Teniendo en cuenta que la teología es un proceso evolutivo; que la religión y la doctrina religiosa se desarrollan, ubicamos la explicitación de los fundamentos, como especialización funcional que se ocupa de los orígenes, de la génesis, del estado actual, de las transformaciones y posibles adaptaciones de categorías, gracias a las cuales los cristianos se entienden a sí mismos, se comunican entre sí, y predican el evangelio a todas las naciones99. La explicitación de los fundamentos es indispensable para quien quiere pasar del discurso indirecto que expone las convicciones y opiniones de otros, al discurso directo, que implica una toma de posición. Esta toma de posición no sería posible si no tienen parte las conversiones y los horizontes, que son el ejercicio de nuestros dinamismos personales básicos, las nociones trascendentales del ser y del valor, que se desarrollan en el transcurso de la vida de forma limitada y se expresan en forma de preguntas con sus correspondientes respuestas. Las preguntas y respuestas sobre un tema particular reflejan una parte de la totalidad del ser -realidad, del bien- valor. De esta manera se construyen los objetos del conocer, valorar, decidir, obrar y comunicar a otros.
Los fundamentos se hacen explícitos por medio de categorías teológicas especiales y generales. Bernard Lonergan nos hace una propuesta en dos direcciones: la primera,
relacionada con la objetivación de la realidad fundante, es decir la propia autenticidad integral del teólogo tal y como se vive en las conversiones, mediante el esfuerzo reflexivo de preguntas y respuestas desmenuzadas en términos y relaciones, a partir de la propia experiencia concientizada. Y la segunda, relacionada con la elaboración de las categorías básicas del propio proyecto teológico que permitan claridad y coherencia a las Doctrinas y Sistemáticas, en continua correlación de control con los resultados de las conversiones, ya categorialmente objetivados.
Las categorías son indispensables en todo proceso de elaboración teológica-sistemática, siendo la teología un proceso en movimiento. Estas categorías responden a la doble exigencia de comunicación y de actuación personal de la conversión. El uso de categorías
ha sido utilizado en la recuperación crítica de la tradición de donde surge la Sistemática, porque sólo así llega hasta nosotros el mensaje de la comunidad de fe. La utilización de
categorías es indispensable cuando se trata de concretar los contenidos de las doctrinas, y, para el esfuerzo sistemático por lograr la coherencia.
En la elaboración de categorías, Lonergan ofrece una matriz heurística a partir de la experiencia presente y pasada, distinguiendo categorías generales y especiales que abarcan en proyección, la totalidad del ser en el mundo, en la sociedad, en la historia, en Dios y ante Dios, como personas humanas y creyentes. Esto lo hace a través de un dinamismo operacional estructurado con posibilidades de diversificación y expansión cognitiva y existencial; y, un dinamismo del amor de Dios derramado en nuestros corazones que fructifica en la fe, en hábitos de comportamiento, en una comunidad, y unas creencias. Esta matriz se ha ido elaborando a través del tiempo, con la posibilidad siempre abierta de añadir algo más.
1.1 CATEGORÍAS TEOLÓGICAS GENERALES
Las categorías teológicas generales, al determinar cómo se articulan los términos y las relaciones, permiten aproximarse a otras ciencias sociales; permiten la mediación entre el
sentido y el valor de la fe cristiana y los significados y valores de la cultura actual. La teología sistemática trabaja sobre el hombre en su mundo, para que los resultados de fe puedan encarnarse eficazmente en la vida diaria personal y social. Si bien todas las ciencias humanas deben aportar, la filosofía lo debe hacer a partir de la operacionalidad humana consciente y autotrascendente, desarrollando implicaciones y expansiones en todos los campos de la vida, de tal forma que provee a la sistemática las categorías básicas indispensables.
El sujeto concreto en su estructura dinámica constituye la base de las categorías generales, proporcionando un “engranaje básico de términos y relaciones”. El desarrollo de la estructura dinámica descubre diferenciaciones categoriales, de tal manera que se puede avanzar: en las mismas operaciones, distinguiendo procesos al situarlas en los contextos diferentes de necesidades, intereses y objetivos diversos al interior de los cuales se ejercen dichas operaciones y, al constatar las modificaciones que esto introduce en la misma conciencia; en la relación de las operaciones, con objetivos diversos y modos de operar diversificados, con diferentes campos de sentido y con mundos diferentes que se construyen con base en las funciones cognitiva, comunicativa, constitutiva, etc., y con múltiples estructuras heurísticas que ordenan las operaciones de acuerdo con los fines cognoscitivos; y, en el constatar y discernir los diversos tipos que cualifican la conciencia del sujeto, en los que se mueven en el ámbito de la vida concreta y aquellos que tienen una conciencia diferenciada porque tienen modos diversos de operar, en los que han logrado autenticidad integral en todas las dimensiones de su realidad.
1.2 CATEGORÍAS TEOLÓGICAS ESPECIALES
Dichas categorías implican ruptura, un nuevo comienzo, un paso a un punto de vista sobrenatural; penetran y transforman la realidad desde dentro. La fuente viva de la elaboración de estas categorías es la fe. Las categorías no son formulación de un credo
(doctrinas); son aproximación a la elaboración sistemática; abarcan las líneas matrices del misterio cristiano y se objetivan en la historia.
Las categorías especiales proceden de la dimensión religiosa; son integración en una comunidad intersubjetiva y estructurada de servicio y de testimonio; son fuente y principio (amor originante). Aquí se da una triple vertebración categorial de la historia bajo el signo del amor de Dios: progreso, decadencia y redención100.