4.1 Design Objectives
4.8.1 String Matching
La relación del hombre con el medio en el que vive está esencialmente c- ondicionada por este carácter productor o técnico del tener corporal hum- ano. No es esto algo «menor» para él, sino el modo mismo de estar inse-
rtando en su medio natural. Por tanto, el hombre modifica el medio al int- roducir entre él y la naturaleza un conjunto de instrumentos que le perte- necen: vestidos, útiles de cocina, aperos de labranza, armas defensivas,
depósitos, graneros, etc. Sin ellos, su vida es imposible.
Los griegos definían la casa como el conjunto de todos los instrumento-
s179 que el hombre tiene para satisfacer sus necesidades. La casa es, p- or así decir, el lugar donde se guardan los instrumentos. Todavía hoy en día esto es así: las casas tiene garaje para el coche, armarios, depósitos, graneros, etc. Aquí podemos notar otro carácter decisivo de los instrum-
entos: unos remiten a otros, no se pueden considerar aisladamente.
El martillo es para clavar un clavo. El clavo es para que la mesa tenga pat- as y pueda sostener los vasos, los vasos remiten a la jarra, la jarra es para el grifo, etc. Ningún utensilio humano se puede considerar aislada-
mente; todos guardan una relación al cuerpo y a la función que ejercen s-
obre los demás instrumentos: «al ser de útil es inherente siempre un todo de útiles»180. Un dique en un río es para almacenar el agua, al agua es para el riego, y exige un canal, el riego es para el cultivo del maíz, el maíz es para las gallinas; las gallinas necesitan de un corral, etc. Los ejemplos son aún más claros en una ciudad: bocas de metro, cables, semáforos, aceras, parques, coches, gasolineras, camiones que llenan las gasoliner- as, refinerías, oleoductos, pozos de petróleo, etc.
Cada instrumento o útil pone al descubierto «una totalidad de útiles»181 que podemos llamar «plexo de referencia»182. El hombre vive rodeado de los
instrumentos que él mismo ha fabricado. Esos instrumentos forman un plexo o red en la cual unos se refieren a otros, y a todos ellos forman el mundo humano. Una ciudad (14.2) no es más que un plexo gigantesco de
instrumentos técnicos, dentro del cual el hombre vive. Una casa, como la entendían los griegos, es un lugar donde se guardan los instrumentos, siendo la propia casa otro instrumento que cobija a todos los demás, y al mismo hombre.
Importa mucho destacar aquí que la referencia de unos instrumentos a o- tros procede del hecho de que un instrumento abre posibilidades de cre-
ar otros nuevos, y éstos no serían posibles sin el primero: sin la rueda
no cabe inventar el carro, sin pólvora no caben las armas de fuego, sin motores no caben los coches, sin cohetes no caben los satélites, etc. Una parte no pequeña de la historia de la humanidad es el descubrimiento y
aprovechamiento de las posibilidades que ofrecen los inventos técnicos ideados por el hombre. De este modo, el proceso de crecimiento de la t-
écnica se ha ido haciendo cada vez más autónomo, pues para crear los nuevos instrumentos se parte de los que ya existen.
Por otra parte, el conjunto de útiles o instrumentos incluye en sus refere-
ncias a la naturaleza: «el bosque es parque forestal, la montaña cantera,
el río fuerza hidráulica, el viento es viento 'en las velas'»183. Y así, el plexo de instrumentos en cuanto está inmerso en la naturaleza configura el
mundo humano como paraje donde uno vive, como «todo lo que hace fre-
nte»184 y está «en torno a nosotros». El conjunto de seres naturales y
artificiales en medio de los cuales nos encontramos viviendo es nuestro «mundo», que es a la vez natural y técnico, e incluso urbano (14.2).
Como ya se ha dicho, el plexo de los instrumentos modifica el entorno físi- co original en el que el hombre se instala. El ser humano necesita modifi-
car el medio en el que vive para poder sobrevivir, o simplemente para
estar cómodo, como es el caso del aire acondicionado (cfr. 13.2). Aquí s- urge, como dijimos, el problema ecológico (4.7): esa modificación puede s- er perjudicial o excesiva para la naturaleza, e incluso no del todo necesa- ria para el hombre. Ahora lo importante es advertir que la persona humana
no se adapta el medio más que en una medida pequeña; más bien adapta el medio a él185, modificándolo mediante la técnica, según sus necesidad- es.
Por tanto, el hombre está inactivo, como los leones cuando no tienen hambre. Se mueve, va y viene, se instala, trae «sus cosas», trabaja y modifica el paraje donde vive: parece siempre afanado en mejorar su vivir (13.1). Ahora podemos entender por qué trabajar es modificar el medio, alterar el lugar donde se habita: se talan bosques, se hacen carreteras, se instalan camas, lavabos, se traen los cables de la luz y del teléfono, etc. Todo esto nos indica que el hombre no «pasa» por los sitios sin dejar huella, sino «se queda», permanece en el lugar, y lo habita, llenándolo de una red técnica de máquinas, viviendas, comunicaciones, etc., sin las cuales viviría muy mal.
