3.3 The Cartesian Product Algorithm (CPA)
5.1.4 The Controller
5.1. Fundamentos de la hipótesis
Una hipótesis básica de este trabajo es que la historia como disciplina, considera que la transformación social no es un emergente directo de la utopía, sino una construcción basada en un sentido fuerte de la realidad unido a la voluntad política, ligados ambos a la disponibilidad de los recursos y a las limitaciones impuestas por las exigencias materiales para transformarla. De acuerdo a esta apreciación se investiga qué categorías y con qué significación se han usado para describir, analizar y comparar a dos fenómenos muy estudiados en América Latina: peronismo y varguismo, señalados como populismos.
Es conveniente revisar las categorías usadas para la investigación, en los fenómenos de larga duración histórica, porque ellas no son operativas en una línea de continuidad hasta la actualidad. También es necesario investigar las nuevas categorías que se aplican a estos fenómenos históricos de larga permanencia pero con grandes transformaciones en el tiempo.
Los nuevos planteos sobre el populismo, especialmente en la década del 90, ponen mucho énfasis en el contexto de época y de espacio, captando sus realidades históricas y diferenciándolas de los mitos construidos sobre ellas. Intentan descartar las memorias que generalizan sobre experiencias personales y exploran la polarización radicalizada de las distintas posturas. Además diferencian los discursos- que son de guerra - de los temas materiales que no son tan distintos entre los opositores. (Los discursos generalmente superan la realidad material y por ello, hay que ser cuidadoso con los análisis que intentan confundir la realidad material de la historia con los discursos hechos sobre ella). Por otra parte historiadores de Argentina y Brasil rastrean especialmente la tradición política cultural en la que encuentran antecedentes y bases de los populismos.
La necesidad de explorar nuevas categorías se articula con la idea de que hay factores tradicionales que influyeron más de lo estudiado y pensado en los populismos, por lo cual se necesitan categorías de largo alcance histórico, que consideren ciertos procedimientos arraigados en la tradición política y cultural, tal como los antagonismos políticos particularmente excluyentes, la tibieza de fe en las virtudes de la democracia, la legitimidad excluyente y sin duda, los autoritarismos. Hoy se admite que importantes procesos tienen ritmos propios y no se alinean solamente con el momento de fuerte impacto político, estos fenómenos complejos reclaman para si una perspectiva que considere la presencia de continuidades respecto a etapas anteriores.
Por otra parte, la mirada actual sobre fenómenos históricos que presentan una indudable permanencia y proyección hacia el presente, parece necesitar también de categorías de corto alcance histórico, que pongan más su énfasis en la novedad, en la ruptura con la tradición. Varios de los nuevos estudios se basan en la consideración de que el peronismo va a ser desde su origen una expresión política de una sociedad ya transformada y que se debiera formular entonces una categoría referida al estado de cambio de la sociedad y la adaptación de políticas adecuadas a ese momento histórico. Por otra parte también se detecta la necesidad de formular una categoría que considere la sobredimensión emocional, la carga de irracionalidad y mito en el tratamiento de estos temas, como también otra que tenga que ver con la política de consenso sobre intereses (que envolvía prioritariamente a los sectores de élite) y los nuevos modos de articular fuerzas sociales con grupos que disponen de partes del poder del Estado.
También se pone a consideración si es posible dilucidar -según la definición de Bunge1- si los populismos fueron una tendencia histórica progresiva o regresiva en términos generales. Según el autor podría ser considerada progresiva una tendencia, en cuanto cumpliera las siguientes pautas:
-Si implicó la satisfacción creciente de las necesidades básicas y de las aspiraciones legítimas de un número creciente de personas.
-Si disminuyó la explotación, la opresión y el desamparo sin poner en peligro las posibilidades de las futuras generaciones.
-Si implicó que (en líneas generales) la democracia integral se expandiera y se contribuyó a ampliar la ciudadanía social.
Mi trabajo propone la utilización de estos criterios o pautas para analizar los distintos populismos en América Latina, y también indagar sobre la responsabilidad de las elites (especialmente) y de la sociedad en general, para fundar realidades que sean heredadas por las generaciones siguientes, explorando reformas de las instituciones sociales que sirvieron y sirven para mejorar la vida de la gente.
5.2 Una tendencia en la década del 90
Historiadores de la década del 90 han tratado de repensar el peronismo y el varguismo como también otros fenómenos político-sociales englobados bajo la designación de populismos. Su tarea se inserta en el proceso de cambio de la historiografía de la década del 80 y del 90, donde se empeñaron en un giro profesionalista de la disciplina, en una lucha expresada especialmente en la última década, con un fuerte interés en rescatar los temas históricos de las manos de otros discursos, en muchos casos poco rigurosos o simplificadores, a causa de la falta de método histórico.
