3.3 GPLD: Setup
3.3.4 Key Setup
La tradición paulina fue la más importante en términos de su ex- tensión, desarrollo y legado literario; es la que mejor conocemos y la más influyente en la expansión de la fe en Jesús por el Mediterráneo. Pero no es la única91. Las mismas cartas de Pablo, así como otras
fuentes independientes, testimonian la existencia de creyentes y gru- pos pertenecientes a otras tradiciones, que tienen origen diferente o, en algún caso, orientación divergente a la paulina. Tanto en Éfeso como en Roma, al menos (quizá también en Corinto), Pablo no fue el primero en anunciar el evangelio; existieron antes que él grupos o misioneros creyentes con algunos rasgos diferenciadores. Dos caute- las metodológicas se impone en este momento: en primer lugar, no conviene dejarse impresionar por la dureza y beligerancia de Pablo para calificar estos grupos diferentes como opositores; en algunos casos pueden ser, pero no necesariamente en todos; no debemos su- poner una intención perversa, a pesar de su oposición a Pablo. En segundo lugar, no es aconsejable extender la oposición a Pablo de al- gunos grupos judaizantes a otros grupos similares como si Pablo se hubiese enfrentado en bloque contra todos los demás creyentes de origen judío.
La misión de Pedro aparece en muchos momentos de las cartas de Pablo (cf. Gal 2,9.11; 1 Cor 1,12; 9,5) y de Hechos (cf. Hch 10,1ss). Aunque Pablo lo presenta como líder de la misión entre los «circuncisos» (fruto del acuerdo de Jerusalén) su presencia en Antio- quía y su influencia en Corinto o Roma reflejan que esta división no estaba claramente delimitada; había probablemente una doble inde- finición: en primer lugar, sobre el lugar de los temerosos de Dios en esa división y, en segundo lugar, sobre el concepto de Israel (que po- día abarcar geográficamente aquellas ciudades o lugares donde había comunidades judías). Esta constatación parece el contexto más plau-
91Cf. Ferdinand C. Baur, Paul the apostle of Jesus Christ: His life and works, his epis-
tles and teachings, Hendrickson, Peabody 2003 (original alemán de 1845); John J. Gun-
ther, St. Paul’s opponents and their background: A Study of apocalyptic and Jewish sectarian
teachings, Brill, Leiden 1973; Stanley E. Porter, Paul and his opponents, Brill, Leiden
2005; Jerry L. Sumney, «Servants of Satan», «False Brothers», and other opponents of Paul, Sheffield Adad. Press, Sheffield 1999; Eusebio, HE III,31,3; Fragmentos de Papías, 3; Ri- chard E. Oster Jr., «Christianity in Asia Minor», ABD vol. 1, pp. 938-954; Lincoln Hurst, «Apollos, Hebrews and Corinth», Scottish Journal of Theology 38 (1985) 505-513. Sobre la extensión del grupos de creyentes en Cristo por otros lugares, cf. William L. Pe- tersen, «Christianity (North African Christianity)», ABD vol. 1, pp. 965-967; Birger A. Pearson, «Christianity (Christianity in Egypt)», ABD vol. 1, pp. 654-960.
sible para la presencia de creyentes de otras tradiciones que tienen, en general, un perfil judaizante y nos permite establecer una diferencia- ción básica: las que polemizan con Pablo y las que no.
Entre las primeras, descubrimos diversos grupos: uno aparece en Corinto y otro en Galacia. El primero de estos dos está representa- do por un conjunto de misioneros itinerantes de origen y horizonte judío que aparecen en tres momentos diferentes (1 Cor 1-4; 2 Cor 3-7; 2 Cor 10-13); se presentan como verdaderos apóstoles con autoridad (frente a Pablo, que aparece sin autoridad ante ellos; cf. 2 Cor 11,7-13); traen cartas de recomendación (probablemente de Jerusalén, pero no es imposible que sean de otra comunidad; 2 Cor 3,1; 10,12); son mantenidos económicamente por la comunidad de creyentes de Corinto (cf. 2 Cor 12,11-15); tienen recursos intelec- tuales y capacidad persuasiva (cf. 2 Cor 11,5-6); se presentan acom- pañados de signos carismáticos (visiones, revelaciones y poderes mi- lagrosos) que convencen a los corintios (cf. 2 Cor 12,11-12). No aparecen datos explícitos que revelen su interés por la circuncisión o por el cumplimiento de la ley de los corintios. No podemos despre- ciar totalmente la posibilidad de que estos fuesen también misione- ros en Corinto al tiempo de Pablo y se viesen en competición con este (a pesar de que Pablo les dice que se «glorían en territorio aje- no por trabajos ya realizados»; cf. 2 Cor 10,16); podría tratarse de un conflicto por falta de claridad, como hemos dicho, de aquel re- parto «en privado» entre Pedro (a los circuncisos) y Pablo (a los pa- ganos; cf. Gal 2,9). En cualquier caso, lo que muestran estas alusio- nes es la existencia de misioneros que tienen una estrategia de evangelización diferente a la de Pablo y que resulta atractiva, basada en persuasivos discursos, exégesis culta de la escritura y conexiones con Jerusalén; todo ello ofrecía a los corintios, probablemente, la se- guridad de una enseñanza legitimada, clara e inequívoca.
