1.1 Background
1.1.5 Standardization activities
ateísmo metafísico o irracional. La actitud ateísta militante limitó la capacidad política, ética, antropológica y axiológica de los movimientos y partidos comunistas, que en vez de procurar la unificación de las masas populares, propugnaba por el divisionismo y sectarismo en las organizaciones y movimientos democráticos del proletariado y del socialismo. En consecuencia, el laicismo es la posición fundamental que tiene que prevalecer en el Estado y en la sociedad civil tanto en el proceso revolucionario de transformación de la sociedad como en la construcción del modo social de producción económica del socialismo y del comunismo.
EL TRABAJO: MATERIAL E INTELECTUAL
Uno de los grandes problemas del materialismo histórico y de la Economía Política del proletariado fue establecer de modo acertado y consecuente la relación entre el trabajo material y el intelectual.
Durante la vigencia del socialismo en la Unión Soviética y en los países del oriente europeo, los filósofos marxistas en sus investigaciones filosóficas no lograron explicar de modo concluyente ese problema filosófico y científico. Lo cierto fue que algunos filósofos soviéticos sufrieron restricciones debido a los controles que la inteligencia de la burocracia ejercía sobre las ciencias sociales y la filosofía, e incluso en algunas áreas de las ciencias naturales. Y como no gozaron de la plena libertad de pensamiento, adolecieron de limitadas iniciativas para realizar innovadoras interpretaciones en el campo filosófico del marxismo-leninismo. Por lo que no pudieron elaborar los requeridos planteamientos, enfoques y concepciones que reflejaran los trascendentales cambios históricos sociales y económicos y los colosales progresos que experimentaron las ciencias sociales y naturales en el siglo XX.
Sobre el problema indicado, el joven Marx, en sus Once tesis sobre Feuerbach, había expresado que la actividad práctica sensorial es la que determina la verdad de las ideas y no la actividad abstracta (intelectual), punto de vista epistemológico de Hegel y del idealismo en general. Este filósofo concibió el trabajo intelectual de un modo idealista y místico porque lo separó de la actividad práctica sensorial y del trabajo material. En ese desprendimiento, el trabajo intelectual se convierte en el Demiurgo que construye la historia y la sociedad. Y éste como espíritu objetivo se mueve y se realiza en un proceso dialéctico, en que la sociedad y la historia se objetivan por medio del trabajo abstracto que realiza en esas esferas. Este filósofo mistificó el trabajo intelectual, degradando el material, y concibió el mundo objetivo, que denomina mundo empírico, en un apéndice y objeto de la actividad del trabajo intelectual del espíritu objetivo (Demiurgo).
En esas tesis, el joven Marx señala que la actividad práctica sensorial es la fuerza activa que transforma el mundo, y que a través de ella se resuelve el problema de la verdad del pensamiento. Sin embargo, en esas premisas filosóficas aún no se plantea la solución dialéctica de la unidad interactiva del trabajo intelectual y el material.
Posteriormente el Marx maduro, en El Capital, demostró científicamente que los obreros, que realizan el trabajo material, crean la plusvalía que el capitalista se apropia por medio del capital invertido en el proceso productivo. El modo (social) de producción (económica) del capitalismo le permite al propietario burgués apropiarse de los valores creados por el verdadero productor, que es el proletariado. Además propicia la hegemonía y privilegios sociopolíticos de esa clase social sobre las otras en la sociedad.
No obstante este punto de vista de Marx, lo cierto es que en el proceso productivo y de mercado, en la primera fase del capitalismo (libre concurrencia de mercancías en el mercado mundial), el capitalista planea, diseña y proyecta la estrategia y fines de la inversión de los capitales para la obtención de la plusvalía. Y su función social se expresa en el dominio del trabajo intelectual necesario para administrar, dirigir y realizar el proceso productivo capitalista.
En esa fase histórica, el capitalista crea y dispone de un equipo de trabajadores que realiza el trabajo intelectual secundario necesario para el proceso productivo. En esa posición social, aquél se percibe a sí mismo (autoconciencia social) junto con su capital, que tiene el poder de crear las riquezas por las ideas y acción que objetiva en sus inversiones. Y concibe que la actividad y función de la fuerza de trabajo de los obreros tiene un carácter pasivo y secundario en la creación de los valores y beneficios (ganancias más otros ingresos) económicos.
El Capitalismo de la libre concurrencia de mercancías en el mercado nacional y mundial se inicia con la revolución industrial. En esa fase, la industria se une con las máquinas, pero tiene un limitado desarrollo cualitativo. En el Capitalismo de los monopolios, la industria alcanza un alto desarrollo mecanizado, que el social-liberalismo define como la sociedad industrial. En ambas
etapas, el trabajo intelectual no tiene el valor ni la trascendencia social y económica del trabajo material. Casi toda la plusvalía es producida por la fuerza de trabajo de los obreros y campesinos. Sin embargo, en esa correlación social, fueron los capitalistas los que realizaban el trabajo intelectual decisivo en la producción, el mercado y servicios conexos.
