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El final de la Segunda guerra mundial marcó el princi- pio de la psicología durante la segunda mitad del siglo, la cual sería de una influencia y crecimiento inauditos. En 1945 la recientemente reorganizada Asociación esta- dounidense de psicología (APA, por sus siglas en in- glés) tenía casi 4,000 miembros, una oficina adminis- trativa central, y una nueva disposición para apoyar a los psicólogos aplicados y clínicos. La Administración de veteranos (AV, por sus siglas en inglés) en particu- lar, vio la necesidad de profesionales especializados para tratar con veteranos que habían vuelto de la gue- rra con problemas psicológicos y emocionales. La AV y el Instituto nacional de salud mental (NIMH, por sus siglas en inglés) planearon subsidiar la capacitación en psicología clínica, junto con el entrenamiento en otras profesiones de salud, si las universidades capaces de ta- les cursos podían ser identificadas. Un comité de la APA proporcionó al gobierno una lista de tales programas de titulación (22) y se inició el proceso de acreditación.

18 FUNDAMENTOS DE PSICOLOGÍA CLÍNICA

Carl Rogers, el presidente de la APA en ese momento, comisionó a David Shakow para formar un Comité de capacitación en psicología clínica (Comité, 1947). Su informe se volvió la base para una conferencia patroci- nada por el NIMH en Boulder, Colorado, en 1949. Unos 70 miembros del cuerpo de profesores universita- rios involucrados en los programas de acreditación se reunieron con otros interesados para desarrollar normas consensuales para la educación y capacitación en psico- logía clínica. Casi todos estos participantes eran psicó- logos de una nueva generación, interesados e involu- crados en la aplicación de la psicología a los problemas clínicos. Estos nuevos psicólogos clínicos en surgi- miento, a menudo los niños de inmigrantes, bien familia- rizados con la Gran depresión, templados por la guerra, educados y capacitados en escuelas y universidades pú- blicas, fueron llamados a definir su campo y proponer normas de educación y entrenamiento para los estu- diantes que los seguirían.

La importancia de la Conferencia de Boulder en cuanto a la formación de la psicología clínica no puede enfatizarse demasiado. La decisión de que los psicólogos clínicos deben entrenarse como doctores en psicología general aseguró que la psicología clínica se acomoda- ría bien entre las ciencias, marcada por una base empí- rica, generando conocimiento vía el método científico. La demanda de experiencia práctica y un periodo de capacitación predoctoral significó que los psicólogos clínicos mantuvieran presente la complejidad de las ne- cesidades y problemas humanos, y que se capacitaran en evaluación y tratamiento (Raimy, 1950). El hecho de que los psicólogos clínicos fuesen educados y espe- cializados para ser tanto científicos como profesionales creó un modelo no conocido previamente en las cien- cias o las profesiones, lo cual significaba un esfuerzo intrépido por integrar ciencia y práctica en un campo en evolución.

El modelo Boulder de capacitación clínica continúa en la mayor parte de los programas de doctorado en universidades. El plan de estudios normalmente inclu- ye dos años de requisitos académicos en áreas generales de psicología, tales como la cognoscitiva, de desarro- llo, experimental, de historia y sistemas, de personali- dad, de fisiología, y de psicología social. Se cubren la psicopatología y los métodos de evaluación e interven- ción, y se incluyen entrenamiento práctico dirigido y un año de capacitación predoctoral. Además de la ins- trucción académica y la vigilancia clínica, se espera que los estudiantes aprendan a dirigir investigaciones

y que estén familiarizados con los diferentes métodos estadísticos necesarios para evaluar resultados. La ma- yoría de los programas requieren un proyecto de inves- tigación a nivel maestría y una tesis de investigador original para el doctorado. El tiempo para completar un grado en psicología clínica va de cuatro a seis o siete años, y un año de vigilancia posdoctoral es requerido por la mayor parte de los estados para la certificación.

