dado en 1852, como autor de los textos de Fundamentos de Religión, Lugares Teológicos e Instituciones Dogmáticas. Sin embargo, como manual específico para la materia de Arqueología Cristiana creemos poder asegurar el curioso hecho de que se utilizase el manual de Roza y Cabal junto al de López Ferreiro (si este se llegó realmente a usar como libro básico, como cabría esperar de su importancia)268. En concreto, el manual de la biblioteca mindoniense es la segunda edición, de 1895, que llegó a través del obispo don Manuel Fernández de Castro (a quien está dirigida la dedicatoria de la primera página), a la sazón, asturiano y probablemente amigo personal del autor que había sido canónigo archivero de la catedral basílica de Oviedo y catedrático de esta asignatura en el Seminario Conciliar de esa ciudad.

La difusión de esta obra debió ser importante desde su primera edición en 1886 puesto que, tan sólo un año después, la encontramos anunciada en el Boletín del Obispado de Ourense con las siguientes palabras “en esta obrita, aunque elemental,

puede aprender el clero lo necesario para formarse el buen gusto que exije el trato de las cosas sagradas y la hermosura de la casa de Dios”269.

El manual asturiano define de la siguiente forma la Arqueología Cristiana: “... es la

ciencia que trata de los monumentos del culto cristiano pertenecientes á los tiempos pasados. Comprende en su acepción de los edificios religiosos y los muebles eclesiásticos, es decir, los templos y las partes accesorias de éstos, los vasos sagrados, los ornamentos sacerdotales, en una palabra, todos los objetos destinados al culto (...) su conocimiento es útil para la interpretación de las Sagradas Escrituras y para la mejor inteligencia de los Santos Padres, de la historia eclesiástica y de la literatura cristiana.

La Arqueología es una de las fuentes más fecundas de la tradición católica y suministra pruebas brillantes para la confirmación de los dogmas principales de la Iglesia. En mármol, en cristal, en bronce y en toda clase de metales están contenidos multitud de documentos, que, con imponente lenguaje, contestan á varios y multiplicados ataques que en nombre de la ciencia y de la crítica se han dirigido á la doctrina católica, escritos ó esculpidos con caracteres que no han podido borrar, ni la mano del tiempo, ni el paso de los siglos”270. Comparándolo con manuales posteriores, como el de López Ferreiro, observamos notables diferencias en la concepción estructural de la obra, en la importancia que da a ciertos temas en detrimento de otros o en la ausencia de menciones

268

ROZA Y CABAL, J. de la. Lecciones elementales de Arqueología cristiana, Oviedo, 2ª edición 1895. Esta segunda edición estuvo a cargo de don Benigno Rodríguez puesto que su autor había fallecido sin ver concluida esta revisión y ampliación de su obra.

269

B. E. O. O., año XXXVII, nº 1293, sábado 26 de marzo de1887, p. 40. En el anuncio se especifica que la obra está a la venta en el Seminario.

270

al tema de la restauración y la conservación (que será parte destacada en la obra de Ferreiro), aunque no debemos olvidar que este trabajo es anterior a la del compostelano y, por tanto mejorable a medida que la implantación de la asignatura se afianzaba con nuevos estudios. A pesar de ello, no dejan de aparecer en las notas referencias a autores franceses e italianos (éstos últimos sobre todo en lo relativo a las excavaciones y nuevas investigaciones de las catacumbas romanas como la obra de Mariano Armellini Antichi

Cimiteri Cristiani di Roma e d’Italia) que también utilizarían autores posteriores y que se

habían convertido en clásicos de la Arqueología Cristiana.

A pesar de contar con el manual de Roza y Cabal en Mondoñedo, los estudios de Arqueología Sagrada durante la primera mitad del siglo XX en el Seminario de esta ciudad, según nuestras conversaciones con don Enrique Cal Pardo, acabarían por apoyarse en el manual de Francisco NAVAL271. Éste no era específicamente un manual de arte cristiano, pero la defensa que hacía de los monumentos y del arte de la Iglesia lo convertía en buen candidato a manual de seminarios, además de tener sus fuentes en obras como las de López Ferreiro, Gudiol i Cunill, Martigny (uno de los autores más elogiados por todas las escuelas y traducido al castellano en 1894), o J. J. Bouraseè sobre arqueología cristiana.

Por fin, en 1889 salía a la luz, desde la imprenta del propio Seminario de Santiago, las Lecciones de Arqueología Sagrada de López Ferreiro, que se convertiría en el libro básico de los centros gallegos y de muchos otros fuera de Galicia272. Lo primero que nos ha llamado la atención es la precocidad de todas estas publicaciones si las comparamos con el caso catalán, donde, a pesar de llevar más tiempo y más esfuerzos aplicados a la creación de cátedras de Arqueología Cristiana y de museos diocesanos, así como a la protección del patrimonio, no contaron con un manual propio hasta 1902, en que Josep Gudiol publica el que sería de presencia obligada en los seminarios catalanes.

