7. Conclusions
5.2.2. Size and evolution of the creative industries in the EU
A lo largo de cuatro décadas, el asentamiento de colectivos procedentes de países musulmanes, ha configurado la forma actual de una presencia heterogénea en orígenes y formas de interpretar el islam. Progresivamente, las formas contemporáneas de la expresión islámica en Cataluña, han dejado de ser únicamente un intento para mantener activos los vínculos con la sociedad
días en publicar ese mapa, proponiéndole añadir un breve escrito que explicara el contenido del mismo. Pero la noticia estaba ahí, y era preciso cubrirla. Así que el mapa fue reproducido, sin comentario alguno. Aún nos preguntamos qué impacto tuvo el hecho de mezclar las imágenes de una movilización popular xenófoba, con un mapa de Cataluña "plagado" de oratorios musulmanes.
de origen, y pasar a expresar su voluntad de elaborar un nuevo marco de identificación respecto a su encaje en Europa. Esto no significa, contrariamente a lo que a menudo se argumenta, que el islam europeo se esté configurando en base a una ruptura total de los vínculos que les siguen relacionando con las sociedades musulmanas. En esas sociedades se siguen generando discursos y debates doctrinales que afectan al mundo islámico en su conjunto, y al islam de Europa en concreto, y que un número más que importante de los musulmanes que residen en este continente siguen con atención.
Si poco a poco, el islam de Europa comienza a generar una primera formulación doctrinal, todavía existe un cierto grado de dependencia respecto a los debates y discursos producidos en tierras musulmanas. En el marco de experimentación de ideas y de prácticas que representa la experiencia de la emigración, y en el marco de un espacio diaspórico donde reformular la dependencia con el origen, el islam en Catalunya inicia su trayecto para encontrar vías novedosas hacia un encaje actual y futuro, más allá de su inmediato pasado migratorio, y vinculado con unas pertenencias mucho más transnacionales con el conjunto de la umma musulmana. Así es como lo reclaman de manera cada vez más insistente, los catalanes que han optado por el islam como modo de vida y como camino espiritual, así como las nuevas generaciones de musulmanes nacidos en tierra catalana, dos de los indicadores de que el islam empieza a dejar de ser una realidad ajena a Cataluña.
Las diferentes fases que pueden establecerse para pautar la evolución de la configuración comunitaria de los musulmanes en Cataluña, deben de entenderse como la expresión de sucesivos intentos por parte de los colectivos musulmanes para favorecer y mejorar las condiciones de su observancia religiosa en la sociedad catalana 111. La heterogeneidad constitutiva del
111 La memoria social de los musulmanes en Cataluña queda pendiente de elaborar. En ella
creemos que debería atenderse no exclusivamente a aquellos aspectos relacionados con las necesidades de culto de estos colectivos, sino muchos otros aspectos vinculados con sus trayectos individuales, con sus vidas familiares y con sus experiencias compartidas. Se trataría de reconstruir una historia colectiva íntima, que esperamos que en un futuro no muy lejano pueda ser elaborada por parte de miembros del mismo colectivo. Tal como argumentó Maurice
colectivo comporta reconstruir la historia colectiva de estas comunidades musulmanas, a través de la mención a historias contextualizadas localmente, en donde se muestran las trayectorias comunitarias de estos colectivos en diferentes poblaciones catalanas. La suma de estas experiencias colectivas configura una historia que no parte ni de un único eje conductor, ni de una misma línea evolutiva y, mucho menos, de una estrategia de implantación territorial previamente determinada y programada por alguna instancia oficial. El islam en Cataluña ha demostrado ser un islam autoorganizado, no dependiente, con vínculos comunitarios basados sobre un principio de solidaridad, pero que se encuentra débilmente estructurado. El hecho de que las comunidades musulmanas locales hayan tenido que recurrir a sus propios y limitados recursos, ha favorecido que cada una de ellas tuviera que encontrar su propio encaje social. Todas las comunidades musulmanas locales en Cataluña han tenido que pasar por similares fases de desarrollo comunitario, lo que no quiere decir que todas lo hayan pasado al mismo tiempo, ni que se encuentren al mismo nivel de evolución. Existen comunidades que ya tienen tras de sí una larga historia, a través de la cual se han mostrado muy activos en el terreno asociativo. Otros, en cambio, apenas acaban de inaugurar sus espacios de culto comunitario.