En los primeros años del modelo Boulder, los gra- duados ocuparon trabajos en el sector público o se vol- vieron profesores en colegios y universidades. Si bien un gran número de estudiantes se interesó en la psico- logía clínica, muchos volvieron su atención a las acti- vidades profesionales, y se plantearon preguntas sobre el modelo Boulder de capacitación. Algunos ya habían no- tado las limitaciones de la psicología clínica cuando se estaba desarrollando. Seymour Sarason, uno de los par- ticipantes de Boulder, escribió cuidadosamente acerca de su decepción respecto a que la psicología clínica ha- ya abandonado su legado de trabajo con niños en los am- bientes educacionales y comunitarios (Sarason, 1988).

Muchos notaron que los psicólogos clínicos estaban trabajando en "las casas de otras personas" (por ejem- plo, en psiquiatría) y que habían abrazado demasiado pronto un modelo sobre la patología en lugar de consi- derar la adaptabilidad y elasticidad de las personas en- frentadas con la adversidad. George Albee le recordó a los psicólogos clínicos que la ocurrencia de una enfer- medad o desorden nunca había sido alterada tratando a individuos uno por uno, como ocurre en la psicotera- pia. El instó a los psicólogos clínicos a dirigir su talen- to a la prevención y a atacar los problemas sociales de la pobreza, la violencia y la discriminación, que condu- cen a problemas individuales (Albee, 1968, 1970). Sin embargo, las preocupaciones principales fueron plan- teadas por profesionales que pensaron que los psicólo- gos clínicos y el público al que ellos servían, estarían mejor preparados si tuviesen más capacitación en acti- vidades clínicas y menos énfasis en hacer ciencia. Ya en 1951 (dos años después de la conferencia de Boul- der), Gordon Demer comenzó un programa de "estu- diante-profesional" para doctorado en la Universidad de Adelphi, el cual permitió a los estudiantes comple- tar disertaciones no empíricas como psicohistorias o formulaciones teóricas. El programa fue acreditado en

1957, pero pasaría otra década hasta que un segundo programa clínico profesional fuera introducido por Do- nald Peterson ofreciendo un grado de "Doctor en psico- logía" en la Universidad de Illinois. Los estudiantes

completaban el programa clínico regular, pero optaban por más experiencia práctica y sustituyeron con un pro- yecto clínico la tesis de investigación.

Un cuestionamiento escéptico del modelo Boulder era exactamente lo que un científico esperaría. Casi to- dos estaban contentos de que el modelo de capacitación científica, aun cuando los psicólogos clínicos no hicie- ran investigación, lleva a un espíritu de experimenta- ción, un continuo cuestionamiento de las suposiciones, una buena disposición para considerar explicaciones alternativas y una resistencia para aceptar teorías dog- máticas o autoritarias sin apoyo empírico. Además de los beneficios de los hallazgos de la investigación, se hacían necesarias la apertura a las nuevas ideas y un respeto por la evidencia objetiva, mientras los psicólo- gos clínicos se esforzaban por definir y desarrollar una disciplina en evolución.

Sin embargo, los psicólogos profesionales se en- frentaban ante las demandas inmediatas de clientes con desestabilidad emocional que no podrían esperar años de investigación empírica y de hallazgos científicos. Es más, los servicios de salud mental no estaban disponi- bles para las personas en zonas poco urbanizadas, co- mo las rurales y las interurbanas. Los programas clíni- cos de doctorado basados en universidades habían mantenido deliberadamente bajas sus aceptaciones pa- ra apoyar a los estudiantes en el aspecto financiero y ofrecerles la orientación en la investigación individual científica. Al final de los años sesenta, al notar que los dos programas clínicos acreditados en el estado de Ca- lifornia, en Berkeley y Los Ángeles, graduaban menos de una docena de estudiantes clínicos cada año, los pro- fesionales empezaron sus propios programas de capa- citación. Nicholas Cummings fundó la Escuela de psi- cología profesional de California en 1969, ofreciendo un doctorado en psicología clínica, con sedes estableci- das libremente en Berkeley, Fresno, Los Angeles y San Diego, con el apoyo entusiasta de la Asociación psico- lógica del estado de California. Una segunda conferen- cia, que se llevó a cabo en Vail, Colorado, unos veinte años después de la de Boulder, adoptó un modelo de capacitación profesional (Korman, 1974). Los psicólo- gos clínicos continuarían aprendiendo psicología gene- ral y siendo "consumidores" de la ciencia de la psico- logía, pero su principal educación y capacitación sería en procesos clínicos y prácticos. Estos programas fue- ron bastante atractivos para los estudiantes y en las si- guientes dos décadas más de cuarenta escuelas profe- sionales y programas se establecieron y se acreditaron.

