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ace años que Suecia viene actuando consecuente-mente para llamar la atención internacional sobre la situación en El Salvador, en primer término en el marco de la .»
Así decía el ministro de Relaciones Exteriores Sten Andersson en contestando una pregunta en el parlamen- to sueco sobre los escuadrones de la muerte en El Salvador.43
El hilo conductor del proceder de Suecia en el conflicto de El Salvador durante toda la década del , fue el peso que se puso en reclamar la atención sobre las violaciones a los dere- chos humanos en el seno de la Tercera Comisión44y en la
Comisión de Derechos Humanos, ambas de la .
«La política sueca para promover los derechos humanos y la ayuda humanitaria fueron coincidentes», afirma la ex comandante del Nidia Díaz.
«Durante los años Suecia actuó consecuentemente apo- yando diferentes resoluciones de la sobre El Salvador. Lo que diferenciaba a Suecia de otros países era que había un interés genuino y solidaridad; Suecia estaba dispuesta a ir un poco más allá de lo que el protocolo requería.»
En diciembre de , la junta que había tomado el poder gubernamental en El Salvador un año antes, se encontraba cada vez más a la derecha, el frente guerrillero se había constituido y la violencia aumentaba mes a mes. Suecia votó entonces por la primera resolución de la en la que se exi- gía que el gobierno de El Salvador protegiera y mantuviera la libertad y los derechos humanos. Se instaba también a todos los países a no enviar armas u otra ayuda militar al país.
Un par de meses después, Ola Ullsten, el ministro de
43 Respuesta a una pregunta del parlamentario Bertil Måbrink (partido de izquierda), de noviembre de
44 La Tercera Comisión es una de las seis comisiones de la Asamblea General que trata las violaciones a los derechos humanos. Las resoluciones que se toman son por una parte importantes señalamien- tos políticos, que todos los países desean evitar, y por otra parte orientan la acción del sistema de la para poner fin a los atropellos.
45 Respuesta a la interpelación de la parlamentaria Eva Hjelmström (partido de izquierda) y a una pregunta de Bertil Zachrisson (partido socialdemócrata), de febrero de
Relaciones Exteriores del gobierno de centro-derecha, debía responder algunas preguntas sobre El Salvador en el parla- mento. La respuesta se redactó cuidadosamente ya que el cuestionamiento sueco al suministro de armas de a la junta de El Salvador, había recibido, a su vez, duras críticas de . Cuando el embajador sueco en Washington, William Wachtmeister, pudo ver el primer borrador envió un telex de respuesta a la cancillería sueca donde escribió:
«No se puede dejar de tener en cuenta que un elemento de la irritación estadounidense es la duda de por qué nosotros nos interesamos por un pequeño y alejado país en el patio trasero de .»
Wachtmeister entendía, por ese motivo, que la respuesta debería decir algo sobre el trasfondo que motivaba el compro- miso sueco. Por consiguiente, la respuesta se concibió como una declaración política sueca:
«La principal línea en la política exterior sueca es trabajar por la independencia nacional, la solución pacífica de los con- flictos y los derechos humanos. Para una nación pequeña y no alineada como Suecia es de vital interés que el respeto por esos principios se mantenga. /…/ La solidaridad con personas sufrientes y oprimidas, donde sea que se encuentren en el mundo, no es solamente una expresión de una natural sensibi- lidad humana. Es también una forma de defender principios que son muy importantes para nuestra propia seguridad e independencia.»45
Apoyo al relator especial
En marzo de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra decidió enviar un relator especial a El Salvador para investigar la situación. Suecia apoyó esa resolución.
En la Asamblea General de la ese mismo año el minis- tro de Relaciones Exteriores, Ola Ullsten hizo una dura decla- ración sobre El Salvador donde abogó por negociaciones, el alto al fuego y un gobierno de coalición. Finalizó diciendo que el conflicto en el país era una lucha entre la oligarquía y la exigencia del pueblo de justicia y que «en esta lucha las demo- cracias del mundo deben tomar partido».
