Analysis, Results and Discussion 6.1 Introduction
6.7 Background of Case Study Four – Airline Four (Z)
6.8.1 Theme 1: Knowledge Creation/Acquisition
Esta tesis sostiene que, incluso si presuponemos la existencia de una respuesta correcta a los conflictos políticos, la deliberación es incapaz, como cuestión de hecho, de generar acuerdos y de conseguir, en conse- cuencia, los fines para los que está pensada. Al menos esto es lo que ocurre, afirman, en la mayor parte de las controversias sociales, en las que, por ejemplo, la negociación se muestra más efectiva para generar un acuerdo. La deliberación acaba siendo, pues, inocua a los efectos del acuerdo social81. La tesis de la inocuidad no se refiere a algunos casos concretos, no es que en algunas ocasiones la deliberación democrática sea inocua o recurrir a otros procedimientos como que la negociación sea más eficaz en términos de alcanzar económicamente un acuerdo. Esto es algo que los propios deli- berativistas admiten. Tampoco puede sostener que la deliberación es siem- pre inocua, que nunca es capaz de generar un mayor consenso social. Eso sería empíricamente falso. Así pues, sólo puede significar que la delibe- 01-CAPITULO 01•C 29/9/06 13:09 Página 32
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82 BOHMAN, 1996: 75. Para un tratamiento detallado del hecho del pluralismo, los conflictos
profundos, y la complejidad social, desde la perspectiva de la democracia deliberativa, véanse DRYZEK, 1990: 57-76; y BOHMAN1996: caps. 2 y 4.
83 Véanse GUTMANNy THOMPSON, 1996: 11-18 y 73-79, y 2004; y BOHMAN, 1996.
ración democrática es inocua en general, o al menos en los casos más importantes, como muestran ejemplos ampliamente discutidos en nuestras sociedades contemporáneas tales como el aborto, la eutanasia, o incluso la pena de muerte. Este tipo de controversias altamente complejas desde el punto de vista moral y que generan desacuerdos muy persistentes y generalizados son las que James BOHMAN ha denominado conflictos pro- fundos82.
Ahora bien, puede ser cierto que la deliberación sea incapaz de gene- rar un mayor acuerdo o consenso en este tipo de casos, pero eso todavía no implica que sea inocua, puesto que puede producir otro tipo de efec- tos valiosos desde el punto de vista de la legitimidad democrática. De la deliberación esperamos que genere una mayor y mejor comprensión de los diferentes puntos de vista, que resuelva aquellos desacuerdos basados en creencias erróneas y que acerque las posiciones respectivas en la medida de lo posible. Aunque no nos permita alcanzar el consenso ni incremen- tar cuantitativamente el acuerdo, las decisiones posteriores a la delibera- ción son, como veremos más adelante, más informadas, e incluso los desa- cuerdos deliberativos, los que persisten tras la deliberación, son también más valiosos83. En otras palabras, aunque no permita incrementar el con- senso cuantitativamente, sí que lo incrementa cualitativamente, convir- tiéndolo en más razonado. Desde el punto de vista de la legitimidad demo- crática que defiende la democracia deliberativa, puede ser preferible contar con un menor acuerdo numérico pero de mayor calidad sustantiva o mejor fundamentado en razones, que con un consenso incluso total, pero que no sea razonado en absoluto.
Los desacuerdos persistentes, lejos de suponer un problema, pueden ser muy valiosos si son desacuerdos posteriores a la deliberación, en tanto que son más racionales e informados que los desacuerdos previos a la deli- beración y, como dije en el apartado anterior, sirven de condición de posi- bilidad y de factor de enriquecimiento de la propia deliberación en el futuro. Así que el hecho de que un proceso deliberativo real no consiga producir consenso en una decisión, y produzca en su lugar un desacuerdo posterior a la deliberación, no es un problema, sino un estímulo para pro- seguir con la discusión racional. Si los participantes acuerdan en el pro- cedimiento deliberativo como legitimador de las decisiones políticas, no es tan importante que no se alcance el consenso y no se resuelva en ese sentido el conflicto. En otro sentido más relevante, el conflicto estará al menos provisionalmente resuelto por una decisión política legítima. 01-CAPITULO 01•C 29/9/06 13:09 Página 33
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84 Con respecto al voto, véase la nota 80 de este capítulo. Con respecto a la negociación,
véanse GUTMANNy THOMPSON, 1996: 79-91, y 2004: 79-90; BOHMAN, 1996: cap. 2, esp. 83-95; NINO, 1996: 176-178; y ESTLUND, 1997: 185.
85 Véase SUNSTEIN, 1995, 1996: 35-61, 1997 y 1999.
86 Un principio «de rango bajo» significa un principio relativo a un caso concreto. La noción
de rango alto, medio y bajo debe ser entendida, según SUNSTEIN, en términos comparativos; SUNS-
TEIN, 1999: 131.
