Introducción.
Con objeto de no dificultar, o por lo menos facilitar lo más posible, la lectura desplazaremos a un apéndice la exposición detallada del substrato lingüístico sobre el que se apoya nuestra teoría. No creemos posible desplazar totalmente la expo- sición del aparato terminológico y teórico lingüístico, puesto que nuestra propia teorización se apoya y enlaza por muchos puntos con la teoría lingüística que adop- tamos, de acuerdo con nuestro propósito. En consecuencia nos vemos forzados, so pena de hacer ininteligible el alcance de nuestra exposición, a resumir escuetamente tanto la teoría lingüística sobre la que nos insertamos como los puntos de enlace de nuestra construcción con esa misma teoría.
Para quien esté familiarizado con la teoría lingüística que utilizamos ese resu- men esquemático resultará suficiente; a quienes no le resulten familiares esas teorías deberá recurrir al apéndice.
Con todo, hemos de confesar que, en no pequeña parte, la fuerza de nuestra argumentación se teje al paso de la exposición de la teoría lingüística escogida. Si adoptamos el expediente de situar en un apéndice los fundamentos lingüísticos de nuestra construcción epistemológica en torno del valor, no lo hacemos por razones internas al proceso del pensamiento sino para evitar que el lector —por lo menos el no habituado a la terminología técnica de la lingüística— quede frenado o abruma- do por la aridez de la exposición y por la aridez de mi propio pensamiento que, si pretende apoyarse y enlazarse con ese tipo de teorización, deberá, inevitablemente, situarse a unos mismos niveles de abstracción y, por consiguiente, en un mismo tono de aridez.
1. Los estudios sobre el símbolo
Antes de adentramos en la exposición de los elementos lingüísticos que nos ha- rán posible el análisis del elemento axiológico de la lengua, me referiré, brevemente,
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a aquellos que han tratado explícitamente el problema del símbolo, prototipo de unidad axiológica de la lengua.
Freud y su escuela descubren la cohesión y necesidad de los desarrollos simbóli- cos. Es decir, constatan un cierto tipo de formalidad.
Sin embargo los símbolos que estudia Freud son patológicos, a-sociales y opacos. Freud a través de la formalidad simbólica pretende descubrir una hermenéutica que elimine la opacidad de los símbolos del enfermo.
Otro acierto de Freud es señalar unas bases materiales, instintivas en la generación de las formaciones simbólicas. Pero esa base instintiva es fundamentalmente a-social. No es la sexualidad como relación humana o relación de vivientes, sino como «libido». Esto hace que su noción de deseo sea a-social. Si hubiera tenido en cuenta el carácter fundamentalmente social, simbiótico y axiológico de la lengua y de la sexualidad — como sistema de relación axiológica con los otros miembros del grupo y con el entor- no— no hubiera dado el tratamiento que dio a la libido, la única generadora de símbo- los para él, ni menos hubiera sostenido que los símbolos requieren una hermenéutica. Kerenyi, Jung y el mismo Freud se dan cuenta ya de que los símbolos patológicos y sus conexiones y desarrollos y los símbolos míticos y religiosos están emparenta- dos. Sin embargo arrastran los fallos teóricos de Freud. Jung intentará solventar la dificultad haciendo de los símbolos y mitos arquetipos trascendentales. Con esto, a mi juicio, abandona uno de los logros capitales de Freud: la base material e instin- tiva de los símbolos.
En conexión con los logros de Freud y Jung, Bachelard entra en el estudio de los símbolos en la poética. Explicita, una vez más, la cohesión, la estructuralidad y la formalidad rigurosa de esas formaciones.
Las formaciones que estudia Bachelard son conscientes y públicas, aunque no tienen carácter de constitucionalidad axiológica social.
Bachelard, aunque más cerca de Jung que de Freud, corrige en parte el defecto de Jung. Conecta las formaciones simbólicas capitales con la raíz material del hom- bre. Los símbolos siempre parten de algo material del entorno, característico por su fuerza axiológica, v. gr., la relación humana con el agua, el fuego, el viento, la tierra, las rocas, la casa, etc. Pero estas relaciones están consideradas de una manera a- histórica; trascendental con respecto a la historia.
Hasta aquí los símbolos patológicos, los poéticos y los míticos y religiosos están emparentados en su formalidad.
Por otra parte, mitólogos como Lévi-Brühl, o Lévi-Strauss, vuelven a remarcar, esta vez en las formaciones simbólicas sociales y con carácter constitucional recono- cido —estructuran al sujeto, al grupo y al cosmos—, la lógica especial de lo simbó- lico: la lógica de la participación en Lévi-Brühl y la lógica concreta en Lévi-Strauss. Ambos remarcan el rigor de las formaciones y su sistematicidad.
