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Chapter 4 : A Direct Test of the Efficiency Wage Model.

4.2 Theory and Estimation

4.2.3 The Basic Approach

Las Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, que hace referencia a la estructura y al conocimiento de las actividades humanas, han evolucionado de manera sorprendente durante el siglo XX. Rodríguez (2001), considera que deben ser definidas como el ámbito educativo dedicado al conocimiento de todos los aspectos de la actividad física y el deporte (biomédicos, educativos, conductuales, técnicos y sociales), y a la aplicación de estos conocimientos para cubrir las necesidades de toda la población, de cualquier edad, género y condición física.

A lo largo de los últimos años ha existido una creciente preocupación por delimitar conceptualmente los ámbitos relacionados con la actividad física (proceso), el ejercicio físico (herramienta), la condición física (producto) y su repercusión en la salud. Sin embargo, muchos de los interesados se han encontrado con la necesidad de solucionar un problema caracterizado por la alta de consenso “universal” a nivel terminológico.

La actividad física desde una concepción funcional y biológica, puede ser definida como cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos y que resulte de un gasto de energía añadido al gasto del metabolismo basal (Caspersen et al, 1985). Esta definición será la que se asume en este estudio a efectos de definir y comparar la actividad física en la población drogodependiente. Para otros autores consideran, además, que la actividad física es una conducta o hábito (Ortega, 1992) o, la caracterizan como movimiento corporal intencional (Devís, 2000).

La concepción biológica puede definir un enfoque restrictivo si consideramos que el ser humano tiene una dimensión integral y amplia. En consecuencia, parece necesario definirla teniendo en cuenta otros aspectos, tales como: la experiencia personal, el contexto sociocultural y el perfil de hábito de actividad física. Desde una perspectiva integral, la actividad física hace referencia al movimiento, la interacción, el cuerpo y la práctica humana, aglutinando una dimensión biológica, personal y sociocultural (Devís, 2000). Como factor de carácter integral, la actividad física podría definirse como cualquier movimiento corporal intencionado que se realiza con los músculos esqueléticos, resulta en un gasto de energía y en una experiencia personal, y nos permite interactuar con los seres y el ambiente que nos rodea (Devís, 2001).

Delgado y Tercedor (2002) indican que la actividad física para u orientada a la salud y/o al bienestar puede definirse como un conjunto de conocimientos científicos, fundamentados en saberes aportados por otras ciencias más o menos afines, pero que no tienen sentido sin considerar la propia esencia de la actividad física y el deporte: el movimiento humano. Así pues, la actividad física orientada al bienestar puede incluir numerosas prácticas desarrolladas a lo largo de la vida diaria. Para Howley y Franks (2001), pueden existir dos categorías principales: la actividad física ocupacional y la actividad física en el tiempo libre o recreacional. La primera, engloba aquellas actividades de ámbito laboral que duran aproximadamente 8 horas, mientras que la segunda, se refiere a las actividades realizadas en el tiempo libre determinadas por las necesidades e intereses personales.

El ejercicio físico puede definirse como una subcategoría de la actividad física que se caracteriza por estar planificada, estructurada y ser repetitiva, teniendo como objetivo la mejora o el mantenimiento de uno o más componentes de la forma física (Caspersen et al, 1985; Seccareccia y Menotti, 1992; Devís et al., 1992; Serra, 1994; Bouchard et al., 1994; Shephard, 1995; Pinto Guedes y Pinto Guedes, 1995; Rodríguez, 1995; Devís et al., 2000; Tercedor, 2001; Delgado y Tercedor, 2002), libre y voluntaria (Ortega, 1992; Shephard, 1996).

En la Carta Europea del Deporte se considera que el deporte representa todo tipo de actividades físicas que mediante una participación organizada o de otro tipo, tenga por finalidad la expresión o la mejora de la condición física y psíquica, el desarrollo de las relaciones sociales o el logro de los resultados en competiciones de todos los niveles (García Ferrando et al., 2002). Según los autores, esta definición engloba bajo este término a toda la multiplicidad de actividades físicas y de recreo que, junto con las actividades de competición, conforman el complejo, denso y profundo sistema deportivo contemporáneo.

El término de condición física, physical fitness o forma física es flexible y difícil de definir en el ámbito de la salud (Bouchard et al., 1993). Según Pollock (1998), es considerado un concepto complejo y compuesto por una variedad de características que incluyen la condición cardiorrespiratoria, la composición corporal, fuerza- resistencia muscular y flexibilidad.

La condición física es un estado dinámico de energía que permite a las personas llevar a cabo las tareas diarias habituales, disfrutar del tiempo de ocio activo y afrontar las emergencias imprevistas sin una fatiga excesiva, a la vez que ayuda a evitar las enfermedades hipocinéticas y a desarrollar el máximo de la capacidad intelectual y a experimentar plenamente la alegría de vivir (Bouchard et al, 1994). El U.S. Department of Health and Human Services definió la condición física, en 1996, como la capacidad de llevar a cabo las labores cotidianas con vigor y vivacidad sin fatiga excesiva; de aprovechar satisfactoriamente el tiempo libre y de hacer frente a las urgencias imprevistas. Integra la capacidad cardiorrespiratoria, la fuerza, la potencia y la resistencia musculares, la flexibilidad, la habilidad, el equilibrio, el tiempo de reacción y la composición corporal (Lorant, 2002).

