CHAPTER II: PROBLEM IDENTIFICATION.
2.2. Target Community.
El Departamento de Problemática Universitaria. El Centro de Coordi-
nación y Promoción Agropecuaria. E l Departamento de Acción Social.
Intento de formar departamentos académicos. Adaptación a planes de
estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se reactiva
la sociedad de alumnos. Primeras estadísticas. Las sesiones de Miramar
Fue el P. Miguel García Guzmán, como delegado de educación de la provincia jesuíta, quien formalizó la toma de posesión e hizo las notifica- ciones oficiales.
El I T E S O , durante el gobierno del P. Héctor Mora Lomelí, S.J., se enfocó a la integración. La reciente incorporación a la U N A M y las perspectivas de solidez futura institucional después de una década de inseguridad por n o tener el reconocimiento oficial de los estudios, exigían priorizar esa línea. Las "Crónicas itesianas 1970-1972", del Dr. Raúl Fuentes Navarro, alumno cercano al P. Mora durante los cursos de literatura a los que asistió, son excelente guía de este rectorado por su relación filial nacida.3 6
El ITESO que el P. Mora recibió el 29 de mayo de 1970 contaba con 997 alumnos inscritos -ese año ingresaron 334 alumnos en primer semestre-; 54 maestros de tiempo fijo y alrededor de 125 de tiempo variable. El P. Nicolás G ó m e z Michel, SJ., era el Vicerrector, el Secretario General y el secretario de actas. Ya era una universidad con diez carreras: Contaduría Pública, Administración de Empresas, Ingeniería Mecánica-Eléctrica, Rela- ciones Industriales, Ingeniería Civil, Ingeniería Química, Arquitectura, Ciencias de la Comunicación, Psicología y Secretaria Ejecutiva Bilingüe.
Contaba c o n ocho directores de escuela y otros tantos subdirectores.
Como Presidente de ITESO, A . c , desde 1968, estaba d o n Raúl Urrea, de una sólida convicción en que la formación académica de la Compañía de Jesús era la garantía de la integración del ITESO y de su futura consolidación.
El P. Mora previamente había fungido como Subdirector de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, donde había revelado sus dotes de maestro y su calidad humana en los cursos de literatura. Le gustaba escribir y era notable su perfección literaria. A su juicio delineó las "cinco tareas principales" por realizar:
• La creación del Departamento de Integración Comunitaria ( D I C ) para "impulsar a todos los niveles y a través de todas nuestras actividades universitarias" la integración más fecunda "a la comunidad humana". • La conformación de una comisión para "a partir de la reflexión sobre
el sentido social de las actividades, explicitar cada vez más operativo el Ideario, la filosofía, que inspira a cuantos queremos formar la comunidad universitaria del ITESO". Ideario que fue el cimiento de las Orientaciones Fundamentales del ITESO, concebidas y precisadas en el rectorado del p. Xavier Scheifler, bajo la coordinación del propio P. Mora.
• El encargo a los consejos técnicos de las escuelas, de reexaminar los objetivos y metas de las carreras, "valorar contenidos y experimentar métodos de trabajo académico".
• Poner en operación nuevos procedimientos para la administración y el mantenimiento de "nuestros" servicios, para "rehuir burocratismos y hacer más personal nuestra relación".
• Finalmente, la creación del Departamento de Problemática Universitaria ( D P U ) , "que se encargará de ayudarnos a ser fieles al respeto que mutuamente nos debemos con la sabiduría que sabe descubrir lo que ayuda o lo que estorba".
Durante los dos años de rectorado del P. Mora Lomelí, se impulsó y se dio seguimiento coherente a esas cinco tareas. El DIC, el D P U , y el Centro de Coordinación y Promoción Agropecuaria (CECOPA) fueron piezas impor- tantes.
T o d o ello cuestionado ácremente por la campaña de desprestigio contra el ITESO encabezada por u n ex director de la Escuela de Psicología que n o quiso entender las exigencias del compromiso social que implicaba
el Ideario, y que provocó oleadas de inquietud, y aún temor, m o v i d o por su interpretación divergente de los proyectos de reestructuración e inte- gración.