Lévi-Strauss remarca, además, el carácter de legalidad lingüística de esas formaciones. Esta vez la conexión con las bases materiales e instintivas queda en la sombra. Mircea Eliade y otros entran ya explícitamente en los símbolos religiosos en cuanto tales, y constatan su formalidad y rigor. Vuelven a conectar con las bases materiales de las sociedades, pero de una manera vaga, inarticulada y sin acabarse de liberar de un cierto «junguismo».
Los etnólogos y los historiadores de las religiones reconocen el carácter de molde mental de las formaciones simbólico-míticas, a la vez que el papel social —cohesio-
nador— de esas formaciones. Pero no explicitan el cómo, ni el por qué, ni menos, todavía su articulación.
A través de ellos puede advertirse explícitamente que a semejantes estructuraciones laborales y sociales corresponden semejantes configuraciones míticas y simbólicas.
Desde una perspectiva totalmente diferente, Marx sostuvo la determinación de las superestructuras ideológicas por las sociales. Tampoco da razón del cómo de esa determinación.
Cabe concluir que la base material e instintiva de las formaciones mítico-sim- bólicas, ha de ser social-laboral, lingüística y semántica, y no meramente sintáctica, como pretenden Lévi-Strauss y el folklorista Propp.
Un planteo sintáctico de los mitos y símbolos nos deja más acá del carácter axio- lógico de esas formaciones y no nos da paso al aspecto religioso de esas formacio- nes, aspecto que es inseparable, si nos atenemos a los hechos, de toda formación simbólica-mítica social.
A partir de aquí nos da sido preciso estudiar las teorías lingüísticas, para saber cuál de las escuelas podría aportar algún instrumental para el estudio de las forma- ciones simbólicas, de tal forma que pudiéramos acceder a la semántica como lugar de la manifestación de lo valioso en la lengua.
2. Necesidad de un planteo axiológico de la semántica
Partiremos de una constatación que elevaremos a categoría de hipótesis: el fenó- meno semántico es primariamente axiológico. Desde ahí ha de hacerse comprensi- ble cualquier otro planteo del estudio de la semántica lingüística.
La hipótesis anterior la concretamos de la siguiente forma: la semántica debe estudiarse en el marco de las relaciones axiológicamente cualificadas del viviente humano a su entorno.
La lengua forma parte esencial de la relación del viviente humano a su entorno, luego en la semántica se encontrará esa relación axiológica al entorno. Cualquier as- pecto de la semántica que prescinda del aspecto axiológico tendrá que ser comprensi- ble desde la fundamental relación axiológica del viviente humano a su entorno.
Por tanto, hay un problema semántico que es anterior a la consideración de la semántica propia de las ciencias.
Este acceso a la semántica, acceso a su aspecto axiológico, nos es necesario para abordar, adecuadamente y desde dentro, el problema del mito, de los símbolos, de los sistemas de valor humanos, de la religión, de la ética, etc.
Supuesta esta pretensión nos vemos forzados a dejar de lado toda teoría semán- tica que imposibilite o dificulte la consideración de lo axiológico en la semántica.
En nuestra introducción justificamos, con bastante detalle, por qué nos resulta- ban poco útiles los instrumentales teóricos propios de la filosofía analítica o de la semántica científica, de los estudios de Wittgenstein, de las escuelas transformacio- nalistas, incluso de aquellas que se plantean como objeto primario el estudio de la semántica de la lengua. Estas escuelas nos mantienen alejados de la posibilidad de análisis del contenido axiológico de las expresiones de la lengua.
La lengua no sólo transmite información a otros sujetos y se refiere al mundo, sino que también comunica y establece un mundo de valores en una pragmática determinada.
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En resumen, si adoptamos un determinado aparato teórico y optamos por una determinada escuela lingüística no es por razones estrictas de ciencia lingüística, sino por la necesidad de disponer de un mínimo aparato para el estudio de las cargas axiológicas de la lengua.
Con estas consideraciones pretendemos justificar porqué en nuestro estudio nos ceñimos a la utilización del instrumental lingüístico de origen europeo.
3. a) Sentido del estudio de la fonología
La somera exposición que hacemos de la fonología1 tiene el propósito siguiente:
comprender la formalidad de un sistema cuyas unidades y relaciones son cualita- tivas. El sistema fonológico de la lengua está formado por relaciones de contrastes, oposiciones y diferencias de cualidades fónicas y matices tímbricos.
Puesto que pretendemos estudiar lo axiológico de la lengua nos es preciso conocer explícitamente cómo la lengua sistematiza lo cualitativo. Bajo esta perspectiva la fono- logía es un lugar privilegiado, puesto que es un puro sistema cualitativo asemántico.
