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5. CONCLUSION AND OUTLOOK

5.2 THEORETICAL, METHODOLOGICAL AND PRACTICAL IMPLICATIONS

Como exponíamos líneas arriba, la gentrificación comercial estudia las relaciones entre

las transformaciones urbanas y el pequeño comercio para analizar cómo los productos

tradicionales también son desplazados o excluidos del circuito de producción y

consumo, al introducirse nuevos giros que sobre todo buscan atender los intereses de un

sector económico con mayor poder adquisitivo. Hernández Cordero (2014: 4) considera

que las transformaciones en los mercados públicos resultan fundamentales para entender

mercados tradicionales como un servicio público para la ciudad y los concibe como un

negocio rentable, autofinanciable y privatizable en el centro de la ciudad” (p. 5).

En América Latina algunas de las acciones gentrificadoras están teniendo lugar

en los mercados públicos que han sido considerados escenarios estratégicos para proyectos de desarrollo urbano. Por ello, afirma Hernández Cordero, los mercados “son representados desde la visión gubernamental y empresarial como sitios “sucios”. La

generación de este discurso clasista y racista sobre los centros de abasto popular busca

justificar su rescate y el posterior redescubrimiento de su valor comercial y urbanístico

para rejuvenecerlos con la inclusión de locales de productos gourmets” (2014, p. 4). Un

ejemplo de ello es la Plaza Gastronómica San José ubicada donde antes fueron los

locales de los comerciantes mayoristas.

Esta mirada hacia el espacio público materializada en los mercados encuentra su

origen en lo que se conoce como el Modelo de Mercados Barcelona que deriva del

Modelo Barcelona (Capel, 2006) implementado con motivo de la realización de los

Juegos Olímpicos en esa ciudad española en 1992, cuando se estableció un nuevo

sistema de gestión mixto de los mercados con la participación del gobierno y los

comerciantes. Al finalizar el siglo veinte, el Modelo de Mercados Barcelona empezó a

ser replicado en distintos países de Europa y América Latina.

Para Hernández Cordero, el desplazamiento de los habitantes originales de un

barrio es tan grave y agresivo como lo puede ser el desplazamiento simbólico que

ocurre en un espacio: “El desplazamiento simbólico ocurre por cuestión de clase y consumo. Existe una segregación por clase social. Con el cambio de comercio y con la

exclusión de los pobres se mantiene una imagen aséptica y de diseño del mercado,

dice el investigador, las intervenciones urbanas buscan justificar sus acciones al emplear

un lenguaje que hace referencia al deterioro de los espacios, la necesidad de rescatarlos

para modernizarlos y adaptarlos a las condiciones económicas actuales; aunque lo que

pretenden en realidad es esconder las intenciones de tales proyectos: la exclusión de

habitantes o de comerciantes, la transformación o destrucción del patrimonio.

Rogerio Proença Leite (2010), afirma que hay un consenso entre los estudiosos

de la gentrificación: “espacios ennoblecidos o sofisticados resultan casi siempre en alteraciones sustanciales de usos y de usuarios (ya sea mediante procesos inductivos o

no) y que a la vez implican de modo invariable demarcaciones socioespaciales excluyentes” (p.52). Por ello una consecuencia de la gentrificación es que el territorio de las ciudades se fragmenta y se reconstituye respondiendo a diversas circunstancias

espaciales y temporales que excluyen personas y símbolos para favorecer el consumo y

la estetización de la vida cotidiana. Para Proença Leite, en los espacios públicos

gentrificados y, en particular, en los mercados públicos gentrificados, existen dos

dimensiones: por un lado está el sentido que se da a los lugares, y por el otro, la forma

en que estos son consumidos; es decir, son estos usos y sentidos que se dan a los

espacios urbanos, como espacios públicos, los que generan tensiones y disputas.