Evaluando este proceso en la perspectiva de cuatro décadas, se aprecian una serie de indicadores que permiten afirmar que la organización del islam en Cataluña se ha desarrollado hasta la actualidad en clave de precariedad. Una precariedad que se encuentra condicionada por la escasa provisión de recursos y de medios que puede aportar un colectivo que mayoritariamente está compuesto por personas inmigradas, y que además, se encuentra socialmente minorizado. Esta precariedad dificulta también su reconocimiento público, requisito fundamental para poder otorgar la dignidad que se merece ésta -y cualquier otra- expresión religiosa en un marco democrático y de libertad religiosa.
Halbwachs, la reconstrucción del pasado de un colectivo, "visto desde fuera", produce su historia mientras que "visto desde dentro", genera una memoria colectiva (1997: 99).
Proponemos una descripción del proceso de asentamiento del islam en Cataluña en cinco fases o momentos 112:
1962-1973: Provisionalidad y población de paso
Los primeros momentos de la presencia musulmana en Cataluña se entienden en clave de tránsito, respecto a unos flujos migratorios que tenían a Europa como destino final. Barcelona se convierte en una ciudad de corta transición para estos emigrantes, que apenas pasaban el tiempo imprescindible -a veces sólo horas- para cambiar de medio de transporte, y continuar su viaje hacia el destino escogido. Los primeros controles impuestos por las autoridades francesas a la entrada de trabajadores sin contrato de trabajo (tanto marroquíes como españoles), provocaron la aparición de la figura de los “pasadores” que facilitaban el paso ilegal de la frontera francesa 113.
Las estadísticas municipales ya reflejan este tráfico que es protagonizado por magrebíes y africanos. En el registro de estancias en hoteles y pensiones de la ciudad de 1962 aparecen inscritos 6.829 súbditos marroquies; en 1963, 12.835; en 1964, 4.920; y en 1965, 7.702 114.
Entidades vinculadas con la Iglesia católica empiezan a hacerse eco de esta presencia, apenas perceptible para la población catalana. En el primer informe conocido sobre la inmigración magrebí en Barcelona (Situació dels treballadors nordafricans a Barcelona, Secretariado de Coordinación para el Desarrollo-Justicia y Paz, 1972), se concreta el inicio de esta emigración en el año 1967. Ante la crisis económica de finales de los sesenta, se inician las primeras restricciones a la entrada de mano de obra inmigrada a Europa (también la española) y se expulsan trabajadores que habían finalizado su contrato de trabajo. Así, los primeros inmigrantes norteafricanos que llegaron a Cataluña casualmente no provendrían de sus países de origen, sino de Europa. Es el punto de inicio del ciclo migratorio marroquí hacia Cataluña. A pesar de que todavía no puede hablarse de una corriente consolidada, se generan los precedentes que favorecerán en el futuro la llegada de nuevos flujos. Coincidiendo con él, se estima que llegaron a Barcelona entre 25.000 y 40.000 inmigrantes magrebíes, en su gran mayoría,
112
Se trata de una ordenación que propusimos hace tiempo (Moreras, 1999), y que hemos ido completando con nuevos datos que en aquel momento se nos escaparon.
113 El estudio pionero sobre la inmigración marroquí en Barcelona (M. Roca-A.Roger-C.Arranz,
Marroquins a Barcelona. Vint-i-dos relats, Barcelona, Laertes, 1983) da testimonio de esta actividad.
