4.1 Background
4.3.4 Semi-supervised approach – regression model
La coyuntura que vive el mundo en los primeros años setenta es trascendental por muchas razones. En ella convergen algunos de los principales ingredientes del nuevo modelo de relaciones humanas que, después de 1989, desaparecidos los condicionantes geopolíticos y estratégicos de la Guerra Fría, y por impulso de la última globalización, se ha extendido por todo el planeta. Hemos dicho que nuestro presente inmediato nace en 1989, pero sería más preciso añadir que sus bases y elementos esenciales tienen su coordenada de origen en esta coyuntura.
También en lo que se refiere al espacio euro-mediterráneo, los primeros años setenta constituyen un punto de inflexión respecto a la situación de estancamien- to que hemos intentado describir. Europa Occidental, superados los momentos
julio Pérez Serrano
difíciles de la posguerra, da muestras de una excelente salud. Prueba de ello es el hecho de que, también en 1973, después de más de diez años de “guerra fría franco-británica”, el Reino Unido, Dinamarca e Irlanda acepten incorporarse a la CEE. Es el gran acontecimiento que conecta a esta parte de Europa con el formidable impulso que debemos reconocerle a esta coyuntura en la perspectiva de proyectarnos al futuro.
En la Europa Oriental, la fecha de 1973 marca también el inicio del final del sistema soviético. El elevado coste de la carrera de armamentos, el estanca- miento de la economía, la crisis del petróleo, el acercamiento de China a EEUU, el desgaste producido por la represión de los levantamientos en Hungría y Che- coslovaquia, las disensiones internas y la evolución exitosa del capitalismo en la Europa Occidental, forzaron el giro hacia una política de distensión. Los EEUU, también desgastados por el esfuerzo bélico realizado en teatros de operaciones muy distantes, y percibiendo la amenaza de una crisis económica internacional, se deciden a rebajar la tensión. Se firma así en 1972 el primer acuerdo de des- arme con la URSS y un año después comienza la retirada de tropas de Vietnam, después de casi trece años de guerra.
¿Cómo afectaron estos cambios a las relaciones euro-mediterráneas? Sin duda, el debilitamiento de los bloques ideológicos y el paralelo resurgimiento económico de la Europa Occidental constituyó un importante acicate para la in- tensificación de las relaciones. Ya hemos visto cómo desde los años sesenta los países vecinos del Mediterráneo volvieron su mirada hacia la ribera norte, y muy especialmente hacia la gran potencia colonial de la zona, Francia, ahora motor con Alemania de la CEE. Fue un proceso gradual y no exento de tensiones, dada la constante vigilancia de los EEUU, con importantes intereses económicos y estratégicos en la región.
Pese a todo, en 1972, tras la firma del tratado de adhesión por parte del Reino Unido, la CE adopta la decisión de impulsar una Política Global Mediterránea. Integrando a las dos grandes potencias coloniales, la Comunidad se siente ya fuerte para afrontar un doble objetivo: reforzar sus relaciones con los países me- diterráneos no comunitarios y, lo más importante, dotarlas de una agenda y de cierta consistencia estratégica.
En la Comunidad de los Nueve, el Mediterráneo era percibido ya como un espa- cio geopolítico y comercial de trascendental importancia, muy necesitado de instru- mentos para armonizar un abanico de relaciones exteriores excesivamente frágiles y dispares. No olvidemos que todavía entonces, pese a los avances de la distensión, el Mediterráneo era el principal escenario de la confrontación Este-Oeste y la única frontera geográfica directa de la Comunidad con el mundo no desarrollado.
ENCUADRE HISTÓRICO Y GEOPOLíTICO DEL DIÁLOGO EURO-MEDITERRÁNEO
Además, en plena crisis del petróleo, el Mediterráneo pasaba a ser el punto de conexión y diálogo con los países de la OPEP, a través de Libia y Argelia, o de forma indirecta, en la medida en que la dimensión islámica y el conflicto árabe- israelí vinculaban el Mediterráneo con el Golfo Pérsico. Y el excedente comercial de la CE con los países de la región actuaba como un poderoso incentivo para facilitar los intercambios.