Destacamos una noción fonológica por su utilidad: la noción de neutralización de oposiciones distintivas, o síncresis en una de dos cualidades fónicas diferencia- das en el sistema. Esta noción es capital porque nos permitirá comprender formal- mente lo que podríamos llamar «el proceso de generalización axiológica», del que hablaremos más tarde.
b) Rasgos fundamentales de la teoría lingüística que utilizamos
Supuesto que hemos rastreado lo que es una formalidad cualitativa, necesitamos ahora una teoría general de la lengua para situarnos en el estudio de sus diversos planos. Esa teoría, conforme a nuestros fines, deberá ser tal, que nos abra el camino para el análisis de los elementos axiológicos de la semántica, y esto último, de tal forma que nos permita conectar la carga axiológica de la semántica con la pragmá- tica. Se trata de un marco teórico previo y fundamental, que se irá perfilando al paso del estudio semántico.
La teoría de la lengua que adoptamos es la de Hjemslev2. En primer lugar, su teoría
es muy simple y muy precisa. En segundo lugar, su distinción entre forma del conte- nido y substancia del contenido —que es, a su vez, una forma, pero ya no bajo la pers- pectiva lingüística—, es la puerta que buscamos para el estudio del elemento axiológi- co de la semántica y de su conexión con la pragmática de los grupos humanos.
La relevancia de los contrastes acústicos, destaca el sistema de comunicación —relación sujeto-sujeto (S-S)— de la lengua. De forma análoga a lo que ocurre en la fonología, en la semántica se dará un aspecto comunicativo (S-S) peculiar de la lengua, en contraposición al aspecto también presente en ella que destaca la relación del viviente al entorno —o relación sujeto-objeto (S-O)—. Por consiguiente, en la semántica, se patentiza que la comunicación impone un sistema de segundo orden a lo que ya está estructurado desde otro punto de vista no lingüístico: el de la super- vivencia de un tipo de vivientes.
Nos apoyaremos en una hipótesis básica: la analogía de los planos de expresión y contenido. Esta hipótesis nos permitirá utilizar en la semántica el utillaje teórico
1 Cfr. Apéndice, pp. 557-560. 2 Cfr. Apéndice, pp. 561-565.
construido con respecto al análisis fonológico.
Del principio de analogía entre los planos de expresión y contenido, se deducirá una cierta isomorfía de los dos planos, es decir, un paralelismo categorial de los dos planos de la lengua. Este principio de isomorfía será metodológicamente válido si no se absolutiza3.
Remarquemos una vez más que cuando se estudia la estructura interna de una unidad de significado, no se estudia únicamente la estructura conceptual del refe- rido extralingüístico mencionado con esa unidad sino, además, la manera con la cual la lengua habla acerca del referido extralingüístico, teniendo en cuenta la doble función de la lengua: comunicativa (S-S) y referencial (S-O).
No debe olvidarse nunca que la referencia de los términos debe ser comprendida desde la perspectiva de la relación de un viviente a su entorno. Este último aspecto es de suma importancia de cara a la carga axiológica de los términos semánticos.
c) Análisis componencial de las unidades semánticas
En el análisis semántico4 se investigan los componentes de las unidades mínimas
de significado (sememas). Esos componentes serán figuras de significado (semas) que ya no son significados. Elementos de significado que no llegan a ser significado. El análisis componencial de un significado determinado —semema—, en contra- posición a una unidad léxica que puede disponer de varios significados (lexema), puede determinarse por cuatro tipos de definidores: los elementos mínimos consti- tutivos y obligatorios del significado: semas; los semas comunes a un campo de sig- nificados o semas de campo, que constituirán el archisemema del campo; los semas sintagmáticos o clasificadores con respecto a un contexto: clasemas; y, finalmente, los semas que pueden o no destacarse en un contexto: semas virtuales o virtuemas5.
d) Estructura de las relaciones fundamentales de la significación
Hasta ahora hemos atendido a los semas como elementos mínimos de la significación en el interior de agrupaciones sémicas. Ahora debemos atender a su estudio como elementos de relación, como términos de relación de la estructura elemental de la significación.
Esta estructura elemental se definirá por la presencia de términos y por la rela- ción entre ellos.
La estructura elemental comportará dos términos diferenciados, que podrán ser cap- tados conjuntamente. Es decir, términos que comportan a la vez conjunción y disyunción. Importa que las diferencias se perciban como situadas en un mismo eje, en el interior del cual se presentará una oposición como polos de ese eje. Ese fondo sobre el cual se desgaja la articulación de la significación lo llamaremos «eje semántico».
