Resulta significativo entender el proceso de significación debido a que según Barthes (1990), la semiosis es cualquier forma de actividad, conducta o proceso que involucre signos, incluyendo la creación de un significado. Es un proceso que se desarrolla en la mente del receptor. Se inicia con la percepción del signo y finaliza con la presencia del objeto del signo en la mente. Tanto para analizar como componer portadas de revistas o en realidad, cualquier pieza gráfica, resulta imprescindible conocer el proceso de significación mental de los objetos y de cómo los significados de los objetos cambian dependiendo de la cultura, de la sociedad, y del tiempo en la que se los aplique, para así tener control sobre el proceso y los efectos del mismo.
Si bien el término signo presenta una variedad de ramificaciones dependiendo de la disciplina a la que se aplique, resulta significativo mantenerse dentro del análisis de Barthes que refiere al signo visual. Tal autor (1990) explica que el término signo generalmente se asocia con otros términos allegados, aunque desemejantes tales como „señal‟, „indicio‟, „icono‟, „símbolo‟, „alegoría‟ entre otros, cuando en realidad, según el
autor y en base a la perspectiva de Saussure, lo único que tienen todos los términos en común, es la relación que incuban entre dos partes.
Desde una perspectiva Saussureana, el significado y el significante son los componentes del signo. Según Barthes (1990), la identificación de ambos componentes hizo que se generara la doble articulación que caracteriza el criterio definicional del lenguaje. El autor sostiene que es necesario separar las unidades significativas, debido a que cada una de las unidades está dotada de un sentido propio. El plano del significante constituye el plano de la expresión, mientras que el plano del significado, constituye el plano del contenido. Un par de sinónimos para hacer alusión a estos términos podría ser forma y contenido. Siendo la forma, el significante y el contenido parte del significado.
Sin embargo, Tapia (2005) modifica el planteamiento sosteniendo que la distinción entre significante y significado que construye al signo, no permite ver el fondo de la cuestión, puesto que se establece que una materia representa un contenido único cuando en realidad, el signo engloba un problema referencial e interactúa con él, formulando, en realidad, una interpretación; tal como había propuesto Pierce con el concepto de interpretante. Tapia afirma: “La metáfora toma postura directamente sobre la interpretación y no denota en un nivel y connota en otro.” (2005, p.99). Esto significa que la metáfora da forma a una creencia o punto de vista cuando elige a sus significantes y eso no puede percibirse más que en la manifestación de su forma misma. Tapia (2005) sostiene que la teoría de Barthes supone ver al significado y al significante como dos elementos poseedores de una semejanza en común, el autor afirma: “ello sucedía, por ejemplo, en la creación de una teoría del signo icónico hecho a semejanza del modelo lingüístico.” (2005, p.98), de los cuales derivaba el concepto de connotación y denotación también como elementos poseedores de una correlación común. Sin embargo, en el discurso argumentativo, la retórica basada en la tópica y en los argumentos, se organiza en torno a reglas de intercambio de significados. En la metáfora los significados se desplazan, dando lugar a nuevas formas de manifestación supeditadas a una nueva idea
que se tenga sobre el objeto. La retórica identifica las estrategias argumentativas de los intercambios establecidos, y da lugar a la relación de elementos que no poseían una semejanza en común. Por lo que, Tapia (2005) sostiene que partir de la relación entre lo visual y lo verbal, resulta poco significativo para la construcción del diseño argumentativo, ya que, como se mencionó previamente, la elaboración de significados a partir de la retórica, es decir, su estructuración cognitiva, no parte de la naturaleza visual, sino de la conciencia de la estrategia de sentido que persigue.
Este es el punto en el cual se comienza a tener en cuenta la participación de la interpretación del lector y a los diferentes modos en que el contexto influye en la interpretación del significado. Habiendo dicho esto, Tapia (2005) aclara que los significados atribuidos a los signos no siempre son los mismos universalmente hablando, por lo que siempre hay que tener en consideración el contexto en donde la comunicación se está efectuando, ya sea de carácter verbal o visual, para que el diseñador gráfico pueda comprender y aplicar los recursos visuales y sus significados correctamente en las diferentes sociedades, siendo su correcto uso y aplicación fundamental para efectuar los argumentos que fundarán el proceso persuasivo. En relación a esto Tapia afirma:
La toma de postura frente a lo real, y la propia competencia comunicativa de los participantes del intercambio da forma a las entidades gráficas, que tendrán que ser comprendidas no solo por sus aspectos semánticos o sintácticos sino por su aspectos pragmáticos, es decir, por su relación con auditorios y contextos particulares. (2005, p.95).
Habiendo dicho esto, se puede concluir diciendo entonces, que el Diseño Gráfico no es una práctica puramente perceptual sino que se manifiesta teniendo en cuenta los sentidos y los juicios que se quieran expresar, es decir, la percepción está supeditada a un pensamiento regulado por juicios e interpretaciones que varían en los diferentes contextos.