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caos y la complejidad

Como se ha indicado, las re- comendaciones en materia de riesgo deben dirigirse a los aportes académicos y las polí- ticas públicas en materia de in- versión (Villegas, 2015). En este sentido, el debate académico debe comenzar por un aná- lisis de conceptos nucleares, «(...) el hecho de que un alto porcentaje de la población colombiana (83%) tenga la

percepción de estar expuesta a algún riesgo, pero solo el 61% considere que debe adoptar alguna medida y únicamente el 35% la lleven a cabo (Campos et al., 2012, P. 305), puede dar la sensación sesgada de que existe una cierta desidia en la población, pero en realidad lo que señala es la existencia de un argumentación subyacente ante el riesgo, la cual no se ha tenido en cuenta».

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esía Angie Guerr

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tal como el de la realidad de la comunidad ante los desastres.

El concepto de comunidad requiere una elaboración objeti- va y también una construcción subjetiva. De esta forma, la reali- dad admite diferentes definicio- nes o narraciones, dependiendo de las formas descriptivas sub- jetivas. Incluso un sistema je- rárquico, tal como el elaborado legislativamente ante un hecho, aparentemente objetivo, defi- nido como desastre, constituye un lenguaje caracterizado por una subjetivación realizada por el sujeto sobre el objeto.

En las posiciones con- ceptuales ante los desastres, las cuales tienen implicacio- nes prácticas trascendentales, existen distintas lógicas argu- mentativas. Una de ellas es la que sustenta la racionalidad de obtener una solución correcta cuando existe el conocimiento y las buenas prácticas, desde el punto de vista técnico. Sin embargo, esta lógica resulta descontextualizada cuando se aplica a entornos complejos, con diferentes actores intere- sados y distintas culturas.

Por otra parte, el hecho de que un alto porcentaje de la po- blación colombiana (83%) tenga

la percepción de estar expuesta a algún riesgo, pero solo el 61% considere que debe adoptar al- guna medida y únicamente el 35% la lleven a cabo (Campos

et al., 2012, P. 305), puede dar la

sensación sesgada de que existe una cierta desidia en la pobla- ción, pero en realidad lo que señala es la existencia de un ar- gumentación subyacente ante el riesgo, la cual no se ha tenido en cuenta. De nuevo, la explicación de dichas cifras utiliza una lógi- ca lineal con una racionalidad, atribuible a la población, que insiste en que la información, la concientización y un sistema de incentivos son suficientes para que la población utilice las me- didas pertinentes, lo cual puede no ser correcto.

Igualmente, también se señala que el 40% de la pobla- ción considera que otros agen- tes deben ocuparse del manejo del riesgo (Campos et al., 2012, p. 307) y que, dadas las opor- tunidades de participación, las personas colaborarían (íbid., p. 308). Esto sigue reflejando un distanciamiento entre el len- guaje de la existencia y el len- guaje normativo técnico-jurídi- co el cual asume una relación simple entre diferentes hechos.

Sin duda, dicha concep- ción secuencial y lineal del problema forma parte de una visión de la realidad en la cual la ayuda de todos, junto con los mecanismos adecuados, llevaría a desarrollar las accio- nes necesarias. Se trata así de medios, acciones y voluntad. Sin embargo, si no se propor- cionan dichos medios o no se toman las acciones pertinen- tes es porque existen argu- mentaciones y narrativas dis- tintas sobre el mismo hecho. El desastre es una construcción social y la amenaza se debe analizar en contexto, es decir, en el grupo social (Gellert-de Pinto, 2012); esto mismo ocu- rre para el riesgo, del cual se ha indicado que es una construc- ción sociopolítica (Valencia, 2014; Vivas, 2014) teleológica y un referente colectivo (Vi- vas, 2014). Así, la subjetividad existente en la relación sujeto- objeto determina los diferen- tes contextos para los cuales se produce el evento, el cual es subjetivado y construido.

Este fenómeno da lugar a distintas visiones del mundo subjetivamente construidas. De esta forma, se constituye una realidad «policontextu- ral» con base en dicha sub- jetividad, tal como la define Günter (1979), que se aleja del pensamiento único normativo causal. La forma en la cual se ve el mundo pertenece a la subje- tividad individual, aunque eso no impide la existencia de do- minios intersubjetivos cogniti- vamente semejantes o la cons- trucción social de la realidad.

El dominio subjetivo ad- quiere numerosas caracterís- ticas individuales o grupales, particularizándose la narración y volviéndose individual o lo- cal. De esta forma, lo local ad- quiere gran trascendencia en la prevención y compresión

de los desastres y constituye el centro mismo de la preven- ción. Incluso la legislación, en su pretensión de universalidad, se vuelve local a través de los dominios subjetivos y la narra- ción que las personas y las co- munidades hacen. El riesgo, la amenaza y el desastre se vuel- ven locales mediante la trilogía sujeto-objeto-subjetivación, pero esta localidad subjetiva no está reflejada en los proce- dimientos administrativos.

Sin duda, las preguntas clave sobre desastres elabora- das por Maturana (2011) son relevantes, pero la universali- dad de las mismas, como por ejemplo: ¿qué se entiende por gestión integral del riesgo?, debe contextualizarse. Otro ejemplo deseable de localidad, se tiene en lo que constituye la gestión del conocimiento en desastres. La gestión en este tipo de eventos está sistemati- zada (Medina, López, Méndez, & Bernal, 2014) y, según estos autores, un proceso de cono- cimiento del riesgo debe co- menzar con una definición del contexto de acuerdo a los ob- jetivos de las organizaciones.

Esto, desde un punto de vista local, y de acuerdo a los principios enunciados ante- riormente, es asumir una po- sición «heterárquica» donde lo organizacional/institucional es un dominio más en el con- texto comunitario y se permea por las subjetividades exis- tentes. Así, la identificación, co-creación, almacenamiento, compartición y uso del cono- cimiento (Medina, et al., 2014) deben contextualizarse de acuerdo a los principios lógi- cos expuestos, para promover unas acciones preventivas y correctivas coherentes con el contexto.

Los dominios de interpre- tación cognitiva y la relación «(...) lo local adquiere gran trascendencia en la prevención y compresión de los desastres

y constituye el centro mismo de la prevención. Incluso la legislación, en su pretensión de universalidad, se vuelve local a través de los dominios subjetivos y la narración que las personas y las comunidades hacen».

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esía Angie Guerr

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entre el objeto o hecho, el indi- viduo y la subjetividad generan numerosas interpretaciones y contextos, por lo que no es de extrañar que la realidad se vuel- va compleja y caótica; se podría decir que diferentes mundos coexisten en una misma locali- zación geográfica con una cau- salidad no lineal y presentando fenómenos de múltiples inte- racciones y de emergencia de nuevos procesos, lo que cons- tituyen las características de la complejidad. No solo eso, sino que distintas narrativas pueden poseer propiedades contrarias en una relación dialógica (ver Juárez, 2016). La caracterización dialógica ha sido también seña- lada en la relación entre la ges- tión del riesgo y algunos aspec- tos del desarrollo (Vivas, 2014). Finalmente, la recurrencia caó- tica ha sido observada en dis- tintos fenómenos del desarrollo (ver Juárez, 2014a, 2014b; Juárez, Mesa y Farfán, 2014).

La perspectiva de la