Para comprender cómo los sujetos entienden la violencia que viven en los centros escolares, recurrimos a las representaciones sociales como una propuesta metodológica
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de la psicología social, que tiene presencia en el campo de las ciencias sociales, y cuyos orígenes están con Moscovici en la década de los setenta, la cual es referida como:
un corpus organizado de conocimientos y una de las actividades psíquicas gracias a las cuales los hombres hacen inteligible la realidad física y social, se integran en un grupo o en una relación cotidiana de intercambios, liberan los poderes de su imaginación (Moscovici, 1979, citado en Araya, 2002).
Por su parte, Jodelet (1984), señala que la representación significa hacer un equivalente de lo que un objeto representa cuando está mediado por una figura. Y es sólo en esta condición que emerge la representación y el contenido correspondiente (Referido en Araya, 2002).
Asimismo, las representaciones sociales tienen la peculiaridad de ser dinámicas, debido a que no son sólo productos mentales, sino también construcciones simbólicas que se crean y recrean en el curso de las interacciones sociales; carecen de un carácter estático y no determinan inexorablemente las representaciones individuales. Están presentes en todos lados, circulan, se cruzan y cristalizan sin cesar en nuestro universo cotidiano o a través de una palabra, gesto o encuentro (Moscovici, 1961, p. 27). En otras palabras, las representaciones reflejan una forma específica del pensamiento social que tiene su origen en la vida diaria de los individuos. En estas representaciones interactúan un conjunto de relaciones sociales y, a pesar de que se manifiestan en la acción, suelen ser resistentes al cambio y se mantienen.
Por lo tanto, las representaciones en lo individual o colectivo, son muestra de cómo los sujetos ordenan e interpretan la realidad social que enfrentan a diario desde las experiencias concretas y desde el lugar de la estructura social que ocupan (Araya, 2002):
Se convierte en una valiosa herramienta que ofrece un marco explicativo acerca de los comportamientos de las personas, ―no se circunscribe a las circunstancias particulares de la interacción, sino que transciende al marco cultural y a las estructuras sociales más amplias como, por ejemplo, las estructuras de poder y de subordinación. (Araya, 2002, p. 9).
Por consiguiente, pretendemos dar cuenta de cómo los agentes escolares entienden la violencia en la escuela, cómo la interpretan desde la posición que guardan en el escenario escolar y cómo la gestionan, ya que éstos son representaciones de algo o alguien y permiten explicar e interpretar la realidad, pues son el resultado de un
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proceso de re-construcción entre el sujeto y los diferentes contextos, que en ocasiones es arbitraria, ya que su legitimidad depende de cada contexto. Se construyen y re- construyen en función de los relatos y experiencias socioculturales, responden a motivaciones e intereses de los sujetos y del grupo social y, por lo tanto, se adaptan a él permitiendo la comunicación y el entendimiento entre las personas al ser compartidas, pues forman parte de un sistema de conocimientos para el uso cotidiano y de una estructura cognitiva del sujeto, en la cual están presentes el conocimiento declarativo y el procedimental, que permiten comprender y actuar en el mundo.
Las representaciones sociales presentan formas analíticas diferentes, por un lado las que hacen énfasis en el contenido de una representación y por otro, las que miran el proceso de conformación, es decir, estamos ante las perspectivas procesuales o estructurales.
El enfoque procesual fue desarrollado por los seguidores directos de Moscovici, conocidos como los representantes de la Escuela Clásica, entre los que se destacan Denis Jodelet, Willen Doise y Robert Farr, entre otros, quienes subrayan la importancia de la interacción social como fenómeno principal del proceso de elaboración de las representaciones sociales, es decir, las prácticas socio-culturales en las que se desarrollan, así como los elementos que intervienen en las interacciones sociales.
En otro sentido, los partidarios del enfoque estructural, se centran en los mecanismos cognitivos (psicológicos), con la intención de formar y construir la estructura que otorga soporte a las representaciones sociales. Entre los seguidores de esta línea interpretativa se destacan Jean Claude Abric y Claude Flament, los cuales son conocidos como los integrantes de la Escuela der Aix-en-Provence (Francia). (Banchs, 2000).
Investigadores como Baggini (2011, p. 51) han organizado los fundamentos y las sugerencias metodológicas de las representaciones sociales, antes mencionadas, del siguiente modo:
Enfoque procesual:
a) El acceso al conocimiento de las representaciones sociales es por medio de un abordaje hermenéutico, en el que el ser humano es visualizado como un productor de sentidos.
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b) Focaliza en el análisis de las producciones simbólicas, de los significados, del lenguaje, a través de los cuales los seres humanos constituyen el mundo en que viven.
c) Privilegia dos formas de acceso al conocimiento: una, a través de métodos de recolección y análisis cualitativos de datos. Otra,
d) la triangulación combinando múltiples técnicas, teorías e indagaciones para garantizar una mayor profundización y ampliación del objeto de estudio.
e) La naturaleza del objeto de estudio que se intenta aprehender por esta vía, alude a un conocimiento del sentido común versátil y diverso. (Araya Umaña, 2002; Banchs, 2000, citado en Baggini, 2011, p. 51).
En lo que respecta al enfoque estructural, los siguientes supuestos que le dan forma a esta corriente analítica son:
a) El estudio se centra en las estructuras y mecanismos de organización de los contenidos de las representaciones sociales, independientemente de su significación.
b) Los estudios estructurales son casi siempre de carácter cognitivo, centrados en el individuo.
c) Las vías más utilizadas para acceder al conocimiento del objeto de estudio son las técnicas correlaciónales y el análisis multivariado (estadístico) o ecuaciones estructurales. (p. 51).