claramente el nombre redentor de la DIVINIDAD‖ y que dice ―Aquel que existe por Sí y se revela a Sí mismo‖. Él dice: ―Estos siete nombres redentores indican la revelación conintua y creciente de Sí mismo‖. Entonces agrega: ―En Su relación redentora para con los hombres, Jehová tiene siete nombres compuestos que Lo revelan, cubriendo todas las necesidades del os hombres desde su estado pardido hasta el fin.‖
Esos nombres revelan la relación redentora de Dios para con nosotros. Ellos apuntan al Calvario donde fuimos redimidos; y la bendición que cada nombre revela debe ser suplida por la expiación. Eso enseñan las Escrituras claramente.
Los Nombres redentores son los siguientes:
Jehová-Sama: ―El Señor está allá‖, esto es, Él está presente (Ez 48:35), nos revela el privilegio redentor
de gozar la presencia de Aquel que dice ―Yo estoy con vosotros todos los días‖. Esta bendición suplida por la expiación, por el hecho que ―por la sangre de Cristo, te acercaste‖
Jehová-Shaloom: ―El Señor nuestra Paz‖, nos revela el privilegio redentor de tener Su paz. Así Jesús dice:
―Mi paz os doy‖. Esta bendición está en la expiación porque “el castigo de nuestra paz fue sobre Él” cuando Él ―hizo la paz por la sangre de Su cruz‖.
Jehová-Ra-ah: ―El Señor es mi pastor‖ Sal 23:1. Jesús se volvió nuestro pastor dando ―Su vida por las
ovejas‖ por tanto este privilegio es un privilegio redentor, suplido en la expiación.
Jehová-Jireh:‖El Señor proveerá‖ una oferta (Gen 22:14), y Cristo era la Oferta provista por nuestra
redención completa.
Jehová-Nissi: ―El Señor es nuestro Estandarte‖ o ―Vencedor‖ o ―Capitán‖ (Ex 17:15). Fue cuando Cristo,
por la cruz, triunfó sobre los principados y poderes que nos proveen por la expiación o privilegio redentor que diremos: ―Más gracias a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo‖
Jehová-Tsidkenu: ―El Señor nuestra Justicia‖ (Jer 23:6). Jesús se volvió nuestra justicia llevando nuestros
pecados en la cruz; portando nuestro privilegio redentor de recibir ―el don de justicia‖ es una bendición de la expiación.
Jehová-Rafa: ―Yo soy el Señor tu médico‖ o ―Yo soy el Señor que te sana‖ (Ex 15:26). Este nombre es
dado para revelar nuestro privilegio redentor de ser sanado. Ese privilegio es suplido por la expiación, pues Isaías, en el capítulo de la redención declara: ―Verdaderamente el tomó sobre Sí nuestras
enfermedades, y llevó nuestros dolores‖.
La primera alianza que Dios hizo, después de cruzar el Mar Rojo, distintivamente típica de nuestra
redención, fue la alianza de sanidad; y fue en esa ocasión que se reveló a Sí mismo como nuestro Médico, pero el primer nombre redentor de la alianza, Jehová-Rafa, “Yo soy el Señor que te sana”. Eso no es solamente una promesa, es un ―estatuto‖, es una ordenanza‖. Y así como en esa ordenanza antigua, tenemos, en el mandamiento de Santiago 5:14, una ordenanza de sanidad en el Nombre de Cristo, tan sagrada y obligatoria para toda la iglesia de hoy, como la ordenanza de la Cena del Señor y del bautismo de los creyentes. Desde que Jehová-Rafa es uno de los nombres redentores de Dios, sellando la alianza de sanidad, Cristo, en Su exaltación no pudo abandonar tampoco Su privilegio de SANAR como así
tampoco Sus otros privilegios revelados en Sus otros seis nombres redentores.
¿Cuál es la bendición revelada en Sus nombres redentores que fue retirada de esta ―mejor‖ dispensación? Isaías inicia el capítulo de la REDENCIÓN con una pregunta:
Isa 53:1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?
La respuesta a la pregunta es: Solamente los que oyen la predicación pueden creer, porque ―la fe es por el oír‖… Es la continua predicación acerca de que Él llevó nuestros pecados y nuestras enfermedades. Desde que Jesús murió para libertar a los hombres, vale la pena declararlo. En los versículos 4 y 5 del capítulo de la REDENCIÓN, se ve a Jesús sufriendo por ―NUESTRAS iniquidades‖, ―NUESTRA paz‖ y ―NUESTRA sanidad‖ pues ―por Sus llagas fuimos nosotros curados‖.
Tendríamos que hacer citas erradas para EXCLUIRNOS a nosotros msmos de cualquiera de esos beneficios.
Entonces, al leer la interpretación que Mateo da de Isaías 53 y oírlo decir que Jesús ―curó TODOS los que estaban enfermos‖ para cumplir la profecía de Isaías: Isa 53:4 Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores (Mateo 8;17) tendríamos que haber sitado errada la Escritura una y otra vez para EXCLUIRNOS de la bendición redentora de la SANIDAD para nuestros cuerpos.
Si Cristo, como algunas personas piensan, no quiere curar tan universalmente durante Su exaltación como en su humillación, entonces Él tendría que ser infiel a Su promesa en Juan 14:12,13 y no sería ―Jesucristo el mismo ayer y hoy y por los siglos‖(Heb 13:8)
Así como la promesa de sanidad fue hecha a ―ALGUIEN‖ enfermo (Santiago 5:14) es tan abarcativa en esfera de acción, como ―TODO AQUEL‖ en Juan 3:16; y desde que Jesucristo, en Su muerte sacrificial, llevó nuestros pecados (1Pedro 2:24), entonces, está decidido por las Escrituras que los enfermos tienen el mismo derecho a la sanidad del cuerpo como a la sanidad del alma.
Si el cuerpo no estuviera incluido en la redención, ¿cómo podría haber resurrección? ¿Cómo puede lo ―corruptible vestirse de incorruptibilidad‖ o ―lo mortal vestirse de inmortalidad?‖ si no estuviéramos redimidos de la enfermedad, ¿No estaríamos sujetos a enfermedad en cielo si fuese posible resurgir sin redención? Si el destino futuro de los hombres ha de ser físico y espiritual, podemos esperar también una redención de cuerpo y espíritu.
Como dijo el Dr R.A. Torrey en su libro sobre la ―Sanidad Divina‖: ―Justamente como adquirimos las primicias de nuestra salvación espiritual en la vida actual, así adquirimos las primicias de nuestra
salvación física en la vida actual. El Evangelio de Cristo tiene salvación tanto para el cuerpo como para el alma… La muerte expiatoria de Jesucristo adquirió para nosotros no solamente la cura del físico, sino también la resurrección, perfeccionamiento y la glorificación de nuestros cuerpos‖