Como psicoterapia de orientación psicofisiológica que es, la psicoterapia autógena presta considerable atención a sus mecanismos neurobiológicos de acción, tanto como fundamento de su práctica que como herramienta de investigación para nuevos desarrollos. Desde los primeros momentos, fue evidente que la concentración pasiva en estímulos propioceptivos ejerce un potente efecto psicosomático, acompañado de marcados cambios objetivos en las funciones fisiológicas corporales. El perfil opuesto de estos cambios con los característicos de las reacciones de alerta y de estrés determinó, en primer lugar, una de las más importantes indicaciones terapéuticas del método, y, en segundo lugar, la principal línea de investigación de sus mecanismos básicos de acción.
Ya hemos visto que, setenta años después de que Claude Bernard estableciera sus famosos postulados sobre el “milieu interieur”, Cannon demostró las interrelaciones funcionales multidimensionales de este principio regulador, que el denominó homeostasis (Cannon, 1932, 1935). Los estudios experimentales del premio Nobel suizo Walter R. Hess, años más tarde, correlacionaron los mecanismos homeostáticos generales con la organización funcional del sistema nervioso autónomo y el diencéfalo (Hess, 1954). Según estos estudios, existen en el diencéfalo dos zonas anatómicas y funcionales, que regulan
diferentes y complementarios aspectos de la homeostasis del medio interno, y de cuyo equilibrio depende el buen funcionamiento del organismo y su adaptación frente al estrés.
La zona ergotrópica o dinamógena comprende la parte posterior del hipotálamo y núcleos de materia gris en el mesencéfalo y romboencéfalo anterior, y está relacionada con la excitación en general, y con aquellos mecanismos que acompañan fisiológicamente a la actividad motora del organismo y al trabajo físico, correspondiendo en gran medida con las actividades del sistema nervioso simpático.
La zona trofotrópica o endofiláctica comprende principalmente la porción rostral del hipotálamo, el área preóptica y supraóptica, parte del septum, y está en íntima relación con mecanismos protectores, de recuperación y de eliminación (defecación, vómito). Hess considera el sueño como un medio de preservar y restaurar las energías nerviosas, y como una expresión típica de la actividad trofotrópica. Los cambios fisiológicos observados en humanos durante el estado autógeno son similares a los observados por Hess en sus animales de experimentación después de estimular la región trofotrópica del hipotálamo.
Fenómenos fisiológicos similares parecen obtenerse mediante la práctica de otros métodos de concentración pasiva, y
Benson propone denominar al fenómeno “respuesta de relajación”, considerándolo como una respuesta de integración hipotalámica, de signo opuesto a la respuesta de alerta o “fight and flight response” de Cannon. El estado autógeno corresponde a la experiencia subjetiva de una “conmutación neurofisiológica”, con inversión de la activación relativa entre los sistemas ergotrópico y trofotrópico.
La acción trofotrópica del entrenamiento autógeno, y de otras formas de concentración pasiva, se ejerce mediante una reducción de estímulos aferentes, propioceptivos sobre todo, lo cual disminuye la actividad retículo-cortical, y por tanto la excitación del área ergotrópica. Desde Gellhorn (1974), es sabido que las señales propioceptivas enviadas por la musculatura estriada tienen un efecto activador de la porción posterior del hipotálamo, a través de estimulación de la formación reticular ascendente, y por lo tanto ejercen así su acción dinamógena o ergotrópica.
Sin embargo, aunque la relajación muscular es un fenómeno espontáneo habitualmente presente en el estado autógeno, las técnicas basadas en la relajación muscular (Jacobson) no siempre inducen el estado autógeno, o lo hacen de manera inconstante, por lo que hemos de concluir que otros factores independientes de la relajación muscular juegan un importante papel en la inducción del estado autógeno.
