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Como su nombre lo indica, la palabra sociolingüística se refiere al estudio del lenguaje en relación con la sociedad. El término hace manifiesto que interesa, como objeto de estudio, el uso del lenguaje en el contexto social. La expresión “sociolingüística” se aplica, por ejemplo, a los trabajos de Dell Hymes, destacado

exponente de la “etnografía del habla”, en la tradición del citado Sapir. (Hymes reelabora el concepto chomskiano de competencia y desarrolla la idea de competencia

comunicativa, i.e., la capacidad que tiene un hablante real para utilizar todos los recursos lingüísticos disponibles con el fin de producir mensajes. En este marco, Hymes estudia reglas de uso, las pautas que les permiten a los hablantes seleccionar las formas adecuadas de habla según el contexto en el que estén interactuando). “Sociolingüística” es una expresión que también usa Michael Halliday para hacer referencia a su concepción general del lenguaje. Este autor comparte intereses con Hymes y desde un enfoque funcional analiza la forma en la que los rasgos del contexto de situación determinan el empleo de ciertos recursos.

La sociolingüística de William Labov encuentra sus orígenes en los estudios del “modelo estándar” de 1965. La tendencia iniciada por Labov en la lingüística norteamericana puede entenderse como un caso de sustitución, posterior a la transformación progresiva iniciada por Chomsky y paralelo a la profundización desarrollada en el modelo estándar. Esto es así porque la sociolingüística necesita partir de la crítica a supuestos fundamentales de este modelo para estudiar la estructura lingüística y su evolución en la comunidad. Acepta algunas ideas de la lingüística generativa (la idea de que la gramática es una facultad de la mente) pero rechaza la oposición radical entre “gramática” y “uso”. En realidad es posible entender la importancia del trabajo de Labov y de la corriente por él promovida como una alternativa a la obra de Chomsky. En efecto, Aspectos de la teoría de la sintaxis deja de lado el estudio del uso, esto es, de la actuación. Al igual que Saussure, Chomsky cree que el uso del lenguaje constituye una masa heterogénea a partir de la cual no se puede entender la estructura del sistema ni el conocimiento del lenguaje. Sin negar los alcances de su predecesor, Labov sugiere un enfoque alternativo que tome como objeto de estudio “el habla real”, i.e., el lenguaje mismo tal como es usado por los hablantes. Curiosamente, sostiene Labov, no siempre se han tenido en cuenta los datos concretos del uso del lenguaje para cualquier forma de lingüística general. Parece que tiene razón: Vimos que en la etapa del bloqueo conceptual Chomsky reconocía la importancia capital de los datos provenientes del uso. Vimos también que en la etapa de la profundización la idea de “uso” (por la aceptabilidad) contamina el modelo de gramática. Y finalmente vimos que el modelo estándar declara el divorcio

formal del conocimiento y el uso. En este sentido, Labov señala que en la concepción saussuriana de la “langue” hay una paradoja elemental. El aspecto social del lenguaje (la lengua) es estudiado en términos de cada individuo en particular (“la lengua está en la mente de cada hablante”). Por otro lado, el aspecto individual (el habla) es estudiado en términos de la dimensión social de los actos de comunicación. Chomsky da ímpetu al estudio del conocimiento del lenguaje y deja de lado el estudio del uso real. No sostiene la paradoja saussuriana porque el conocimiento del lenguaje pertenece al individuo. De todos modos, define el objeto de estudio de la lingüística de manera tal que el estudio de la conducta social y del habla quedan completamente relegados.

La obra de William Labov puede resumirse como el intento de demostrar la importancia del estudio del habla real para entender el sistema lingüístico. En efecto, su punto de vista confirma la idea de Bloomfield de que el cambio lingüístico no es caótico sino regular y sistemático; y por ello revela aspectos fundamentales de la estructura lingüística. Al mismo tiempo, demuestra con datos concretos que el lenguaje constituye un sistema en permanente evolución y que no existen variedades lingüísticas superiores o inferiores. Su trabajo es un golpe final a las concepciones no científicas y normativas según las cuales hay “hablantes poco educados” que provocan el cambio y “dialectos o lenguas inferiores”. La obra laboviana es vasta y de un impacto notable. Aquí consideramos aspectos salientes de su libro de 1972

Sociolinguistic Patterns (Modelos sociolingüísticos).

