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4. CHAPTER 4: THE MANAGEMENT OF AGENTS IN UNDERCOVER

4.2 Legal aspects with regards to agents in undercover criminal

4.2.3 Operational management for agents

4.2.3.2 Training and development of an agent

Por encima de la nobleza aparece igualmente, hacia el año 1 ■0, y ¿le manera más nítida y masiva, otro tipo social, el caballero. Separándose del miles defini­ do tanto en el Imperio romano, como entre los bárbaros romanizado;-, por este ter­ mino, que indica sencillamente una función, la guerra (el in//,- .-s un soldado), el término evoluciona hacia el año 1000 para designar a una éiiie-, a menudo li­ gada al castillo y al señor, de combatientes especialistas en la jucha a caballo y que se entregan, a la par que a auténticos combates al servicio de ~ señor, a prác­ ticas que deben considerarse a la vez como divertimenlos y coiiío entrenamien­ tos, los torneos. Éstos despiertan la hostilidad de la Iglesia, que advierte el carác­ ter agresivo, incluso contra la Iglesia, que caracteriza a estos hombres de la segunda función indoeuropea (los bellatores), quienes no dudan en derramar sangre, algo prohibido a los clérigos. Parece ser que los excesos cometidos por estos caballe­ ros fueron una de las principales razones de la revuelta del movimiento de paz surgida alrededor del año 1000, a la que ya nos hemos referido i larga, la ca­ ballería será «civilizada» por la Iglesia. En gran parte, para catalizar su vio­ lencia, la Iglesia se esfuerza en desviar hacia fines piadosos la violencia de los caballeros: la protección de las iglesias, de las granjas y de lo, desarmados,"y pronto, como se verá, contra los infieles, al exterior de la crisii"¡.dad. La Iglesia obtiene finalmente, en el siglo x i i como muy tarde, una victori a ¡ ■, ¡ ativa sobre los

caballeros. La entrada en la caballería se hacía a través de u n a ciemonia cele- brada, al final de la adolescencia, y que para los futuros c a b a l!a . representará tanto un rito de iniciación como un rito de paso. La ceremonia e n cuestión con­ sistía en la entrega de armas al joven guerrero, como ya se hacía entre los pue­ blos germanos. Aunque la Iglesia no alteró ningún detalle de la entrega de es­ puelas, rito puramente laico, sí introdujo la bendición de las armas características del caballero: la lanza con su pendón, el escudo decorado cor, el blasón y la es­ pada. La Iglesia confirió al baño que precede a la ceremonia un ndismo cris­ tiano ligado a la pureza. Desde finales del siglo x i i , impuso, al n aniño de esta

ceremonia de armar solemnemente, una vigilia de armas consistente en una medita­ ción religiosa. Lo más importante para el futuro europeo del teñ leño de la ca­ ballería es la formación, a partir de la Edad Media, de un piito caballeresco. Este mito fue si no creado sí propagado por una literatura especializad»; es éste el lu­ gar de señalar en qué medida, dentro de la herencia que la Edad Mi ! legó a Euro­ pa, la literatura ocupa un im portante lugar. El mito del caballero em pezó a or­ questarse en las canciones de gesta. Los dos aspectos del c a o . 'cí o. la proeza militar y la piedad se encarnarán, desde finales del siglo xi, en L Jos héroes d i j a Chanson de Roland, Roldán y Oliveros. En las canciones oe g -s'a se loa a los caballeros como a los grandes servidores de los reyes, gracias a las virtudes ca­ ballerescas. La valerosidad del guerrero al servicio de la fidelidad del vasallaje. Los caballeros de las canciones de gesta tuvieron sus sucesores, que obtuvie­ ron al menos tanto éxito como ellos. Nos referimos a los héroe de las novelas de aventuras, cuyas dos grandes fuentes fueron la historia amígu.. transfigurada, Eneas, H éctor y Alejandro, y la «materia de Bretaña», es decir, la , hazañas de los

