• No results found

Students’ Perceptions of Individual and Group Performance in Capstone Projects

La idea de engañar al enemigo para vencerlo mejor, o sea, actuar sobre su espíritu para hacer más fácil el aniquilamien­ to de su fuerza física, no es nueva. La historia del caballo de Troya da testimonio de este hecho, mil años antes de la Era Cristiana. E incluso podemos retroceder más aún, pues la historia de la primera mujer en el primer jardín es sólo la historia de una derrota que sigue a un engaño.

Probablemente, en Clausewitz (1780-1831) se encuentra el primer esfuerzo moderno de reflexión metódica sobre las relaciones que existen entre la guerra y la psicología de los pueblos. Clausewitz, desde la edad de trece años, era soldado. Más tarde, en la escuela de guerra, fue alumno de Schar- nhorst. Entre 1818 y 1830 analizó las campañas napoleónicas y de ellas extrajo una filosofía de la guerra.

En primer lugar, sienta, como principio, que la guerra es una actividad del hombre y no sólo una simple confronta­ ción de fuerzas físicas. El vencedor no es necesariamente aquel que tiene el ejército más numeroso. La moral tiene gran importancia. El pensamiento del dirigente guerrero tam­ bién la tiene. En resumen, la guerra reclama en el hombre, no solamente las fuerzas materiales, físicas, sino también las fuerzas morales y espirituales.

EL COMUNISMO FRENTE A DIOS

Lógicamente, si la preparación de la guerra nos lleva a fortalecernos en el plano de las fuerzas físicas y de las fuer­ zas morales, también deberá conducir, señala Clausewitz, a debilitar al adversario, tanto en el plano de lo físico como en el de lo moral. Textualmente escribe: «La guerra no se

deriva necesariamente del hecho de la invasión, SINO DEL HECHO DE LA DEFENSA QUE EL INVADIDO OPONE AL INVASOR.» Lenin, que había leído a Clausewitz, anotó

precisamente este pasaje, que fue el punto de partida de la intuición esencial, tanto de la guerra subversiva como de la guerra revolucionaria.

En todos los tiempos, los contendientes se han esforzado por intimidar al adversario y atemorizarlo. Los antiguos griegos daban el asalto profiriendo insultos, y los movimien­ tos derrotistas que, en la época de la decadencia de Atenas, se repartieron por la ciudad, tal vez no surgieron por gene­ ración espontánea. Pero, hasta el siglo xx, la difusión del terror entre el adversario no es más que un esfuerzo secun­

dario destinado a facilitar el esfuerzo principal: el avance

por la fuerza de las armas.

La intuición en germen de Clausewitz, que Lenin profun­ dizará y que Hitler comenzará a poner en práctica con su «quinta columna», consiste en que pudiera invertirse esa forma de actuar. El esfuerzo principal pudiera recaer sobre la destrucción de la moral del enemigo, y el esfuerzo secun­ dario sobre la intervención de los ejércitos. Al llegar a este punto nos encontramos frente a lo que hoy se llama la guerra psicológica.

En segundo lugar, Clausewitz coloca la idea de que la

guerra no es más que la continuación de la política por otros medios. También aquí establece una estrecha relación

entre la utilización de la fuerza física y el poder propio del pensamiento. Por ejemplo, observa que pueden existir gue­ rras que no persiguen un fin extremo, sino que, por ejemplo, busquen obligar al adversario a una negociación, que cier­ tamente rehusaría en tiempo de paz. En este aspecto, Clau­ sewitz fue el precursor de la guerra fría: la tensión inter­ nacional podrá ser provacada o relajada en función de obje­ tivos políticos...

También aquí Lenin se apoderó del pensamiento de Clau­ sewitz, y, por así decir, lo integró en la estrategia de la re­ volución. Allí donde Clausewitz afirmaba que la guerra no es más que la continuación de la política, pero por otros medios, Lenin retiene el lazo de interdependencia entre la guerra y la política, pero invierte los términos. Para él, la

política no es más que la continuación de la guerra, pero por otros medios. Es necesario meditar sobre el sentido atroz

de una tal concepción. En particular, nos permite compren­

der cómo una ofensiva de paz puede constituir solamente una etapa de la guerra.

Vemos, por tanto, cómo la evolución del pensamiento militar está ligada con la estrategia de la revolución. La idea de la guerra psicológica consiste en una inversión de la pers­ pectiva clásica. Anteriormente, se esforzaban por conquistar territorios y riquezas, y después por controlar, si no los pen­ samientos, al menos las acciones de la población de ese terri­ torio, por ejemplo, mediante rehenes. Con la guerra psico­ lógica, en primer lugar se esfuerzan por controlar las inteli­ gencias y los corazones, por llevarlos a desear como un bien, y, más tarde, a favorecer la conquista que se quiere hacer del suelo y de las riquezas. En esta guerra, el objetivo esencial es la opinión pública enemiga, y la defensiva esencial la solida­ ridad psicológica de las retaguardias. Todas estas ideas es­ taban maduras en Stalin cuando Hitler lanzó las tropas del nacional-socialismo sobre Europa. El estudio de Mao-Tsé- Tung: «Los problemas estratégicos de la guerra revolucio­ naria en China» fue publicado en tal país en 1936, pero no se conoció en Europa hasta 1950, cuando los resultados de dicha guerra habían sido ya ampliamente logrados (1).

¿QUE ES EL MAOISMO?

2. EL DESARROLLO DE LAS TECNICAS PSICOLOGICAS