La descripción estructural consistirá en indicar los términos de relación y el con- tenido semántico de ambos, o eje de la relación. El eje semántico reúne las semejan- zas y las diferencias. A la totalización le llamaremos «eje semántico» y la contrapo- sición de términos en el seno de un eje, «categoría sémica».
3 Cfr. Apéndice, pp. 571-573. 4 Cfr. Apéndice, pp. 565-566. 5 Cfr. Apéndice, pp. 566-569.
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Si representamos una estructura elemental como
entonces «s» será el eje semántico y «s - no s» la categoría sémica6.
Estamos frente a los elementos formales propios de la lengua en cuanto sistema de comunicación (S-S).
Esta formalidad propia de la lengua será la que regirá el contenido axiológico de la semántica. Este sistema estructura elementos cualitativos expresivos —fono- lógicos— y elementos cualitativos, axiológicos, en la semántica. No se olvide que la semántica primariamente surge de la relación de un viviente a su entorno. Cualquier otro tipo de semántica no axiológica que pueda surgir en el habla humana, deberá comprenderse desde la primaria relación de un viviente a su entorno que será de por sí axiologizada.
e) Estructura de las unidades mínimas semánticas7
Las unidades de significación contienen un núcleo sémico (Ns) mínimo y per- manente.
Las variaciones de sentido observadas, procederán del contexto. Estas variables sémicas contextuales son los clasemas (Cs). Los contextos posibles pueden clasifi- carse. Las clases de contextos están formados por contextos que provocan el mismo efecto de sentido. El sema que define una clase de contextos es el clasema.
Un efecto de sentido (semema) resultará, pues, ser Sm = Ns + Cs.
El núcleo no estará formado por un sema solitario o por una simple colección de semas, sino por una estructuración de semas más o menos compleja.
Los semas pertenecientes a un mismo núcleo no siempre pertenecen a un mismo sistema sémico.
En conclusión, los semas de un significado están jerarquizados, unos son obliga- torios y otros periféricos o facultativos, dependiendo de los núcleos de las unidades vecinas en el contexto8.
f) El contexto de las unidades semánticas
El contexto funciona como un sistema de compatibilidades e incompatibilidades entre las configuraciones sémicas. La compatibilidad consiste en que dos o más nú- cleos puedan tener un mismo sema en común.
La conjunción de más de un núcleo comporta la manifestación iterativa de uno o más semas contextuales —clasemas—. Los clasemas juegan una función en la or- ganización del discurso.
Estos semas contextuales sitúan a las unidades semánticas en niveles homogé- neos, isotópicos9. 6 Cfr. Apéndice, pp. 569-571, 577-581. 7 Cfr. Apéndice, pp. 572-577. 8 Cfr. Apéndice, pp. 577-590. 9 Cfr. Apéndice, pp. 587-591. S s no s
g) Relación del texto lingüístico y el mundo extralingüístico
Bajo el término «contexto», decisivo para la significación de las unidades semán- ticas, hemos de abarcar el contexto lingüístico y el extralingüístico. A este último le hemos llamado «situación». Hemos visto que un semema no es una amalgama de semas, sino una estructuración. De igual manera, debido a los clasemas, una frase no es una amalgama de unidades semánticas. La misma relación existe entre la frase, o el texto y la situación. Esto supone la relación estructurada del texto y la pragmáti- ca, así como del texto y la presuposición, es decir, el grado y modo del conocimiento que poseen los hablantes, respecto al mundo extralingüístico circundante10.
Puesto que se da un influjo de la situación extralingüística en el texto, se da una relación y, por consiguiente, se ha de postular una homogeneidad entre texto y si- tuación. Esto nos lleva a considerar el mundo extralingüístico no como un referente absoluto, sino como lugar de manifestación del sentido para el hombre, es decir, como lugar significativo, pertinente para el hombre.
Con ello, el mundo extralingüístico adopta la formalidad y estructura de lo signi- ficativo, de lo semántico lingüístico. Equivale a la semiotización del mundo natural. Este es el plano de homogeneidad de texto y situación; este es el plano de conexión de la semántica y la pragmática; conexión que nos es absolutamente imprescindible para el estudio de los elementos axiológicos expresados en la lengua.
La referencia de la lengua a lo extralingüístico se convierte en una correlación entre dos niveles de realidad significante.
Este hecho se hace más comprensible si se tiene en cuenta que el mundo extra- lingüístico es, primariamente, y, siempre de una forma u otra, el correlato de un viviente que tendrá que verlo como conducente o no a su supervivencia, como sig- nificativo —valioso— o no significativo —no valioso— para él. Lo que vale o no vale para él se estructura correlatamente al conjunto de operaciones o comportamientos que en cada cultura le conducen a sobrevivir como individuo o como grupo. Según