Relajación infantil. La premisa fundamental consiste en que la tensión muscular se
relaciona a alguna forma de ansiedad y el niño experimentara una confortante y marcada reducción de la ansiedad sentida si puede lograr que los músculos se aflojen, para eso hay que enseñarle cómo tensar y relajar algunos músculos, así como enseñarle la técnica de respiración profunda. Está técnica de relajación en niños se utiliza básicamente como apoyo para el entrenamiento posterior en imaginación guiada
Imaginación Guiada. Esta técnica consiste en el uso de imágenes emotivas que sean
inhibidoras de la ansiedad. Imágenes que producen sentimientos de orgullo, serenidad, afecto, gozo, etc. Es particularmente útil como una técnica pediátrica para el manejo de los procedimientos médicos estresantes así como para las fobias que se generan derivadas de estos procedimientos. La técnica consiste en los siguientes pasos:
1) Por medio de la entrevista y de diferentes inventarios conductuales se recopila una jerarquía graduada de eventos.
2) El terapeuta y el niño definen el tipo de héroe que utilizarán para la visualización posterior.
la cual el héroe favorito del niño sea su modelo, le sirva de apoyo y lo motive a seguir adelante en el tratamiento.
4) Paso a paso el niño se imagina a sí mismo confrontándose en situaciones de temor o miedo acompañándose por las imágenes de su héroe favorito. De esta manera el niño puede visitar al dentista y pronto vencerá el miedo o reacciones fóbicas cuando imagine a su héroe recibiendo atención dental. Posteriormente tiene que imaginarse a sí mismo en la silla del dentista mientras su héroe permanece observándolo.
Distracción atencional. Una estrategia efectiva ha consistido en distraer la atención del
niño a través de contar historias, de juegos, de fantasía y de una implicación activa en una labor intelectual. La atención del niño se dirige precisamente hacia esas actividades positivas y una vez involucrado en ellas el terapeuta puede completar su tratamiento.
El reloj del sentimiento‐pensamiento es una actividad que les enseña a los niños a
automonitorearse. Los niños crean relojes para jugar con materiales sencillos. Se dibujan cuatro caras (triste, contento, enojado y preocupado) y se colocan a las 3:00 6:00 9:00 y 12:00 del reloj. El niño coloca la manecilla del reloj de acuerdo al sentimiento que experimentan o expresan. De esta forma encuentran una forma fácil y simpática de expresar sus sentimientos con el terapeuta y de enseñarles a los padres que los sentimientos cambian con el tiempo.
Ya que los niños han aprendido a expresar sus sentimientos, se buscan los pensamientos que acompañan a cada una de las caras.
niño selecciona una de las cuatro caras y se lleva a cabo un juego de roles en una circunstancia donde emerjan estos sentimientos.
El terapeuta y el niño pueden mover la manecilla del reloj hacia cierto sentimiento y practicar estrategias de afrontamiento para manejar los sentimientos.
Los niños inexpresivos pueden ser instruidos a apuntar hacia el sentimiento mas que a tener que hablar del mismo.
Las vías de mis miedos es una tarea de automonitoreo que usa la metáfora de un tren
para hablar del miedo y la ansiedad. El terapeuta compara a la ansiedad con un tren que corre a toda velocidad y aparentemente fuera de control. Dibujan una máquina de ferrocarril y escogen un color de crayón que será utilizado como vía del tren y que represente mejor para el niño la naturaleza de su ansiedad. Entonces el tren pasa por varias estaciones (acción, pensamiento, quién, dónde, cuerpo y sentimiento) y el niño acomoda los aspectos específicos de su ansiedad en su propia hoja de la vía de sus miedos.
A veces conceptos como el de ansiedad son ambiguos y difíciles para los niños; de esta forma, dibujando el tren le dan “una cara” a la ansiedad y así se tiene un referente concreto.
Los terapeutas necesitan conocer los miedos y las ansiedades de sus pacientes (Friedberg, 2002) y el hablar de un tren que visita diferentes estaciones hace la tarea más interesante y divertida para el niño.
fisiológicos, emocionales y conductuales.