La concentración pasiva modifica los impulsos propioceptivos musculares, pero éste no es más que uno de los muchos fenómenos presentes durante el estado autógeno. La concentración pasiva se acompaña de una actitud de “libre aceptación”, esto es, de renuncia a la discriminación axiológica de los diversos estímulos, tanto internos como procedentes del exterior. Mediante esta suspensión del juicio crítico, todas las percepciones parecen tener el mismo significado, y nada es considerado como peligroso para la integridad de la supervivencia. Así, hay una inhibición de la reacción de estrés, con reducción generalizada de los impulsos corticales hacia el hipotálamo posterior, a través del sistema límbico, con la consiguiente desactivación relativa de la zona diencefálica ergotrópica. (ver Gonzalez de Rivera, Medicina Psicosomática, 1995).
El estudio de ciertos fenómenos subjetivos durante el estado autógeno, especialmente de naturaleza cognitiva, indica que existe también un “efecto conmutación” en la relación entre los hemisferios cerebrales. Como es bien sabido desde los trabajos de Sperry, Bogen y Gazzaniga, el hemisferio derecho (en la persona diestra normal) está particularmente especializado para procesar y almacenar información relativa a sonidos musicales, formas plásticas y relaciones espaciales, mientras que el izquierdo se especializa en procesos lingüísticos y aritméticos. Sin embargo,
no es éste el aspecto más importante en la especialización hemisférica, sino el uso por cada hemisferio de modos cognitivos diferentes: un modo analítico y lógico por el hemisferio izquierdo, para el que palabras y números constituyen excelentes instrumentos, y un modo holístico y sintético por el derecho, al que se adaptan mejor imágenes, sensaciones y melodías.
En su estado de funcionamiento óptimo, las conexiones interhemisféricas transmiten información de uno a otro hemisferio, tomando el hemisferio más apto para desarrollar la tarea del momento el control de las vías motoras, y enrolando al otro en su apoyo.
Teóricamente, cada hemisferio puede tener acceso a la totalidad de la información almacenada en el otro, pero en la práctica parece operarse una desconexión funcional más o menos intensa entre ellos. Las razones para ello son múltiples. En primer lugar, es preciso tener en cuenta que algunos constructos contenidos en un hemisferio no se traducen fácilmente al lenguaje del otro, como por ejemplo una sinfonía o una complicada operación matemática. En estos casos, puede que sólo se transmita la conclusión sobre la acción a tomar, y no los detalles operacionales en los que se basa tal decisión. El hemisferio derecho, con su capacidad de evaluar de manera convergente un gran número de datos dispersos y sin aparente relación lógica entre sí, nos ofrece muchas veces conclusiones intuitivas, con frecuencia acertadas, pero a las que sería imposible llegar por los procesos
racionales del hemisferio izquierdo. Recíprocamente, el hemisferio izquierdo es capaz de planear una pauta secuencial de acción, cuya lógica escapa a los procesos imaginativos del derecho.
Un segundo mecanismo de desconexión funcional, de significado patológico-defensivo, tiene lugar cuando cada hemisferio procesa el mismo acontecimiento de manera contradictoria o incompatible, a causa de sus diferentes modos de integración perceptual. Un ejemplo clásico de este mecanismo es el del niño al que su madre abofetea mientras le dice: "Hago esto por que te quiero y es por tu bien". El hemisferio izquierdo, que procesa información verbal, incorpora la declaración de afecto y ayuda, mientras que el derecho, poco hábil con el lenguaje, evalúa solamente la comunicación no verbal y sus efectos propioceptivos, que son agresividad y dolor. Ante la vivencia de la contradicción, sólo caben tres posibilidades: 1) El bloqueo total, o fracaso global en el procesamiento de la información contradictoria, la consecuencia más patológica, que se da en los estados de "shock" traumático, base de amnesias y reacciones disociativas. 2) La desconexión funcional, en la que cada hemisferio procesa independientemente un aspecto de la información, con bloqueo de las posibilidades de intercambio. Esta reacción es moderadamente patológica y bastante frecuente, y su consecuencia principal es la pérdida relativa de la cooperación ínter hemisférica y 3) la elaboración de un nuevo constructo que integra y supera la contradicción, solución sana óptima, esencial para las respuestas
proactivas y la creatividad. En el ejemplo anterior, este constructo podría formularse algo asi como: "Mamá en el fondo me quiere, pero hay que tener cuidado con ella porque a veces se pone peligrosa"
Debido a la particular organización de nuestra cultura occidental, la actividad del hemisferio izquierdo resulta más importante para el individuo como medio de supervivencia y obtención de gratificación. Por ello, es obvio que, en caso de conflicto, tomará el control absoluto de la respuesta, eliminando en lo posible al derecho. Sin embargo, la memoria de la situación conflictiva y el plan de acción elaborado como respuesta, persisten en el hemisferio derecho, y se manifiestan por ocasionales interferencias en el funcionamiento del izquierdo y como intromisión en ciertos estados de conciencia que favorecen su expresión y durante la fase onírica del sueño.
