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6.3 Application of the Simple Publishing Interface in ARIADNE

7.1.2 one-to-many SQI implementations

A pesar de que nuestra sociedad se encuentre colonizada culturalmente por los medios masivos de comunicación y eso pueda hacernos pensar que quedan muy pocas cosas por explicar acerca de la imagen, cuando reflexionamos sobre el fenómeno icónico en todas sus dimensiones encontramos aspectos aún desconocidos y aún poco desarrollados.

Podríamos incursionar en el tema desde un punto de vista más rígido, pero decidimos tomar el más amplio ya que consideramos que la inmersión en un ambiente complejo como el que nos rodea a cada uno de nosotros determina el sentido, la forma y el uso de unas u otras realizaciones visuales. Reconocemos además el papel director de un análisis centrado en los factores más hondos, que son comunes a todo mensaje icónico.

Habiendo ya establecido como base esos tres hechos que irreductiblemente conforman uno de los principales sistemas de comunicación (la imagen), podemos sintetizar el estudio de su naturaleza en dos grandes procesos: la percepción y la representación. La primera depende principalmente de la sensorialidad del sujeto receptor del estímulo visual y de sus mecanismos de selección de la realidad. La segunda supone una explicitación de una forma particular o un aspecto específico de la realidad.

Para montar un escenario más complejo y diverso, volvemos a citar a Justo Villafañe para dar cuenta de un punto de vista diferente.

Este autor parte de la idea base de que toda imagen posee un referente en la realidad misma más allá de su grado de iconicidad, naturaleza o el medio que la produce (incluso aquellas que surgen del nivel de lo imaginario). Así, Villafañe supone la existencia de una relación casi directa de lo que llamamos representaciones con la realidad misma.

80 Desde que el hombre nace comienza a desarrollar su cognición y atraviesa diversos estadios de comprensión del mundo que lo rodea, a partir de los cuales realiza procesos de síntesis visuales. Estas síntesis se agrupan en un gran número de conceptos visuales que servirán de base para futuras creaciones icónicas.

Del mismo modo que lo hacen la música y la literatura, las imágenes constituyen modelos de realidad. La diferencia primordial entre aquellas radica en la naturaleza de sus procesos de modelización icónica, de la cual la percepción y la representación antes mencionadas son responsables.46

En el siguiente esquema47 se exponen las distintas fases del proceso de modelización icónica que presenta Villafañe. La primera parte del mismo (denominada proceso de creación icónica) culmina con la obtención de la imagen, y la segunda parte (denominada proceso de apreciación icónica), la cual se centra en la percepción que hace el observador de ésta, completa el sentido del proceso todo.

Según dicho autor, mediante las habilidades operacionales de la percepción que son innatas en los hombres, siendo éstas la capacidad de selección, abstracción y síntesis, el emisor extrae de la realidad los

46 (Introducción a la teoría de la imagen, 2006)

81 elementos o rasgos pertinentes de acuerdo con su intencionalidad. Esto da como resultado el denominado esquema preicónico, el cual se compone de los rasgos estructurales más relevantes del objeto de la representación. Este concepto se encuentra profundamente relacionado con aquel primer encuadre imaginario que el fotógrafo busca para crear las relaciones plásticas acordes con sus objetivos. Entre dicho esquema y las imágenes finalmente materializadas existe una relación de correspondencia que puede tener distintos grados de identidad. Aún en las obras más elaboradas y que han sufrido grandes transformaciones a lo largo de su creación, si pudiésemos asomarnos por un instante al cerebro de su realizador y luego echar un vistazo a su obra observaríamos que se han conservado su naturaleza y estructura primarias, modificando sólo determinados factores de composición no esenciales.

La fase siguiente del proceso exige un nuevo momento de modelización, debiendo el emisor icónico abstraerse y seleccionar los elementos que representarán los elementos reales. En esta segunda parte del esquema nuevamente se comienza con un período perceptivo. El observador extrae de la imagen un esquema icónico que es un equivalente de la realidad objetiva (no la figurativa) a la que representa y cuyos elementos son modelizaciones de los elementos reales.

A partir de este punto, según Villafañe, el observador puede identificar y discernir entre esas dos realidades (la objetiva y la figurativa o modelizada) como si se tratase de dos plantillas superpuestas. Los posibles resultados a esta altura del proceso son dos: que el observador conceptualice la imagen, en cuyo caso se produce una conexión con la realidad objetiva a modo de

feedback, incluyendo un posible desencadenamiento de una transferencia

de la imagen a la realidad; o que, siendo imposible dicha conceptualización (esto casi siempre sucede en los casos en que la imagen es demasiado abstracta, arbitraria o fruto de una convención), quede interrumpida esta última conexión con la realidad.

82 Considera Villafañe, habiendo recorrido en detalle el proceso de modelización que da como resultado final la realidad modelizada, que toda imagen constituye en sí misma un modelo de realidad. Aclara el autor que no todas las imágenes llevan a cabo dicho proceso de la misma manera, es decir que existen diversos modos de modelización.

Esta teoría daría por un hecho la existencia de una realidad completa y de un supuesto dominio absoluto de las representaciones de reflejarla tal y como es, dejando de lado lo que nosotros consideramos la subjetividad y la impronta que conlleva el sólo hecho de que su autor aplica en éstas su huella propia, personal, original, indeleble, intransferible.

A este respecto Justo Villafañe también propone en su libro

Introducción a la Teoría de la Imagen48 una clasificación en tres funciones de modelización icónica (atención, no se trata de clases de imágenes): la modelización representativa, la simbólica y la convencional.

“Una representación es un enunciado sobre las cualidades visuales, y tal enunciado puede ser completo a cualquier nivel de abstracción. Las imágenes son representaciones en la medida en que retratan cosas ubicadas a un nivel de abstracción más bajo que ellas mismas”.49

Esta definición dada por el especialista en artes visuales Rudolph Arnheim nos resulta correcta aunque a la vez escueta, debido a su afirmación de que las representaciones son imágenes más abstractas que sus propios referentes.

Para concluir este tema resumimos el pensamiento de Villafañe diciendo que, según él, las representaciones modelizan la realidad restituyendo sólo algunas características visuales de la realidad objetiva a la que representan.

En base a lo anteriormente expuesto parecería necesario definir el término imagen, lo que brindaría una visión conceptualizada del tema que

48 (Ibídem, pp. 36- 39) 49 (Arnheim, 1976, p. 135)

83 nos compete. Sin embargo nos encontramos con que la infinita variedad icónica imposibilita obtener una definición monosémica de dicho concepto. Con todo, vale la pena mencionar la definición de imagen que brinda la Real Academia Española y las múltiples menciones que de ella se desprenden:

“Imagen.

(Del lat. imāgo, -ĭnis).

1. f. Figura, representación, semejanza y apariencia de algo.