Tal y como se ha comentado en apartados anteriores de este estudio, la flexibilidad es junto con la fuerza, la resistencia y la velocidad, una de las cuatro capacidades físicas básicas. No obstante, tradicionalmente se ha considerado que la flexibilidad evoluciona a lo largo de la vida de forma diferente al resto de capacidades físicas básicas, es decir, si se observa la figura 1 extraída de Martín y Galindo (Martín & Galindo, 2009), se podrá observar que en el primer tercio de vida, la flexibilidad tiene una tendencia completamente diferente al resto de las capacidades físicas básicas, mostrando una involución casi ininterrumpida desde el momento de nacer donde se posee el 100% de flexibilidad, hasta el final de la vida, donde la flexibilidad puede llegar a ser el 15% de la que se poseía en el nacimiento, en consecuencia, y esta es una de las opiniones más extendidas sobre la flexibilidad, se está hablando de una capacidad que involuciona a lo largo de la vida o que es regresiva. En cambio, el resto de capacidades físicas, parten desde unos valores muy bajos o nulos y conforme se van cumpliendo años, estas capacidades van mejorando hasta alcanzar su mejor rendimiento entre los 20 y los 40 años, para después ir poco a poco perdiendo esos valores mientras se envejece, a excepción de la resistencia que parece mejorar ligeramente al final de la vida. Hasta este momento se ha hablado de la evolución natural de las capacidades físicas, aunque si esta evolución se ve influenciada por un
23 proceso de entrenamiento, parece existir bastante acuerdo al considerar que la fuerza, la resistencia y la velocidad pueden llegar ver modificadas sustancialmente su evolución. En cambio, al hablar de la flexibilidad, existen opiniones que consideran que el entrenamiento de la flexibilidad únicamente atenuará la tendencia involutiva de esta capacidad, mientras que otras opiniones consideran que un entrenamiento adecuado podría llegar a cambiar la evolución negativa de la flexibilidad, al menos durante algunas fases de la vida.
Es importante indicar en este momento que algunos autores que se citarán más adelante, han realizado estudios que demuestran que la flexibilidad evoluciona de forma diferente en función del fenotipo sexual1
A continuación se presentan estas opiniones concretas sobre la evolución de la flexibilidad a lo largo de la vida.
. Por lo tanto, aunque el fenotipo sexual será tratado en un apartado específico dentro de este estudio, se pone en conocimiento de los lectores que al hablar de la evolución de la flexibilidad, se realizarán alusiones al fenotipo sexual y su influencia sobre la evolución de la flexibilidad a lo largo de la vida.
1
En este trabajo no se ha realizado una comprobación biológica del sexo de la población estudiada. Por lo tanto, el término que se emplea en esta tesis es “fenotipo sexual”, que es la suma del genotipo y la influencia ambiental, es decir, alimentación, entorno social, entorno físico… (Oliva, Ballesta, Clària, & Oriola, 2002).
Figura 1. Evolución de las diferentes capacidades físicas básicas en un sujeto sedentario sano. Martín y Galindo (Martín & Galindo, 2009)
24 Hupprich y Sigerseth (Hupprich & Sigerseth, 1950) estudiaron la evolución de la flexibilidad en chicas de edades comprendidas entre los 6 y los 18 años. El estudio concluye que las niñas se vuelven progresivamente más flexibles desde la niñez hasta la adolescencia (desde los 6 hasta los 12 años) y posteriormente pasan a ser menos flexibles hasta los 18 años.
Esta idea vuelve a repetirse por parte de Krahenbuhl y Martin, (Krahenbuhl & Martin, 1977) estos autores afirman que la flexibilidad en la adolescencia (10 a 14 años) disminuye a medida que la longitud del cuerpo aumenta, especialmente cuando hablamos de la flexibilidad de las rodillas. Aunque en este caso no se hacen diferencias relacionadas con el fenotipo sexual.
Mora (Mora, 1989) especifica en su definición de flexibilidad los factores que condicionan y limitan esta capacidad física. Así, se da información sobre cómo afecta el paso del tiempo sobre la flexibilidad. Por lo tanto, según Mora, la edad es uno de los condicionantes de la flexibilidad, ya que en la medida en que los individuos van cumpliendo años, la flexibilidad disminuye progresivamente, incluso cuando se realiza algún tipo de actividad física. Según este autor los niños son más flexibles que los adultos por una cuestión química y estructural de sus músculos y tendones. Así, el paso del tiempo produce la atrofia del músculo y la pérdida de agua, que son aspectos que condicionan la capacidad de elongación de los mismos. Para Mora, es muy difícil que el entrenamiento de la flexibilidad consiga mejorar esta capacidad, de hecho, en su opinión, la flexibilidad involuciona de forma natural, puesto que se nace con grandes niveles de esta capacidad, pero poco a poco se va perdiendo irremediablemente. No obstante, parece ser que a la edad se le suman otros factores que van incrementando la velocidad de involución de esta capacidad, y estos factores son la falta de ejercitación, el tipo de trabajo o rutina diaria, de manera que para este autor, el entrenamiento no mejora la flexibilidad, pero permite que esta capacidad involucione más lentamente.
