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Los objetivos principales de la bibliografía son dos: identificar los documentos e informar sobre sus contenidos. De estos dos objetivos principales se deriva su utilización: ayudar a la catalogación mediante la identificación, prestar apoyo a la adquisición de nuevos fondos en las bibliotecas, servir de base para los servicios de préstamo y, sobre todo, proporcionar información bibliográfica sobre documentos existentes atendiendo a diversos criterios.

Algunos autores, como Malclès consideran, sin embargo que la bibliografía se ocupa exclusivamente de los documentos impresos; ello dejaría fuera de su campo no sólo a los manuscritos sino también a los soportes audiovisuales.

Las Nuevas Tecnología y los nuevos soportes de la escritura, no obstante, han ampliado el campo que se puede considerar propio de la bibliografía, ampliando la tipología de repertorios bibliográficos.

Funciones

Las bibliografías son obras de referencia, ya que son instrumentos elaborados con el propósito definido de servir para la información referencial de forma puntual y rápida. Son también documentos secundarios, que contienen la descripción de documentos escritos -en cualquier tipo de soporte-, ordenados siguiendo un sistema preestablecido. Sus funciones informativas son:

1. Identificar los textos. 2. Informar sobre los temas

3. Son instrumentos relacionados con el incremento de los fondos: se utilizan en los procesos de selección y adquisición en bibliotecas y centros de documentación.

4. Sirven como modelos de catalogación y clasificación en las unidades de información.

5. Son utilizadas como fuente para usos diversos relacionados con los servicios de información y préstamo.

6. Pueden convertirse en material para la redacción de instrumentos utilizables en el servicio de referencia (difusión selectiva de la información)

7. Sirven para establecer el inventario de la producción intelectual de características científicas o permitir la verificación del punto de avance de cualquier tema científico.

3 – TIPOLOGÍA

Se puede establecer una tipología de bibliografías según la clasificación que propone Gloria Carrizo:

1. Materia de la que tratan a. generales b. especializadas 2. Forma de la información a. descriptivas o sintéticas b. analíticas o anotadas c. críticas o razonadas d. históricas e. catalográficas

3. Procedencia de la muestra (fuente utilizada) a. primarias o de primera mano

b. secundarias o de segunda mano. 4. Ámbito geográfico de las obras que aparecen

a. internacionales b. nacionales c. regionales d. locales

e. topobibliografías: ordenados por localidad de impresión f. tipobibliografías: ordenados por el taller de impresión 5. Ámbito cronológico

a. corrientes o en curso b. retrospectivas

6. Naturaleza de los libros recogidos

a. de monografías o libros en general b. publicaciones periódicas y seriadas c. artículos de publicaciones periódicas d. de obras anónimas o pseudónimas e. comerciales

f. bibliofílicas o especiales g. para ciegos

h. de los mejores libros y más vendidos i. incunables 7. Amplitud de la muestra a. exhaustivas b. selectivas 8. Difusión a. anunciadas o conocidas b. ocultas o escondidas

Isabel de Torres recoge además, según la forma exterior del repertorio, los siguientes tipos: impresos, fichas, microfichas, en-línea y en CD-ROM.

4 – METODOLOGÍA

Independientemente del procedimiento de elaboración de la bibliografía, manual o automático, el método que hay que usar es el mismo, pues la utilización de los instrumentos informáticos y el uso de los nuevos soportes no suponen un cambio esencial en la definición de la bibliografía, ni en la formulación de sus objetivos.

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El método bibliográfico, según Jaime Moll, consiste en efectuar la búsqueda de materiales mediante la consulta de las fuentes de información; la identificación de los mismos mediante la comprobación de su existencia y el análisis de cada documento y su descripción mediante la adopción de una determinada normativa. Y la manera concreta de realizar dichas tareas depende de la finalidad del repertorio bibliográfico.

Las fases que hay que seguir a la hora de confeccionar una bibliografía se pueden resumir en estas seis:

1) Elección y delimitación del objeto

La elección del tema es la primera tarea siempre que éste no esté delimitado por la finalidad del repertorio, como es el caso de las bibliografías de trabajos de investigación y bibliografías nacionales.

