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Recordemos que los recursos naturales son aquellos factores productivos que la naturaleza ofrece directa y espontáneamente, sin que medie intervención o transformación alguna por parte del ser humano. Estos recursos son, obviamente, el origen del material con el que se fabrican todas las mercancías y las únicas fuentes de energía disponibles para la actividad económica, por lo que su importancia es primordial para la economía.

“Ex nihilo nihil fit”. (De la nada, nada surge). Atribuido a Parménides (s. VI-V a. C.).

IV.7.1 Precio y valor de los recursos naturales

Puesto que proceden directamente de la naturaleza sin la intervención de ningún trabajo humano, los recursos naturales no tienen valor. Y,

Sin embargo, se intercambian en el mercado, lo que significa que tienen

un precio. ¿Cómo es posible que, sin tener valor, tengan un precio? La

respuesta es sencilla: tienen precio porque tienen propietario. Los recursos naturales fueron originariamente acaparados a la fuerza por ciertas personas y colectivos con poder suficiente como para imponer su voluntad a los demás. Esta apropiación adquirió, más adelante, rango de legalidad con la implantación del Derecho que protegía la propiedad privada y, de este modo, se institucionalizó dicha apropiación. Obviamente, cuando algo es propiedad de alguien, inmediatamente surge la posibilidad del intercambio y, con ella, el precio. Por lo tanto, el precio de los recursos naturales no tiene su origen en su valor, sino en su apropiación. Precisamente por ello, a este precio se le llama

renta de los recursos naturales.

IV.7.2 Oferta y demanda de recursos naturales

La oferta de recursos naturales, aunque depende de forma directa del precio, como cualquier otra oferta, es muy especial y totalmente distinta a la de un bien de consumo o de capital, ya que se trata de una oferta muy rígida. La razón es obvia: la naturaleza ofrece una cantidad limitada de recursos para ser explotados económicamente y esa cantidad no se puede reproducir en absoluto o solamente puede hacerlo a un ritmo muy lento para los cánones humanos. La rigidez de la oferta significa que la cantidad producida de cualquier recurso natural no reaccionará en modo alguno ante cambios en su precio. La naturaleza es, evidentemente, insensible a los atractivos del dinero y carece de todo afán de lucro.

La dispar disposición geográfica de los recursos naturales más importantes y utilizados en la economía a lo largo de la Historia ha sido el origen de todo tipo de políticas imperialistas de explotación y conquista contra naciones más débiles por parte de los países centrales que han derivado en presiones económicas, intervencionismo político y numerosas guerras tanto civiles como

internacionales. Analizaremos esta cuestión tan importante con detalle en la unidad dedicada a la economía internacional (Ud. 8).

En cualquier caso, se hace necesario distinguir entre tres clasificaciones de recursos naturales para comprender correctamente su mecanismo de asignación económica:

― Recursos apropiables y no apropiables. Los recursos apropiables pueden ser sometidos a la propiedad privada, por lo que se pueden comprar o vender en el mercado. Por lo tanto, tienen un precio, que vendrá determinado por el mercado correspondiente. Ejemplos de esta clase de recursos pueden ser los minerales, la madera, el agua embalsada o la tierra. Los no apropiables, por su naturaleza, no se pueden comprar ni vender y, como consecuencia, carecen de mercados y de precios. Su asignación económica depende, por ello, de mecanismos ajenos al mercado. Por ejemplo, los bancos de peces, el aire o la luz solar.

― Recursos renovables, no renovables e inagotables. Los recursos

renovables son aquéllos que la naturaleza puede reproducir bajo ciertas

condiciones y tras un determinado período de tiempo. Por lo tanto, su disponibilidad podría mantenerse o, incluso aumentarse, siempre y cuando no sufrieran sobreexplotación. Ejemplos: los bancos de peces, la madera de los bosques, el suelo fértil, el carbón vegetal, el ozono de la atmósfera o la biomasa (biocombustibles).

Los no renovables serán los que no se puedan reproducir bajo ninguna circunstancia. Hoy en día, la cantidad de petróleo, carbón mineral, gas natural, diamantes, oro o cobre es totalmente fija y la naturaleza no puede incrementarla en un horizonte temporal humano.

Por último, se llama inagotables a aquellos recursos que la naturaleza ofrece sin limitación alguna (al menos, para el horizonte temporal humano). Algunos ejemplos podrían ser la luz del sol (energía solar térmica y fotovoltaica), las mareas y las olas (energía mareomotriz), el viento (energía

eólica), el calor procedente del interior del planeta (energía geotérmica), la gravedad aplicada a los saltos de agua (energía hidráulica) o el hidrógeno (pilas de combustible).

Evidentemente, los recursos renovables y, sobre todo, los no renovables deben ser objeto de una explotación económica muy cuidadosa que no sólo tenga en cuenta su precio (en caso de ser un recurso apropiable) o su gratuidad (en caso contrario), sino su ritmo de renovación o su límite cuantitativo, respectivamente. Para ello se hace imprescindible la aplicación de criterios ecológicos e intergeneracionales que, lamentablemente, no se están teniendo en cuenta en el seno del sistema capitalista. Este es, probablemente, el reto más importante al que se enfrenta la humanidad a medio y largo plazo.

― Recursos contaminantes y no contaminantes. Los recursos

contaminantes son aquéllos cuya utilización implica la producción y

expulsión al medio ambiente de sustancias tóxicas para la naturaleza o el ser humano. Ejemplos: el petróleo y sus derivados, la energía nuclear o el carbón. Los recursos no contaminantes (energía limpia o verde) son los que no tienen esos efectos. Ejemplos: la luz solar, el viento, las mareas, el hidrógeno, etc.

Al contrario que su oferta, la demanda de recursos naturales no tiene ninguna particularidad aparte de la de ser, como la de cualquier otro factor productivo, una demanda derivada, ya que la cantidad de recursos naturales que necesite una empresa para desarrollar su actividad productiva dependerá de la demanda que exista de la mercancía que ofrezca en el mercado. Así pues, la demanda de recursos naturales dependerá inversamente del precio que fije el mercado y tendrá una sensibilidad variable ante sus modificaciones.

IV.7.3 El funcionamiento del mercado de recursos naturales

En el mercado de recursos naturales, la oferta y la demanda se cruzan para dar lugar al precio, pero, debido a la rigidez de la curva de oferta, los cambios en el precio apenas tienen repercusión en la cantidad ofrecida.

A pesar de todo, en algunas ocasiones, un aumento del precio puede hacer que ciertos recursos naturales antes inalcanzables por ser demasiado cara su obtención puedan ahora extraerse gracias a la aplicación de una nueva tecnología más sofisticada y costosa. De este modo, por ejemplo, el constante aumento del precio del petróleo ha ido paulatinamente convirtiendo en reservas disponibles para la venta grandes cantidades de recursos que antes estaban en lugares demasiado profundos o complicados como para hacer rentable su extracción. Por ello, la oferta, casi rígida, ha ido aumentando, a pesar del paulatino agotamiento de un enorme número de pozos y campos petrolíferos.

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