En cierto sentido se podría desdeñar la posición y función del trabajo intelectual en el proceso productivo en las dos fases histórica del desarrollo del capitalismo mundial. Esta relación social del trabajo material e intelectual se proyectaba en todas las esferas de la sociedad, incluso en el Estado y en los partidos comunistas. Porque la correlación social del trabajo material e intelectual depende del desarrollo de las fuerzas sociales productivas, y no del modo de producción ni de las relaciones sociales de éste. Pero no obstante de que el genial Lenin tuviera conciencia del valor del trabajo intelectual en la revolución y construcción del modo social de producción económica socialistas, en la conducción del Partido Comunista, el limitado nivel cualitativo del trabajo intelectual en esa fase económica del desarrollo de las fuerzas sociales productivas, creaba un desgarramiento en la relación social que debe existir entre el trabajo intelectual y el material. Por lo que este es un problema científico y filosófico que se proyectaba y se proyecta en la relación del pensamiento social con el ser social, del conocimiento con el objeto y de la teoría con la práctica.
En las comunidades primitivas, el trabajo material y el intelectual estaban unidos debido al muy bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas del modo social de producción primitivo. En el último período del Neolítico se fue separando el trabajo intelectual del material. Y con el inicio de la civilización, la propiedad privada y el trabajo intelectual alcanzaron una posición dominante en el proceso productivo en la sociedad y en el Estado.
En la historia de las sociedades clasista los modos sociales de producción económica transitaron del esclavista al feudal y de éste al capitalista. En las sociedades que surgen y se sostienen sobre la base de la propiedad privada, las clases dominantes se apropian del trabajo intelectual. La separación de éste del trabajo material se realiza de un modo determinante y discriminante. Y en esas sociedades clasistas se expresa una separación alienante entre el trabajo intelectual y el material. Esa forma de alineación social las explicamos dialécticamente a continuación.
En la primera etapa del proceso histórico de la producción económica (comunismo primitivo), el trabajo intelectual no se diferenciaba significativamente del trabajo material y viceversa (afirmación). En la segunda etapa, la separación social entre lo material e intelectual del trabajo, es contradictoria (negación). Y en la tercera etapa, lo material e intelectual del trabajo se integran en una unidad superior y compleja (unidad dialéctica de los contrarios y negación de la negación).
El trabajo social en la producción tecnológica y científica es material e intelectual. La separación del trabajo intelectual del material no fue causado por la división de la sociedad en clases sociales o por las relaciones sociales de los modos de producción económica, sino por el nivel y formas de desarrollo de las fuerzas sociales productivas. Y a éstas corresponden resolver social e históricamente ese problema.
En el nivel tecnológico y científico de las fuerzas sociales productivas, el trabajo intelectual ha adquirido una posición decisiva en los procesos de producción, mercado y servicios conexos, pero ello no significa que el trabajo material haya sido desplazado de la posición fundamental en esas esferas económicas.
En las sociedades industriales mecanizadas, el trabajo intelectual domina el aspecto cualitativo del proceso productivo; y el trabajo material, el aspecto cuantitativo. Sin embargo, la revolución tecnológica y científica, que es la unión de la industria y las tecnologías con las ciencias (el factor intelectual), es resultado del desarrollo industrial de las fuerzas sociales productivas. Y son éstas las que desarrollaron el aspecto cuantitativo (práctico social) del trabajo intelectual y las que han elevado el nivel cualitativo del trabajo material (las formas tecnológicas).
La actividad muscular y mecánica de la fuerza del trabajo material que dominaba la sociedad desde la esclavitud hasta el capitalismo industrial (mecanización de la producción) ha perdido su importancia y valor en las industrias tecnológicas y científicas. En éstas, la fuerza del trabajo
material adopta la forma y función de la manipulación inteligente, en que la actividad práctica material se une al conocimiento, a las ideas tecnológicas y científicas.
Tanto el trabajo material como el intelectual se han unificado y fundido en la actividad práctica social. No se trata solamente de que la verdad del pensamiento se pruebe en la praxis, sino que el pensamiento científico-social ha devenido en una función y actividad práctica. En las fuerzas sociales productivas, en el nivel industrial-tecnológico, el trabajo intelectual y el trabajo material inician una unidad indisoluble, que se incrementa en la medida en que aquéllas crecen y se desarrollan. La actividad práctica social del pensamiento en unión con el trabajo material tienen sus consecuencias: Primero, en los problemas fundamentales de la filosofía, y especialmente en el materialismo científico en que se resuelven los problemas generacionales de la filosofía. Segundo, en las ciencias, en que se resuelven todos los problemas e incógnitas de los fenómenos y procesos de la sociedad, de la Naturaleza y del universo.