Esta renovación historiográfica se produce teniendo en cuenta algunos factores ya señalados como la crisis contemporánea de los grandes paradigmas teóricos en todo el mundo, que llevó a una fuerte atomización de la disciplina que buscaba protección y amparo en las historias cotidianas y en la reducción de la escala de estudio a cuestiones micro. También se buscó refugio para los estudios históricos en el ámbito de las creencias, mitos y representaciones. Esta manera de afrontar la historia le creaba otro problema a la disciplina: la pérdida de visión holística y la dificultad para explicar el pasado histórico y prever los grandes procesos. La gran historia quedaba sin lugar. Los historiadores críticos de este derrotero pretendieron rescatar las visiones de proceso, pero no a la manera paradigmática desde otros disciplinas, sino desde la propia y desde el enfoque de estudios concretos en espacios más reducidos para partir desde allí hacia una construcción más abarcadora.
“El planteo de una explicación menos rígida que las tradicionales pero al
mismo tiempo más amplia que el conjunto de aproximaciones parciales que vino a reemplazarla, reclama algunas certezas sobre el presente y futuro de la sociedad. Si esa imagen de conjunto se alcanza, es probable que ella esté destinada a ser, en
comparación con la que terminó de forjarse en los tempranos años 70, una más matizada y más sensible a lo complejo de la realidad social”.2
Otro problema que se presentaba a los historiadores, es el ya planteado como déficit tradicional de la historia reflejado generalmente en cierta hostilidad frente a la teoría. Los estudios históricos sobre los populismos no han sido en su gran mayoría patrimonio de los historiadores. Esto se puede apreciar en las investigaciones del peronismo y el varguismo, que han sido territorio de sociólogos y polítólogos, de periodistas y de ensayistas. Un tema que siempre inquietó a los investigadores fue el de las continuidades y las rupturas en la historia, aplicado a los populismos, se puso más énfasis en las rupturas que en las continuidades. En las nuevas búsquedas historiográficas se explora el surgimiento de los populismos como propios de sociedades que los fueron preparando lentamente, así en los estudios de la década elegida, los antecedentes cobran singular importancia, enfocando el interés en la formación de los fenómenos históricos, que parecen a simple vista irrumpir cono una novedad total ajena a la sociedad que los anida. De este modo la larga duración y la redefinición de categorías se imponen en las nuevas investigaciones históricas.
Si bien esta interpretación no es enteramente novedosa ya que puede rastrearse en algunas obras de décadas anteriores, sin duda ha cambiado la búsqueda historiográfica, el enfoque y las categorías que se utilizan para la explicación de los populismos.
5.3. Antecedentes sobre populismos.
Todo investigador que estudie el proceso histórico de América Latina, sobre todo a partir de la crisis de 1930, tropezará de inmediato con el término populismo, uno de los más usados por los cientistas sociales pero también un término que carece de sentido unívoco3. Se lo utiliza para aludir a fenómenos enfocados desde lo ideológico, para referirse a partidos y movimientos y formas de gobierno, relacionados con clases sociales y con desarrollo de fuerzas productivas. Como expresó Ernesto Laclau en “Hacia una teoría del populismo”, pocos conceptos han sido más ampliamente utilizados en el análisis político contemporáneo y pocos han sido definidos con menor precisión. Sabemos a que nos referimos cuando calificamos de populista a un movimiento o a una ideología, pero encontramos las 195
mayores dificultades en traducir la intuición en conceptos. Esto ha conducido a una práctica ad hoc: continuar utilizando el término en forma alusiva y renunciar a desentrañar su contenido.
Sin duda que el término populismo ha sido empleado con generosidad - especialmente por filósofos y cientistas sociales – y es altamente controvertido a un nivel teórico que toma poco en cuenta a los contextos históricos, pero es allí precisamente donde es posible la explicación que torna más descifrable este fenómeno, por lo menos con los historiadores que acceden a los hechos con método y teoría. Un elemento común a la mayoría de ellos es la aceptación de la pertinencia del término populismo para caracterizar un fenómeno que se desarrolla en un ámbito espacial muy amplio y en un lapso de aproximadamente un siglo, empleando un concepto que ya tiene un reconocimiento por la práctica de su uso y porque ha sido profusamente discutido entre los especialistas de distinto ámbito. Los historiadores en general, definen los conceptos según su uso y aplicación en el ámbito que estudian y expresamente dicen en que sentido y como los utilizarán.
