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Linking the Teaching of Arabic to the CEFR T SVETOMIRA P ASHOVA

3. Sofia Arabic Learner Corpus (SALC) 1 Design

El cuarto sefirot es llamado Chesed, la Gracia. Según Franck, representa la expansión de la voluntad. Se trata de un principio masculino, del cual surgen las almas viriles. Pues la Cábala establece la distinción de los sexos en los cuerpos y en las almas. Después de haber sido creado en Binah, el alma desciende y pasa por Chesed cuando debe ser masculina, y por Gueburah cuando femenina. Y el sexo espiritual así determinado, permanece constante para toda la eternidad.

Chesed se comporta, en lo divino, a la manera de un hombre que cumple una acción, no por necesidad o deber, sino porque así lo quiere, sin que nadie lo compulse y simplemente por bondad.

Chesed es también llamado Guedulah, por oposición a Gueburah. Se lo considera el inspirador de Abraham, así como Gueburah fuera el de Isaac y Tiffareth el de Jacob.

El quinto sefirot se llama Gueburah, el Rigor.

Según Franck, representa la concentración de la voluntad. De él emanan las almas femeninas.

Principio moral de limitación y de justicia minuciosa, inspira a los santos que domeñan sus concupiscencias.

Salvo estos héroes del espiritualismo, ninguna criatura puede subsistir en la esfera de Gueburah.

Este sefira es llamado: exactitud de las lluvias, porque controla las influencias que el mundo debe recibir, de acuerdo con sus merecimientos, influencias que se hallan figuradas por el símbolo de la lluvia.

Riguroso, previene y triunfa para que sean enjuiciados y se cumpla la vindicta, con los seres superiores e inferiores, como lo reclama la equidad. Persigue a los impuros y a los pecadores y exige venganza contra los impíos, contra los rebeldes a la divinidad. Es el tribunal supremo que retribuye a cada uno según sus méritos, que actúa de acuerdo con lo que cada ser necesita y no, como Chesed, por simple generosidad.

Gueburah recibe la influencia de Binah (la Inteligencia), sefira igualmente femenino.

Binah, es llamado tradicionalmente: el Gueburah superior. Al cual le sigue el Gueburah propiamente dicho, es decir el sefira de ese nombre; por último Malchut es llamado el Gueburah inferior.

Como vemos, la tradición pone en evidencia las relaciones íntimas de estos tres sefirot igualmente capaces de realización y de concentración, igualmente femeninos.

El sexto sefirot se denomina Tifareth, la Belleza. Es el centro de los sefirot y, en cierto modo, guarnecido y revestido por ellos de múltiples colores. Razón por la cual se le diera el nombre de Belleza.

La letra vau, del nombre iod-he-vau-he, es llamada Tifareth, porque lo involucra todo, ejerciendo un dominio universal, y revistiéndose con todos los nombres misteriosos y divinos.

Tifaretíi recibe el poder de Kether a través de Chocmah y Binah; entre los sefirot inferiores desempeña una función análoga a la de Kether con referencia a los sefirot superiores; constituye el reflejo, la correspondencia y

manifestación de este último. Es, pues, el elemento fundamental del Microprosopo que centraliza los sefirot inferiores, así como Kether constituye el Macroprosopo que centraliza y rige los sefirot superiores.

El nombre divino atribuido a Tifaret: iod-he-vau-he se parece, al tronco de un árbol, porque así como el tronco sirve de sostén a las ramas y hojas, sirve este nombre de apoyo a los otros nombres sagrados.

Tifareth juzga a las criaturas, pero en modo menos riguroso que Gueburah. Equilibrado y central, emplea simultáneamente la misericordia, el rigor y el concierto de los sefirot inferiores; al mismo tiempo que recoge, para transmitirlo a las criaturas, el influjo de los sefirot transcendentes-

Así como Kether, Chocma y Binah forman un grupo, un coro en equilibrio armónico, así también Chesed, Gueburah y Tifareth forman otro grupo. Tifareth corresponde a Kether, Chesed a Chocmah, y Gueburah a Binah.