Es necesario definir el tema sin ambigüedad, para poder pasar a delimitarlo. Para delimitar un repertorio bibliográfico, se puede atender a dos criterios principales:

1. a los autores que se recogen

a. conocidos: individuales o colectivos (de un lugar, época, etc) b. desconocidos: anónimos o pseudónimos

2. a las obras recogidas

a. factores intrínsecos: (lengua, lugar, materia, época, etc) b. Factores extrínsecos: (lugar de conservación, rareza)

La delimitación se refiere tanto a cuestiones formales como conceptuales. Cuestiones formales a tener en cuenta son:

• Número de documentos que han de incluirse • Formato que va a adoptar

• Tipo de documentos que se incluirán • Lenguas, lugar y fecha de publicación

• Tamaño y consistencia física, manufactura y calidad bibliológica.

Los criterios conceptuales son más subjetivos y su aplicación es una tarea que requiere mayor esfuerzo intelectual. Pueden citarse:

• Aspectos cronológicos y geográficos referidos al contenido

• Tipo de obras según su finalidad: divulgación, escolares, científicas • Paternidad intelectual, calidad intelectual de las obras.

2) Búsqueda y recogida del material

Tal búsqueda no debe ser improvisada, sino que ha de hacerse siguiendo un modelo riguroso ya establecido y adecuándose a la naturaleza del repertorio que se va a elaborar. Lo ideal sería manejar directamente los textos que se van a referenciar en la bibliografía. Esto, salvo excepciones, no es posible, por lo que los bibliógrafos han de valerse de fuentes preexistentes, cuyas informaciones deben de ser siempre comprobadas.

Las fuentes para la búsqueda pueden ser de todo tipo (bibliográficas, catalográficas, comerciales) y estar contenidas en cualquier soporte. El bibliógrafo debe conocer todas las fuentes que existen, para saber utilizarlas con provecho.

3) Identificación y ponderación del material recogido

Una vez recogido el material, hay que proceder a identificarlo y valorarlo. La identificación consiste en una doble operación: verificar la correspondencia exacta entre los títulos seleccionados y las obras realmente existentes y aquilatar el grado de exactitud de los datos consignados en la fórmula que representa cada libro.

Después de la identificación se impone la decisión de incluirlo o no en el repertorio. Para ello ha de valorarse su pertinencia y relevancia. La primera se refiere a la conexión entre el contenido del texto y del repertorio. Hablar de relevancia equivale a valorar que, cualitativa y/o cuantitativamente, puede hacer una aportación al instrumento que se redacta.

4) Descripción de cada documento: elección del método de descripción. Determinación de la amplitud de las referencias y anotaciones

Los datos recogidos se transforman por medio de descripción bibliográfica en la referencia o noticia bibliográfica. Es una fórmula normalizada más o menos amplia, de acuerdo con los criterios que se hayan establecido, según el sistema y nivel de descripción elegidos, que vendrán determinados por la naturaleza del repertorio que se elabora, sus potenciales destinatarios y los contextos en los que se inserte.

Existen diversas normas de elaboración de repertorios (Vancouver 2000) , si bien destaca la norma ISO 690-1987 sobre “Documentación. Referencias bibliográficas. Contenido, forma y estructura”, que tiene su versión española en la norma UNE-104-1994 y una versión para referenciar recursos electrónicos, la ISO 690-2 de 1997.

En cualquier caso, no debe perderse de vista la concisión, claridad y coherencia a la hora de realizar las referencias bibliográficas. En su redacción hay que considerar los siguientes aspectos:

a) los elementos que la integra: autor, título, datos de publicación, descripción física, colección, notas y número normalizado

b) la secuencia en la que se van a disponer tales elementos

c) la puntuación, el empleo de los espacios y la presentación tipográfica de los elementos, a fin de facilitar el uso y recuperación de la información.

La inclusión o no de anotaciones es una decisión del bibliógrafo. Su presencia cualifica los repertorios bibliográficos. Por anotación se entiende cualquier apreciación o evaluación del contenido de un libro, como aporte personal de quien lo describe o como cita tomada del propio libro o de otra fuente. No forma parte de la noticia propiamente dicha y tienen finalidad orientativa.

5) Ordenación del material

La organización de las referencias supone plantear y resolver lo que será la arquitectura del repertorio: diseñar los puntos de acceso, elaborar los índices y dejar resuelta la estructura global. La ordenación consiste en establecer la secuencia lineal de las noticias dentro del repertorio. Puede existir una ordenación primaria, que integre a la vez otras ordenaciones secundarias o terciarias.

