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CADA UNO de los capítulos anteriores de la Parte II destacaban as- pectos diversos de lo que la Escuela de Frankfurt considera la

crisis

culminante de la Ilustración: la crisis de la historia. La crisis de la Ilustración, del arte y la cultura, de la psiquis, todas fundamentales por derecho propio, constituyen perspectivas complementarias y al- ternas de la crisis general. Dicha crisis consistía en el fracaso de la historia en trascenderse a sí misma ----el congelamiento de la historia en un momento inhumano. Como dice Marcuse: «Nada indica que ésta (la historia) tenga un buen fin. Las capacidades económicas y técnicas de las sociedades establecidas son bastantes amplias como para permitir las adaptaciones y concesiones al más débil, y sus ejér- citos están suficientemente entrenados y pertrechados para ocupar- se de las situaciones críticas» 1. La historia ha alcanzado un punto

de deshumanización completa. Para la Escuela de Frankfurt, el as- pecto más aterrador de la situación era que mostraba tocos los sig- nos de ser capaz de mantenerse a perpetuidad.

Se puede advertir el temor en el fracaso de la libertad en la medi- da en que el universo de las opciones está clausurado. El capítulo X destaca el fracaso de las opciones filosóficas, puesto que el positi- vismo y la filosofia heideggeriana contribuyeron a la clausura del uni- verso de las opciones auténticas (es decir, subversivas y progresivas). El capítulo XI se ocupa del fracaso de las opciones estéticas ante el ataque conjunto de la estética tecnologizada y la industria cultural monopolista y burocratizada. El arte, crítica trascendental subjetiva de la realidad, se convirtió en recapitulación y afirmación de lo exis- tente o en una abstracción fraudulenta de lo concreto. Por último, el capítulo XII reflexiona sobre el fracaso de las opciones psíquicas, en la medida en que el desarrollo del principio tanático exigió la su- presión sistemática del erotismo auténtico y posible para la existen- cia humana.

1 Marcuse, One-Dimensional Man, p., 257; véase también Adorno, «Wird Spengler .•echtbehalten», en Kritik, pp. 94-95, sobre el fracaso de Occidente en poner freno a su impotencia precisamente en la decadencia; y Horkheimer, Critical Theory, p. 6.

LA CRISIS DE LA HISTORIA 197 Estas tres crisis constituyen aspectos diversos de la crisis general de la existencia humana —en un sentido más profundo, es la crisis de la vicia cotidiana 2. Resulta difícil definir la significación de la cri-

sis de la vida cotidiana; en cierto sentido, su esencia está en el aura. Del mismo modo que el aura, de la obra de arte es profundamente indescriptible, excepto en su diseño formal (que no comprende su verdadero sentido), así también el aura de la vida cotidiana es inde- finible. En el siguiente pasaje de Monuments of Humanity, de Adorno y Horkheimer, sobre lo laudable de la vida cotidiana, se puede espi- gar una interpretación de su significación:

Los hombres han estado siempre más tiempo en sus hogares en Francia que en ningún otro país. Pero los propios franceses no se da- ban cuenta de ello. Sus libros contenían simplemente la ideología que todos admitían. Las mejores cosas de la vida aún tenían una existen- cia separada: el tono especial de la voz, el arte de la gastronomía, los burdeles y los orinales de hierro colado. Pero el gobierno Blum ya había iniciado la ofensiva contra el respeto al individuo, e inclusi- ve los conservadores hicieron poco por proteger los monumentos 3. En la vida cotidiana francesa había algo humano. La humani- dad se conservaba en la sensibilidad para las funciones de la existen- cia. Un orinal estaba penetrado por el aura de la belleza, aun lo feo por naturaleza tenía la sensibilidad del refinamiento. El sentido de la humanidad podía encontrarse en la estimación que los individuos experimentaban por los objetos franceses. La sensibilidad del indi- viduo, en verdad la sensibilidad que es la esencia del ser humano autoconsciente auténtico, encuentra su complemento y refuerzo en las cosas que lo rodean. Pero el gobierno socialista de Blum abrió el camino al ataque de aquellas sensibilidades. Lo que se perdió fue el sentido de la singularidad; lo que se ganó, la higiene producida masivamente. Y aun los conservadores (y quizá especialmente ellos) no hicieron nada por salvar los monumentos.