En esta misma línea están Ibañez y Torrebadella (Ibañez y Torrebadella, 1993), para estos autores la edad es un factor exógeno condicionante de la flexibilidad. Así, cuanto mayor es la edad de los sujetos, menor es su flexibilidad, por lo tanto, se está hablando de una capacidad que involuciona. Las razones que según estos autores justifican esta involución hay que buscarlas en el propio crecimiento y consolidación de las estructuras óseas y articulares. No obstante, parece que la realización de ejercicio físico general puede contener la regresión de esta capacidad hasta los 30 años, pero a
25 partir de esta edad, la pérdida de flexibilidad es inevitable. Una de las hipótesis que justifica la pérdida de flexibilidad debida a la edad, se basa la desaparición del componente elástico del músculo, la deshidratación y calcificación. No obstante, las teorías actuales tratan de sostener que la realización de ejercicios de flexibilidad de forma rutinaria, podría llegar a retrasar esta tendencia natural de la flexibilidad o incluso podría mejorarla.
Una opinión ligeramente distinta a la de Mora e Ibañez y Torrebadella (Ibañez & Torrebadella, 1993; Mora, 1989), es la presentada por Ruíz, (Ruiz, 1994), según este autor, la edad es un factor determinante en la evolución de la flexibilidad, hasta el punto de que desde el nacimiento, la flexibilidad va involucionando hasta llegar al paso de la infancia a la adolescencia, donde se produce el único apogeo de esta capacidad, para posteriormente ir decreciendo, con lo cual Ruiz coincide con la opinión de Hupprich y Sigerseth (Hupprich & Sigerseth, 1950). Por otro lado, este autor no comenta si la flexibilidad es entrenable o si la involución natural que él propone, se puede compensar con algún tipo de entrenamiento, aunque como se puede observar, a diferencia de los autores anteriores, Ruiz considera que durante la el paso de la infancia a la adolescencia la flexibilidad mejora.
Por otro lado, hay autores que cuestionan la fiabilidad de los estudios relacionados con la evolución de las capacidades físicas en general y sobre todo, aquellos que se hacen con población adolescente. Estos estudios son puestos en duda, porque a la hora de evaluar la evolución de la flexibilidad, no se contempla el grado de madurez de los sujetos que se testan, por lo tanto se pueden estar evaluando a sujetos de la misma edad cronológica, pero de diferente edad madurativa, circunstancia que se acentúa en la adolescencia. En este sentido Maffuli y cols. (Maffuli, King, & Helms, 1994) o Pratt (Pratt, 1989) señalan que es más fiable realizar estudios sobre la flexibilidad, teniendo en cuenta la aparición de la pubertad en el sujeto, que teniendo en cuenta la edad cronológica, ya que si únicamente se considera la edad cronológica, es posible que encontremos grandes diferencias de desarrollo entre los sujetos testados, que a efectos prácticos supone que en estudios transversales, se esté comparando a sujetos completamente diferentes a nivel madurativo. Así, en el estudio de Maffulli y cols. se realizó una investigación cuyo objetivo consistía en comprobar la evolución de la flexibilidad en los adolescentes. Para ello, no se seleccionó a sujetos de la misma edad cronológica, sino que se seleccionó a sujetos en los que la pubertad había aparecido. La conclusión final fue
26 que la flexibilidad no involuciona en esta fase, a pesar de que en esta etapa de la vida, se producen importantes cambios en la estatura de los individuos.
Algunos autores como Generelo y Tierz, (Generelo & Tierz, 1995) opinan que la flexibilidad involuciona de forma natural a lo largo de la vida. Así, la flexibilidad es la única capacidad física básica, que no muestra una progresión paralela al desarrollo motor del sujeto, es decir, la flexibilidad es una capacidad regresiva. Estos autores plantean que la involución de la flexibilidad no se produce desde el momento de nacer, sino que la flexibilidad mejora hasta los 2 ó 3 años y a partir de esta edad, es cuando empieza a involucionar paulatinamente. Por este motivo, recomiendan entrenar la flexibilidad para mantenerla o intentar que la involución sea lo más lenta posible, pero no con el fin de mejorarla.