Conceptos como memoria, identidad, imaginarios sociales forman parte de un capital

simbólico que hace la diferencia entre los pobladores originales del barrio de un centro

histórico, donde acontece la transformación del mercado público, y los consumidores

que hacen uso del espacio gentrificado.

Gran parte de los proyectos enmarcados en estos procesos de elitización o

ennoblecimiento, definen sus acciones por el valor comercial de los inmuebles y las

estrategias de mercado, ignorando a los moradores de los barrios y ciudades donde se

Inglaterra, España, Brasil, Argentina, Ecuador y México y en el caso que nos ocupa, en

la ciudad de Xalapa. En ese contexto es frecuente que se use a la cultura, y en particular

al patrimonio cultural, ya sea discursivamente o con acciones, para justificar cualquier

proyecto urbano. Sobre este tema María Carman (2006) señala:

la cultura, el patrimonio y el medio ambiente resultan argumentos eficaces para

contribuir al desalojo. Lo cultural-histórico-patrimonial es vivido como

auténtico, como pieza única insustituible, por encima de cualquier fin social que

pasa a ser considerado contingente, masivo y, por tanto, intercambiable (p. 242).

En la actualidad los mercados públicos ubicados en barrios en proceso de gentrificación se constituyen en “espacios en disputa entre un proyecto neoliberal de los gobiernos locales que buscan la rentabilidad económica y las clases menos favorecidas que

encuentran en estos un sitio de abastecimiento asequible y un espacio público que potencia las relaciones barriales” (Hernández Cordero, 2014: p.16).

En ese sentido es importante considerar la transformación del Mercado de Santa

Caterina, en la ciudad de Barcelona, que se considera el prototipo del Modelo

Barcelona. Hernández Cordero describe el proceso de intervención en el mercado:

Los establecimientos se adecuaron con una escenografía aséptica de aparadores

relucientes y bien iluminados que nada tenían que ver con el estado lúgubre de

los últimos años del Mercado y con su estructura interna que se articulaban en

torno a las pescaderías, así como a las tradicionales paradas de mimbre que lo

caracterizaban (p. 11).

Además, señala el investigador, el área que liberaron los comerciantes ya fuera por

jubilación o porque no les era posible cubrir el nuevo costo de los locales, fue ocupada

Para Hernández Cordero (2014) tanto el modelo de gestión del mercado de Santa

Caterina como su actual oferta comercial y sus elementos arquitectónicos de vanguardia

ya no tienen relación con el antiguo mercado del barrio:

“se diseñó ya no como un espacio de comercialización en el cual los vecinos del barrio de Ciutat Vella pudieran realizar sus compras y mucho menos se pensó en

fomentarlo como un espacio público, sino que se proyectó sobre todo como un

espacio de consumo turístico” (p. 12).

El autor refiere, además, los desplazamientos habitacionales y comerciales que tuvieron

lugar como resultado de la transformación de este espacio. Reconoce que si bien se

derribaron casas habitación de los habitantes del barrio, este hecho se subsanó de alguna

manera con su reubicación en nuevas viviendas promovidas por el gobierno municipal.

Sin embargo, se calcula que 2 mil vecinos fueron desplazados. Por lo que toca al

desalojo comercial, Hernández Cordero lo enmarca en un desplazamiento simbólico

pues tiene que ver con una cuestión de clase, en virtud de que la nueva oferta comercial

provocó el aumento de los precios de los alimentos y también de los restaurantes del

mercado, volviéndolos un artículo de consumo para los habitantes de clase media y para

los turistas, que ahora visitan el espacio, y ya no para los vecinos del lugar: “Con el cambio de comercio y con la exclusión de los pobres se mantiene una imagen aséptica y

de diseño del Mercado, destruyendo la esencia de espacio público” (p. 13).