Algunos ofrecieron el doctorado en filosofía y otros en psicología; algunos en universidades y otros de mane- ra independiente.

El modelo escolar profesional es muy diferente al modelo de Boulder en formas que van mucho más allá del énfasis en la capacitación científica. Como otras es- cuelas profesionales, en leyes o en medicina, la mayor parte de los programas no se alojan dentro de las artes y ciencias tradicionales en una universidad. Incluso cuando se localizan dentro de la academia, las unidades profesionales son independientes, con su propio decano y estructura administrativa. Se admite una gran canti- dad de estudiantes para los programas de titulación; las facultades son más pequeñas y son a menudo profesio- nales de medio tiempo quienes enseñan en el programa. Los cursos son extensos y los estudiantes generalmen- te siguen un plan de estudios fijo. La ayuda financiera a través de becas no está generalmente disponible y los costos de matriculación son pocas veces diferidos. Es cuatro veces más probable que los estudiantes sean ad- mitidos, pero seis veces menos probable que el profe- sional reciba el total de fondos para los programas orientados a la investigación (Mayne, Norcross y Sa- yette, 1994).

Muchos estudiantes todavía se capacitan para tener derecho a las clínicas en los programas de maestría, pe- ro la APA reconoce la práctica independiente de la psi- cología clínica sólo en el ámbito doctoral. No obstante, se otorgan aproximadamente 8,000 títulos de maestría en psicología cada año, y gran parte de este grupo pro- porciona servicios clínicos, sobre todo en instituciones públicas. Las cifras para el empleo y la satisfacción en el trabajo son similares para los psicólogos tanto a ni- vel de maestría como de doctorado. Los psicólogos a nivel maestría se encuentran organizados en el ámbito nacional y son reconocidos por los estatutos legales en 27 estados.

Mientras la psicología profesional estaba creciendo rápidamente, los profesionales doctorados empezaron a organizarse para buscar apoyo legislativo. Un Regis-

tro nacional de proveedores para el cuidado de la sa- lud fue publicado en 1975, y la Junta estadouniden-

se de examinadores en psicología profesional de nuevo hizo énfasis en el diplomado, reconociendo la competencia profesional en psicología clínica (así co- mo en otras áreas de especialidad, como la asesoría, la industrial/organizacional y la escolar). La APA em- prendió varias iniciativas para apoyar la psicología pro- fesional. Se extendieron normas de acreditación para

incluir programas profesionales. Fue adoptado un mo- delo de proyecto de ley de certificación, y se ofreció ayuda a las asociaciones estatales en sus esfuerzos pa- ra obtener certificación o autorización para los practi- cantes, así como paridad con otros profesionales de la salud. Se libraron batallas para que los psicólogos fue- ran reembolsados por terceros (las compañías de segu- ros) y para lograr privilegios en el trabajo dentro de los hospitales. El código ético de la APA fue revisado para aclarar las normas de tratamiento. Los psicólogos desa- rrollaron sus propios planes de seguro para proporcio- narse protección contra las demandas por negligencia. Quizá una de las cuestiones de mayor importancia pa- ra los profesionales fue el hecho de que la APA dio sus primeros pasos para desarrollar una rectoría de práctica apoyada por cuotas adicionales pagadas por los profe- sionales, esto para impulsar y proteger todas sus activi- dades. La APA estableció un Colegio de psicología profesional en 1995, para ayudar a los psicólogos a ob- tener certificación en áreas de competencia como con- sultaría en abuso de sustancias. Los psicólogos profe- sionales apoyados por la rectoría de práctica de la APA empezaron a abogar por los privilegios de prescripción, y se desarrollaron programas de capacitación para psi- cólogos seleccionados, con la intención de lograr com- petencia en la prescripción de ciertos medicamentos psicotrópicos.