Aunque para Generelo y Tierz, (Generelo & Tierz, 1995), la tendencia de la flexibilidad a lo largo de la vida es la involución, también señalan que esa involución, no se produce a la misma velocidad a lo largo de la existencia del sujeto, de modo que hay etapas concretas de la vida en las que se producen picos de involución, mientras que en otras etapas esta capacidad se mantiene o la velocidad de regresión disminuye. Por lo tanto, hasta la pubertad, el descenso de la flexibilidad no es muy acusado, pero a partir de los 12 ó 14 años, los cambios hormonales y el crecimiento, provocan que la velocidad de involución se acelere, de forma que a los 22 años, se posee el 75% de la flexibilidad máxima. Hasta los 30 años continúa la involución aunque de forma más lenta, ya que los valores de fuerza se van estabilizando. Esta última afirmación no sería compartida por Platonov y fessenko (Platonov & Fessenko, 1994) porque en opinión de estos autores, el desarrollo de la fuerza no tiene porque ser el responsable de la involución de la flexibilidad. A partir de los treinta años, la involución de la flexibilidad dependerá en gran medida de los hábitos de vida del sujeto y sus características específicas.
Como puede verse Generelo y Tierz, (Generelo & Tierz, 1995) al igual que Mora e Ibañez y Torrebadella (Ibañez & Torrebadella, 1993; Mora, 1989) opinan que la flexibilidad es una capacidad que involuciona de forma natural, por lo tanto, conforme se aumenta la edad de los sujetos, esta capacidad va decreciendo, para justificar esta opinión se compara la flexibilidad de un bebé con la de un adolescente, de modo que es fácil llegar a la conclusión de que la flexibilidad decrece con la edad. No obstante, Generelo y Tierz opinan de forma diferente a Mora e Ibañez y Torrebadella, porque la flexibilidad parece involucionar a lo largo de la vida cuando no se hace nada para
27 remediarlo, es decir cuando no se realiza un entrenamiento adecuado, pero esta tendencia natural a la involución, puede controlarse e incluso invertirse, cuando se plantean programas adecuados de mejora de la flexibilidad.
En líneas generales, lo que se ha comentado hasta el momento sobre Generelo y Tierz (Generelo & Tierz, 1995) hace referencia a la involución de la flexibilidad en sujetos normales o no entrenados. Por otro lado, estos mismos autores indican que cuando se habla de personas que se someten a entrenamientos adecuados, aunque no se señala que deban ser específicos de flexibilidad, la curva de involución no se invierte, pero se puede controlar su caída. En cualquier caso, del mismo modo que la flexibilidad involucionaba especialmente rápido en la adolescencia, también existen periodos de la vida en donde se puede modificar bastante la tendencia involutiva de esta capacidad. Generelo y Tierz, indican que de los 6 a los 12 años, es muy importante realizar actividades que favorezcan la libertad de movimientos sin que sea necesario realizar un trabajo específico de flexibilidad, de ese modo se conseguirá reducir la velocidad de involución. Al mismo tiempo, se indica que después de la pubertad, es muy importante comenzar a realizar cargas orientadas específicamente a la mejora de la flexibilidad, precisamente para tratar de compensar el pico de involución con el que se termina esta etapa de la vida, por lo tanto, en este aspecto la opinión de Generelo y Tierz, es diferente a la de Maffulli & cols. (Maffuli, et al., 1994). En definitiva, para Generelo y Tierz, la mejor forma de reducir la velocidad de involución de la flexibilidad, es conseguir un buen nivel de flexibilidad en las etapas señaladas anteriormente, de ese modo se dispondrá de una reserva de flexibilidad que tardará más tiempo en perderse.
Curiosamente Leone y Lariviere (Leone & Lariviere, 1996) afirman que en el caso de los chicos, la evolución de la flexibilidad desde los 12 años hasta los 17 años es positiva, es decir, la flexibilidad mejora en estas edades, por lo tanto, la evolución de la flexibilidad de los chicos a partir de la pubertad mejora, mientras que en las chicas estudiadas por Hupprich y Sigersteth (Hupprich & Sigerseth, 1950) empeoraron en estas edades. Se señala que en ambos estudios sólo se tuvo en consideración la edad cronológica.
Le Chevalier (Le Chevalier, 1996) opina que la flexibilidad involuciona con la edad, aunque en el caso de este autor, no se indica directamente si esta evolución puede verse condicionada por el entrenamiento. Únicamente se señala que la inactividad o la inmovilización, pueden llegar a limitar la flexibilidad y que los niños son
28 más flexibles que los ancianos. Con las afirmaciones que realiza Le Chevalier, se puede interpretar que la flexibilidad involuciona irremediablemente con la edad y que además aquellos sujetos más inactivos verán incrementar la velocidad de involución más de lo que se produce en los activos.