El Diccionario de las Ciencias del Deporte distingue entre los términos condición física y condición física - fitness. El primero de ellos, hace referencia a un factor de la capacidad de trabajo (físico) del hombre, determinado por el grado de desarrollo de las cualidades motrices (capacidades corporales) que pueden circunscribirse dentro del ámbito deportivo. El segundo, designa, de manera general, la vitalidad de una persona y su aptitud real para las acciones que emprende. Comprende todas las dimensiones de la personalidad y todos los campos en los que emprende su acción en un contexto social determinado. También, señala que los conceptos de salud y fitness pueden ser sinónimos, en cuanto que alude a un estado de bienestar integral corporal, mental y social.

A lo largo de la historia, la vida diaria del ser humano ha dado lugar al desarrollo, mantenimiento y mejora de los niveles de “capacitación” para la realización de las actividades cotidianas. No obstante, en los tiempos modernos la industrialización ha provocado un declive en los requerimientos físicos de la población (Erikssen, 2001). La disminución del nivel de práctica física ha llevado a identificar un fenómeno desgraciadamente extendido y perjudicial para la salud como es el sedentarismo.

Tudor-Locke y Myers (2001) han diferenciado conceptualmente los términos sedentarismo e inactividad física. Hasta la fecha, el sedentarismo ha sido inferido, de acuerdo y de forma comparativa, a bajos niveles de gasto energético en las actividades de la vida diaria (tiempo o distancia caminada, subir-bajar escaleras, participación en actividades físicas durante el tiempo libre de carácter vigoroso; incluidos el deporte y el ejercicio, etc.).

Los términos sedentario y físicamente inactivo, o lo que es lo mismo, sedentarismo e inactividad física, no son sinónimos y no deberían intercambiarse. El término inactivo describe un comportamiento, no a la persona. Pocos discutirían que el término sedentario tenga más que ver con actitudes inactivas y menos con activas. Sin embargo, salvo en aquellos casos en que el individuo debe estar encamado (pacientes muy enfermos), los sujetos siempre realizar algún tipo de actividad física a lo largo del día, durante las horas que no permanecen en cama. De hecho, una persona puede gastar la mayor parte de su tiempo en ocupaciones inactivas y no considerársele sedentario. Por lo tanto, la inactividad física debe ser considerada como “un estado en el cual el movimiento corporal es mínimo” que a ecta al estado de salud y a la calidad de vida de las personas.

A lo largo del tiempo, la ausencia de salud, ha representado una preocupación constante de todas las sociedades y culturas. El desarrollo y mejora de un buen estado de salud ha sido considerada uno de los grandes valores individuales y colectivos, al que las personas e instituciones dedican una parte importante de sus recursos (Colomer y Álvarez-Dardet, 2000). En este sentido, la salud pública es el conjunto de esfuerzos organizados de la comunidad dirigidos a proteger, fomentar y promocionar el bienestar de la población cuando está sana, y a restaurar y restablecer su salud cuando ésta se pierde y, en caso de necesidad, rehabilitar y reinsertar al enfermo, integrándolo de nuevo en su medio social, laboral y cultural (Piédrola, 2000). Este conjunto de actuaciones principales, como la educación orientada a la práctica de actividad física habitual, pueden facilitar, por un lado, el desarrollo de hábitos saludables y, por otro, la prevención de factores de riesgo en la población.

En el artículo 43 de la Constitución Española se recoge el derecho a la protección de la salud y las obligaciones de los poderes públicos a este respecto. A propósito, la Organización Mundial de la Salud (OMS), define en su segundo principio constitutivo que “la posesión del mejor estado de salud que se esté en disposición de conseguir supone uno de los derechos fundamentales de todo ser humano, independientemente de su raza, religión, opiniones políticas y condición económica o social” (Lorant, 2002). Ahora bien, su definición e interpretación conceptual han evolucionado a lo largo de la historia en función de los individuos, las civilizaciones y las épocas (Perrin et al., 2002).

En 1936, Leriche definía a la salud como una ausencia de enfermedad (Perrin et al., 2002). Desde esta perspectiva más clásica, el concepto de salud ha estado relacionado con los procesos patológicos, lo cual suponía una interpretación poco

precisa y demasiado sintética de lo que representa el ser humano en su integridad. La OMS (1946), en el preámbulo de su constitución, propuso una idea multidimensional, compleja, dinámica, amplia y de carácter positivo del término. En su proposición la salud es entendida como “el estado completo de bienestar ísico, mental y social, así como la capacidad de funcionamiento, que permiten los factores sociales en que los individuos y la comunidad se allan inmersos” (Bouchard et al., 1994. Shephard, 1995; Aznar, 2002a). Para otros autores, la salud es el logro del elevado nivel de bienestar físico, mental, social y de capacidad de funcionamiento, así como del reducido nivel de enfermedad que permitan los cambiantes y modificables factores políticos, sociales, económicos y medioambientales en los que vive inmersa la persona y la colectividad (Devís et al., 2000).

Las condiciones de vida y el contexto socio-cultural parecen marcar las diferencias. En este sentido, con el incremento de las enfermedades modernas está emergiendo una cierta preocupación por la búsqueda de un estilo de vida saludable, acompañado de otros cambios positivos en la forma de vida (Gordon y Mitchell, 2000). Consecuencia de ello es la necesidad de establecer las bases para el disfrute de la actividad física en la vida diaria, y además, orientar los comportamientos hacia la búsqueda del bienestar y la calidad de vida a través del desarrollo y la promoción de una actividad física saludable en la población en general. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (2010), en su definición de estrategia a nivel mundial, anima a los diferentes miembros a poner en práctica planes de promoción de la actividad física y el ejercicio con el objetivo de prevenir las enfermedades no transmisibles.

III.2.2. Relaciones entre la actividad física y la condición física con