El crecimiento de la APA y el énfasis en asuntos profesionales exacerbó los ya duraderos conflictos entre los psicólogos científicos y los profesionales. Mien- tras maduraba la disciplina de la psicología, muchos psi- cólogos científicos, sobre todo, se sintieron atraídos pa- ra crear las sociedades más especializadas (como la de neurociencia o la Sociedad para la investigación en el desarrollo del niño) en lugar de una asociación de psi- cología general, sobre todo una que pareciera estar muy enfocada en los problemas de gremio. Algunos psicó- logos académicos se involucraron tanto en la imagen "clínica" de la psicología que empezaron a identificar- se a sí mismos con términos diferentes a psicólogo, co- mo serían "neurocientífico" o "psicolingüista". Incluso algunas secciones académicas cambiaron sus nombres de psicología a términos como ciencias cognoscitivas. La APA creó varias comisiones y grupos de trabajo en- cargados de recomendar una posible reorganización de la APA para establecer la trayectoria de su gobierno y satisfacer las necesidades de los científicos, quienes ahora eran una minoría del total de miembros. En 1988 el consejo de representantes de la APA recomendó di-

cho plan a los miembros para su aprobación. Conside- rables controversias rodearon la propuesta de reorgani- zación favorecida por los científicos, pero no por los profesionales. Los científicos ya habían empezado a reorganizarse dentro de la APA para formar una Aso- ciación de psicología científica y aplicada (ASAP, por sus siglas en inglés). Temerosos de que fallara la reor- ganización, otro pequeño grupo de seis psicólogos (la mitad de ellos mujeres) se reunió un día de verano en Belchertown, Massachusetts, distante unos 95 años y 45 millas del lugar de fundación de la APA. Ellos (Kathleen Grady, Milton Hakel, Virginia O'Leary, Ste- ve Hays, Bonnie Strickland y Logan Wright) escribie- ron estatutos para una nueva sociedad científica inde- pendiente para psicólogos: la Sociedad psicológica estadounidense (APS, por sus siglas en inglés).

Cuando el plan de reorganización fue derrotado por los miembros de la APA, los 1,200 miembros de la ASAP votaron para convertirse en la APS. Janet Spen- ce, presidente de la ASAP, se hizo presidente de la APS y Charles Kiesler fue el presidente anterior. Alan Kraut fue contratado como el primer director ejecutivo. En 1990 los científicos clínicos establecieron la Asocia- ción estadounidense de psicología aplicada y preventi- va (AAAPP, por sus siglas en inglés), estrechamente unida a la APS, para representar y defender sus intere- ses. En menos de una década, la APS tenía más de

16,000 miembros, incluso estudiantes, y publicó varios periódicos; era una voz fuerte, sobre todo en el Congre- so, para la disciplina y la ciencia de la psicología. La AAAPP tenía cerca de 2,000 miembros, un boletín in- formativo, y un periódico. Una vez más las tensiones entre los científicos y profesionales se habían vuelto tan fuertes que la psicología en Estados Unidos fue re- presentada a través de varias organizaciones naciona- les. Cincuenta años después de que la Asociación estado- unidense de psicólogos aplicados, con una mayoría de practicantes, se apartó de la APA, la Asociación psi- cológica estadounidense, con una mayoría en científicos básicos y aplicados, empezó a aparecer. Una vez más, científicos/practicantes, esta vez en mayores cantida- des, rompieron sus lealtades por las asociaciones na- cionales.

¿ Q U É HACEN LOS PSICÓLOGOS

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