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Single-Unit Analysis & Neuron Classification

2.2 Material and Methods

2.2.8 Single-Unit Analysis & Neuron Classification

Parte de la historiografía indiana la constituye otro tipo de textos, que junto con las crónicas, son producto acabado para su época y fuentes para la historia que se elaborará en los siglos siguientes hasta la fecha. Así tenemos:

• Diarios y cartas: surgidos de la necesidad inmediata de comunicarse, dan cuenta de lo que se ve y de lo que ocurre, mostrando de forma espontánea y sin mayor artificio literario lo cotidiano, el discurrir de los sucesos confundidos en ocasiones con el asombro, la perplejidad o la admiración.

11 La periodización que sigue a continuación ha sido hecha tomando en consideración los co-

• Relaciones: informes con textura notarial confeccionados algunas veces basándose en las respuestas a un cuestionario. En otras ocasiones adquieren forma a partir de un corpus epistolar que contiene información abundante y ordenada. El resultado es un texto escueto de estilo sobrio y directo que se produjo durante todo el proceso de la colonización. Hay que anotar también que las relaciones eran textos de testigos directos por haber parti- cipado en los hechos o porque recogían relatos de primera mano. Algunas relaciones obedecieron a encargos de terceros o a la necesidad de sostener las probanzas de méritos y servicios de sus autores. Es así como desde el primer momento en que los europeos se toparon con América, diarios, cartas y relaciones constituyen una narrativa en la que nuestro continente tiene una presencia vital12.

Aunque Cristóbal Colón creyó que su hallazgo y el objeto de su relato era Asia, ofreció una visión particular sobre América, utilizando diarios y cartas que hoy se conocen como cartas y relaciones. Aparentemente todo lo que escribe se orienta a dar cuenta de su hallazgo, transmitir sus impresiones y describir lo que observa. Sin embargo, al analizar con detenimiento su producción —que de hecho no tuvo intención de ser historia— nos daremos cuenta de que va más allá en sus intenciones y que tales documentos trasuntan diferentes temas ligados a objetivos mayores que el simple hecho de dar cuenta y que respondían a la personalidad del Almirante, quien, aparentemente, se sintió partícipe de un proyecto signado por la mano de la Divina Providencia.

Pero su curiosidad por la naturaleza, el deseo de conocer, y el afán por des- cribir corresponden en este caso a la naciente modernidad: «El primer etnógrafo del descubrimiento fue el propio Colón. Él es quien por primera vez, y por cierto antes de fijarse en el paisaje, describe a los indios que salen a su encuentro, de un modo preciso, sobrio e imparcial» (Esteve Barba 1992: 13).

De los diarios que se sabe escribiera Colón en cada travesía solo se conservan dos extractos correspondientes al primer viaje confeccionados por Bartolomé de las Casas, en los cuales el fraile dominico introdujo interpolaciones: unas eran propias y otras fueron datos extraídos de la biografía de Colón, escrita por su hijo Hernando.Algo parecido sucede con los diarios de a bordo del segundo y tercer viaje, ya que las referencias nos llegan nuevamente mediante Hernando

12 Sobre este tema puede consultarse el interesante trabajo de Mignolo (1981), que con acierto

analiza a los diferentes tipos de documentos de corte historiográfico sus características y relaciones entre sí.

Colón y fray Bartolomé de las Casas13.De cualquier manera, sobre el tercer viaje

se conoce una relación escrita por el propio don Cristóbal y dirigida a los Reyes Católicos. En lo que respecta al cuarto y último viaje se cuenta con una carta escrita por Colón en Jamaica, fechada el 7 de julio de 1503 y dirigida también a los Reyes. Otros documentos colombinos son dos cartas que el Almirante enviara en febrero y marzo de 1493 a Gabriel Sánchez, tesorero del reino de Aragón y a Luis de Santángel, escribano de ración de la corte.

Los escritos colombinos demuestran que el descubridor de América hizo uso de sus conocimientos sobre Asia, pero también de las viejas leyendas medievales a la hora de interpretar la realidad. Su propósito fue probar que había llegado al destino que se había fijado, es decir, el continente asiático. En cuanto a su estilo, puede decirse que es sencillo y muy ágil, y que en lo referente a sus descripciones, ellas revelan una gran sensibilidad para captar lo singular de su experiencia en contacto con una realidad que se mostraba exótica y sugerente ante sus ojos. De lo que se conoce de sus diarios se desprenden diversos temas que muestran la preocupación de Cristóbal Colón por dar cuenta y manifestar sus impresiones. Asimismo, se suelen hacer referencias acerca de cierto perfume religioso que en algún momento empieza a impregnar sus escritos, considerando además el Libro de las profecías, que escribiera ya liberado de su prisión y de vuelta a España. Sin embargo, Iglesia llamó la atención sobre la necesidad de dar a este tipo de escritos colombinos una interpretación diferente, que no sería otra que una utilidad práctica inmediata, «proveniente de un alma atormentada y vencida por el sufrimiento», objetivo que no sería otro que, a través de ese libro ultraterreno y visionario, hacer un alegato para lograr la rehabilitación de sus derechos, fruto de su manía pleiteante de los últimos años, suponiendo Iglesia que si Colón demostraba que estaba llamado a ser él y no otro el descubridor de las Indias, los Reyes no dejarían de reponerle en su dignidad arrebatada por Bobadilla (Iglesia 1986: 87, 88 y 90).