87 SUNSTEIN, 1999: 126, la cursiva es del autor.
¿Cómo podemos en la práctica tomar una decisión legítima en los casos en los que los desacuerdos son persistentes? Como ya vimos en el apar- tado anterior, los propios deliberativistas admiten que en la práctica debe- remos recurrir a otro procedimiento de toma de decisiones después de haber deliberado, como el voto o la negociación84. En el peor de los casos, habremos perdido algo de tiempo y esfuerzo en la deliberación. A cambio, el desacuerdo posterior a la deliberación es más valioso que el anterior y mediante el voto o la negociación agregaremos o transformaremos prefe- rencias ya filtradas y transformadas mediante el proceso deliberativo real, lo cual permite suponer que el resultado que se alcance será mejor en tér- minos de legitimidad. Ahora bien, el voto no permite alcanzar un mayor consenso que la deliberación, sino sólo agregar las preferencias de modo que podamos tomar una decisión que cuente con el respaldo de la mayo- ría. Así que no es mejor que la deliberación democrática a los efectos de la tesis de la inocuidad. Y con respecto a la negociación, puede ser cierto que nos permita alcanzar un mayor consenso numérico que la delibera- ción en determinadas situaciones, pero como ya he dicho se tratará de un consenso de menor calidad, no basado en razones. Así que acudir a la negociación será a lo sumo un second-best.
Comprenderemos mejor el déficit que supone un consenso no razonado como el que genera la negociación si examinamos la última estrategia posi- ble para incrementar el consenso en el caso de los conflictos profundos, la estrategia a la que se recurre más habitualmente en nuestras democracias constitucionales. Si no alcanzamos un acuerdo significativo respecto a una decisión determinada, podemos buscar un consenso parcial que eluda las cuestiones más controvertidas, es decir, lo que SUNSTEIN ha denominado «acuerdos incompletamente teorizados»85. Ante un desacuerdo acerca de un principio «de rango medio» que la deliberación no ha logrado resolver, tenemos dos posibilidades que nos permitirán generar consenso: o bien for- mulamos el principio de forma más general, y así conseguimos un acuerdo sobre un principio «de rango alto», o bien nos ponemos de acuerdo acerca de algunas soluciones concretas, fundadas en algún principio «de rango bajo», dejando abierto todo lo demás86. De esta forma, conseguimos un «uso constructivo del silencio» al «hacer posible la obtención del acuerdo allí donde es posible, e innecesario allí donde es imposible»87. No es nece-
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88 SUNSTEIN, 1999: 130-136. 89 SUNSTEIN, 1999: 131-133.
90 Sobre la idea de falsos acuerdos, véase YOUNG, 2001: 115-118.
91 Nicholas RESCHERlo ha planteado aún más fuertemente, afirmando que los acuerdos sobre
principios abstractos son sólo acuerdos aparentes: «en algún punto de abstracción hay siempre un “acuerdo” aparente. Yo pienso p, tú piensas q. Está claro entonces que ambos estamos obligados por la lógica a aceptar “p o q”. Pero este “acuerdo” es con seguridad irrelevante para una consi- deración seria de las cuestiones de consenso relativo a las creencias». Véase RESCHER, 1993: 44 y 45, citado por BAYÓN, 2002: 76.
sario alcanzar un acuerdo sobre todos nuestros principios, sobre todas las razones que nos llevan a adoptar esos principios, sobre cuáles son las con- secuencias concretas que se derivan de aplicar estos principios a todos los casos, etc. Podemos alcanzar un acuerdo sobre algún punto que ponga fin a la controversia, y «silenciar» el resto de nuestro sistema de creencias88. Los acuerdos teorizados incompletamente, según SUNSTEIN, reducen el peligro de los desacuerdos persistentes, ponen en marcha una perspec- tiva moral que permite la evolución, son un mecanismo apropiado para la toma de decisiones que está limitada por costes económicos y temporales y promueven al menos dos objetivos de la democracia: permiten la con- vivencia aceptando el pluralismo y permiten a los ciudadanos mostrar un alto grado de respeto mutuo, civilidad y reciprocidad89. Como en el caso del consenso alcanzado mediante una negociación, los acuerdos teoriza- dos incompletamente permiten encontrar una salida práctica al problema de los desacuerdos persistentes. Sin embargo, no pasan de ser un second best con respecto a un acuerdo razonado alcanzado mediante la delibera- ción. La estrategia de los acuerdos parciales enmascara el conflicto en lugar de resolverlo, y lo que alcanza son, en algún sentido, falsos acuer- dos90. Si dos personas se ponen de acuerdo sobre un principio P (formu- lado de forma muy abstracta), pero no sobre la interpretación concreta de P, lo que han alcanzado es en realidad un falso consenso91.
En definitiva, la negociación y el recurso a los desacuerdos incom- pletamente teorizados permiten incrementar el consenso, pero a costa de reducir su calidad y convertirlo en un falso consenso. Y en todo caso, haber deliberado previamente el problema mejora la situación al hacer más racio- nal el desacuerdo, de modo que la tesis de la inocuidad no puede soste- nerse en absoluto.