La metáfora del tren es útil además porque permite que el niño aprenda que puede ponerle freno a la ansiedad o puede poner la ansiedad en la vía que él quiera.
Haciendo máscaras es una forma de conducir al niño a la solución de problemas que
combina el modelamiento encubierto y la solución de problemas en una actividad divertida. Conceptualmente es similar al modelado de superhéroes usado por Kendall et al (1992). El terapeuta invita al niño a escoger un héroe, que puede ser su padre, su maestro, compañero, figura deportiva, actor o figura histórica. Entonces con la foto del héroe o con un dibujo del héroe se construye una máscara. Una vez que se construye la máscara empieza el proceso de solución de problemas. El niño se pone la máscara, simula ser su héroe y actúa simulando cómo su héroe resuelve varios retos. Como el héroe, el niño trata de generar soluciones alternativas a sus problemas. Al dejar la máscara, el niño evalúa mejor los problemas y disfruta la oportunidad de pensar cómo su héroe actuaría en diversas situaciones.
Este juego de la máscara permite gran flexibilidad y creatividad en la solución de problemas
Cambiar los billetes viejos es una técnica de autoinstrucción que incorpora juegos,
artesanías y metáforas. Los pensamientos negativos son igualados con billetes viejos que hay que cambiar por billetes nuevos, recién fabricados. Los billetes nuevos son los pensamientos de afrontamiento. La tarea es reemplazar los billetes viejos con los nuevos. El niño escribe sus pensamientos negativos en papel viejo y entonces va a la casa de
moneda de la terapia cognitiva a cambiar sus pensamientos negativos por pensamientos de afrontamiento escritos en papel nuevo.
Este juego simplifica la autoinstrucción para los niños. Se toma un concepto abstracto como sustituir pensamientos de afrontamiento en vez de pensamientos automáticos negativos y lo transforma en una experiencia concreta. La tarea requiere que el niño reemplace el billete viejo por uno nuevo. Al igualar el proceso de afrontamiento con un acto físico la práctica se vuelve memorable. Cuando el niño ha escrito un pensamiento de afrontamiento en el billete nuevo, ha creado una tarjeta de afrontamiento y puede utilizarse fuera del consultorio haciendo que el tratamiento se extienda.
Luz roja, luz verde es una variación de un juego familiar. El niño se mueve a la orden de
luz verde y se detiene a la orden de luz roja. En terapia cognitivo conductual infantil este juego se vuelve una forma de ayudar al niño a identificar los elementos cognitivos, emocionales y físicos que acompañan a la ansiedad y ayudan al niño a desarrollar habilidades de afrontamiento y autoinstrucciones.
Básicamente el juego comienza cuando el terapeuta grita: luz verde y el niño empieza a caminar. Después que el niño ha caminado unos cuantos pasos el terapeuta grita: luz roja y el niño se queda quieto en su lugar. La respuesta de quedarse quieto unos segundos crea tensión muscular y el terapeuta pregunta al niño sobre la sensación de esa tensión (por ejemplo: ¿cómo sientes tus músculos en este momento?). Posteriormente el terapeuta pide al niño comparar cómo se siente su cuerpo cuando se encuentra con
miedo o asustado. Esta experiencia le permite al niño ver cómo la ansiedad se puede detener.
En el momento de luz roja el terapeuta puede trabajar posteriormente en que el niño se imagine una situación estresante y entonces puede guiarlo hacia que genere autoinstrucciones que faciliten su proceso de afrontamiento.
A través de esta tercera parte hemos presentado de manera general las distintas estrategias de intervención de las que el psicólogo clínico de la salud puede disponer para el tratamiento de sus pacientes en el contexto de un programa conductual de intervención. La selección de la(s) técnica(s) se hará con base en las características del paciente, previa evaluación conductual del mismo a través de la entrevista inicial, de una historia clínica y de la aplicación de inventarios.