La preocupación por la formación de los sacerdotes se había convertido en un tema de cierta importancia dentro de los Seminarios e incluso protagonista en algún Concilio, como el celebrado en Burgos en 1898 en el que se decide la celebración de un certamen, coincidiendo con la organización de los próximos concilios en la provincia eclesiástica de Burgos, para premiar las obras más apropiadas para adoptarse en los seminarios como libros de texto. Entre las asignaturas seleccionadas para la presentación de obra del primer congreso, se selecciona la Arqueología Sagrada, de cuyo manual se dice que “Serán su objeto principal las Bellas Artes propiamente dichas, pero sin omitir las

271

NAVAL, F. Elementos de Arqueología y Bellas Artes (para uso de Universidades y Seminarios), Santo Domingo de la Calzada, Imprenta y encuadernación de José Saenz, 1903. No siendo una obra específica de arte sagrado también fue manual recomendado en los planes de estudio de los seminarios de Orense y Lugo, donde se mantuvo hasta los años 50.

272

LÓPEZ FERREIRO, A. Lecciones de Arqueología Sagrada, Imp. y encuadernación del Seminario, Santiago de Compostela, 1889 (1ª ed).

Artes industriales se estudiará más extensamente la historia del arte español, sin ceñirse á los monumentos de región determinada; se notarán, siquiera sea brevemente, las conclusiones de esta ciencia favorables á la doctrina y disciplina de la Iglesia; al texto acompañarán los dibujos necesarios”273.

La comparación entre el manual catalán y el gallego de López Ferreiro muestra numerosas y profundas diferencias, así como algunas semejanzas que los convierten en piezas claves de la enseñanza de la Arqueología Sagrada en Cataluña y España respectivamente. El análisis detallado de estas diferencias y semejanzas es una labor que requeriría un trabajo específico, sin embargo nos quedaremos con las más evidentes. Como diferencia básica encontramos el fin para el que se redacta cada uno y el tono en el que se hace. El manual de Gudiol, redactado en catalán, expone claramente su espíritu nacionalista como queriendo remarcar el ámbito cultural y geográfico para el que está escrito274 (evitando las menciones a publicaciones similares del resto de España, como el manual gallego, y centrándose en la bibliografía francesa e italiana), mientras en el caso de López Ferreiro, éste elude el tema para convertir el manual en una herramienta que pudiese ser utilizada en cualquier seminario español, a pesar de utilizar ejemplos gallegos para cada período artístico por ser lo que mejor conocía. El texto del gallego está escrito en castellano y pretende hacer un recorrido por el arte español de una forma didáctica (de ahí que incluya hasta 398 figuras) utilizando los ejemplos que el autor tenía más cerca y conocía. Como hemos dicho al tratar la figura de López Ferreiro, su amor por Galicia había quedado patente en sus obras y sus estudios, pero este nacionalismo no representa una opción política sino una toma de conciencia de la cultura gallega y sus manifestaciones integrada en el contexto de España.

Sin embargo, también pueden encontrarse algunos elementos comunes entre los contenidos de los dos manuales, como la preocupación por la restauración y la conservación, producto del conocimiento de la obra de Viollet-le-Duc, que les lleva a ambos a incluir algunos fundamentos de lo que debe ser una buena restauración, así como breves consejos dirigidos a los futuros sacerdotes para el mantenimiento de las

273

“Certamen de obras escritas para servir de texto en los Seminarios”, en B. O. O. T., año XXXIX, nº 1023, 5 julio 1898, pp. 193-7. El premio del certamen, según las bases nº 6 consistía en “… imprimirle y adoptarle de

texto por lo menos durante doce años en todos los Seminarios de la provincia eclesiástica, reservando al autor la propiedad y dándole el producto de la venta en los referidos Seminarios una vez deducidos los gastos de la impresión, ó solamente en señalarle de texto por el tiempo indicado, siendo de cuenta del autor la impresión, y poniendose de acuerdo con el Metropolitano para fijar el precio de los ejemplares…”.

274

Así se desprende de su prólogo cuando dice “En les pàgines que segueixen no ha de véureshi més que un

homenatge á la Religió Católica, juntament que una contribució al estudi de Catalunya (...) Fentse indispensable pels catalans l’estudi del passat de la séva patria, aquest ha de ferse de la manera com més palesament se mostri la personalitat de la terra, evitant tot lo que puga borrar los perfils de l’hermosa figura de Catalunya”, y así lo ha interpretado BARRAL I ALTET al resumir los dos puntos clave del manual en: un

intento por completar la ciencia arqueológica desde el marco de la recuperación religiosa siguiendo el camino que había emprendido el obispo Morgades, y la creación de una ciencia puramente catalana que se diferenciase del uniformismo que presentaban los estudios anteriores para todo el arte español. BARRAL I ALTET, X. “Catolicisme i nacionalisme: el primer manual…, Op. Cit. p. 10.

arquitecturas. También coinciden en el hecho de que ambos utilizan como base los manuales que se habían publicado en Francia e Italia a mediados del siglo XIX275, aunque hemos de precisar que las fuentes del catalán son mayoritariamente francesas, mientras las del gallego se reparten de forma más homogénea entre las francesas, italianas y españolas. Otra de las coincidencias entre ambos se encuentra en la concepción de fondo de lo que debía ser la Arqueología Sagrada, una concepción de arqueología “total o global”276 en la que no sólo las artes denominadas mayores (arquitectura, escultura y pintura) eran objeto de estudio, sino también aquellas artes industriales que completaban la visión de los tiempos pasados. Entre estos estudios ambos incluyen la Diplomática, la Epigrafía, la Paleografía, la Heráldica, la Numismática o la Indumentaria, entre otras277.