héroes célticos, más imaginarios que históricos, en prim era fila de los cuales está el famoso Ai tu r< \ Este imaginario, esencial para el imaginario futuro de Europa, elaboró en el siglo xm, después de haber creado con anterioridad un héroe míti­ co, el «caballero errante», un tema que ilustró la caballería al reunir a los héroes de tan diversos orígenes. Es el tema de los «Nueve Valientes». Es una historia santa de la caballería que agrupa a los valientes antiguos — Héctor, Alejandro, César— ; a los valientes bíblicos — Josué, David y Judas Macabeo— ; y a los va­ lientes cristianos — Arturo, Carlomagno y Godofredo de Bouillon— . El imagi­ nario caballeresco conformado por hazañas guerreras, por la devoción al servicio de los débiles i mujeres, pobres...), sobrevivió tanto mejor en la Edad Media cuanto que el epíteto caballeresco, aunque en buena medida modelado por la Igle­ sia, conserva valores laicos en una Europa que se aleja de los valores propia­ mente cristianos,. En la Edad Media, por lo demás, la Iglesia había mantenido sus distancias fiq u e a los valores caballerescos, que en su opinión seguían siendo de­ masiado bárbaros, como ha observado Jean Flori: «largueza no es caridad, y don no es limosna».

La caballería mantuvo relaciones estrechas con otro com portamiento feu­ dal, la cortesía. Caballería y cortesía fueron un doble legado hecho a Europa. La cortesía, -pino su etim ología indica, está definida por las buenas maneras que se supon* ÍMcinaban en la corte de los reyes y los príncipes. Es interesante señalar que sos príncipes pueden ser tanto hombres como mujeres, y que si la caballería es un mundo esencialmente masculino, la cortesía es un universo don­ de la mujer es om nipresente. Ya sea para dar el tono, reunir alrededor de ella a escritores y artistas, como María, condesa de Champaña (1145-1198) y, si no se trata de una leyenda, Leonor de Aquitania, reina de Inglaterra a finales del si­ glo xii, ya sea para ser objeto de la admiración y protección de los varones que la rodean. Es preciso acercar estos valores y com portamientos a las buenas ma­ neras, cuya importancia reveló el sociólogo Norbert Elias, y que tienen su ori­ gen en la Edad Media, en los siglos xii y xm. Esas buenas maneras, descritas y esclarecidas en La civilización de las costumbres, consistieron en gran medi­ da en m ejo. n las formas en la mesa, lo cual aportó higiene y educación a una sociedad qtip r.v adoptó el tenedor hasta muy al final de la Edad Media. Todo un conjunto de gestos — no comer varios del mismo plato, no escupir, lavarse las manos antes y después de las comidas— nació en la Edad M edia y se ha mantenido hasta, nosotros. Otro lugar de aprendizaje de las buenas costumbres era el convento. Así Hugo, el gran pedagogo, canónigo en el célebre m onas­ terio de san Víctor en los suburbios de París (c. 1090-1141), compuso un De

instructione novitiorum que regulaba entre los jóvenes novicios la disciplina

del gesto, de la palabra y de las buenas formas en la mesa — descrita por Jean- Claude Schm itt—-. Si la corte fue un gran foco de civilización de las costum ­ bres, no debemos olvidar que la Edad M edia, heredera de la Antigüedad, opu­ so las buenas maneras de los hombres de la ciudad a la zafiedad de las costumbres di ios campesinos. La urbanidad, la cortesía (urbs es la ciudad én latín; polis es la ciudad en griego), se opuso a rus, el campo, foco de rusticidad. No olvidemos tampoco que los romanos comían recostados sobre un diván, y

La Europa fe u d a l (siglos X l - X il ) 53

que los europeos de la Edad M edia impusieron la mesa para comer, hecho que les distingue de la mayoría de asiáticos y africanos.