El hemisferio derecho es así el depositario, por una parte, de las funciones que podemos llamar "intuitivas", y por otra, de elaboraciones mentales reprimidas, incoherentes o incompatibles con la conciencia vigil habitual, de claro predominio izquierdo. La intuición, o conocimiento cuya adquisición no puede explicarse bien lógicamente, depende de la particular manera de procesar la información en el hemisferio derecho, y representa su aportación desinhibida al funcionamiento global. El inconsciente freudiano, en cambio, es consecuencia de la inhibición funcional de la actividad
hemisférica derecha, cuando la información que contiene resulta contradictoria o incompatible con la del hemisferio dominante izquierdo.
Los fenómenos que se presentan durante el estado autógeno indican un aumento funcional de la interconexión hemisférica, siendo el material del hemisferio derecho más fácilmente accesible al izquierdo, y viceversa. En esta situación, resulta posible emplear coordinadamente las funciones de los dos hemisferios, y desarrollar actividad creativa, que requiere la integración de ambos hemisferios de su grado máximo de actividad. Sin embargo, en otros casos, la vivencia puede ser desagradable, un "mal viaje" y, si el sujeto no está debidamente preparado y supervisado, su psicopatologia puede agravarse. Eventualmente, en condiciones apropiadas y siguiendo la técnica correcta, la reconexión terapéutica facilita la integración progresiva de las contradicciones, la superación del conflicto psíquico y el desarrollo de la personalidad. Estos fenómenos constituyen la base de la psicoterapia autógena, y explican no solamente sus efectos terapéuticos, sino también la frecuente movilización de la creatividad que tiene lugar incluso con los métodos básicos.
Desde este último punto de vista, se puede considerar la creatividad como un peculiar proceso de estructuración de la realidad, a través del cual llegan a formarse nuevas conexiones entre representaciones mentales habituales. La expresión completa
de este proceso comprende cuatro fases cognitivas y otras cuatro emocionales o afectivas. Las fases cognitivas son: 1) Descubrimiento de pautas básicas comunes que unen acontecimientos aparentemente dispares; 2) Formación de nuevas estructuras mentales en las que las "pautas ocultas" tienen una presencia obvia; 3) Construcción de una realidad interna diferente de la inicialmente recibida, y 4) exteriorización de esa realidad interna en el mundo externo socialmente consensuable. Los aspectos emocionales que acompañan las distintas fases cognitivas son: 1) sentimientos de curiosidad y asombro, predominantes en la primera fase cognitiva, 2) Entusiasmo, descubrimiento, insight, "experiencia eureka", predominantes en la segunda fase, 3) Una particular combinación de deseo, esfuerzo y frustración, la "tensión creadora", que impulsa el desarrollo de la tercera fase cognitiva y su transición hacia la cuarta, y 4) convicción, competitividad y lucha por superar la "prueba de la realidad", formulando las construcciones internas de manera operativa en el mundo externo y logrando su aceptación y reconocimiento.