De ahí que, en enero de 1971, el Rector publicara su escrito "¿Cuándo cerramos el ITESO?", donde, con fuerza y franqueza, cuestiona puntos vertebrales y agudos de nuestras contradicciones y paradojas, incongruen- cias y debilidades, institucionales y personales.3 7
Fueron cuatro los años que permaneció el P. Mora en el ITESO, desde su llegada en 1968 para impartir cursos de literatura en la Escuela de Ciencias de la Comunicación, hasta su sorpresivo nombramiento c o m o Yiceprovincial de formación de los jesuítas, en agosto de 1972. A u n q u e en ese entonces todavía no se estatuía la duración de los periodos c o m o Rector, dos años no se consideraron u n periodo completo.
El P. Mora se sintió a gusto en ese ambiente "tan familiar y amistoso que vivíamos". Años de "historia verídica y auténtica", mas ciertamente n o "simplista" n i sin complejidades, según confesiones del mismo P. Mora a raíz de las interpretaciones que provocó su cambio "dizque" p o r el hecho de haber invitado, él mismo, a Mons. Méndez Arceo, el polémico obispo de Cuernavaca, quien además dictó una conferencia ahí.
La creación del D P U , afirmó el p. Mora fue porque "el crecimiento y la maduración e n la fe arrancan en el acto total educativo [...] Y o creo que el comprobar que esto respondía a una necesidad real, n o sólo de quienes dirigíamos académicamente el ITESO, sino también del alumnado", fue lo que les dio sostén y firmeza, entusiasmo y fuerza. Su certeza se corroboró con la gran afluencia de inscritos en los cursos del Departamento de Problemática Universitaria.
Paralelamente decidió la fundación de CECOPA, en lugar de una carrera de agronomía, pues, explicó, se buscaba el compromiso de todas las carreras con el campo. Hay una monografía de todas las concreciones de CECOPA. Mencionamos a algunos de los inspiradores del Centro: Alfredo Rentería, Óscar Hernández, Miguel Bazdresch, Eduardo Arias.
El "estilo de gobierno" del P. Mora provocó "adjetivaciones" de sus hermanos jesuítas de la "vieja guardia", como el mismo P. Luis Hernández Prieto, quien afirmó que al P. Mora no le "gustaba diferir decisiones en su
aprendizaje como Rector". A l P. Mora le tocó el tiempo de las calumnias contra el comportamiento de los jesuítas durante esos años posteriores al Vaticano II y al movimiento estudiantil, que él había vivido en aquel París de mayo de 1968.
La sesión 145 del Consejo Académico, del día 4 de junio de 1970, fue presidida ya por el P. Mora Lomelí, tercer Rector del ITESO, a partir del 29 de mayo. El consejo acordó organizar una cena de honor para el P. Villalobos, como gratitud y reconocimiento institucional. T o d o con esta sencillez con que lo consignamos. Y continuó de inmediato la actividad del Consejo Académico. Todavía se notaba ese enlace en el cual era difícil delimitar lo académico de lo estrictamente administrativo, como fue el caso de los estudios de organización y evaluación de puestos del personal del ITESO, planteados por el Ing. Jorge Camarena.
El Ing. Miguel Bazdresch informó sobre el proyecto de acción social, lo ratificó como definitivo ya del departamento "recientemente constituido" (DIC).
Se urgió la entrega de los resultados de exámenes ordinarios, y el listado de los alumnos que hubieran perdido derecho por falta de pagos.
La frecuencia de las sesiones del Consejo Académico se empezó a apretar y casi se realizaron semanalmente. Sus miembros eran el P. Juan J o s é Coronado, el Mtro. Enrique Moreno, el Ing. Carlos Nafarrate, el P.José Hernández Ramírez, el Arq. Enrique Nafarrate, el Sr. Juan José Peña, el Ing. Miguel Bazdresch, y el P. Nicolás Gómez Michel, secretario de actas.
Se informó, como dato relevante, que el porcentaje de asistencia de los maestros del ITESO había alcanzado 85%, cifra alentadora para el nuevo Rector.
Se propuso lo referente al sistema de departamentos académicos. Este asunto se trató en junio de 1971 a petición del Ing. Carlos Nafarrate y del Arq. Enrique Nafarrate, al menos como plan piloto e n el Departamento de Matemáticas.