El primer coro es primordial e ideal: Kether representa la iniciativa creadora y al mismo tiempo la Ciencia divina; aquella donde, como en lo Absoluto, el sujeto y el objeto, la conciencia y el conocimiento, el pensamiento y la verdad se identifican en la unidad y constituyen pura Esencia, individual y perfecta. Chocmah, como sabemos, representa al conocedor, al sujeto, al pensador; y también al impulso creador.

Binah representa lo conocido, el objeto; en consecuencia realiza, en sus gérmenes primitivos, a las criaturas y el universo.

En el primer coro tenemos, pues, las operaciones características de la volición y de la intelección. Kether, es la decisión; Chocmah, el impulso volitivo; Binah, la ejecución (en lo que a la voluntad se refiere). En lo concerniente a la intelección, Kether es la concepción primitiva; Chocmah, es el pensamiento y la lógica; Binah, es el conocimiento y el objeto conocido.

Si el primer coro sefirótico es intelectivo y volitivo, el segundo es artificial y moral.

Tifareth es un reflejo de Kether; pero dado que nos encontramos en la región inferior (la de la manifestación) en vez de ser, como Kether, el primero de su grupo, no es sino el tercero, después de Chesed y Gueburah. Con lo cual la Cábala nos enseña que el equilibrio, la solidez, la terminación, que se establece primeramente en las regiones superiores, llegan retardados y a continuación de las otras operaciones, en regiones inferiores.

Arriba, en la esfera divina, la obra es completa y perfecta aun antes de haberla comenzado, por así decirlo. Surge, irreprochable, de un pensamiento y de una voluntad infalible, y su desarrollo es consecuencia de su perfección. Abajo, en la esfera de lo creado, los elementos incompletos de la obra se manifiestan primero y la propia obra, concluida y relativamente perfecta, se efectúa en último término. Arriba se conquista primeramente la finalidad, y la ruta que su esplendor ilumina desciende ya trazada. Abajo, la ruta se eleva difícilmente hacia la finalidad presentida, pero todavía ignorada; y, por así decirlo, es la ruta que engendra la finalidad.

He aquí el orden de los serifot en el segundo coro: 1º Chesed; 2º Gueburah; 3? Tifareth.

El proceso moral comienza con la gracia, la expansión, la magnificencia. La Divinidad se comporta con las criaturas de modo benevolente y amplio. Derrama sobre ellas la vida, los dones espirituales y naturales, la felicidad, gratuitamente y en proporción mucho mayor de cuanto merecen las criaturas. Mas, si el principio de gracia obrara constantemente sin el contrapeso de su opuesto, los injustos recibirían igual recompensa que los justos, los perversos la misma que los incorruptibles, los impuros idéntico premio que los inmaculados. No existiría entonces ley moral alguna. El concepto del deber se anularía en las criaturas. La virtud se disolvería en el baño espléndido y desintegrador del perdón.

Puede ocurrir sin inconveniente que, en la vida terrestre, el malvado no sea visiblemente castigado, los buenos visiblemente retribuidos, porque esta injusticia aparente queda luego compensada en la vida espiritual y en las reencarnaciones terrestres o planetarias. Pero si, en lugar de permanecer solamente retardada y velada, la justicia fuera siempre impotente, la ley moral, como he dicho, quedaría anulada. Razón por la cual Gueburah viene a restablecer el equilibrio mediante el rigor, la exacta retribución de los actos y de los deseos, la equidad estricta y precisa.

Si tan sólo actuara Gueburah, el mundo no subsistiría, pues los seres, juzgados por la pureza de Dios, serían declarados dignos de exterminación y olvido. El rigor se halla, pues, mitigado por la gracia y la expansión generosa.

Si tan sólo actuara Chesed, los seres, subsistiendo como criaturas, se anularían como personas morales; su destrucción, menos completa, sera espiritualmente más cruel todavía. Es verdad que la alta virtud actúa por amor desinteresado del bien y de Dios, sin esperar recompensa. Mas, la desaparición radical de Gueburah suprimiría, en Dios, el horror hacia el mal, el sentido puro y ardiente del bien y del mal. Dios sería inferior a los justos. Como vemos: aún apartándonos de la retribución, Gueburah resulta necesario. La gracia se halla, pues, mitigada por el juicio y el rigor.