114 Anuario Estadístico de Barcelona, años 1962, 1963 y 1964. Estas cifras corresponden al
total de los registros de entrada en hoteles y pensiones de la ciudad, pero no indican una presencia real, ya que un mismo individuo, que a lo largo de una semana hubiera cambiado de residencia dos o tres veces, consta como si hubiera sido una persona diferente. No obstante, suponen una primera indicación del importante flujo de inmigrantes en tránsito por la ciudad que se generó en este periodo.
marroquíes (unos 56.000 norteafricanos pasaron por Algeciras en ese año).
En 1971 se conceden en la provincia de Barcelona sólo 507 permisos de trabajo a magrebíes, mientras que el resto entra con pasaporte turístico, lo que indica el grado de irregularidad laboral de este colectivo
115. Otro dato que incide sobre esta movilidad se apunta por el hecho
de que la gran mayoría de la documentación que fue expedida durante este periodo por el Consulado de Marruecos en Barcelona (que fue abierto el 1972) fueron permisos de paso.
Fue un azar condicionado por las transformaciones en el mercado laboral europeo, lo que permitió que una permanencia temporal y accidental, se convirtiera poco a poco en un nuevo destino a considerar para estos flujos migratorios. Es evidente, sin embargo, que en este periodo marcado por la provisionalidad, las expresiones de una religiosidad musulmana colectiva fueron bastante limitadas, pues no existían espacios de culto, y la práctica se mantenía a nivel individual. 1974-1983: Creación de los primeros espacios comunitarios
Un factor que indica cómo la presencia de colectivos magrebíes empezaba a ser percibida por parte de la opinión pública catalana, son las primeras informaciones que aparecen en la prensa diaria 116. Sus
estimaciones, a menudo sobredimensionadas, denuncian la explotación laboral y la persecución policial que sufren estos trabajadores. Estos primeros colectivos magrebíes y africanos se sitúan en los barrios centrales de Barcelona (primero, se concentraban en Ciutat Vella, básicamente en los barrios del Raval y el de Barceloneta- Santa Maria del Mar, principalmente en las pensiones de la zona), desplazándose a otros lugares de la geografía catalana (primero por el área metropolitana barcelonesa, y después por el resto del territorio), de acuerdo con la demanda de obra, especialmente en las industrias del Baix Llobregat, la agricultura del Maresme, en el sector de la construcción en el cinturón metropolitano, así como en la ejecución de grandes estructuras viarias (autopistas, vias ferroviarias).
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En el artículo "Immigració de marroquins a Espanya", Agermanament, nº 123, abril 1976 se estiman en 13.279 las tarjetas de identidad profesional (los antiguos contratos laborales) concedidas a marroquíes en España entre 1964 y 1973.
116 En la citada obra de Roca-Roger-Arranz (1983: 154-155), se recogen alguna de las
estimaciones de periódicos y revistas publicadas en Barcelona o en Madrid, entre los años 1970 y 1978: en 1973, el Cónsul de Marruecos en Barcelona estima en 10.000 el número de magrebies en Barcelona y su comarca (Express Español, junio); para la Jefatura Superior de Policia de Barcelona, la cifra en el mismo año aumentaba a 35.000-45.000, aunque en toda Cataluña (La Vanguardia, 28-9-1973); para el presidente del Consejo Provincial de Trabajadores de Barcelona, la cifra se coloca en 50.000 en Barcelona y comarca (Actualidad económica, 15-12-1973). En 1978, en un informe de la Comisión Episcopal, se estima en 65.000 los magrebíes en Barcelona y comarca; para el semanario Cambio 16 (15-10-1978), los árabes que residen en el cinturón industrial de Barcelona serían unos 30.000; el diario Mundo Diario (28-11-1978) informa que 110.000 marroquies residen en Cataluña.