GLOBALISMO: ÚLTIMA FASE DEL MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA
La teoría social, filosófica y científica de Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Lenin que explica el origen, crecimiento, desarrollo y final del capitalismo por medio de leyes, sigue vigente porque la verdad de sus PRINCIPIOS Y TESIS ha sido probada por los fenómenos y procesos económicos, sociales y políticos, la práctica socio-histórica y las ciencias.
Carlos Marx y Federico Engels concibieron el desarrollo social e histórico del capitalismo mundial en una sola etapa: la Libre concurrencia (de mercancías) o Libre competencia (Mercado libre, según las teorías de las Economías políticas del social-liberalismo y del social- neoliberalismo).
Y para Vladimir Lenin, el capitalismo mundial se expresa en dos etapas históricas: la Libre concurrencia de mercancías en el mercado mundial y los Monopolios de las industrias y las finanzas o Imperialismo que es la integración del capital financiero con el capital industrial, comercial y de servicios conexos. En este régimen económico, el Imperialismo es la fase superior del capitalismo.
Planteando y enfocando las teorías de la Economía Política, del Socialismo y Materialismo científicos en la interpretación de los nuevos cambios económicos de trascendencia internacional acaecidos a finales del siglo XX y del presente, proponemos la tesis del desarrollo social del capitalismo en tres fases históricas que devienen en tres momentos dialécticos, a saber: Libre concurrencia de mercancías en el mercado mundial; los Monopolios y capital financiero (Imperialismo) y el Globalismo. En esta última etapa, en el capitalismo se unifican los capitales de las corporaciones transnacionales bancarias, industriales y de servicios conexos (monopolios financieros) y los mercados libres y competitivos en un solo sistema económico de interacción económica mundial. En esta fase, los monopolios no interactúan independientemente en el proceso económico, sino que se vinculan entre sí, de modo colectivo, en el mercado mundial.
En consecuencia, según la ley dialéctica de la negación de la negación, el capitalismo mundial transita por tres fases de desarrollo histórico: La Libre concurrencia (afirmación), los Monopolios o Imperialismo (negación) y el Globalismo (negación de la negación). Esta última es la integración y unidad (y lucha de los contrarios: capitalismo competitivo) de los monopolios financieros y del mercado mundial. En este sistema económico, el mercado determina libre y competitivamente, a nivel mundial, la circulación de mercancías, bienes, valores, acciones, capitales y finanzas; y crea nuevas tendencias (leyes) en la interacción internacional del capital financiero y el mercado planetario.
Como resultado del proceso dialéctico del desarrollo de las fuerzas sociales productivas, el Globalismo constituye la última fase histórica del capitalismo. En este modo social de producción basado en la propiedad privada sobre los medios de producción, en los límites de su crecimiento y desarrollo económico, las contradicciones internas se tornarán antagónicas. Por lo tanto, su desmoronamiento será inevitable porque no existe otra fase de transición histórica de ese modo social de producción económica.
En la primera etapa, Marx consideró que el capitalismo, víctima de sus contradicciones antagónicas, había llegado a su final, y lo mismo Lenin con respecto al Imperialismo. Sin embargo, en ambos períodos históricos esos sistemas socioeconómicos transitaron hacia una fase superior, por lo que pudieron superar sus crisis internas que lo condenaban a su colapso final en los límites de cada fase histórica de crecimiento y desarrollo socioeconómico.
En esta última etapa del capitalismo, las empresas privadas, denominadas libres en oposición a las estatales, según las teorías de la Economía Política del social-neoliberalismo, casi han destruido y absorbido a las empresas públicas y sociales. Aunque éstas, en la fase imperialista, fueron uno de los pilares imprescindibles de la subsistencia y sustentación de ese régimen económico en períodos de crisis. Por consiguiente, en nuestro tiempo, si se llegase a producir una grave crisis económica mundial (inflación + recesión + depresión), el capitalismo finalmente podría desmoronarse rápidamente al no disponer de la asistencia y auxilio inmediato y oportuno de las poderosas fuerzas económicas de las extintas empresas estatales.
