3. Modular Web Applications
5.7. Session State Preservation
Son varias las organizaciones científicas europeas y americanas, así como la OMS, que avalan las indicaciones de la inmunoterapia, tratamiento que tras numerosos estudios ha demostrado que produce:
1. Mejoría clínica objetivable, con disminución de los síntomas y del uso de la medicación sintomática.
2. Aumento de la titulación a punto final de las pruebas cutáneas.
3. Incremento de la dosis umbral en las pruebas de provocación específicas. 4. Modificaciones en parámetros inmunológicos.
(Brasó y Jorro, 2003).
Está bien aceptado que la hiposensibilización es un tratamiento efectivo, valioso y relativamente seguro para los perros atópicos (Scott et al., 1995).
En caninos, la inmunoterapia fue primero reportada en el tratamiento exitoso de un perro con fiebre del heno estacional (Wittich, 1941). En los últimos 30 años, numerosos estudios han reportado la eficacia de la inmunoterapia para la dermatitis atópica canina, actualmente considerada uno de los pilares del tratamiento de esta enfermedad. Sin embargo, con raras excepciones, estos estudios han sido diseñados como experimentos abiertos y no controlados, con una alta subjetividad en la valoración de los resultados. De este modo, es muy difícil comparar resultados de estos estudios y sacar conclusiones significativas (Griffin y Hillier, 2001).
Los resultados de numerosos estudios abiertos y no controlados sugieren que los perros atópicos que reciben inmunoterapia alérgeno-específica exhiben mejoría (Halliwell y Schwartzman, 1971; Nesbitt, 1978; Reedy, 1979; Scott, 1981; Willemse et al., 1984; Sousa y Norton, 1990; Miller et al., 1993; Scott et al., 1993; Mueller y Bettany, 1996; Schwartzman y Mathis, 1997; Rosser, 1998; Park et al., 2000; Griffin and Hillier, 2001).
En un estudio controlado con placebo a doble ciego se encontró que el 59% de los perros que recibieron inmunoterapia mostró mejoría, contra un 21% que mejoró con placebo. Sin embargo, se debe ser cuidadoso al interpretar estos datos debido a que hubo un
elevado número de retiro de pacientes en ambos grupos, lo que resulta en una evaluación estadística poco clara (Willemse et al., 1984).
Las variables que pueden afectar la eficacia de la inmunoterapia son:
1. Selección del alérgeno. La respuesta a la inmunoterapia parece ser alérgeno-específica. En un estudio realizado, el 18% de los perros tratados con un set de alérgenos estándar (no específico) mostró mejoría de los signos clínicos, mientras que un 70% de los perros tratados con alérgenos específicamente seleccionados mediante una prueba de intradermorreacción mostró mejoría de los síntomas (Willemse et al., 1984).
2. Mezcla de alérgenos. En humanos, la inmunoterapia es más efectiva al usar un único alérgeno o una mezcla de alérgenos relacionados. Dos problemas que pueden ocurrir al mezclar alérgenos son: una excesiva dilución (que lleva a una dosificación subóptima y un deterioro más rápido del alérgeno) y pérdida de la alergenicidad (como resultado de la actividad enzimática de algunos extractos) (Bousquet et al., 1998).
3. Ruta de administración. La vía subcutánea es la ruta estándar para inmunoterapia en perros, debido a que otras rutas no han sido evaluadas (Griffin y Hillier, 2001).
4. Número de alérgenos. En el pasado, se sugería que no más de 10 ó 12 alérgenos fueran incluidos en una inmunoterapia. Sin embargo, a la fecha no existen estudios controlados que aseguren una relación entre número de alérgenos y eficacia de la inmunoterapia. Teóricamente, un perro multisensibilizado puede ser tratado con inmunoterapia que no incluya todos los alérgenos (Griffin y Hillier, 2001). El éxito se ha logrado con seguridad con la inclusión de hasta 30 o más alérgenos en las vacunas acuosas para los perros atópicos. En los animales con multisensibilidades (por ejemplo 20 ó 30 o más), los alérgenos deben seleccionarse sobre la base de la anamnesis, la probable presencia de ese alérgeno en el ambiente, la frecuencia con que el alérgeno es reactivo en esa región y la duración de la presencia del alérgeno. En la decisión también puede ser aprovechada la reactividad cruzada. En general, la mayoría de los pastos hacen reacción cruzada y pueden estar representados por uno de dos grupos mayores. Las semillas son el segundo grupo que más reactividad cruzada hace, y los árboles son los menos (Scott
et al., 1995).
5. Dosis del alérgeno. Se ha demostrado que pacientes que reciben altas dosis de alérgeno obtienen más beneficio y las dosis bajas son ineficaces. Hay que alcanzar la dosis
óptima, que es aquella dosis efectiva que no provoque efectos adversos (Brasó y Jorro, 2003). En medicina veterinaria no hay extractos estandarizados disponibles. Por convención o hábito, los viales de mantenimiento tienen concentraciones de 10.000 a 20.000 PNU/ml. Sin embargo, no hay estudios que confirmen si estas dosis son mejores o peores que otras (Griffin y Hillier, 2001).
6. Frecuencia de administración. El intervalo entre inyecciones no ha sido evaluado en perros. Por convención o hábito, el intervalo en la fase de inducción es de 1 a 2 días y en la fase de mantenimiento, de 10 días para inmunoterapia con extractos acuosos (Scott et al., 1995). En cuanto a los extractos “depot”, la aplicación de las dosis se realizan habitualmente con intervalos semanales hasta que se alcanza la dosis de mantenimiento (fase de inducción), la cual, una vez alcanzada, se repite mensualmente (fase de mantenimiento) (Benjumeda et al., 2003).
7. Duración de la inmunoterapia. En humanos, la inmunoterapia debe ser mantenida entre 3 y 5 años, para que el beneficio se prolongue después de cesar la administración. Generalmente la eficacia se demuestra durante el primer año de tratamiento (Brasó y Jorro, 2003). El efecto a largo plazo no ha sido evaluado con estudios controlados en el perro (Griffin y Hillier, 2001).
8. Tipo de alérgeno. De los distintos estudios, se concluye que la inmunoterapia no es igual de eficaz para todos los alérgenos (Brasó y Jorro, 2003).