El modelo estándar chomskyano da a entender que el estudio del habla real no sólo presenta serios problemas sino que tampoco constituye el punto de partida de la lingüística. Esta idea se fortalece en el programa generativista. Posiblemente debido a la influencia de los monumentales trabajos de Saussure y Chomsky, la lingüística pasó a considerar que el estudio del habla tiene problemas infranqueables. Labov enumera los problemas que supuestamente dificultan el estudio del habla real y propone para cada caso una solución factible.

1. La supuesta agramaticalidad del habla. Chomsky (1965: 11) dice que “aceptable” es una noción que no debe confundirse con “gramatical”. Hay oraciones que, como la del ejemplo (8), ‘el hombre que el chico que los estudiantes

reconocieron señaló es mi amigo’, tienen un grado bajo de aceptabilidad pero son gramaticales. Por el contrario, puede haber oraciones “agramaticales pero aceptables” como (9), ‘Juan que está loco parece’. En este mismo sentido, Chomsky (1965: 58) parece creer que el habla es esencialmente agramatical porque señala que “la degeneración de los datos del habla” disponibles a un niño es una de las razones por las cuales se debe pensar en la existencia de una gramática universal. Al igual que Halliday, Labov (1972: 258) afirma que en realidad esta creencia de que el habla es esencialmente agramatical no se sostiene con datos reales. En los diversos estudios empíricos que se han llevado a cabo, la gran mayoría de los enunciados - aproximadamente un 75%- son frases correctamente formadas según todos los criterios. Cuando se aplican reglas de elipsis y algunas reglas universales de construcción (editing rules) con el fin de tener cuidado de los titubeos y de los falsos comienzos, la proporción de frases verdaderamente agramaticales y mal formadas desciende a menos del 2 por 100.

2. Variaciones y estructuras heterogéneas del habla. Se ha sostenido que la heterogeneidad inherente al habla hace prácticamente imposible cualquier principio de clasificación y análisis. Por el contrario, Labov sostiene, al igual que Bloomfield, que la heterogeneidad es una realidad lingüística y que esta heterogeneidad es el resultado

previsible de factores lingüísticos fundamentales. Entre los factores que promueven el cambio aparecen el paso del tiempo, la difusión de una lengua en un vasto territorio, la permanente búsqueda de formas de expresión adecuadas a ciertos contextos, etc. La

variación es la existencia de formas alternativas con (aparentemente) un mismo significado. Por ejemplo, en el castellano de Argentina es un caso de variación la alternancia del pretérito imperfecto del subjuntivo con el condicional simple en oraciones condicionales, tal como lo demuestran las oraciones (12) y (13).

(12) Si tuviera coraje se lo diría. Pretérito imperfecto del subjuntivo (13) Si tendría coraje se lo diría. Condicional simple

Antes que nada, hay que preguntarse si verdaderamente estamos ante dos formas diferentes de “decir lo mismo”. En este sentido, una idea fundamental de Labov establece que la variación es inherente al sistema y que el estudio de esta variación

permite entender la estructura del sistema lingüístico. Lo cierto es que no se conocen comunidades lingüísticas sin casos de variación, por lo que resulta que la asociación

sistema = homogeneidad que plantea Chomsky se tiene por falsa.

3. La grabación del habla en situaciones naturales. Los modernos recursos tecnológicos para efectuar grabaciones obligan a desechar el argumento de que es difícil recolectar datos del habla en situaciones concretas.

4. La rareza de las formas gramaticales cruciales. Suele ocurrir que un investigador tenga muchos problemas para encontrar, en el habla real, ejemplos de las formas que está estudiando. Por ejemplo, es posible que queramos estudiar el uso de pretérito imperfecto del subjuntivo y de condicional simple en las oraciones condicionales y que nos resulte muy difícil recolectar ejemplos. Sin embargo, este problema puede solucionarse por medio de entrevistas especialmente diseñadas en las que el investigador puede entablar conversaciones normales para suscitar el uso natural de una forma sin usarla él mismo. Si el investigador quiere promover el uso de formas en condicional puede hacer preguntas a un informante de tipo qué bueno ganar

la lotería, ¿no? Esta pregunta puede llevar a que el informante emplee oraciones condicionales como Uh, si ganara la lotería, me compraría una casa. Naturalmente, este método no es infalible pero a través de él pueden obtenerse las formas que deseamos estudiar.