El primer diario deja ver la vivencia de su aventura y el asombro y la novedad que provocan el hallazgo, detallando lo que observa en lo que podríamos llamar un primer golpe de vista. Este tono y temática seguramente se mantuvieron en el segundo diario, pues otros documentos escritos por miembros de la tripulación

13 Hernando era hijo natural de Cristóbal Colón y fue paje de la reina Isabel y de su hijo D. Juan,

posteriormente formó parte del séquito de Carlos V. Acompañó a su padre en su cuarto viaje y luego por su cuenta o formando parte de la corte, viajó por Europa. Pudo gozar de considerables recursos económicos que empleó sobre todo en viajar y hacerse de una importante biblioteca. En 1571 se dio a luz en Venecia una edición en italiano del manuscrito escrito en español donde Hernando contaba la Historia del Almirante Don Cristóbal Colón. Naturalmente, se trata de una obra sesgada por el afecto a su padre, lo mismo que apasionada y dura al juzgar al rey D. Fernando (Ibídem: 37-38). Véase también sobre la biografía de este hijo de Colón y la obra que escribió sobre

o gente vinculada a dichas travesías así lo denotan. Pero, obviamente, abundan las descripciones y detalles sobre el recorrido y los hallazgos realizados.

Las cartas de Cristóbal Colón a Sánchez y Santángel recogen una variedad de temas, desde dar cuenta de los descubrimientos y toma de posesión hasta la conversión de los naturales, pasando por la descripción del territorio y su gente, el anuncio de los pasos que daría en adelante y asuntos de comercio. En su relación del tercer viaje, el Almirante hace un resumen de lo hecho hasta ese momento, pero es fácil advertir que:

Mayor experiencia respecto al comportamiento de los hombres, mayor copia de lecturas y de meditaciones, han hecho que esta Relación no tenga ya el carácter ingenuo y absorto en la belleza de las cosas que distinguía a las impresiones del descubridor durante el primer viaje; que no refleje ya, simplemente, una actitud maravillada ante la especie de milagro del hallazgo. Colón, que en la primera de sus expediciones contaba sencillamente lo que veía, ahora hace hipótesis, aplica cierto grado de erudición, adopta una actitud mística y salpica su escrito de con- fidencias (Esteve Barba 1992: 29-30).

Esta contemplación de la belleza tiene que ser entendida como una actitud que no reemplazó a su permanente interés por obtener beneficios y reconocimiento personales y familiares. Esta posición se dio también en otros autores de crónicas y relatos sobre las empresas descubridoras, conquistadoras y colonizadoras.

En el caso de Antonio Pigafetta14, quien fuera miembro de la tripulación

de la expedición que dio la vuelta al mundo, sabemos que durante el viaje fue elaborando una relación, en la que con meticulosidad, casi a manera de bitácora, iba anotando día por día las incidencias del viaje alrededor del mundo, así como lo que observaba acerca de las diferentes poblaciones, la flora y fauna, e inclusive se esforzó por recoger vocabularios de voces nativas, como la de los indios que los europeos llamaron patagones. El relato se inicia con la partida de Sevilla de la expedición y termina cuando la nave Victoria, la única que completó el viaje, atracó en Sanlúcar de Barrameda. Se sabe que esta obra tuvo varias copias, pero una de ellas cuenta con cartas geográficas ilustradas con diversos dibujos.

Hernán Cortés fue otro de los protagonistas de la empresa conquistadora que dio cuenta de su actuación en el establecimiento hispano de Nueva España. En efecto, escribió sus Cartas de Relación, alcanzando a hacer un trabajo literario

14 Natural de Vicenza (Italia) nació en 1491 y murió en 1534. Luego de formar parte de la

tripulación que realizó la primera vuelta marítima a la tierra, pasó a España en el séquito del pro- tonotario apostólico Chiericati. Como correspondía a un hombre de mar tuvo conocimientos de astronomía y cartografía.

bien logrado e informativamente completo acerca de los sucesos de la conquista de México.

Sus propósitos son evidentes y guardan relación con las circunstancias, su rol en los acontecimientos y las obligaciones que se derivaban de su carácter de líder de la hueste. Así pues, Cortés busca, en primer lugar, informar al Rey destacando su propia actuación, evidenciando que tiene conciencia de estar protagonizando algo importante.

Como es natural, se refiere tanto a las peripecias como a los grandes aconte- cimientos de la conquista y colonización de Nueva España entre 1519 y 1526 y, por eso mismo, las cartas fueron escritas en diferentes puntos de la ruta seguida por Cortés y sus expedicionarios: Vera Cruz, Segura de la Frontera, Cuyoacán y Tenochtitlán. Al redactar sus cartas de relación el conquistador de México no descuida el marco geográfico, social y cultural, puesto que ellos constituyen el escenario de su hazaña.

Las cartas, que son cinco, fueron dirigidas al Emperador Carlos V. La primera se tiene hasta hoy por perdida, pero existe certeza de su existencia a través de varios indicios; tres de las epístolas fueron publicadas en el mismo siglo XVI, poco tiempo después de ser escritas, mientras que otra debió aguardar más tiempo, hasta el siglo XIX, para ser editada.

Gracias a sus Cartas de Relación, Cortés ha sido comparado con Julio César y sus Comentarios a las Guerras de las Galias, puesto ambos autores fueron guerreros y gobernantes que narraron con estilo conciso y sencillo los acontecimientos vividos, intentando de esta manera esclarecer su propia actuación. Es necesa- rio hacer las siguientes precisiones respecto al estilo de Cortés: es sobrio y sin rebuscamientos, desarrolla una narración continua sin cortes bruscos, escribe espontáneamente en primera persona y expresa cierto apego y simpatía por el pueblo vencido, en especial cuando describe sus costumbres, construcciones, etcétera.

4.4.2. Las crónicas mayores de Indias de pedro mártir de anglería, gonzalo