Al mismo tiempo que progresaba esta presencia inmigrada, otro flujo de estudiantes universitarios provenientes de países de Oriente Medio empezaba a hacerse presente en Cataluña. Se calcula que en España el año 1977 había unos 7.000 estudiantes árabes, originarios fundamentalmente de Siria, Egipto, Jordania, Líbano o Palestina. Este flujo de estudiantes se concentraba en Madrid, Granada y Barcelona, y reunía a jóvenes licenciados de carreras dentro del ámbito de la salud, que venían a doctorarse en facultades españolas. Algunos de estos estudiantes habían militado en sus países en organizaciones opositoras, y vieron en la posibilidad de marchar a estudiar a Espana una opción para huir de la represión política 117. Al final de su
formación, muchos de ellos decidieron instalarse en Barcelona para desarrollar su profesión u otras actividades comerciales o empresariales. De ellos, una gran mayoría contrajo matrimonio con mujeres españolas, consiguiendo automáticamente la nacionalidad. Desde el punto de vista socioprofesional, los miembros de este colectivo generalmente se situan en un segmento medio-alto, destacando en sus iniciativas como profesionales autónomos o como empresarios. A pesar de su discreto encaje en la sociedad catalana, estos colectivos (de entre los que descata el sirio) desarrollan una red de contactos comunitarios muy intensa, lo que combinado con su estatus socioprofesional, les situa en un lugar preferente en la concreción de proyectos futuros en relación al conjunto del colectivo musulmán en Cataluña (como sería, por ejemplo, el proyecto futuro de creacion de un gran centro cultural islámico en Barcelona).
En el año 1974 cristalizaron las primeras iniciativas para dotar al colectivo musulmán de Barcelona de un espacio permanente de oración. Hasta entonces, diferentes instituciones vinculadas con la Iglesia o con los sindicatos de izquierda (en aquel tiempo todavía ilegales), ofrecían de manera puntual un espacio para poder ser utilizado como lugar de rezo. Así lo haría, por ejemplo la Asociación de Amistad con los Pueblos Árabes Bait al-Taqafa, entidad pionera en Catalunya en la atención a inmigrantes magrebíes, y que fue fundada por el arabista y religiosa católica Teresa Losada. Otras parroquias en todo el país también ofrecieron el uso puntual de sus locales. Pero fue gracias a la iniciativa de un grupo de estudiantes árabes en Barcelona, que se abrió en el barrio de la Sagrera una delegación del Centro Islámico de Madrid. Sería el primer equipamiento de culto musulmán en
117 La dimensión del control político respecto a la formulación de núcleos de oposición política
entre las comunidades musulmanas en España y en Cataluña, se hace evidente con motivo de un oscuro suceso ocurrido el día 22 de noviembre de 1981 en Barcelona. En aquel momento, el sirio Nezar Ahmad El Sabagh, apátrida y exiliado político que llevaba catorce años en España (siete de los cuales al frente del Centro Islámico de Barcelona sito en el barrio de La Sagrera, fue asesinado en la sede de ese centro, sin que hoy en día se hayan podido esclarecer las causas ni los autores del mismo. El Sabagh había jugado un papel asociativo muy activo en España, como miembro del movimiento de los Hermanos Musulmanes. Destacó especialmente en el terreno de la traducción y edición de pequeñas obras de contenido doctrinal de miembros destacados del movimiento ijwani. Dada esta vinculación político, es plausible pensar que detrás de su muerte pudieran estar los servicios secretos sirios, dada su condición de activo opositor político al régimen de Hafid al-Asad.
Cataluña que, financiado por capitales árabes, sigue en funcionamiento hoy en día como uno de los principales centros del país. El otro equipamiento que vería la luz el año 1978 sería el Amical de Trabajadores y Comerciantes Marroquíes en Barcelona, entidad vinculada con el Consulado de Marruecos, y que disponía en su interior de un pequeño oratorio. Por su parte, la comunidad paquistaní abriría en 1981 la Casa y Centro Islámico del Pakistán, en un piso de reducidas dimensiones en el barrio del Raval de Barcelona, pasando en 1985 a su actual emplazamiento en la calle Hospital, donde el oratorio pasaría a llamarse Mezquita Tariq ibn Zyad. Durante este periodo también se abriría en 1983 la mezquita Rahma, a medio camino entre Barcelona y L'Hospitalet, por iniciativa de trabajadores marroquíes.