Por otro lado, se aprobó el formato de diploma, aún n o de título, de "técnico en ciencias de la comunicación" a los egresados de esa cañera.
En agosto de 19713 8 se presentaron los programas del Departamento
de Problemática Universitaria, y el P. Hernández Ramírez los concretó en
cuatro apartados, a saber: que la ética se cursara en los segundos semestres, que se trabajara a base de seminarios, que se mantuvieran las convivencias de orientación, y que se continuara la asesoría personal y "la promoción de actividades netamente religiosas".
En ese mismo contexto, el Ing. Bazdresch presentó los motivos y criterios que habían normado la acción del DIC, a su cargo. Fue época de propuestas, proyectos y controversias en el seno del Consejo Académico. El Rector d i o a conocer las medidas que se habían tomado "para contrarrestar las acusaciones y calumnias vertidas en el caso del Sr. Abascal", incluyendo las del propio Abascal. Afirmó que había que investigar el f o n d o real de los ataques.
En ese mismo agosto3 9 se decidió "llegar a una fórmula común de
consejo técnico para las diferentes escuelas", y se propuso la creación de una comisión que elaborara los reglamentos de dicho consejo, bajo la norma dada por el Rector.
Al avanzar en la reflexión sobre la existencia o no de los departamentos académicos, se vieron las dificultades ocasionadas por la falta de profe- sorado.
Y finalmente se cuestionó si se aceptaba o n o el curso de especializa- ción para trabajos de investigación; en el caso de los pasantes, como una opción diferente a la de tesis profesional pública, y su ratificación por las autoridades de la U N A M .
En septiembre se volvió a poner a consideración la obligatoriedad o n o de los cursos de problemática universitaria. Se decidió enterar a "las autoridades eclesiásticas" y al Consejo de Directores de ITESO, A.c. la determinación de anular la obligatoriedad de dichos cursos.
En otra temática, se expusieron las dificultades "e inconvenientes" de considerar los exámenes psicopedagógicos c o m o requisito de admisión. Por lo complejo del caso, se citó a una junta de aquellos que intervenían en el proceso de inscripción, para analizar y estudiar ese punto en especial. En octubre se informó sobre la reunión general de los primeros y segundos semestres de diversas facultades, "para concientizar a los alumnos sobre la integración comunitaria", reunión que se verificó con participación muy activa del alumnado. Se comisionó al Ing. Miguel Bazdresch para que
hiciera u n estudio sobre la relación que había entre la integración de la comunidad y el servicio social obligatorio.
Se analizaron con esmero los nuevos planes de estudio de la U N A M y los nuevos reglamentos.
En el acta 154 se consigna una petición de la que no hemos encontrado antecedentes. Nos referimos al deseo manifestado por el P. Esteban Palomera referente a que el Instituto de Ciencias, origen del ITESO, fuese una "preparatoria" de la universidad. El P. Luis Hernández Prieto abordó el tema, y manifestó los pros y los contras de la petición. Se retrasó la solución para una próxima visita del p. Palomera, y ya no volvemos a encontrar referencias del asunto.
Se anunciaron cursos de inglés por parte del Departamento de Exten- sión Universitaria, en octubre de 1970.
En noviembre de 1970 se acordó que el examen psicopedagógico fuese obligatorio y se estudiase más detalladamente.
Durante esos meses de 1970 hubo todavía u n notorio incidente entre "ciertos" alumnos de la Escuela de Arquitectura y "otros" de la Universidad Autónoma de Guadalajara
Ese año terminó con el establecimiento de seminarios para los profe- sores, obligatorios para los de tiempo fijo y opcionales para los de tiempo variable, a los que podrían asistir y se tomarían en cuenta para sus honorarios.
Finalmente, en diciembre de 19704 0 se discutió y aprobó el reglamento
de evaluaciones de las actividades académicas. Para darlo a conocer, se consideró a Inter-com órgano oficial de información.
El año 1971 comenzó con una petición de parte del cardenal J o s é Salazar para que la comunidad universitaria del ITESO expresara su opinión sobre la "comunidad cristiana de la arquidiócesis", en vista de las reuniones del consejo presbiterial, asunto que el P.Jesús Gómez Fregoso abordó con la aplicación de una encuesta a los alumnos y profesores.