El segundo de aquellos dos primeros grupos mencionados apa- rece en Galacia y está representado por otros misioneros judaizantes que piden la circuncisión de los creyentes de origen pagano y el cumplimiento de la Torá; tienen conexiones con Jerusalén (cf. Gal 4,25) y tienen una concepción claramente diferente a la de Pablo so- bre la idea de Israel y la relación del creyente pagano con las tradi- ciones judías (cf. Gal 6,12); para Pablo esto es «otro evangelio» (cf. Gal 1,6). Sin embargo, a pesar del duro enfrentamiento que Pablo tiene con ellos es posible pensar que estaban completando su misión ante la incomprensión de los gálatas; no se percibe conflicto directo 191
sobre la autoridad de Pablo por parte de aquellos. En cualquier ca- so, se trata de un grupo itinerante con una visión del cristianismo divergente a la paulina. Es posible que podamos añadir a estos dos grupos (o acaso, a caballo entre estos y los del siguiente párrafo) al- guno más, pero los datos son más bien escasos. Pablo menciona en Flp 1,15-18 a unos que «predican a Cristo por envidia y rivalidad», «para aumentar la tribulación de mis cadenas». Pablo acepta de es- tos el hecho de que predican a Cristo, cosa que no hace ni de los opositores de Galacia ni de los de Corinto (a quienes llega a llamar «servidores de Satán»; cf. 2 Cor 11,13-15). Estos, por tanto, podrían ser grupos con divergencias poco significativas en el contenido del evangelio o con estrategias diferentes en la misión.
Entre las segundas tradiciones (las que no polemizan directa- mente con Pablo), podemos destacar la misión de Apolo y los gru- pos que le siguen (1 Cor 1,12), los del «bautismo de Juan» en Éfeso (Hch 18,25) o la misión de Pedro y las comunidades vinculadas a él (1 Cor 1,12; en relación más o menos estrecha con Antioquía). Apolo es descrito por Lucas como «un judío... originario de Alejan- dría, hombre elocuente que dominaba las escrituras» (cf. Hch 18,24); parece que tuvo un impacto significativo en Acaya y, espe- cialmente, en Corinto (cf. 1 Cor 1,12). Su origen alejandrino po- dría haber favorecido la influencia de cultos mistéricos orientales, como el de Isis y Osiris, o el excesivo gusto por la filosofía y el dis- curso, como parecen apuntar algunos rasgos polémicos en 1 Cor. El mismo Lucas lo vincula con el «bautismo de Juan», puesto que completa su descripción así: «había sido instruido en el camino del Señor y con fervor de espíritu hablaba y enseñaba con todo esmero lo referente a Jesús, aunque solamente conocía el bautismo de Juan» (Hch 18,25); aunque sea improbable su identidad como seguidor del Bautista, puede reflejar una vinculación a ciertas tradiciones in- completas (de acuerdo al redactor del hecho, Lucas) vinculadas a Palestina. La instrucción en el camino (y, por tanto, la culminación del proceso creyente) habría corrido a cargo de Priscila y Aquila. Su llegada a Corinto aparece totalmente al margen de Pablo; Lucas dice que los hermanos de Éfeso le animaron a ir y que escribieron a los «discípulos» de Corinto para que le recibieran. Aunque podría pensarse que Pablo se refiere a él (y sus acompañantes) cuando po- lemiza contra los que tienen «cartas de recomendación» (cf. 2 Cor 3,1), no es probable, ya que habla de Apolo con cordialidad y cer- canía en 1 Cor 16,12.
Más sugerente se plantea la idea de que Apolo fuese mejor co- nocedor que Pablo de los eventos del Jesús histórico, de acuerdo a la descripción mencionada de Lucas: «enseñaba con todo esmero lo re- ferente a Jesús» (véase el apartado «Relación de Pablo con Jesús», más arriba); este dato sería coherente con su vinculación a las tradi- ciones palestinas mencionadas. Dada la polémica que Pablo tiene con los que se presentan como conocedores de Jesús (cf. 2 Cor 5,16), Apolo podría aparecer en conexión con aquellos; esta hipóte- sis plantea la posibilidad de un grupo de creyentes que valora más que Pablo las enseñanzas de Jesús y está tejiendo una red de in- fluencia más allá de Palestina o Antioquía. Pablo no polemiza direc- tamente con estos (al menos con Apolo); parece concederles una au- toridad válida. Sería un ejemplo de una corriente judaizante no polémica con Pablo, que tendría diferentes representantes en Apolo y Pedro. Todo ello plantea una gran pluralidad en los itinerantes no paulinos de esta primera generación fuera de Palestina y un desco- nocimiento proporcional por nuestra parte.
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