En síntesis, los puntos anteriores no son argumentos favorables para el abandono de la actuación en nombre del privilegio exclusivo de la competencia. No sólo es factible el estudio del habla real sino que una oposición tajante en esos términos resulta inaceptable si se quiere estudiar el uso concreto del lenguaje y su relación con el sistema. En este mismo contexto, Labov cuestiona el estudio de las intuiciones. Esto es, los casos “dudosos” para “la intuición del hablante” no son explicados en términos teóricos. Por ejemplo, ¿cuál es el criterio de gramaticalidad para determinar que la famosa oración ‘las descoloridas ideas verdes duermen furiosamente’ es correcta o incorrecta? La conclusión de Labov es que resulta difícil encontrar casos

“dudosos” para los hablantes que no hayan seguido siéndolo para la teoría. Según Labov, la sociolingüística presenta soluciones donde la gramática generativa no puede hacerlo. Originariamente construida para producir oraciones gramaticales y no producir oraciones agramaticales (Chomsky 1957), la gramática generativa termina siendo inadecuada cuando se la compara con lo que los hablantes “realmente dicen” (Labov 1972: 255). De manera concreta, si algún hablante produce una oración que no es generada por la gramática nada impide excluirla como “error o diferencia dialectal”. Esto es riesgoso porque parece que la teoría fuera más importante que los datos. En este sentido, Labov cuestiona la antinomia chomskiana de gramaticalidad- aceptabilidad. Vimos que para Chomsky (1965) la oración (8) es gramatical pero no aceptable (‘el hombre que el chico que los estudiantes reconocieron señaló es mi amigo’). Aquí, la pregunta de Labov es bastante sencilla: ¿Hay verdaderamente

oraciones que sean gramaticales pero poco o directamente no aceptables? En conclusión, no parece adecuado que se diga que es la teoría y no el uso de los hablantes lo que determina la gramaticalidad. En las ciencias sociales hay efectivamente un hiato entre los datos brutos y la interpretación que realizan los investigadores. Según Labov, eso no significa que la teoría deba anteponerse a los datos. El estudio de los datos lingüísticos concretos permite entonces recolectar información fundamental y puede llevarse a cabo por medio de recursos como el análisis formal de la gramática, la exploración de los juicios intuitivos que hacen los hablantes, el estudio de los textos o la realización de cuestionarios y entrevistas. Toda fuente de datos es pertinente y el estudio del lenguaje en su contexto social puede basarse en ellas.

En síntesis, la lingüística puede dedicarse, al menos en uno de sus enfoques, al estudio de los hechos del habla. Esta perspectiva no implica el abandono del sistema o la estructura lingüística. Por el contrario, el estudio de la variación y de los estilos más informales del habla nos permiten establecer conclusiones sobre la estructura del sistema. Por ello la lingüística no puede desvalorizar los datos del habla. En este sentido, los corpora de los investigadores son datos imprescindibles para muchos trabajos. El mayor desarrollo de la lingüística (y dentro de ella, de las teorías formales) con respecto a otras ciencias sociales (y a otras ramas) se debe a la

naturaleza estructurada de su objeto de estudio y no a una supuesta excelencia de los métodos de la lingüística misma.

6. Conclusiones

Se ha efectuado un análisis de momentos significativos en la evolución del concepto de “uso del lenguaje” en la lingüística norteamericana. El primer momento es el de la controversia normal desarrollada en torno a la descripción del uso del lenguaje como un proceso de estímulo-respuesta. El período se extiende desde la década del 30 hasta mediados del 50. Luego, a fines de la década del 50, se da un bloqueo conceptual cuando entra en crisis el modelo conductista y Chomsky señala que resulta insuficiente para explicar la conducta verbal. A partir de esa crítica se desarrolla una transformación progresiva que apunta a diseñar un modelo de gramática sobre la base de supuestos radicalmente distintos de los de la tradición estructuralista/ conductista. El hito del período en cuestión es el libro de 1957,

Estructuras Sintácticas. El criterio para determinar la gramaticalidad de las oraciones es la “intuición del hablante”, de manera que el uso no está explícitamente excluido del campo de estudio de la lingüística. Después, el programa generativista de mediados de los 60 se convierte en una profundización de la transformación antes iniciada porque declara abiertamente el divorcio entre “gramaticalidad” y “aceptabilidad”, con lo cual los problemas del uso quedan para una eventual teoría de la actuación. Como una alternativa a la lingüística generativa surge, a fines de los 60, la sociolingüística, una sustitución que no sólo rescata al uso como objeto de estudio sino que sostiene que el uso mismo incide en la estructura del sistema (y por lo tanto, en la gramática). Esta evolución histórica aparece resumida en el esquema 4.2.

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