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Como una manifestación de la violencia pero con características muy específicas se analizará en este apartado a la violencia escolar.

A continuación se detalla la definición:

Kaplan comenta que “La violencia asociada a la escuela pasó de ser un fenómeno que, hasta no hace mucho tiempo, nos causaba tan solo estupor, para convertirse en un asunto al que hay que darle respuestas prácticas y teorizarla”(Kaplan, 2009).

Las conductas de maltrato en los colegios no deben ser consideradas normales, porque “suponen un riesgo tanto para el agresor como para la víctima, para los compañeros que no participan directamente en la agresión (los espectadores) e incluso para el entorno educativo. Un clima de violencia tiene consecuencias muy negativas para el desarrollo psicológico, social e intelectual (García-Mina Freire, 2008).

La violencia que se produce en la escuela puede ir dirigida a objetos o a personas. A su vez, la violencia que se da entre personas puede manifestarse de tres formas distintas: del profesor contra el alumno, del alumno contra el profesor y por último, la violencia entre compañeros (García- Mina Freire, 2008).

Baridon, D., en el artículo sobre La violencia escolar en los estudiantes de

educación media, nos afirma que: “la violencia escolar es tan antigua como

la propia institución educativa”. La violencia no se puede justificar, menos en una institución educativa, donde se forman integralmente los alumnos; pero es una realidad cada vez más creciente en nuestro entorno educativo. (Barridon & Martin, 2014)

Lamentablemente en el Ecuador, la violencia ha estado presente en la educación por décadas. El refrán de “la letra con sangre entra”, permite

51 evidenciar que la violencia en la escuela era jerárquica, es decir, aplicada desde el docente hacia el alumno, y luego reproducida por éste a sus pares. La autorización de los padres a los castigos físicos propinados por el profesor eran normales (aladas de oreja, reglazos, golpes con el puntero, bofetadas en la cara o nalgas, gritos, orejas de burro en una esquina, etc.) y los niños/niñas intimidados por la autoridad crecían y se desarrollaban en entornos violentos que no favorecen a su formación.

Esta problemática ha crecido considerablemente en las escuelas de nuestro entorno, es así como hemos presenciado a través de diversos medios de comunicación masacres masivas en entornos educativos, tiroteos, secuestros de estudiantes a sus compañeros y profesores, suicidios, etc.

Algunos casos que espeluznan por la violencia utilizada son: la Masacre en la Escuela Secundaria de Columbine (20 abril, 1999), Masacre de Virginia Tech (16 abril, 2007), Masacre de Connecticut (14 diciembre, 2012).

La escuela es el medio de socialización del niño, el lugar en donde transcurre la mayor parte de su tiempo, por lo que se torna preocupante el nivel de violencia que ha alcanzado la violencia escolar en nuestra sociedad actual. El impacto social que causa la influencia del ámbito comunitario, social y familiar han afectado las relaciones de convivencia escolar. Según Alda Erick y Belz Gustavo el índice de violencia escolar en la actualidad entre estudiantes supera el 80 % de casos mientras que el de estudiantes contra maestros alcanza un 15 a 20 % de casos (Alda, 2014, pág. 240).

En el ambiente escolar ecuatoriano cada vez es más frecuente encontrar docentes y estudiantes víctimas de actos de violencia. Estas formas se manifiestan inicialmente con berrinches, acompañados de patadas, escupitajos que son conductas aprendidas. Puede también aparecer a la par palabras soeces y ofensivas, es decir, violencia verbal, usando palabras despectivas que son muestra de que el infante ha estado expuesto a cualquier tipo de violencia ya sea como testigo o como víctima.

52 Es muy común en nuestra sociedad que este tipo de comportamientos sean aceptados y elogiados por los padres o familiares, que ven en el uso de este vocabulario una práctica común. Y cuando el niño los imita los festejan y celebran, sin evaluar que lo que decimos es un reflejo de nuestro hogar y puede ser irrespetuoso y grotesco para nuestros semejantes.

El problema radica, como dijo el papa Benedicto XVI, las personas desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias;... Estas tentaciones conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios. Y en esta libertad sin sentido la violencia es la opción.

Ángel Latorre nos ofrece un panorama muy singular con respecto a la violencia escolar mencionando a (Banks 1998) que nos aclara que la violencia o intimidación en las escuelas se compone de elementos directos, como molestar, atormentar, amenazar, golpear o asaltar que son cometidos por una o varias personas en contra de una víctima. La intimidación recalca puede presentarse de modo más sutil como causando un aislamiento social de un alumno a través de la exclusión social intencional, propagando rumores injuriosos. (Latorre, 2010, pág. 34)

El silencio es el cómplice perfecto para los actos violentos. Intimidados a través de diversos mecanismos, la victima muy pocas veces denuncia esta problemática, inicialmente intenta minimizarla ignorándola, luego bloquea los abusos a los que es sometido, huye, se muestra incapaz de comentárselo a su familia, se queda sin amigos e intenta superarlo solo.

Todo lo mencionado empeora el panorama para el agredido y permite al agresor tomar control de la situación. La escuela y la familia, conjuntamente, deben estar atentas a cambios radicales en el rendimiento, problemas de sueño, de alimentación, de autoestima que atraviese alguno de sus miembros, pues puede ser que estos cambios radicales sean producto de una agresión permanente en el ambiente escolar.

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