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Studying the effect of protein on the corrosion of AZ31 using EIS and SECM in simulated biological

4.3.1 Surface characterization

La palabra es, pues, la imagen y el Ánimo de Dios, el cuerpo es la imagen de la idea, la idea es la imagen del alma.

En estas palabras de Hermes, y en todo lo que sigue a continuación en el libro decimotercero, yace oculta la clave para la transfiguración, que el propio candidato a los misterios gnósticos tiene que llevar a cabo con ayuda de sus dos poderes inmortales, el Ánimo y la palabra.

Hemos comentado, en mayor o menor medida, estos dos poderes divinos y también le hemos indicado el camino en cuyo recorrido se les puede despertar y liberar. Sin ambos poderes ninguna entidad puede recorrer el sendero de la verdadera liberación. Para poder comprender bien qué es lo que se pretende con estos dos poderes, debe comenzar su investigación en el microcosmos.

La poderosa fuerza de ideación del Logos, del omnipresente, del que todo lo cumple, se proyecta a sí misma en lo que llamamos el espacio. El espacio, tal como dicen con énfasis los rosacruces, no está vacío: «No hay espacio vacío». El espacio está lleno de sustancia primordial. Cuando la idea divina —con respecto a su plan para el hombre, su criatura— irradia en el espacio, surge el microcosmos. Podría imaginárselo como una concentración de sustancia primordial, de átomos. El microcosmos, al comienzo, es la mónada todavía no corporeizada, una concentración de sustancia primordial formada por un principio magnético. En el pasado, cuando los rosacruces se referían a tal principio luminoso también hablaban de una chispa, la Chispa Divina. La verdadera chispa es el núcleo directo de la mónada, del que parte una radiación. Esta radiación nuclear produce un vórtice séptuple, un campo magnético séptuple. Con la radiación nuclear, como evidente punto central, el campo magnético de alrededor forma, y es, un campo de creación microcósmico, un campo de manifestación. En este campo, precisamente, debe tener lugar la gran auto-realización. En el campo de creación del microcosmos se desarrolla en un momento dado una manifestación, una forma, un cuerpo. Esta manifestación es, por usar el lenguaje hermético, «la imagen», la escultura, la expresión de la radiación nuclear animadora del microcosmos. Naturalmente, esta radiación nuclear concuerda con la idea del Logos. De ahí las palabras del versículo 26:

El cuerpo es la imagen de la idea. La idea se manifiesta a través del alma, el alma a través del Ánimo o principio nuclear, mientras que, por otra parte, el núcleo es una imagen de la divinidad. Y, en el versículo 27, dice Hermes:

Así lo más sutil de la materia es el aire, o sustancia primordial, lo más sutil del aire es el alma, lo más sutil del alma es el Ánimo, y lo más sutil del Ánimo es Dios.

En efecto, en el pasado primigenio, el hombre era, en sentido pleno, la entidad que se manifestaba a sí misma. Por la radiación nuclear de la mónada, en el campo de creación de la mónada, se manifestaba como una pura representación, como una idea pura de la divinidad, una personalidad llena de magnificencia, una personalidad equipada con formidables poderes, a causa de los cuales podía actuar y cumplir una tarea en todo el universo.

Pero sabe que una parte de estas entidades entró en el proceso al que se ha llamado «la Caída», un proceso sobre el que todavía hablaremos detalladamente. Una de las consecuencias de este proceso fue, entre otras, que los cuerpos, las imágenes de la idea divina, cristalizaron. Los cuerpos se densificaron y, por consiguiente, en un momento dado, se produjo un incidente entre la radiación nuclear de la mónada, por un lado, y los

cuerpos cristalizados, por el otro. Como consecuencia de lo cual, esa radiación nuclear no pudo alimentar finalmente a dichos cuerpos con suficiente energía. Entonces se manifestó, por primera vez, otro proceso que conocemos como el proceso de la muerte. Las cristalizaciones desechadas fueron reemplazadas por nuevas manifestaciones. En efecto, la radiación nuclear prosiguió realizando constantemente su misión. Una y otra vez surgía una nueva forma en el microcosmos. Por eso se dice en los mitos que el hombre, al principio, era un ser bisexual, un ser masculino-femenino, un hermafrodita. Comprenderá, sin embargo, que esa situación no podía continuar. Una proyección humana que funciona en constante antagonismo con su esencia, causa finalmente un intenso conflicto que, en este caso, no pudo ser resistido por la radiación nuclear de la mónada. Como consecuencia de ello, ésta ya no se pudo expresar más en la personalidad. La personalidad, que en aquellos tiempos vivía mucho más tiempo que en la actualidad, era casi exclusivamente de naturaleza astral-etérica. Cuando se intensificó este incidente entre la radiación nuclear de la mónada y la personalidad cada vez más densificada, se desarrolló lo que se denomina la separación de los sexos, la conservación de la personalidad por medio de la unión sexual. Entonces surgió el proceso del nacimiento y se invirtieron las relaciones: a los microcosmos descorporeizados y vaciados se les brindó, por el nacimiento de nuevas personalidades, la ocasión de envolver a éstas durante el nacimiento natural, con el fin de restablecer, a poco que fuera posible, el ancestral proceso y, de ese modo, anular la muerte. Así, podrá comprender que el nacimiento de una personalidad significa, al mismo tiempo, ser puesta en contacto con un microcosmos. El objetivo de esta unión entre personalidad y microcosmos es restablecer el estado original, volver a manifestar el hombre original, inmortal, conforme a la idea de la radiación nuclear microcósmica o monádica.