El gobierno salvadoreño solicitó réplica y acusó al gobierno de Suecia de ignorancia y de apoyo a la guerrilla y a los movi- mientos terroristas, así como al marxismo.
En los años siguientes vinieron a menudo cartas de agrade- cimiento por el trabajo de Suecia en la del -:
«Consideramos de suma importancia el papel de la comu- nidad internacional y de su ilustrado gobierno en particular», decía una carta de firmada por Guillermo Ungo.
A mediados de la década del los países latinoamericanos, principalmente México y Venezuela, tomaron a su cargo, cada vez más, el trabajo con las resoluciones sobre El Salvador de la Tercera Comisión de la y para Suecia se hizo más difícil incidir en la elaboración de las mismas.46Suecia consideraba
también que las resoluciones se volvían menos contundentes. «Pero a pesar de eso, razones de peso hablan para que nosotros acompañemos la presentación de las propuestas», escribía la cancillería a la delegación sueca en la en Nueva York en . De lo contrario se podría entender como una ruptura de tendencia.
Una resolución tomada en causó una protesta airada del Ministerio de Relaciones Exteriores salvadoreño. Cuando el nuevo embajador sueco, Krister Göransson, poco tiempo después entregó su carta de acreditación, el presidente Duarte también abordó el asunto. En primer lugar, estaba en desacuerdo con la probable prolongación del mandato del relator especial, José Antonio Pastor Ridruejo, como conse- cuencia de la resolución. Según Duarte era «humillante que se les colocara en la picota junto con dictaduras como las de Chile y Paraguay».47
Una opinión internacional
Durante los años siguientes se esforzó Suecia – con éxito – para que el relator de la pudiera continuar su tarea. En una carta al embajador sueco ante la en diciembre de el - escribe que las protestas suecas fueron decisi- vas para que la Asamblea General se abstuviera de proponer el retiro del mandato del relator.48
«El apoyo sueco era valioso, los suecos tenían mucho cono- cimiento y trabajaban por los derechos humanos», dice Abraham Rodríguez, uno de los conductores políticos de la democracia cristiana durante ese tiempo.
«Suecia contribuyó a que se formara una opinión interna- cional para conseguir el fin de la guerra a través de negocia- ciones.»
En la preparación de la resolución en la Asamblea General
46 Esta tendencia no era solamente válida para El Salvador. Los países latinoamericanos hacían esfuerzos para hacer del tratamiento de la a las violaciones a los derechos humanos en la región, una cuestión solamente latinoamericana.
47 En su informe de el relator especial de la consideró. entre otras cosas, los asesinatos políticos (cuyo número había sin embargo disminuido en comparación con el año anterior), las desapariciones y la situación de los presos políticos.
48 El mandato de los relatores especiales debe ser renovado cada año. Normalmente la Comisión de Derechos Humanos toma la decisión de mantenerlo o no.
en diciembre de , Suecia tomó la iniciativa para una reunión con otros países europeos para intentar conseguir un enunciado de mayor fuerza que los presentados en años ante- riores. Pero la cuestión era delicada y varios países dudaron. El grupo latinoamericano no estaba dispuesto a dejar entrar a Europa en las negociaciones.
Los dramáticos sucesos en El Salvador – con la ofensiva del y el asesinato de los sacerdotes jesuitas – hicieron que finalmente varios países europeos se decidieran por tomar una actitud fuerte y por presentar su propia propuesta. Como resultado los países latinoamericanos aceptaron negociar.
La propuesta que más tarde se presentó fue aprobada con las cifras de votación a favor, uno en contra (El Salvador) y abstenciones (entre otros ).
El resultado puede ser considerado un éxito, constató la delegación sueca en la .
Hemos conseguido incidir en el texto en la dirección correcta y el monopolio de Latinoamérica para presentar propuestas se ha quebrado.
Con todo, más tarde, la recibiría un nuevo rol en El Salvador. Con las negociaciones y los Acuerdos de Paz fueron terminándose gradualmente las controversias sobre el país en la Tercera Comisión de la y en la Comisión de Derechos Humanos.