Payne y cols. Y Alter (Alter, 2000; Payne, Gledhill, Katmarzyck, Jamnik, & Keir, 2000) consideran que la flexibilidad involuciona a lo largo de la vida en ambos fenotipos sexuales. La justificación que plantea Alter, se basa en el hecho de que la edad o el envejecimiento aumenta la cristalinidad, la calcificación, la deshidratación y la fragmentación de las fibras, pero además produce un incremento de los enlaces cruzados intra e intermoleculares. Por otro lado, cuando se habla sobre la evolución de la flexibilidad a lo largo de la vida, este autor señala la existencia de muchos estudios cuyas conclusiones se contradicen entre sí, circunstancia que se ha podido comprobar en este capítulo. No obstante, las investigaciones parecen indicar que los niños poseen una gran flexibilidad que va incrementándose a lo largo de los años de primaria. En cambio, con la adolescencia la flexibilidad se estabiliza para posteriormente disminuir. En lo referente a la influencia del entrenamiento sobre la flexibilidad, Alter indica que la flexibilidad es entrenable a cualquier edad, siempre que el entrenamiento sea adecuado, aunque algunos autores como Bompa (Bompa, 2005) consideran que la flexibilidad no debe entrenarse específicamente en las edades tempranas. No obstante, en opinión de este autor, el potencial de mejora o la evolución serán peores, cuanto mayor sea la edad de comienzo de los entrenamientos, especialmente cuando se comienza después de la pubertad. Por este motivo, se entiende que para Alter, el entrenamiento de la flexibilidad es una forma efectiva de contrarrestar la involución de la flexibilidad, especialmente cuando este entrenamiento se realiza en la infancia, aunque por lo que se puede ver en los textos de este autor, el entrenamiento de la flexibilidad debería llevarse a cabo a lo largo de toda la vida.
En un importante estudio desarrollado por Hernández y cols. (Hernández, et al., 2007) se valoró la condición física de 3063 sujetos, de edades comprendidas entre los 9 y los 17 años, que cursaban sus estudios en centros educativos españoles. En concreto, para determinar la evolución de la flexibilidad se utilizó el test “sit and reach”. Los resultados de este estudio, mostraron que los niveles de flexibilidad de la población evaluada fueron deficientes (el 45% no llega a la altura de los pies). En cuanto a la evolución de la flexibilidad, se concluye que las chicas evolucionaron
29 positivamente con el incremento de edad, en cambio, en el caso de los chicos, la media se mantiene relativamente estable hasta los 14 años y después mejora con la edad. Los autores de este trabajo advierten que los resultados de su estudio son consecuencia de un estudio transversal, con las limitaciones que ello pueda implicar.
Heyward Heyward (Heyward, 2008) también indica como factor limitante la edad, en este sentido, la opinión de este autor no se diferencia mucho de la presentada por los autores citados anteriormente, ya que se insiste en que la flexibilidad disminuye progresivamente con la edad por los cambios estructurales de los tejidos blandos. Al mismo tiempo también señala que junto con la edad, otra de las causas que puede ayudar a que la involución de la flexibilidad se acelere, puede ser el sedentarismo que se va consolidando en la vida de las personas, a medida que estas van incrementando su edad. Así, según lo que se desprende de este autor, surge la siguiente pregunta: la involución de la flexibilidad ¿es consecuencia del incremento de la edad o del sedentarismo característico de la población de edad más avanzada? La respuesta a esta pregunta según lo que se ha podido ver hasta el momento, sería que efectivamente la edad provoca que la flexibilidad disminuya, aunque esta disminución será mayor, si además de los años, se añade un alto grado de sedentarismo en la rutina de vida de las personas.
En resumen, algunos estudios como los de Hernández y cols. (Hernández, et al., 2007) o los de Leone y Lariviere, Maffulli & cols.,(Leone & Lariviere, 1996; Maffuli, et al., 1994) señalan que la flexibilidad no es una capacidad regresiva a lo largo de toda la vida, existiendo fases o periodos donde esta capacidad puede evolucionar, especialmente si se realiza un trabajo para desarrollar la flexibilidad adecuado. En cambio, autores como Alter, Generelo y Tierz, Heyward, Huprich y Sigerseth, Krahenbuhl y Martin (Alter, 2000; Generelo & Tierz, 1995; Heyward, 2008; Hupprich & Sigerseth, 1950; Krahenbuhl & Martin, 1977) opinan aunque con ciertos matices, que la flexibilidad tiende a involucionar irremediablemente a lo larga de la vida.