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Alien Resurrección
En Francia, lo bautizaron «L’Affaire Travolta», y no tenía nada que ver con un lío de faldas. No. Fue un pulso entre una de las estrellas más cotizadas de Hollywood y un cineasta europeo de culto, Roman Polanski. Cada uno tenía criterios dispares sobre The Double, filme cuyo rodaje iba a comenzar en París el 10 de junio de 1996. El cineasta creyó
que tenía la última palabra y no cedió. La respuesta del actor fue contundente: se fue de vuelta a Estados Unidos y la película jamás se hizo.
«Si te muestran un Rolex —protestó Travolta— y luego te quieren dar un Timex, tú dirás: “¡Espera un minuto! ¿Dónde está el Rolex que me habías enseñado?”» Un símil relojero con el que el astro resumió su desilusión al comprobar a su llegada a la capital francesa que, según él, Polanski había alterado veinticinco de las ciento diez páginas del guión original; que adaptaba un relato corto de Dostoievski, sobre un tímido contable que inventa a un doble para conquistar a una mujer.
«Nuestros enfoques de la cinta eran diferentes por completo —explicó en la revista París Match—. Yo quería hacer una comedia dramática y él pretendía un tebeo.» Hubo otro punto de fricción. Entre las reformas, se añadió un desnudo. «No me he desnudado en toda mi carrera y no voy a empezar ahora, que estoy gordo.» Travolta, seguro de su poder, no se planteó reconsiderar su postura; por el contrario, ofreció pagar 3,5 millones de su bolsillo si despedían a Polanski.
Cuando las negociaciones llegaron a punto muerto, días antes de iniciar la
filmación, el actor se fue, dejándolo todo plantado, incluidas doscientas cincuenta personas comprometidas y listas para trabajar. La disculpa, luego explotada de modo muy
conveniente por su relaciones públicas, se la brindó un pequeño problema que sufrió su hijo Jett. —Entonces de cuatro años— en un oído. El niño estaba con su madre en
Norteamérica, y él, de acuerdo con su versión, regresó para hacerse cargo de la crisis doméstica.
Lo único seguro es que no volvió a París ni trató de ponerse en contacto con el director. En realidad, al ir a Estados Unidos y trasladar el problema a Hollywood, sede de las productoras Mandalay y Sony (multinacional japonesa dueña de los estudios Columbia y TriStar), que financiaban el proyecto, excluyó a Polanski de tomar parte directa en las negociaciones, ya que el cineasta no podía entrar en ese país, por sus cuentas pendientes con la justicia desde 1978.
«Lo que pretendía el señor Travolta —replicó un ayudante de Polanski— era tomar parte en la tarea de dirección, exigiendo un grado de control creativo que no es el que suele concederse a actores a sueldo.» Una queja que no parecía descaminada si se tiene en cuenta que la estrella había pedido, al parecer, que el realizador no le dirigiera en su «manera personal de interpretar» en el plato. En lugar de instrucciones concretas, debía remitirle una «versión creativa» escrita de su cometido.
En cuestión de días, los productores le demandaron por incumplimiento de contrato y él les contrademandó por igual causa, así como por fraude. Sus abogados alegaron que no había contrato y que su cliente cambió de opinión después de ser herido en su orgullo por Polanski. El conflicto quedó resuelto con un acuerdo extrajudicial secreto en julio de 1997, por el que se cree que Travolta no tuvo que pagar nada, pero que se comprometió a hacer una nueva película para esas productoras.
En cuanto a The Double, murió con la partida de su protagonista, a pesar de los esfuerzos que se hicieron por reanimarla en aquel momento. Sean Penn, Robert de Niro y Al Pacino rechazaron hacerse cargo del papel y se contrató al cómico Steve Martin por doce millones de dólares, cinco menos de los que iba a cobrar su antecesor. Lo malo es que Isabelle Adjani, la protagonista femenina, tenía derecho. —Por contrato— a vetar a su compañero; no lo aceptó y todo se fue al traste.
Los desnudos fueron uno de los motivos que acabó con el proyecto. «John es cienciólogo —razonaba Dan Glaister en el diario inglés The Guardian (2 de julio de 1996)
—. Parece que desnudez y Cienciología no casan.» A Travolta no le importa tratar con la prensa su pertenencia a esa organización, al contrario que su colega Tom Cruise. «Nunca defiendo la Cienciología. —Aclara—… No siento que lo necesite… Es más bien una urgencia de iluminar a los otros sobre ella.»
Se hizo miembro en 1975, cuando rodaba La lluvia del diablo en México, al principio de su carrera. Se acatarró y la actriz Joan Prather, ciencióloga, le captó al sanarle con una imposición de manos. «La Cienciología me ha ayudado a vencer un montón de angustia. —Ha contado—. Ganaba millones y se suponía que disfrutaba del sueño de Hollywood, pero no era así… La gente toma Prozac y otras sustancias para combatir sus aspectos negativos. Yo prefiero la disciplina mental.»
Su ánimo de iluminar a otros sobre esta «filosofía religiosa aplicada», tal como definieron sus responsables a la Cienciología en un anuncio de página completa. —Coste, 20 000 libras esterlinas— en el diario The Times (28 de mayo de 1994), le ha traído no pocos problemas a John Travolta. El primero, dudas muy serias sobre la validez legal de su unión con la actriz Kelly Preston, oficiada el 5 de septiembre de 1991 en el hotel Crillon de París por un cienciólogo.
«La pareja dice: “Lo hicimos”, pero los franceses dicen que no», anunciaba en su portada el semanario sensacionalista National Enquirer (24 de septiembre de 1991). Un portavoz de la Embajada de Francia en Washington aclaraba que, según la ley gala, uno de los novios, al menos, debía residir más de cuarenta días seguidos en el país; ambos tenían que hacerse análisis de sangre, y la ceremonia había que celebrarla en un ayuntamiento. En otro caso, el matrimonio no era legal.