No obstante actualmente algunos historiadores, que perdieron las líneas de búsqueda holística o interpretativa en ámbitos mayores, han querido diferenciar los populismos hasta hacerlos específicos de cada lugar sin aceptar ningún tipo de semejanza, lo que produce una radicalidad tan preocupante como la opuesta que intentaba demostrar que todos los populismos eran iguales.
El término populismo se ha usado en todo el mundo, para el populismo ruso y para movimientos y partidos de distintos países de Europa oriental, tanto como para el partido populista de EEUU. Concentrándonos en América Latina se ha empleado para todos los movimientos o partidos que han tenido alguna connotación referida “al pueblo” en el sentido de los sectores urbanos inferior y medio de la poblaciones, a la justicia social y a la incorporación política de nuevos sectores sociales.
Esta amplísima gama llevó a los historiadores a tratar de identificar características generales de las cuales participaran diferentes movimientos surgidos en América Latina, y que sirvieran para identificarlos, marcando semejanzas y diferencias dentro de una periodización histórica.
Para enmarcar históricamente a los populismos, puede seguirse a historiadores, sociólogos y economistas especializados en el estudio de la historia Contemporánea de América Latina4. El término populismo o populismos o movimientos nacionales populares, surgen dentro de un marco político regional o 196
nacional - lo que le da su originalidad- elaborado sobre una realidad que le ofrece sus propios elementos para estructurar doctrinas o políticas que se relacionan de alguna manera con las macroideologías internacionales.
Puede ubicarse históricamente a los populismos en la llamada época de crisis liberal y "de crecimiento hacia adentro" (1930-1960) e identificarlos como "movimientos nacionales populares"; pero antes hay que definir una etapa de transición hacia la crisis (1910~1930), donde estarían comprendidos los hechos que provocan la estructura fundacional que incide en su formación y hará eclosión en la etapa siguiente5.
Para algunos autores la era de los populismos se inicia con la Revolución Mexicana de 1910 o con Hipólito Yrigoyen (1916-22; 1928-30) en Argentina. Para otros es una etapa prepopulista. La mayoría coincide en que su aparición es consecuente a la crisis del 29, se señala que es anticipada teóricamente por Víctor Haya de la Torre en Perú, que en 1924 expresa tesis populistas. Podría afirmarse que hay un consenso que ubica los populismos entre 1920 y 1960.
Para Michael Conniff6 se encontrarían estos fenómenos históricos a partir de 1920 pero reconociendo presencias previas como José Batlle y Ordoñez en el partido colorado uruguayo, e Yrigoyen en el partido radical argentino. Discierne una primera etapa "reformista o consensual", en la entreguerra, donde hay cambios político - sociales modestos, pero desarrollando una acción irreversible hacia la política de masas.
La terminología con que el populismo se nombró a sí mismo en su época tuvo variaciones, adoptó el nombre de su conductor o de sus reivindicaciones más importantes, “el pueblo” era identificado con el estrato más carenciado. Velasco Ibarra en Ecuador le llama "chusma", "descamisados" en el peronismo, símbolos como la alpargata para identificarse, el calzado pobre, es decir que siempre se designaron por la negatividad, por el estado de necesidad de sus simpatizantes o por el desprecio con que lo identificaban sus contrarios. Pero de pronto, todas esas designaciones son revertidas y asumidas como distintivos orgullosos que portan sus simpatizantes.
El populismo sufre transformaciones y crisis, sin duda no es el mismo en las décadas del 40 y 50 que en la actualidad, pero no desaparece como tal, sino que transforma ciertas características según etapas en que la sociedad vigente ofrece mayores o menores resistencias a sus objetivos o que surgen nuevos desafíos. El 197
populismo que pudo cristalizar en una organización o en un partido, construyó su cuerpo doctrinario, esos partidos se conforman sobre la situación nacional donde surgieron y allí es donde encontramos las diferencias entre los populismos latinoamericanos. Pero si bien se acepta definirlos como un conjunto de movimientos políticos característicos o propios de algunos países de América Latina, se pueden extraer características y condiciones generales a todos ellos.
El discurso que descubre su ideología y que está presente en todos los movimientos, permite decir que el populismo pretendió iniciar en algunas situaciones o profundizar en otras, la reforma de la estructura agro-minera-exportadora de crecimiento "hacia afuera" y que asentado sobre el proceso de sustitución de importaciones, promovió la industrialización acelerada, el "crecimiento hacia adentro", estableciendo múltiples alianzas y una cierta voluntad de independencia nacional, con un objetivo de incorporación social y política de vastos sectores de la población.
