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Marie-Hélène Brousse. -Encontramos en los sujetos histéricos fenómenos

corporales que no dependen de los mecanismos metafóricos de la conversión, y que se podrían imputar al narcisismo. El estatuto singular del narcisismo en la histeria es objeto de un comentario de Lacan en los Escritos, a propósito de Dora. Freud no presta especial atención a este narcisismo porque él fuerza hacia la masculinidad el llamado de la identificación en la transferencia. Se trata entonces para Lacan de un narcisismo ordenado y sometido a lo simbólico, mientras que la clínica borromea reconsidera lo imaginario no jerarquizado por la dominancia de lo simbólico. Mi idea es que los fenómenos corporales de la histeria que no dependen de la conversión podrían situarse a partir del narcisismo reexaminado a partir del nuevo estatuto dado a lo imaginario.

Jacques-Alain Miller. -Resulta que cuando el pulgar del sujeto está investido

libidinalmente moviliza todo su interés intelectual, borra los otros objetos del mundo. Al menos en ciertos momentos solo le interesa su pulgar. En vez de expandirse de manera fluida en el mundo y de crearle intereses diversos (intelectuales, amorosos, etc.), la libido se concentra solo en él, en su pulgar o en el tumor. Luego, podemos efectivamente hablar de un fenómeno narcisista.

Quiero aclarar algo a propósito de eso. En «De una cuestión preliminar...», Lacan hace del estadio del espejo un estado de orden psicótico. Hay que tenerlo en cuenta cuando nos ocupamos del famoso abismo que estaría abierto en un segundo grado. La cuestión es saber si la perturbación de lo imaginario es un efecto directo de la forclusión o si es un efecto que pasa por la elisión del falo, consecuencia directa de la forclusión que, para resolverla, el sujeto hace volver a la hiancia mortífera del estadio del espejo. Esta alternativa supone la descripción renovada que da Lacan del estadio del espejo, el cual implica de manera esencial una hiancia mortífera.

Nos preguntamos desde siempre sobre el famoso pasaje: «¿Este otro abismo estuvo formado por el simple efecto en lo imaginario del llamado vano hecho en lo simbólico a la metáfora paterna [¿es el efecto directo de la forclusión?] o tenemos que concebirlo como producido en un segundo grado por la elisión del falo, que el sujeto haría volver, para resolverla, a la hiancia mortífera del estadio del espejo?». Aquí se trataría de una regresión tópica, lo que supone que previamente se haya definido el estadio del espejo como incluyendo una hiancia mortífera. Para poder decir esto, Lacan se ocupó de presentar previamente el estadio del espejo de la siguiente manera: «La pareja imaginaria del estadio del espejo, por lo que manifiesta de contranatura [luego, el estadio

del espejo sería impensable en el animal, no se encuentra en etología], si hay

que referirlo a una prematuración específica [...], es, en efecto, por la hiancia que abre esta prematuración en lo imaginario y donde abundan los efectos del estadio del espejo, que el animal humano es capaz de imaginarse mortal». Esta descripción del estadio del espejo hace de la psicosis el estado natural del sujeto. La metáfora paterna resolvería esta hiancia del estadio del espejo por la significación fálica. Y cuando la metáfora paterna no funciona, habría elisión de la significación fálica y retorno a la hiancia mortífera.

Además, la pareja madre-niño está localizada aquí en la pareja imaginaria del estadio del espejo. Desde Las formaciones del inconsciente Lacan restituye a la madre su estatuto en lo simbólico como Otro de la demanda.

Philippe La Sagna. -A propósito de las cuestiones de localización, ¿no

habría una manera de considerar las cosas en relación con el último Lacan? Él hace del cuerpo, al que había designado siempre como el lugar del Otro, un lugar algo ficticio, determinado por un dicho, por algo de una ficción, y más tarde dice que el lugar del Otro es el cuerpo. Plantea -en particular en El

esto esclarecedor en lo que se refiere a los fenómenos del cuerpo en la psicosis? A partir del momento en que las cosas se conciben así, ya no hay más diferencia entre el significante y el cuerpo; es decir, la oposición cae. Solo se tiene un cuerpo porque el significante está también apresado; es decir, existe la ficción del Otro, hay un lugar donde los significantes se localizan. Y son dos cosas que él vuelve quizás inseparables.

Jacques-Alain Miller. -Es, en efecto, lo que domina la oposición P0-0. El

cuerpo como carne, sustancia gozante, se encuentra afectado por el lenguaje y, por eso, está vaciado de libido. Si la libido no está localizada, se desplaza a la deriva. Allí se escapa a la división que separa, por un lado, los trastornos del lenguaje, y, por el otro, los trastornos del cuerpo. Esta tesis es la base misma de la clínica borromea.

Pierre-Gilles Guéguen. -Es lo que me llamó la atención en el caso de «el

inventor del método»: ante el desorden que experimenta en diferentes momentos de su vida, empieza por inventar un método. Esta práctica está relacionada con el cuerpo, pero al mismo tiempo está reglada por cierto uso del significante, puesto que introduce cierto número de reglas que localizan el goce de su cuerpo y que lo calman. Pero, por otro lado, sus sueños, que le presentan algo del orden del empuje a la mujer, perturban el orden que él trata de establecer: hay una parte del goce que no llega a localizar. Su idea para ir a ver a un psicoanalista es «convertir» (es el término que utiliza, que me llamó mucho la atención) las reglas de su método en un discurso que, como una teoría de los tipos, le permitiera ordenar lo que no consigue ordenar por el método mismo. Retomo aquí las palabras de Philippe La Sagna: vemos muy bien en este ejemplo cómo lo simbólico y lo imaginario, el lenguaje y el cuerpo, se corresponden, están unidos, están articulados. No están por un lado lo imaginario y las prácticas y, por el otro, lo simbólico. Hay una suerte de conversión entre los dos, no en el sentido de la conversión histérica -en absoluto, nunca-, sino tal vez como capas sucesivas que permitirían regular mejor el goce que le pasa por el cuerpo, y también por el pensamiento.

Jacques-Alain Miller. -Es un sujeto que está consciente de la invención que

tiene que hacer, y a la que se dedica, de algún modo, cartesianamente.

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