En resumen, Francia no concedía la menor validez a esa boda y, en consecuencia, Estados Unidos, tampoco. Por más que la foto de los recién casados apareciera en revistas de tanto renombre como el Paris Match francés y el Oggi italiano o que la agencia
Associated Press difundiera la noticia al mundo. Para hacerse una idea, fue algo parecido a la famosa unión de la actriz y ex Miss Mundo Amparo Muñoz y Flabio Labarca por el rito de Bali, tan exótico como carente de efectos jurídicos.
El actor había conocido a la actriz Kelly Preston. —Ocho años más joven que él— en 1989, durante el rodaje de The Experts, en lo más bajo de su carrera. Ella entonces estaba casada con el actor Kevin Gage. Tras divorciarse de él, salió con George Clooney (lanzado después a la fama por la teleserie Urgencias) y estuvo comprometida con Charlie Sheen, que le regaló un anillo de compromiso de brillantes antes de abandonarla por la actriz porno Ginger Lynn. No contento con el desaire, aún la persiguió para que le devolviese la joya.
Ahí reapareció en escena Travolta y su larga lista de romances, cuya autenticidad cuestionan algunos, que acababa de ser objeto de una campaña de grupos homosexuales pidiéndole, a él y a otras estrellas, que dieran una imagen positiva de sí mismos
reconociendo que ellos lo eran. Además, el actor porno Paul Barresi aseguró en 1990 que fue amante durante dos años del astro, al que conoció en 1983; que éste le pagaba 400 dólares por encuentro y le consiguió un papel en Perfect.
El ser homosexual o no en Hollywood no es una cuestión moral, sino un problema industrial. Los productores temen que si un galán reconoce que no le atraen las mujeres, será poco creíble para el público en escenas de amor y las admiradoras no harán de él objeto de sus fantasías ni soñarán con ver sus películas. Dentro de este marco, la idea generalizada es que los productores no contratan a homosexuales ni lesbianas y, como es lógico, los que lo son se guardan mucho de decirlo.
Travolta atajó todos los rumores, infundados o no, con su repentina boda parisina. Kelly Preston no era miembro de la Cienciología, pero él la iluminó, más o menos como Tom Cruise a Nicole Kidman. Ambas actrices, es curioso, nacieron en Hawai, se criaron en Australia, fueron desconocidas hasta su boda con una estrella y se hicieron cienciólogas por sus maridos. Kelly estaba embarazada y tuvo un crío, que nació de acuerdo con los dictados de pureza de la Cienciología, el 13 de abril de 1992.
¿Cuáles son estos principios? Simplificando: seríamos seres perfectos si una serie de «enagramas» o experiencias negativas, que comienzan incluso dentro del claustro materno, durante la gestación, no oscurecieran nuestras potencias. Lo que proporciona la Cienciología es, también simplificando, un procedimiento, tan largo y caro como un psicoanálisis, para ir eliminando «enagramas» poco a poco, previo pago constante de su importe, para alcanzar la condición de individuo «claro».
El crítico Jesús Palacios sugiere en Satán en Hollywood. Una historia mágica del cine (Valdemar, 1997) que algunas películas del actor están inspiradas en la Cienciología. Por ejemplo, Mira quién habla y sus secuelas, comedias sobre bebés afectados por el entorno desde el período fetal, que protagonizó con Kirstie Alley, otra ferviente
ciencióloga, que se hizo miembro por Narconon, rama de la organización que rehabilita drogadictos, por la que también fue captada Juliette Lewis.
La relación fue mucho más evidente en Phenomenon, en la que encarna a un tipo simple cuya inteligencia se amplía sin límites cuando se vuelve «claro». No es extraño que el filme levantara sospechas en los muchos detractores que tiene la Cienciología en
Alemania. En especial, de las juventudes del Partido Demócrata Cristiano, que pidieron, el verano de 1996, el boicot de Misión imposible, temerosos de que los ingresos del éxito de Tom Cruise fueran a las arcas de la organización.
Los cienciólogos pagaron varios anuncios de una página en el International Herald Tribune dirigidos al presidente Helmut Kohl, comparando su situación en Alemania con la de los judíos en los años treinta. Entre los firmantes había varios hebreos que, según reveló el diario The Times (10 de junio de 1997), eran, en su mayoría, los representantes y
productores de los filmes de Cruise y Travolta. No hay que olvidar que Alemania es uno de los principales mercados internacionales del cine de Hollywood.
Fuera de éstos, la reacción de los judíos fue de rechazo y el Consejo Central Judío de Alemania insertó una réplica en The New York Times calificando la comparación de «insulto». El personal del International Herald Tribune puso otro anuncio en su diario protestando por el de la Cienciología, y la prensa recordó los problemas de esta
organización en toda Europa y que en Francia uno de sus dirigentes fue condenado a prisión por el suicidio de un miembro que no podía pagarse los cursos.
John Travolta, en cambio, achaca a la Cienciología sus éxitos, incluidas las dos veces que optó al Oscar, por Fiebre del sábado noche y Pulp Fiction. Un tal Harry Baldwin resumía las dudas de mucha gente en una carta publicada en The Times el 11 de mayo de 1996: «¿Qué hizo la Cienciología por su carrera en los años de desgracia? ¿Qué piensa ésta de los que arrojan bombas H sobre Denver como su personaje en Broken Arrow, alarma nuclear? Y no puedo dejar de preguntarme quién “guía” las carreras de aquellas estrellas que no son miembros de la Cienciología.»