En la fase imperialista, el Capitalismo de Estado evitó el colapso de las grandes empresas privadas durante la depresión económica mundial, que se inició en 1929 con el Crack de las Bolsas de Valores en Wall Street (Nueva York). Esa crisis se extendió por todo el mundo capitalista durante la década del 30 del siglo XX. Esta gigantesca crisis mundial no devino en revoluciones socialistas en las principales Potencias capitalistas, porque el Estado burgués implementó dos funciones económicas urgentes: como agente interventor en la regulación y control de la producción y del mercado; y como inversionista, con el fin de balancear la relación de éstos. Sin embargo, como consecuencia del caos social provocado por esa crisis capitalista internacional, en el movimiento popular revolucionario, el comunismo logró importantes victorias estratégicas y tácticas significativas en los movimientos de masas democráticos y proletarios.
Debemos enfatizar que el Capitalismo de Estado no favorece a los trabajadores, sino a la empresa privada. Y en su dirección imperialista, tiene como objetivo fundamental la protección, defensa y garantía de los intereses, necesidades y fines económicos de las empresas privadas sin importar los fines sociales involucrados en el sistema capitalista. Para lograrlo, dispone de tres funciones importantes: Primera, invertir en las áreas públicas en que las empresas privadas carecen de la capacidad para hacer inversiones rentables. Segunda, favorecerlas en los proyectos económicos del Estado, ya sean públicos o secretos. Tercera, crear o mantener las empresas estatales necesarias para resolver aquellas crisis socio-económicas engendradas por las empresas privadas en el expansivo proceso productivo capitalista de los monopolios transnacionales y del capital financiero.
Sin embargo, en el Globalismo, las empresas privadas tienden a absorber a las estatales y públicas e impedir su restauración para evitar la competencia en áreas rentables, y así disponer de nuevas fuentes de inversión y expansión de capitales financiero. Estos hechos determinan que el capitalismo derive en contradicción consigo mismo y se debilite como modo social de producción económica basado en la propiedad privada.
Este proceso económico es un indicativo de que las inversiones de capitales, en esa fase final de ese sistema socioeconómico, han llegado a su límite de crecimiento y desarrollo.
En los niveles cualitativos del capitalismo (desarrollo y mejoramiento tecnológico y abaratamiento de costos de producción) las inversiones acumulan capitales, pero sus capacidades de expansión son limitadas. Los altos desarrollos cualitativos del capitalismo determinan límites en la inversión de capitales, por lo que este modo social de producción (económica) entra en contradicción consigo mismo. Y si no se concretizan plenamente las expansiones de inversiones de capitales, entonces las contradicciones inevitablemente se tornaran irresolubles. (La cualidad, en sus límites, engendra contradicciones, que de no resolverse en una unidad dialéctica con desarrollos cuantitativos, devienen en antagónicas).
El motor y vida económica del capitalismo es la inversión de capitales más la apropiación de la plusvalía creada por la fuerza de trabajo de los obreros. Si el capitalismo ha llegado al límite de
las inversiones, y en ese contexto económico entra en contradicción consigo mismo, entonces se incrementará la probabilidad de que colapse fatalmente como sistema privado de producción económica.
La colosal acumulación y concentración de capitales y finanzas por parte de las empresas globalistas, determina de modo inconsciente y consciente (determinismo económico + libertad en la determinación) que éstas devoren a las empresas estatales y absorban un gran porcentaje de los bienes, valores y servicios públicos y sociales rentables para acumular más capitales y crear nuevas fuentes de inversión. De no ser así, entonces en esta etapa histórica se frenaría su expansión y desarrollo; y el crecimiento de su tasa de interés decaería hacia y hasta menos de cero, lo que provocaría inevitablemente una grave crisis general del capitalismo mundial. Además, en este contexto socioeconómico, los intereses y beneficios privados de las inversiones de capital agudizan sus contradicciones con los fines sociales y públicos de la producción económica. En esta fase, los intereses, necesidades y objetivos de las empresas privadas se intensifican, y el fin (finalidad) social de la producción capitalista se profundiza, agudizando las contradicciones antagónicas entre el carácter privado de la propiedad capitalista y el fin social de su modo de producción económica. En esta fase de profundización de las contradicciones antagónicas socioeconómicas se crearían las condiciones para el estallido inevitable de revoluciones socialistas con alcance mundial.
Por lo tanto, cuando las inversiones en las esferas pública y social se agoten, el capitalismo se estancará y comenzará la decadencia y el final de ese sistema económico. Sólo le quedarían las siguientes alternativas para sobreponerse temporalmente a un probable e inminente colapso fatal.
Primera alternativa: Privatización de las empresas estatales y sociales que sean rentables en las economías de las Metrópolis.
Segunda Alternativa: Absorber las empresas financieras, industriales, comerciales y de servicios que sean rentables, tanto privadas como públicas, en los países del Tercer Mundo.
Tercera alternativa: Expropiación de las materias primas estratégicas del Tercer Mundo mediante conspiraciones o guerras. Estos actos de piratería neocolonialista le permitirían buscar una salida a