Había, pues, poderosas razones políticas, económicas y de seguridad para sacar adelante esta primera política comunitaria dirigida a los países del Medite- rráneo. Fruto de cinco años de negociaciones, en 1978 se firma el primero de los acuerdos de asociación, llamados ahora de “cooperación global”, con Argelia, y poco después se suscriben otros con el resto de los países árabe-islámicos del Mediterráneo. Todos menos Libia. Por su parte, Chipre se incorpora al proceso en mejores condiciones, con un tratado que contempla el horizonte de la adhe- sión a la CE. En el extremo opuesto, las relaciones con Israel, muy afectadas por el conflicto palestino, se mantienen en el ámbito estrictamente arancelario, al que también en 1973 se añade Yugoslavia.
Pese a la diversidad de situaciones, la Comunidad percibe ya el Mediterrá- neo como un ámbito geográfico común, aunque no hay una percepción unánime de cuáles deben ser los objetivos de la cooperación en una y otra ribera. Para los países del sur, la migración de trabajadores y las exportaciones agrícolas son los temas principales, mientras que para la Comunidad, las prioridades son la segu- ridad y la apertura de nuevos mercados. Como es lógico, los acuerdos de esta etapa reflejan el predominio de esta última concepción. Es cierto que también se contemplan algunos aspectos sociales, laborales y financieros, englobados bajo la difusa denominación de “cooperación económica”, pero todavía el núcleo fundamental de los acuerdos continúa siendo de carácter comercial.
Por otra parte, la creciente preocupación europea por las cuestiones de se- guridad, que estarán cada vez más presentes en la agenda “oculta” de la CE, implicará a las potencias europeas en el sostenimiento de regímenes con un importante déficit democrático. La lógica de la Guerra Fría y la estrategia de la OTAN ocuparon en este sentido el vacío de una política comunitaria autónoma en materia de seguridad y defensa.
Por ello, aunque es un hecho que las relaciones euro-mediterráneas mejora- ron durante la década de los setenta, el peso político, económico y militar de los EEUU en la zona no decayó. Quizá por esto, el desarrollo de la Política Global Mediterránea acabó defraudando las expectativas iniciales. Se destinaron recur- sos insuficientes y se descuidaron por completo los aspectos sociales y políticos en los países vecinos del Mediterráneo, que no vieron una mejora en sus niveles
julio Pérez Serrano
de vida, al tiempo que se apoyó política y militarmente a gobiernos autoritarios respaldados por los EEUU. Además, la recesión económica provocada por la cri- sis del petróleo, que se prolongó con altibajos hasta 1980, reforzó las tendencias proteccionistas en la CE, afectando negativamente a las exportaciones de los países de la ribera sur en los sectores de la agricultura y el textil, básicos en sus economías. A mediados de los ochenta, el Comité Económico y Social de la CE reconocía abiertamente el fracaso de la Política Global Mediterránea en asuntos tan importantes como la reducción del déficit comercial de los países no comuni- tarios, que, globalmente, se había triplicado en los últimos diez años.
La nueva coyuntura internacional desplazó el centro de atención de las ins- tituciones comunitarias, hacia el Este de Europa. La llegada de Gorbachov a la Secretaría General del PCUS en 1985 y el inicio de las reformas, la popular
perestroika o reestructuración, en la URSS, anunciaba con claridad que la Gue- rra Fría tocaba a su fin. Las reformulación de las relaciones Este-Oeste, los acuerdos de desarme y la cooperación internacional entre los antaño enemigos hicieron que los asuntos mediterráneos quedaran relegados en la agenda polí- tica y económica de la CE. La posibilidad de la reunificación de Alemania pasó a centrar todos los debates, en la medida en que ello podía suponer un nuevo reparto de poder en el seno de la Comunidad, y era visto como una eventual amenaza por algunos socios, como el Reino Unido o la propia Francia.
4. UN NUEVO IMPULSO A LAS RELACIONES EURO-MEDITERRÁNEAS