«Habitar quiere decir estar en un sitio teniéndolo»186. También se puede decir que el hombre «tiene una casa» o «tiene una habitación», o «tiene u- na finca». Tener indica todo lo que hemos dicho: adscribir al cuerpo, usar algo como instrumentos, junto a otros instrumentos, vivir en un paraje del que uno es propietario. El hombre es «habitante» porque es «habiente», ambas palabras proceden del misma raíz latina «habere», que significa «tener». Habitante es el habiente, es decir, el que tiene paraje. «Los ani- males no habitan el mundo, el único que habita el mundo es el hombre: y lo habita en la misma medida en que establece en las cosas referencias a su cuerpo, según las cuales el cuerpo las tiene. Todo habitar es tener y si el hombre habita es porque es un habiente»187.
La palabra habitación tiene en castellano dos significados: un cuarto, y la acción de habitar. Muchas veces, por ejemplo cuando se habla de mi hab- itación, se emplean los dos significados al mismo tiempo. Lo que interesa destacar aquí es que: 1) se habita allí donde se tiene el plexo de instrum- entos que satisfacen las necesidades; 2) se habita en un lugar o paraje que ha sido modificado por la presencia del hombre y donde está «depos- itado» el plexo o conjunto de instrumentos que uno tiene como propios. 4.5 CONSECUENCIA DEL HABITAR
Las consecuencias del habitar son extraordinariamente importantes para entender la vida humana. Pueden considerarse desde seis planos: jurídi-
co, económico, cultural, político, ecológico (4.7) y moral (4.9). Menciona-
remos muy brevemente los cuatro primeros:
1) El tener, referido a objetos, no es algo de lo cual el hombre pueda pres- cindir: el derecho a la propiedad surge como una consecuencia natural del modo humano de trabajar, de habitar el mundo y de apropiarse los bie- nes que necesita (13.7). Si el hombre no fuese el propietario, no podría t- rabajar, ni habitar, ni consumir como suyo lo que necesita. El hombre es
propietario por naturaleza, tiene derecho a sus posesiones, a sus instru-
mentos, a su lugar de vivienda, a su casa, a su tierra de cultivo, a los bie- nes que adquiere…
Sin embargo, el conjunto de los instrumentos no es propiedad de un solo individuo, sino de la sociedad que los posee: por eso el derecho a la pro- piedad privada debe respetar el carácter común del sistema tecnológico y debe respetar también la naturaleza; es decir, es un derecho limitado, que no se puede ejercer sobre unos objetos o parajes determinados sin con-
siderar el conjunto del sistema común de propiedad y producción. El dere-
cho a la propiedad privada, por tanto, no es absoluto: ha de tener en
cuenta todos los usos, aparatos, propiedades y lugares. La propiedad y el uso privado de los instrumentos no puede perjudicar a la totalidad de los
usos, también llamada utilidad social (13.8). Una adscripción que empob-
rece a los demás, es injusta.
Además del derecho de propiedad, el carácter productor y habitante del
hombre funda una gran cantidad de derechos, bastantes de los cuales se incluyen entre los derechos humanos fundamentales188.(11.6): a) el derecho a la libertad de residencia, es decir, a habitar donde uno
quiera, a instalarse libremente. El hombre no puede estar adscrito a la tier-
ra, como ha sucedido en Rusia hasta el siglo pasado, porque eso supone volver las cosas del revés (4.2): es la tierra y sus objetos la que se adsc- ribe al hombre y no viceversa.
b) El hombre tiene además derecho a la libre circulación y a moverse de un lugar a otro; tiene derecho a viajar, a emigrar, etc.
c) Hay otros muchos derechos que pueden contemplarse aquí: el derecho
al trabajo, para poder vivir, el derecho a recibir un salario justo por el
trabajo realizado, el derecho a cambiar de trabajo, etc.
2) Las relaciones del hombre con el medio establecen un determinado r-
égimen de producción y reparto de bienes: es el orden de la economía,
un aspecto fundamental en la vida humana, en el que más adelante (13) nos habremos de detener.
3) Las modificaciones del ambiente natural no tienen sólo importancia eco- nómica ni jurídica, sino también cultural, pues la cultura es el conjunto de
todas las manifestaciones humanas (12.2), y muchas de ellas se depos-
itan en instrumentos u objetos que las expresan: la escritura y los demás modos de comunicación lingüística, que tienen unos soportes; las obras de arte; el conjunto de las casas y viviendas que el hombre edifica, etc. Más adelante trataremos de ellas (12.5)
4) La posesión de un territorio es imprescindible para la existencia y la
seguridad de las comunidades humanas. Esto plantea de inmediato probl-
emas políticos relacionados con la ocupación de los territorios por parte de los grupos humanos: esa ocupación no siempre es pacífica, y el dina- mismo del hombre le lleva a querer moverse, poseer nuevas tierras y vivir de ellas, incluso conquistándolas mediante la guerra (11.4, 13.6). La orga- nización del espacio humano y los problemas consiguientes se intensific- an cuando aparecen las instituciones (9.4) y la ciudad (14.2).