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¿Por qué parece que estuviera todo lleno de m ujeres solas en una sociedad con un 10% de hom bres?

En prim er lugar, porque en una sociedad donde la m itad de los m a­ trim onios acaban en divorcio por iniciativa fem enina, los hom bres van rotando entre m ujeres que acaban expulsándolos de su vida. Y lo que ellas cuentan es: “Qué desastre era mi ex ”. Así que toda m ujer siente

Ana von Rebeur

que estar en pareja es cuestión de aguante, porque hom bres adecuados no hay: lo que hay son hom bres reciclados.

Además, a las mujeres siem pre se les dificulta el encuentro m ás que a los hom bres, por un asunto de tiempos. Antes de los cumplir veinte es fácil encontrar un amor, pero hoy en día ninguna mujer se quiere casar tan pronto, porque hasta los treinta se dedica a su profesión. Para cuando esté lista para casarse, cerca de los treinta, cuando su carrera ya está consolidada, la m ayoría de sus ex novios se casaron, o decidieron no hacerlo nunca. Y ella se encuentra raspando el fondo del tarro de hom bres para ver que los que quedan son todos casados, divorciados enam orados de su nueva libertad, divorciados buscando m ujeres más jóvenes o donjuanes perdidos.

Algunas mujeres se han vuelto dem asiado exigentes, por eso se que­ jan de que no hay hombres.

Pero, en verdad, la m ujer es quien tiene que invertir largos años en la m aternidad. Y es la que tiene m ás para perder con un com pañero inadecuado. Por eso debe ser doblem ente cuidadosa para saber elegir un com pañero generoso y confiable.

Sabem os tam bién que la m ayoría de las mujeres se cuidan m ás que la m ayoría de los hom bres. Ellos son m ucho m enos exigentes consigo m ism os. Ellos no suelen preocuparse por su aspecto, ni hacen dietas ni tratam ientos de belleza com o las mujeres, y tam poco cuidan su forma­ ción cultural, por lo cual el abanico de posibilidades de una m ujer que busca uno a su altura se reduce muchísimo.

También sucede que a los treinta, una m ujer ya está tan form ada com o persona, y .tan acostum brada a estar sola, que cada vez le cuesta m ás adaptarse al m odo dé ser de otra persona. Nos guste o no, para lograr un rom ance hay que renunciar a nuestras m anías y adaptarse a las neuras del otro. Y m uchas m ujeres de treinta dicen: “Con Luis no, porque fuma habanos; con Miguel no porque anda descalzo; con Juan no porque sus hijos m e estropean el jardín y con Carlos no porque no tolera a mis veintitrés gatos”.

Todo se complica cuando una mujer se enam ora, porque las mujeres creen que si están enam oradas deben dedicarse por completo a agra­ darle a su hombre, y a estar juntitos y pegaditos. Entonces em piezan a exigirle a él que pase m ás tiempo con ella. Y ella se esm era tanto para que la relación sea un idilio total que él se siente asfixiado, y la deja. Y

¿Por qué le tem en al compromiso?

ella dice: “Todo estaba perfecto, no entiendo por qué él desapareció”. Como ella dejó de lado su propia vida por zambullirse de cabeza en la de él, le cuesta horrores retom ar su vida de antes, de mujer independiente. Y esto de ya no recordar cóm o se está sola le causa tal dolor que acaba siendo ella quien le tem e a la intim idad y al com prom iso. ¿Otra vez dedicarse a alguien que la abandona? No, m ejor dedicarse a hom bres con los que ni siquiera podría com enzar una relación. Y así sigue sola y am ad a por sus gatos.

A esta altura, debes saber que la m ejor m anera de espantar a un hom bre es m ostrándote un 100% dedicada a él. Y no es raro, ya que tú m ism a te espantas de los hom bres que se dedican a ti en un 100%. ¿O no recuerdas que cada vez que has tenido un galán a tus pies, que llama todo el día, lo acabas despreciando?

Los hom bres —y tú m ism a— son com o gatitos: les echas una bola encim a, se asustan y se esconden. Pero se la echas lejos y corren tras ella. Así tam bién funciona la publicidad y la tele. Los program as más exitosos actúan com o si tuvieras que espiar a escondidas para ver algo (sólo piensa en las versiones de Gran Hermano). Y la publicidad m ás efectiva te m uestra cosas a las que no tienes acceso y por las que quiere que te desesperes. Así com o tú te asustas si te corren, sí tú corres detrás de él, se asustará.

Además, las m ujeres están tan co n tam in ad as con los m an d ato s de la sociedad patriarcal que ellas m ism as, que quieren un hom bre sensible, se encuentran con que un hom bre dem asiado sensible les produce rechazo porque no parece m uy hom bre. Entonces rechazan al h o m bre que insiste dem asiado, porque parece dem asiado desespe- rado y disponible (“¿Tan solo está? ¿No tiene n ada m ejor que hacer?”). Rechazan al que le dice cosas tiernas porque es em palagoso y parece adulador. Rechazan al que quiere una relación seria, porque es d em a­ siado previsible.

Y quizás se sientan atraídas al que no las llama, porque seguram ente está ocupado en actividades fascinantes. Y al que no les prom ete nada, porque por lo m enos es sincero. Y al que dejó su em pleo, porque se anim ó a rom per con el sistem a. Y al que nunca llega cuando dice, por­ que es independiente. Y al que nunca le cuenta lo que piensa, porque es misterioso. Y al que no quiere com prom isos, porque para ella es un reto conquistarlo.

Ana von Rebeur

Claro que este chico malo seguram ente la dejará luego de inventar un viaje urgente, y ella no sabrá nada más de él. Desengañada, ella meditará su situación y correrá a buscar al muchacho sensible que conoció primero, pero a esta altura lo encontrará casado y con dos hijos, porque cuando un hom bre quiere un com prom iso formal, si no es contigo, será con la próxima. Ella llorará toda una noche antes de com prender que ninguna mujer m oderna necesita un m acho rudo en su vida, sino un hom bre sensible, cariñoso, conectado con sus em ociones, que piense en ella, a quien sienta com o un amigo entrañable, con quien, adem ás, hay sexo.

LOS QUE NO QUIEREN COMPROMISO