Tradicionalmente se han utilizado tres sistemas de ordenación: alfabético, cronológico y clasificado. El orden alfabético puede referirse a los autores, a los títulos o alas materias, a los lugares de edición o impresión. El orden cronológico toma en consideración el año en que se publica el texto. El método clasificado utiliza un criterio sistemático de materias o bien geográfico, en el que los asientos se relacionan jerárquicamente (países, provincia, ciudad).

En esta fase se han de tener en cuenta la visibilidad, certeza, permanencia e inteligibilidad.

6) Presentación formal y tipográfica del repertorio

Esta fase es responsabilidad tanto de bibliógrafos como de editores. Supone la elección del título y subtítulo, introducción, organización de los índices.

Es importante explicar en la introducción aspectos como las fuentes utilizadas, la norma de descripción utilizada, el sistema de ordenación, organización y los índices. La presentación final de un repertorio depende de una serie de decisiones previas que el bibliógrafo ha de tomar en relación con la forma externa que adopta su investigación. Además, hay que prestar atención a la corrección de pruebas, pues en ningún trabajo intelectual es más fácil cometer un error, y en ninguno un simple error tipográfico puede tener consecuencias tan negativas como la creación de lo que se denomina ediciones fantasmas, es decir, que sólo existen en las bibliografías.

Por último, siguiendo a Simón Díaz, cabe decir que si los procedimientos informáticos han facilitado la tarea bibliográfica, no han implicado la desaparición de

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los bibliógrafos, pues la calidad del trabajo de la máquina será siempre consecuencia del especialista. La búsqueda de los documentos básicos, su elección, su análisis, los criterios de ordenación que han de usarse constituyen la parte primordial del trabajo bibliográfico que un sistema informático puede realizar.

5 - BIBLIOGRAFÍA

TORRES RAMÍREZ, Isabel de. Qué es la bibliografía: introducción para estudiantes de biblioteconomía y documentación. Granada, 1996

TORRES RAMÍREZ, Isabel de. “Las fuentes de información. Metodología del repertorio bibliográfico”. En Manual de Ciencias de la Documentación. Madrid: Pirámide, 2002

CARRIZO SAINERO, Gloria; IRURETA-GOYENA, Pilar; LÓPEZ QUINTANA, Eugenio. Manual de fuentes de información. Zaragoza: Cegal, 2002.

1 – ANTECEDENTES

Aunque algunos autores consideran que la bibliografía nace con la imprenta, porque los elementos que constituyen los repertorios bibliográficos son los textos impresos, se pueden ver como antecedentes remotos de la bibliografía todas las relaciones de autores o de obras que se elaboran desde la Antigüedad y durante el Medievo, cuando la abundancia de libros hace necesario disponer de medios que permitan conocerlos.

Edad Antigua

Durante la Época Clásica se pueden considerar como incipientes bibliografías las Pinakes de Calímaco, bibliotecario de Alejandría en siglo III a.C. Consistían en unas tablas de carácter bibliográfico en las que se recogían todos los personajes que, hasta el momento, habían escrito, llegando a superar los 700.000 volúmenes.

En la biblioteca de Pérgamo es destacable la bibliografía elaborada por Galeno de sus propias obras: de libris propiis liber y De ordine librorum sourum liber.

En Roma se elaboran las pilae, que se pueden considerar primitivos catálogos de editores y libreros. Señalaban los títulos de libros que se vendían en las librerías o tabernae.

Edad Media

En la Edad Media, y como prolongación de las bibliografías confeccionadas en roma, surge con gran fuerza la literatura hagiográfica o vidas de santos. Denominados comúnmente catalogus, nomenclaturas, index o bibliothecas, son obras dedicados a hombres de la cultura eclesiástica que recogen tanto su biografía como un repertorio de sus escritos.

De estas hagiografías destacamos De viris ilustribus, y De scriptoribus eclessiasticis de San Jerónimo, y la Historia ecclesiastici: notitia de se ipso et libris suis, en la que Beda el Venerable publica la lista de sus escritos.

En España tenemos las Etimologías o Los Orígenes de San Isidoro de Sevilla (570-636), obra enciclopedia que resumen gran parte de los conocimientos acumulados por la humanidad y se citan no menos de 160 escritores de la antigüedad. De San Isidoro también es De viris ilustribus, que supone un intento de sistematización de la referencia bibliográfica, ya que cada una cita el nombre del autor, cargo eclesiástico, lugar donde lo ejerce, y obras escritas.

En esta línea, hay que considerar los inventarios que se realizaban los monasterios. En ellos se relacionaban los bienes monacales entre los que figuraban los libros que formaban parte de la biblioteca monástica.