Se urgió la entrega de planes de estudio y programas, para ser analizados por el Consejo Académico y realizar los trámites de aprobación ante la U N A M .
El tema de los cursos de verano, el nombramiento de su coordinador, su instnimentación en cada escuela por los directores, sus planes de estudio, etc., fueron materia de las sesiones del Consejo Académico durante los primeros meses de 1971.
También en esos meses se reactivó, por intermediación de Jorge Ayala, representante de los estudiantes, la existencia y el funcionamiento de la sociedad de alumnos, y hasta h u b o el 11 de marzo una asamblea general. Comenzó una dinámica inédita: los directores presentaban ante el consejo sus planes de estudio y las metas específicas de cada carrera. Empezaron con las licenciaturas en Ciencias de la Comunicación y en Arquitectura, que sufrieron algunas correcciones. Era abril de 1971.
Todas las semanas surgían sucesos problemáticos o gratificantes, que eran atendidos por el consejo: programas y metodología de cierta escuela, lista de materias optativas, etcétera.
Desde mayo, se propusieron las comisiones de estudio y de trabajo. Su integración fue libre. En 1971 existían, entre otras, la comisión de orden, la del reglamento de profesores, la del reglamento de alumnos, la de créditos educativos, la de presupuestos, junto a otras novedosas como las de planeación y programación, la encargada de la redacción de la Ley Orgánica, la de asesoramiento legal y la de técnicas dinámicas.
Es e n 1971 cuando, a petición del Rector, se empiezan a recabar, ordenadamente, los elementos estadísticos que con el tiempo conformarían los anuarios. Esos datos se les solicitaron a todos los directores. Apenas en
1971 el ITESO rebasó los m i l alumnos matriculados.
Flotaba en el ambiente la necesidad de formalizar y acrecentar el acervo bibliográfico de la incipiente Biblioteca. Ya desde ese entonces (acta 166) se menciona la tenacidad del P. G ó m e z Fregoso en sostener y organizar campañas del "día del libro" para allegar títulos y volúmenes.
En el acta del 20 de mayo de 1971 se asienta el tema de la asistencia o n o a la reunión de Miramar, de la cual no hay antecedentes formales en ninguna acta anterior, y que en realidad serían dos reuniones. Los que las vivieron dan por conocido y aceptado que Miramar I y II fueron trascen- dentales para la marcha del ITESO. Fueron reuniones m u y al estilo de la línea de gobierno del P. Mora; su tónica fue mayor capacitación, conviven- cia e interrelaciones más recias entre las escuelas.
Sin embargo, antes de la primera reunión de Miramar, en junio, el consejo enfrentó una serie de calumnias e insultos al ITESO como institución
y contra varios de sus integrantes en lo personal. El caso fue notorio por la resonancia concedida a la carta de una alumna de la Escuela de Secretarias, y a otra, más grave, del mismo Consejo Técnico de Psicología al Consejo Académico. Se les dio u n amplio espacio en los artículos del periódico interno, Eco. Las sanciones, después de sopesar y tipificar los delitos, fueron graves y enérgicas. Los acusados argumentaron acremente para defender el medio de publicación, Eco, en cuanto "tribuna libre". Eran fines de mayo de 1971.
Durante cada administración y cada cambio de Rector hay momentos de afirmación y aconteceres que dejan huella. En nuestra metáfora, son los hilos-guía del tapiz, y puntos nodales que se entrecruzan e integran el gran proyecto del telar inacabable, pero siempre único.
Lo crucial de Miramar era alcanzar, al estilo del método de los ejercicios de san Ignacio y su pedagogía, y a través del instrumento de los "semina- rios", la integración de todo el ITESO.
Pero antes, como pasos previos, h u b o que plantearse asuntos y sucesos más perentorios.
Ante todo, aunque no se estipuló, h u b o que dilucidar los campos académico y administrativo tocantes a la autoridad del Rector, todavía n o definidos antes del convenio entre ITESO, A . C y el Centro de Cultura Superior, Asociación Civil (CECUS, A.C.). El P. Mora delegó, en el Sr. Juan José Peña, toda la parte administrativa. "No el financiamiento", acota con nitidez, pues ese campo lo atendía, y cercanamente, la Junta de Gobierno a través del Lic. Flores Gollaz y el CP Jesús Martínez Amézaga.
