Al margen de las asociaciones formadas por hombres y mujeres a la mitad de los años ochenta, las mujeres inmigrantes, sobre todo las mujeres filipinas y subsa- harianas, nos vimos en la necesidad de formar asocia- ciones de mujeres para así ir reivindicando aquello que creíamos y creemos que sólo lo podemos hacer noso- tras ya que en los espacios mixtos no se tenían en cuenta.
La independencia de las mujeres es por demás difícil y en muchos casos de reagrupación familiar, los proble- mas para ellas se agravan al carecer de documentación propia, estando en situación de dependencia del mari- do porque pueden perder su permiso de residencia y al encontrase sin documentación, ser expulsadas. La realidad de nuestros/as hijos/as nacidos en el país de origen o en el país receptor es bien compleja. Si la cultura se transmite por línea materna como es sobra- damente conocido “La mayoría de los pueblos tienen clara conciencia de que la especificidad cultural se transmite por línea femenina” nos encontramos en la urgencia de ser las agentes o mediadoras entre la sociedad receptora y nuestras familias.
No descuidando la importancia de los permisos de tra- bajo, los permisos de residencia etc. la integración real de nuestros/as hijos/as y la lucha por no depender jurí- dicamente de nuestros maridos, crear redes de apoyo entre mujeres son claves del asociacionismo femenino. Éstas nos contactan con mujeres y asociaciones de mujeres de nuestros países de origen y de este modo podemos prestarles ayuda y orientación.
Los inicios fueron dificultosos. El que estas personas sean portadoras de sus propias reivindicaciones parece presentar una sorpresa hacia la sociedad de acogida porque son personas consideradas sumisas, ignorantes y un largo etc. por haber nacido en un lugar determi- nado y pertenecer a un grupo considerado minoritario en el lugar de inmigración y además del desconoci- miento general de nuestra realidad.
Ello no tenía ni contaba con el bautizo de muchos lugareños/as y menos de nuestros compañeros inmi- grantes. No obstante, acostumbradas como estamos a Remei Sipi Mayo - Mariel Araya•La participación de las mujeres inmigradas en el Movimiento Asociativo•97
encarar las dificultades llevamos a cabo nuestro pro- yecto y aparecieron así las primeras asociaciones de mujeres inmigrantes.
Como los grupos mixtos, las asociaciones de mujeres nacieron de los diferentes colectivos de inmigrantes por países de procedencia. Es decir, las Filipinas con su grupo, las Gambianas con el suyo, algunas magrebíes fundaron su grupo y las Ecuato-guineanas su asocia- ción. Así, de esta manera, nacieron las asociaciones E´Waiso Ipola de las mujeres Guineanas; Musu Kafo de las gambianas y las asociaciones “Amistad” de mujeres Filipinas.
Años después de estas iniciativas, las mujeres hemos demostrado ser unas verdaderas mediadoras en la emi- gración desde una invisibilidad manifiesta cuando no se veían ni se oían a las mujeres inmigrantes en la socie- dad receptora, estamos siendo el vehículo válido para que esta sociedad multicultural y multiétnica que es una realidad, sea un lugar de convivencia sin fisuras. Las mujeres estamos seguras de que lo lograremos si nos situamos en un plano de semejanza y de acceso en condición de igualdad.
El derecho a que las mujeres inmigrantes que se despla- zan por reagrupación familiar tengan su propia docu- mentación, la modificación de algunos textos escolares racistas, excluyentes y etnocéntricos, que están lejos de recoger la realidad actual del de los países del Sur, y por ello los/as hijos/as de inmigrantes y otras etnias vistas como minorías se encuentran en situación de inferiori- dad simbólica, ignorando en muchos casos que sus orí- genes no son por naturaleza vergonzosos; el trato que algunos medios de comunicación dan a su colectivo, que no son todos delincuentes ni traficantes de drogas etc. son muchos de los trabajos que se están realizando en las asociaciones de mujeres.
Las mujeres inmigrantes con sus asociaciones están acercando sus realidades a la sociedad receptora y sus reivindicaciones como parte de la misma, porque muchas ya somos migrantes y somos las mujeres las que de verdad hacemos el trabajo que constituye inte- gración. Hemos tenido bastante apoyo y solidaridad de algunos grupos de mujeres de la sociedad receptora, que han entendido que aún cuando en ocasiones las necesidades son distintas, el ser mujer nos sitúa
muchas veces en situaciones de marginación y la soli- daridad de clase es necesaria.
Dentro de la FCIC (Federación de Colectivos de Inmigrantes de Cataluña) las mujeres de los diferentes colectivos formamos una Secretaría de la mujer, ardua tarea, pero viable si realizamos una puesta en común de seleccionar aquello que nos une como mujer y como inmigrantes. Los primeros pasos de la creación del grupo nos ha revelado que la procedencia, el moti- vo de la inmigración, nos conduce en ocasiones a for- mular reinvindicaciones divergentes, suscitando deba- tes internos muy duros, pero ello no nos debe llevar a considerar el grupo como algo innecesario. Es bueno que exista, pues si los objetivos de la primera genera- ción de inmigrantes que son justamente los que for- mamos esta Secretaría no coinciden y ello nos lleva a formular políticas reivindicativas diferentes, nues- tros/as hijos/as nacidos/as en esta sociedad y los que se desplazaron de pequeños sí están teniendo problemas comunes, son hijos/as de padres y madres que perte- necen a las subculturas en esta sociedad (pues no tenemos poder alguno, ni político ni económico) y las perspectivas a llegar a tener poder económico o polí- tico no son precisamente esperanzadoras, lo económi- co nos es casi vetado, por las dificultades reales a cam- biar de estatus, por los trabajos precarios a que esta- mos destinadas. Nos es más difícil a los inmigrantes mantener un negocio porque también es mas difícil obtener un crédito etc.
En cuanto a lo político, estamos a años luz de una óptima situación. No hay más que observar cuando alguno de los nuestros está en algunas listas electora- les: ya se cuidan muy mucho que esté más allá de las posibilidades de poder optar a nada, ni siquiera a los votos de todos los inmigrantes en condiciones de ejer- cer este derecho.
Hemos de aunar esfuerzos para que nuestros hijos/as no tengan la necesidad de diluírse en la sociedad receptora y que puedan salir con dignidad de esta situación de subcultura y sobre todo orientarles a que no lleguen a desarrollar aquello que la Doctora Dolores Juliano explicó con tanta exactitud: “La ideología del nuevo converso”, que les lleva a desarrollar ideas pen- dulares. Ellos/as deben ser preparados/as y formados/as para que se encuentren en la situación de
poder reivindicar una situación económica digna para sí y para los países del sur que materia prima y poten- cial humano no nos falta, para evitar que la miseria sea moneda de cambio y que los habitantes más “sanos” intelectuales y los más jóvenes abandonen los países del Sur empobrecidos.
En este contexto, los grupos de mujeres son verdaderas agentes de integración en la mayoría de los colectivos. Las mujeres son las que mantienen las relaciones con las escuelas, es más frecuente que los profesores conozcan a la madre que al padre, son las mujeres las que partici- pan en las diferentes A.M.P.A. (asociación de madres y padres de alumnos), la aparición de diferentes grupos étnicos en las escuelas originó el diseño de programas con eventos que giran alrededor de esta diversidad, fre- cuentemente hay manifestaciones culturales que van desde la narración de cuentos, degustaciones gastronó- micas, bailes, trenzas, conferencias sobre las diferentes culturas, que en casi todas las ocasiones las impulsoras que permiten que estas actividades se realicen con “éxito” somos las mujeres.