La sensibilidad individual estaba en el centro de interés de la Es- cuela de Frankfurt: se preocupó por las esferas privadas que 'se opo- nían al mundo. Marcuse escribe:

2 La frase se ha tomado del título de un esayo de Karl Klare, “The Critique on Everyday Life», en Unknown Dimension, pp. 3-33.

198 EL PROBLEMA DE LA MODERNIDAD

Fue el crimen de una sociedad en la que el aumento de población agravó la lucha por la existencia frente a su posible alivio. El anhelo de más «espacio vital» opera no sólo en la agresividad internacional, sino también en el ámbito nacional. Aquí, la expansión ha invadido el ámbito interno de lo privado en las formas del trabajo colectivo, la vida comunitaria y la diversión y ha eliminado prácticamente la posibilidad de aislamiento en que el individuo, vuelto sobre su sole- dad, pueda pensar, interrogarse y saber `}.

Para la Escuela de Frankfurt, la esencia de la humanidad está en la negatividad, en la oposición a las afirmaciones de la vida coti- diana, en el rechazo de la necesidad de ser miembro de un grupo. El ataque a la esfera de lo privado constituye la esencia de la crisis histórica. Es aquí donde las otras tres crisis producen el impacto fi- nal y tienen su significación más profunda.

La crisis de la vida cotidiana es la crisis de la pérdida de lo indi- vidual como ámbito de la sensibilidad y de la negatividad. En la in- terpretación de la Escuela de Frankfurt sobre la crisis, hay algo pro- fundamente conservador. En verdad, Horkheimer escribe:

Contribuir al progreso de la burocracia totalitaria es para la izquier- da un acto pseudorrevolucionario, y apoyar la tendencia al terroris- mo es para la derecha un acto pseudoconservador. Como demuestra la historia reciente, las dos tendencias están mucho más estrechamente vinculadas que las ideas a las que apelan para sostenerse. Por otra parte, el conservadurismo verdadero que asume con seriedad la he- rencia espiritual del hombre, está muy fuertemente emparentado con la mentalidad revolucionaria 5

.

Horkheimer usa el término «espiritualidad»; es raro que lo em- plee un marxista, a menos que se piense en lo que significó la oposi- ción oficial del marxismo a la espiritualidad. Adorno y Horkheimer sienten anhelo por el pasado; se lamentan no sólo por el fracaso del socialismo en recuperar su empeño, sino también por el fracaso del conservadurismo en mantener su herencia.

El responsable inmediato del ataque a la vida cotidiana es la tec- nología, tanto en el aspecto estructural como social. Como lo expre- sa Horkheimer, «la merma del pensamiento y resistencia individua-

4 Marcuse, One-Dimensional Man, p. 244. 5 Horkheimer, Critical Theory, pp. 8-9.

LA CRISIS DE LA HIS'T'ORIA 199 les, en la medida en que es producida por los mecanismos económi- cos y culturales del industrialismo moderno, dificultará la evolución hacia lo humano cada vez más»''. El surgimiento de la tecnología es en sí mismo un problema. Este presenta dos aspectos. El primero es la reificación de la conciencia y la objetivación de la vida misma. El otro es la capacidad de terror consumado inherente al sistema.