El Rector trabajó así con dos "brazos": el Sr. Juan J o s é Peña, en lo administrativo, y el P. Nicolás Gómez Michel, en lo académico, como Secretario General. ¿Por qué? Porque desde el p u n t o de vista del P. Mora el problema n o era organizacional-administrativo, sino lograr la "confede- ración" de las escuelas que estaban separadas.
Había, pues, que sistematizar las sesiones del Consejo Académico tras la meta de integrar a todos los directores de escuela y departamento.
El objetivo inmediato era fomentar las relaciones humanas y los criterios de planeación, paso previo fundamental de las reuniones de Miramar. Ahí nacería el Ideario, con la metodología de u n "seminario".
Más aún, confiesa el P. Mora, en verdad CECUS, A.C. "era u n nombre, n o había ninguna relación". Desde ese nivel había que empezar la tarea de la integración. Había que integrar las relaciones con ITESO, A . C , con el
"tocayo", d o n Raúl Urrea, elemento fundamental y apoyo incondicional. Y en ese nivel, "capaz que creían que el Convenio n o era necesario". Una ocasión en que él, como Rector, presentaba ciertos datos, alguien del Consejo de Directores expresó su inconformidad, y d o n Raúl, firmemente, rectificó: "el Rector está informando [...] esto no es u n debate".
Para el P. Mora las reuniones en Miramar pretendían ser reuniones de "coordinación e inspiración en u n mismo espíritu". No ponían énfasis en c ó m o estaba estructurado el ITESO, sino en lo que lo inspiraba y le daba unidad. Para él, su rectorado fue, ante todo, búsqueda de integración. De ahí que las reuniones de Miramar pretendieron cumplir tres objetivos: • Incrementar las relaciones personales entre los miembros del Consejo
Académico, a tal grado que a Miramar asistieron las esposas de los consejeros, y ellas atendieron la comida y los detalles.
• Asimilar lo que iba saliendo del Consejo de Planeación y del Ideario. • Buscar c ó m o se podía ir "operatizando".
En Miramar, El P. Mora afirmó tres convicciones, con una visión que luego plasmaría en las OFI, cuando el P. Scheifler, ya Rector, le encargó coordinar la redacción del documento.
• Primera: "tiene que haber u n método pedagógico cuyo énfasis esté en la participación activa y responsable del alumno".
• Segunda, insoslayable: la inspiración cristiana.
• Tercera: "la apertura a la sociedad en la que estamos".
De estas guías "surgieron las actividades". En primer lugar, el sistema de seminarios c o m o método, principalmente en Ciencias de la Comunicación y e n Arquitectura.
En cuanto a la inspiración cristiana, consolidar el DPU, para plantear cuáles eran los problemas del ámbito universitario y c ó m o enfrentarlos cristianamente. El P. Mora precisó la importancia de "inspirar las materias",4 1
y aunando método con inspiración se impartieron los 42 seminarios, que
41. Como anécdota ilustrativa nos narró cuánto "le impactó" esta convicción a Luis Vargas,
Director de Administración, ajeno a la inspiración jesuíta, y cómo fue causa de su integración más íntima al ITESO.
atestiguan lo decisivo de la tarea, labor de Guadalupe de la Peña a través del DPU. De aquí nacieron proyectos alternativos de las diferentes escuelas. Para lograr la tercera convicción surgida en Miramar, "la apertura a la sociedad", se estableció el Departamento de Integración Comunitaria (Dic), en la línea de compromiso e inserción en la sociedad en que se vivía. De aquí que fuera el Dic el encargado de coordinar el servicio social. Y sobre todo, c o m o respuesta cordial y comprometida, se creó CECOPA como centro coordinador de problemas agrarios.
El P. Mora resaltó el apoyo total del cardenal J o s é Salazar, cuando aquél acudía a visitarlo e informarle de su labor. A p o y o para celebrar cristiana- mente la eucaristía en pequeños grupos comunitarios, pero con una condición: "no con las élites de las clases altas [...] sino en los barrios".