Para colaborar con esté objetivo, para ayudar a restablecer la Gnosis original en su mundo microcósmico, se ha establecido el alumnado de la Escuela de la Rosacruz Áurea. La Escuela Espiritual moderna se consagra al servicio de este único trabajo. No se trata, en ningún caso, de que la Escuela esté orientada al ennoblecimiento de su actual personalidad natural, a una mayor mejora o divinización de su realidad nacida de la naturaleza. Sabe que existen muchos métodos primitivos y absurdos que tienen como fin este esfuerzo inútil. Usted es alumno de la Escuela exclusivamente para, en colaboración con su mónada, someter su personalidad actual, que a la vez es su conciencia, a la gran recreación, al formidable proceso de transfiguración. Si no quisiese eso, su alumnado no tendría ningún sentido y únicamente sería mera fatiga. En caso contrario, si quiere realizar este proceso de recreación, si lo respalda con todo su ser, con todo su corazón, entonces, tal como se vio, tiene dos formidables poderes a su disposición: el Ánimo y la palabra que, si así lo desea, puede liberar y emplear.

Con frecuencia, resulta para nosotros un misterio el porqué algunas personas se han unido a nuestra Escuela, vista su orientación, mentalidad y conducta en general. En los siglos en los que la Fraternidad de la Rosacruz tenía que trabajar más en secreto, la admisión de un neófito siempre tenía lugar sobre la base de un verdadero anhelo y la firme decisión de entrar en el glorioso proceso de la transfiguración. El neófito se consagraba totalmente, en perfección, poniendo en ello todo su ser.

Pero ¿qué debemos pensar, en nuestra época moderna, de los alumnos que dicen, prometen y deciden entrar en el proceso, pero no lo realizan? Pues, ¿no es esto, como mínimo, sumamente insensato, irracional? Y, visto desde la posición del Cuerpo Vivo, en el que ha penetrado de esta manera como un intruso, ¿no es también sumamente inmoral? ¿No son, tales casos, la prueba de lo hundido, lo cristalizado, que ya está el cuerpo racial actual? ¿Y cuan anormales se han vuelto ya los concernidos? ¿No demuestra esto el lamentable hecho de que a tales personas prácticamente ya no se les

puede ayudar?

La Escuela Espiritual moderna, de acuerdo con el mandato de la Cadena Universal, ha abierto sus puertas de par en par. Todo el que quiera puede entrar, bajo determinadas condiciones. Así pues, cuando entonces se han aceptado formalmente las condiciones, de forma totalmente voluntaria, se puede esperar de personas honestas, normales y honradas que cumplan sus decisiones, sus promesas. Si ahora se evidencia que no lo hacen, entonces, debemos deducir que se trata de un hundimiento muy profundo.

A usted se le dice: existen dos poderes formidables que pueden hacer de su alumnado una candidatura. Y que pueden conducir su candidatura a la victoria. No necesita que éstos le sean otorgados, ni introducidos en su sistema, pues pertenecen ya al sistema de su mónada. Pero es usted mismo quien debe liberarlos. Entonces le conducirán irresistiblemente al objetivo final. Estos dos poderes inmortales se encuentran en el núcleo de la mónada, en el núcleo del microcosmos. Esto es, en primer lugar, lo que el prólogo del Evangelio de Juan designa como la Palabra. Es la idea divina, irradiada eternamente por el Logos. Y, en segundo lugar, la correspondiente radiación nuclear. Apaciguando el corazón, haciendo que suspenda toda lucha y entre en la paz profunda, abre el santuario del corazón al Ánimo, la armoniosa radiación de la luz nuclear de la mónada. Cuando, de esta forma, es animado por esta radiación nuclear, esto tiene innumerables y magníficas consecuencias. En cuanto éstas se manifiestan, puede hablarse de nuevo de verdadero alumnado. Entonces existe, verdadera y físicamente, una íntima vinculación entre el Ánimo y la personalidad. Se ha colocado la base para el restablecimiento, la base para la transfiguración.

Entonces, a ello, se une el segundo poder: la palabra, el habla. Entonces, el Chakra de la laringe funciona de un modo nuevo en su sistema y cada vez con mayor fuerza, y el centro sensorial en la faringe concentra la nueva fuerza de luz que debe ser aplicada por medio de la voz.

Comprenda este gran prodigio: Quien realmente libera completamente, en sí mismo, el poder básico, el nuevo estado del alma, y de esta manera transfiere todo el corazón a la Gnosis y pasa a vivir de este estado, obtiene un nuevo y grandioso poder: el habla o la palabra, con ayuda del cual se pueden emplear todas las fuerzas que controlan el sistema y, en la medida que éstas sean dañinas, pueden ser neutralizadas y expulsadas.

Todo alumno ha recibido estos dos poderes. Con tal de que quiera desembarazarse de la lucha del corazón, con tal de que quiera entrar en la profunda paz de Belén y suprimir la anarquía de la voz, con tal de que quiera utilizar su voz de la forma correcta y superar el gruñido del animal, se abrirá para usted el nuevo cielo-tierra, el verdadero alumnado aplicado.

XIV