Hasta en las mejores circunstancias, la significación de la tecno- logía reside en su capacidad para infligir al mundo el terror bruto. Después de todo, tal era la relación de la tecnología con la naturaleza 7. Como una excrecencia de lo tanático, la tecnología sólo

podía realizarse a sí misma a través de la lógica de la dominación. Pero la dominación se convierte rápidamente en terror a medida que la sensibilidad obstinada procura resistirse a la correría de la reificación s

. La tecnología no sólo tiene inclinación, sino también capacidad para vengarse por sí misma del hombre de los modos más crueles imaginables. El poder de la Alemania nazi no se apoyaba simplemente en la voluntad de hacer daño, sino en la capacidad in- terna de la tecnología (y en su propia disposición dinámica interna) para infligir sufrimiento por medio de la organización racional de los mecanismos sociales y físicos del terror.

La crueldad de la tecnología en la Alemania nazi era simplemente el momento más notorio del terror totalitario. Era el ataque más fla- grante a la esfera de lo privado y, por esta razón, quizá el más inefi- caz. Aún cuando el clamor de terror esté encubierto y no exista el momento más primitivo de crueldad, la tecnología es apta para ata- car al individuo. Marcuse escribe:

Hoy, el ámbito privado ha sido invadido y cercenado por la reali- dad tecnológica. La producción y distribución masivas reclaman al individuo en su totalidad y la psicología industrial hace ya mucho tiem- po que ha dejado de estar confinada en la fábrica. Los variados pro- cesos de introyección parecen haberse osificado en reacciones mecá- nicas. El resultado no es la adaptación sino la mimesis: identificación inmediata del individuo con su sociedad `'.

() Horkheimer, Eclipse of Reason, p. 156.

7 Ibid. , p. 93.

8 Benjamin, Zur Kritik der Gewalt, pp. 47-50.

9 Marcuse, One-Dimensional Man, p. 10; véase también Horkheimer, Eclipse of Rea-

200 EL PROBLEMA DE LA MODERNIDAD

Aunque esté ausente la inmediatez de la violencia, la tecnología se entromete en el hombre de manera tal que niega su privacidad e individualidad. Desde el principio, la lógica de la producción y el consumo masivos integraron a aquellos que eran engranajes de la máquina. La producción y el consumo se convirtieron en instrumen- tos de afirmación. Desde la lógica de la línea de montaje hasta la lógica de la industria publicitaria, la esfera de lo privado era invadi- da sistemáticamente por las fuerzas que procuraban negar al indivi- duo su última brizna de negatividad. El resultado fue la esclerosis de la conciencia. En estas condiciones, el terror fue, si bien más su- til, tanto más consumado.

En cierto sentido, por absurdo que parezca, la Escuela de Frank- furt sostiene que los Estados Unidos son peores que la Alemania na- zi. Se puede resistir la brutalidad directa: no se puede hacer frente a la lógica de la máquina industrial porque ella. seduce. Promete a los hombres no simplemente lo que necesitan de modo legítimo, si- no también lo que necesitan sólo subjetivamente. Para ser más exacto, la subjetividad humana se convierte ele objetividad gracias al meca- nismo de la psicología industrial y a la lógica del sistema en su con- junto. La misma alienación del individuo es manipulada por la inte- gración falsa del individuo en la sociedad por medio de la línea de producción y del sindicato. La totalidad psíquica prometía conver- tirse en la simple totalidad de la afirmación de una sociedad que no podía permitir la subjetividad auténtica en el individuo lo.

La tecnología, como encarnación cal de la razón, llega a preva- lecer no sólo como principio mecánico sino también como principio social. Habiendo racionalizado el modo de producción (es decir, la lucha contra la naturaleza), la tecnología se propone racionalizar la forma de producción y el control productivo mismo. Se adopta la burocracia (en el sentido weberiano) como principio social. ¿Quién puede poner en duda la racionalidad del mérito? Sin embargo, la burocratización sistemática de la sociedad rechaza inclusive el ám- bito de lo individual. Reduce los individuos a cifras de un universo estadístico. Los individuos llegan a ser significativos sólo como agre- gados; cuando son considerados como individuos sólo significan por sus posibilidades sociales. Son aceptados en verdad sólo cuando pue- den ayudar, o amenazar, al orden social. Esta concepción burocrá-