El mundo moral balanceado de este modo tiene como resultante el último sefira del segundo coro: Tifareth, la Belleza, el Rey, aquél, que sirviéndose de la misericordia cuando necesario, del rigor cuando resulta útil, es decir bienhechor, perpetúa y mejora el mundo, y lo gobierna por la ley de Dios.

Así como el primer coro de Sefirot abarcaba los elementos voluntarios e intelectuales, el segundo coro abarca los elementos arbitrales que gobiernan el mundo moral. Hemos descripto el proceso lógico de los atributos morales, Chesed, Gueburah y Tifareth.

Debemos ahora, para evitar a los exploradores de la Cábala, el error de creer que esta doctrina se contradice, señalar otra agrupación sefirótica, a saber: Gueburah, Chesed, Tifareth.

Este proceso no es lógico, sino, más bien, histórico, ampliando la esfera conceptual del vocablo hasta el desarrollo del universo. Desde el punto de vista lógico, para Dios, son la misericordia y la expansión las que actúan en primer lugar. Desde el punto de vista histórico, en el universo, es el rigor y el juicio: porque habiendo gastado los seres sus dones naturales al producirse la caída, ha sido casi necesario actuar de inmediato en su favor mediante el rigor mitigándolo ulteriormente con la misericordia, a fin de que el mundo continuara, pues el rigor sólo lo hubiera abolido.

Si nos remontamos, en la creación, hasta el alba divina de las cosas, observaremos que el proceso lógico se confunde con el proceso histórico, y que en ambos Chesed es el primero, por cuanto es él quien derrama la expansión divina en el mundo. Pero si nos remontamos tan sólo hasta el primero de los mundos de la evolución, hasta el mundo de Nefesh, entonces Gueburah es el primero (siendo este mundo el de la caída y del castigo), y Chesed reanuda su actividad más tarde cuando el mundo de Ruach sigue al mundo de Nefesh, y que los seres menos alterados se yerguen en la luz y se impregnan de piedad divina.

Una máxima tradicional de la Cábala nos dice que Dios creó al mundo mediante el rigor, pero que luego, observando que no podría perdurar, volvió a crearlo en la gracia y la magnificencia. Para entender correctamente esta máxima, es necesario aplicarla al orden histórico tal como acabo de enunciarlo al hablar de los mundos sucesivos de Nefesh y Ruach y no al proceso lógico, ni siquiera al orden histórico absoluto, el que abarca el origen divino de las criaturas caídas. En lo cual no debemos ver contradicción sino puntos de vista complementarios y variados. La filosofía cabalista presenta ciertas contradicciones y oscuridades para un lector superficial. El pensamiento occidental menos sutil en los detalles y menos amplio en sus generalizaciones que la contemplación oriental, menos apto para seguir más allá de las formas concretas o de las fórmulas abstractas, las grandes tendencias del ser, que nos revela el símbolo, queda frecuentemente desconcertado por dificultades simplemente exteriores y que una observación más paciente y filosófica lograría trascender fácilmente.

Si bien la Cábala distingue entre el Ain-Sof y los sefirot, ¿no confundirá quizás la sustancia íntima de ambos? ¿Para qué hablar de sefirot morales si el sistema entero es panteísta y, por tanto, destruye la moral?

Sólo un punto de vista superficial puede juzgar panteísta a la Cábala, que es teopanteísta como San Pablo. Ain-Sof es Dios mismo. En cuanto a los sefirot, poseen dos sentidos. El primero, connota las tres Personas divinas superiores y los siete divinos atributos morales y generadores. El segundo, expresa típicamente las criaturas que esas Personas y atributos crean y gobiernan. Hay que saber distinguir los dos sentidos que los símbolos entremezclan: de este modo, después de la caída de los reyes de Edom, son las criaturas quienes desfallecen, los atributos divinos que les corresponden permanecen inalterables. No obstante, en la Cábala como en el Cristianismo opuestos al deísmo frío, las criaturas, nacidas del poder de Dios, obtienen de él la realidad de sus vidas. Es el Dios todo en todo de San Pablo, en el Teopanteísmo.