Junto a la aparición de los primeros espacios de culto estables, hay que destacar el inicio de las primeras actividades comerciales vinculadas con la producción y venta de carne halal y otros productos, elaborados según las prescripciones islámicas. La primera carnicería
halal se abriría en la calle Jerusalén de Barcelona en 1983, por iniciativa de un comerciante paquistaní, y que serviría a una clientela que a menudo se desplazaba desde fuera de Barcelona para poder adquirir carne que había sido sacrificada según el rito islámico .
1984-1994: Primera fase de dispersión territorial y creación de un primer tejido comercial
Es en este periodo en que se puede decir que se establecen las bases sobre las cuales se impulsará la creación de un campo religioso islámico en Cataluña, tal cual lo percibimos hoy en día. En esta fase, se genera un proceso de dispersión territorial respecto al emplazamiento de estos espacios de culto, a la vez que se genera un primigenio tejido comercial en torno a los productos elaborados de acuerdo con las prescripciones alimentarias islámicas. Se establece el primer estadio en el proceso de configuración comunitaria de estos colectivos.
Nuevos oratorios se inauguran en otras poblaciones aparte de Barcelona, mostrando el principio del asentamiento local de estos colectivos. Se abren oratorios en el Vallès Occidental, el Maresme y Osona, y posteriormente, en otras comarcas de Girona y Tarragona. Es la época de los oratorios que podríamos considerar como "clásicos", y que hoy en día permanecen en funcionamiento (si bien algunos de ellos en otros locales diferentes de su emplazamiento original): L'Hospitalet, Viladecans, Girona, Premià de Mar, Palafrugell, Roses o Sant Vicenç dels Horts, serían algunos de estos ejemplos.
En paralelo (o incluso avanzándose) a la apertura de los oratorios locales, surgen las primeras iniciativas comerciales (principalmente carnicerías musulmanas), en aquellos barrios en donde empieza a residir el colectivo musulmán, creando el primer circuito de producción, distribución y comercialización de estos productor halal118.
118 En nuestro trabajo sobre Barcelona (Moreras, 1999: 233), elaboramos un gráfico en donde
se mostraba este primer circuito, a partir de las entrevistas desarrolladas con los propietarios de estos establecimientos. En aquel momento no existía la estructura actual de producción, en
La falta de recursos financieros por parte del colectivo musulmán puede explicar el carácter precario y la invisibilidad de estos primeros espacios de culto, en aquel tiempo adecuados para dar respuesta a un colectivo todavía no muy numeroso, pero que poco más tarde se mostrarían totalmente insuficientes para dar respuesta a sus necesidades. En la mayoría de los casos, estos oratorios se emplazaban en locales de alquiler, y sin disponer de las mejores condiciones para el culto colectivo. Igualmente, el grado de inscripción legal de los mismos era bajo.
En este contexto marcado por la precariedad y la provisionalidad de estos espacios, se produce la firma del Acuerdo de Cooperación de 1992 entre el Estado español y la Comisión Islámica de España. A esa fecha tan sólo existían dos entidades religiosas islámicas en Cataluña inscritas en el Ministerio de Justicia: la Asociación Islámica de Lleida y la Comunidad Musulmana de Terrassa.
1995-2001: Presencia de oratorios en todo el territorio y creciente visibilidad social del colectivo
Este es el principal momento de creación de oratorios musulmanes en Cataluña, en donde se consolida un primer tejido asociativo en todo el país. Desde el punto de vista de organización del culto, los diferentes oratorios locales se convierten en espacios de referencia para el colectivo asentado en un municipio, garantizando en la medida de lo posible, la continuidad con la sociedad de origen.
Poco a poco, las condiciones de la práctica cultual colectiva mejoran, así como la inscripción legal de los oratorios locales (ya como asociaciones culturales o como entidades religiosas), y desde las administraciones públicas comienzan adoptarse las primeras decisiones en relación al culto musulmán: es el caso de los entierros islámicos, con la apertura en 1997 de una parcela para musulmanes en el cementerio municipal de Collserola (Barcelona).
En paralelo al desarrollo de esta presencia, empieza a generarse en la