Existe en general, acuerdo en considerar a la crisis de 1930 como un momento clave para el desarrollo de los países de América Latina. La apreciación se basa fundamentalmente al estudiar los efectos de la crisis sobre el sector externo representado por las restricciones a la exportación y las dificultades para abastecer al mercado interno. Así se abre la posibilidad de iniciar una nueva etapa en su proceso de industrialización, que aproximadamente entre 1930 y 1950 se caracteriza por un notable desarrollo de la industria liviana; este desarrollo basado en la sustitución de importaciones, es acompañado en el nivel político por el populismo y da lugar en lo social a la irrupción de las clases populares en el proceso de desarrollo urbano e industrial, así como su incorporación en el juego político nacional. Hay consenso en considerar al populismo un movimiento policlasista, donde tienen especial importancia las alianzas. Sin embargo no lo hay para considerar a los protagonistas de la alianza ni a sus objetivos.
Dice Eduardo Devés Valdés que durante los años 60 y 70 el pensamiento politológico tuvo un desenvolvimiento modesto, siendo el tema mas relevante el del populismo y un poco después el de los autoritarismos. La reflexión sobre el populismo se gestó en las ciencias económico-sociales y más precisamente entre los que trabajaban la modernización de la sociedad.
“El tratamiento del populismo en el seno de la red de la sociología de la modernización y del dependentismo no podía dejar de traslucirse en los conceptos a los que se articula, sean éstos politológicos (Estado Oligárquico) o no politológicos (industrialización, urbanización, dependencia, migraciones campo-ciudad y capas medias, entre otros).Ello mismo implica que el abordaje del movimiento populista no sea propiamente politológico sino que, concibiéndolo en ocasiones como régimen, como movimiento social o como ideología, en realidad se lo trate globalmente como sistema social, económico, cultural y político. (…) El populismo como sistema, estaría compuesto por la presencia de cuatro factores: masas populares, especialmente obreros industriales: élites disponibles con incongruencia de status, ideología o psicología que facilite la comunicación y genere entusiasmo y lider carismático”. 7
Gino Germani introdujo el tema del populismo integrándolo en su teoría de la participación creciente. Este se presenta en todas las sociedades a comienzo de su desarrollo industrial, estando constituído por dos procesos distintos: el de movilización y el de integración. Di Tella por su parte definió los movimientos populistas como coaliciones, con una ideología cohesiva, entre estratos de la clase trabajadora urbana o rural y las élites no obreras. A Weffort le interesa explicar el surgimiento de estos movimientos, para lo cual se refiere al desarrollo de una contradicción dinámica interna, unida a alteraciones sustanciales en el modo de integración dependiente en el sistema capitalista internacional, cosa que produce la crisis del sistema oligárquico. Ianni apunta a entender el populismo a partir de las relaciones entre las clases sociales. Piensa que el Estado populista, al que distingue precisamente del fascista y del socialista se forma por las contradicciones en el seno de la clase dominante, en combinación con los antagonismos entre esas facciones y las otras clases sociales, en la crisis de la economía primaria exportadora. Ernesto Laclau entra en el tema del populismo principalmente a partir de la ideología, y de ésta como discurso que debe entenderse en el marco de la lucha de clases. Para el argentino-británico, el populismo empieza en el punto en que los elementos popular- democráticos se presentan como acción antagónica frente a la ideología del bloque dominante.
5.4. Las discusiones, las categorías y los enfoques tradicionales.
5.4.1. Respecto a la ideología populista
Se puede decir que hay consenso en la mayoría de los estudiosos tradicionales del populismo en evaluar su ideología como contradictoria y confusa. Se entiende que se la considera confusa tomando como marco referencial los grandes sistemas ideológicos. Así se habla de fórmulas híbridas y paradójicas desde la dicotomía izquierda-derecha (Gino Germani) de difusa significación ideológica (José Luis Romero) o como que las masas entran en la lucha de clases pero con absoluta falta de ideologías claras y de organización de base (Torcuato Di Tella), también como formando parte de la ideología dominante pero con matices equívocos, manejándose hábilmente, progresistamente, modernizadoramente (Enrique Dussel).
Cuando Abraham Rocheli se pregunta si Vargas en Brasil poseía una ideología cristalizada o una línea de pensamiento político claro, y su respuesta es negativa, está expresando una opinión bastante repetida por los que definen ideológica o políticamente al populismo, aplicada en general a todos los países que fueron afectados por el fenómeno. Así expresa que la ideología varguista se caracterizaba por tener una línea política llena de contradicciones. “(…) por un amontonamiento raro de fundamentos fascistas, cooperativistas, socialistas, semidemocráticos, sindicalistas, militaristas y principalmente nacionalistas"8
No obstante si se profundizan opiniones de algunos autores de los citados, vemos