Por otra parte, García y Sequera (2013) al referirse a la estrategia de

gentrificación en las ciudades de Madrid y Buenos Aires, particularmente la que ha

tenido lugar en los mercados y pequeños comercios, proponen considerar tres aspectos

que se desarrollados en el proceso de intervención:

Un espacio céntrico cada vez más privatizado y mercantilizado, un proceso de

bajas y población envejecida como a los comerciantes populares, y la promoción

del comercio y el mercado tradicional como una nueva experiencia de compra

fetichizada, en un ambiente depurado y estetizado (p. 50).

Para estos autores, los procesos de renovación urbana insertos en una lógica neoliberal

pasan por tres vectores: “la rehabilitación y protección patrimonial, la recualificación a

través de la presencia de instituciones culturales, y la transformación del mercado y el

comercio tradicional” (García y Sequera, 2013, p. 51). Habría que señalar que los procesos de gentrificación que se llevan a cabo en los centros históricos de nuestras

ciudades se realizan con el propósito de recualificarlos para insertarse en un mercado

donde lo histórico y lo tradicional son atributos que hacen más atractivo el consumo.

Por su parte, Medina y Álvarez (2009) hacen un análisis minucioso de las

intervenciones urbanas en los mercados públicos de Barcelona y Buenos Aires, en

donde la gentrificación y el turismo han sido los ejes en torno a los cuales giran dichas

transformaciones. Los investigadores consideran a los mercados como

sitios excepcionales para la observación de contextos socioeconómicos, la

capacidad de agencia y de organización de diversos actores, pero sobre todo de

las relaciones sociales: un espacio público de encuentro, de negociaciones y

transacciones entre personas de diferentes orígenes y credos donde también se

comunica, se hace circular y recibe información…por tanto, un potente espacio sociocultural y de significación (p. 183).

Al referirse a la transformación de los mercados de Barcelona y Buenos Aires, Medina

y Álvarez (2009) hacen hincapié en los conflictos que se generan con la “reconversión de estos espacios en ‘atracciones turísticas’ de nuevo cuño que provocan encuentros y desencuentros entre el interés por lo arquitectónico y lo ‘patrimonial’, lo gastronómico, el rédito económico, la relación social y el pulso de la vida local” (p. 184), lo que podría

enmarcarse en una disputa por el poder entre diversos actores sociales y estatales, que

atraviesa el espacio público. Coincidimos con los autores en que son varios los intereses

involucrados en las transformaciones urbanas que tienen lugar en el marco de las

políticas neoliberales y, por ello, su desarrollo encuentra rechazo en muchos

ciudadanos.

En torno a las transformaciones urbanas los autores ubican a la gentrificación

como el eje de tales acciones a través de dos estrategias: “la relación y la influencia de lo privado con lo público en la configuración y desarrollo del espacio urbano al tiempo

que recalifican al ciudadano como consumidor” (p. 184). Medina y Álvarez plantean que las intervenciones urbanas que apuntan en el sentido de la gentrificación buscan

articular tradición y consumo, aunque reconocen que las actividades que tienen lugar en

los espacios transformados son por lo general excluyentes y asimétricas, a pesar de que “los centros históricos son sitios de convergencia de la población con un pasado común, expresión de identidad, de tradición y de ciudadanía” (p. 184). Así, al iniciar el siglo veintiuno los centros históricos se recualifican para destinarlos al consumo cultural. En

relación con los procesos de transformación de las ciudades, Lacarrieu (2012) afirma

que las políticas urbanas de los años recientes han estado relacionadas con los procesos

de recualificación cultural, en los que la cultura y el diseño juegan un papel importante;

sin embargo, la autora destaca como punto medular la tensión generada entre lo cultural y lo social, ya que se trata de “procesos que exaltan lo cultural, en tanto ‘riqueza’ y devalúan y/o minimizan lo social, vinculado siempre a la ‘pobreza’” (p. 295)

Si bien el caso de la Plaza Gastronómica San José, ubicada en los locales antes

ocupados por los comerciantes mayoristas en la explanada posterior del mercado

vecinos del área y los usuarios del mercado, merece ser considerado como un estudio de

gentrificación a partir de una revisión crítica de su concepción y desarrollo.