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Al llegar el siglo XXI, las promesas de progreso, felicidad y bienestar anunciadas por la proyeccion del mundo moderno, no se han cumplido, las promesas de bienestar y libertad sin limites no ha llegado, todo lo contrario, la economia dineraria a impulsado su logica mercantil del costo a otras esferas de la vida social, empobreciendolas, el trinfuo de la modernidad “no significó la emancipación del sujeto, sino el empobrecimiento de su subjetividad, de sus relaciones con otros y el deterioro de su entorno; ha significado la masificación de la vida de muchos, correlativa a su individuación, pero también la fragmentación y la insularizacón social, debilitando la posibilidad de emergencia de fuerzas sociales que impugnen el modelo económico y cultural predominante a nivel mundial” (Carrillo, 2002, pág. 6). En lugar de individuos libres y autónomos, la modernidad reduce esta individualidad casi únicamente al ámbito del trabajo, en el rol que desempeñan y en su consumo. También la globalización económica bajo la hegemonía del mercado, han potenciado los efectos nocivos el capitalismo, haciéndolos universales, esta mundialización económica, cultural y tecnológica han acelerado los procesos de concentración de capital, ahondando así las diferencias entre los ricos y pobres (Carrillo, 2002).

Para América Latina, esta dinámica de la globalización subordinada al neoliberalismo ha acentuado el divorcio entre lo económico y social, en todos los países se ha priorizado en la eliminación de factores que obstaculicen las ganancias del mercado, flexibilizando derechos sociales, económicos, desmantelando sistemas sociales, seguridad social y liderando la privatización de servicios sociales, además de esto desmantelando las fuerzas sindicales y sociales que puedan oponerse (Carrillo, 2002).

Los indicadores sociales identificados anteriormente hablan por sí mismo sobre los efectos de la globalización neoliberal, hay que sumarles los efectos que esta causa en el plano subjetivo, es decir, está globalización neoliberal ha llevado al extremo los valores propios de la mentalidad capitalista, individualismo, competitividad, eficientísimo, el desbordado ánimo de lucro, mercantilizando así todos los ámbitos de la vida; la racionalidad del mercado se ha elevado ahora en paradigma organizacional ético metodológico, se ha generalizado el conformismo, la apatía por lo público y la exaltación de la realización individual como también la livianización de los lazos cotidianos; regocijo por el encuentro efímero, se eluden compromisos, se sospecha de vínculos estables (Hopenhayn 1994 citado en Carrillo, 2002; pág. 7).

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Una evidente mercantilización de las relaciones sociales, lleva al extremo por la situación actual del mercado neoliberal, busca disolver “toda forma de sociabilidad y la posibilidad de producir libremente otras formas de vida que representa la confirmación recíproca de la individualidad y de la opción de asignarse fines comunes” (Barcelona 1999, citado en carrillo 2002; pág. 7) La hegemonía de un pensamiento único, que se pretende por el neoliberalismo, también significa que sujetos y colectivos con subjetividades diversas, que sean portadores de otros proyectos, tanto económicos, sociales, políticos y culturales alternativos a este imperante orden capitalista.

Paradójicamente con lo expuesto anteriormente, junto con el empobrecimiento de las relaciones sociales, y la subjetividad individual y colectiva, la expansión de la dominación capitalista, ah visibilizado y posibilitado el surgimiento de modos de vida, valores, procesos, vínculos, redes y proyectos sociales que salen de esta lógica individualista. “Estas dinámicas no totalmente controladas por la globalización capitalista y relacionada con la recomposición de los tejidos sociales, la emergencia de nuevas sociabilidades, asociaciones y movimientos sociales, así como de nuevos modos de entender lo público y la democracia, están reivindicando lo comunitario; incluso, algunos de sus protagonistas reivindican su identificación con lo comunitario como valor alternativo” (Carrillo, 2002, pág. 7).

Las sociedades contemporáneas se caracterizan por tener relaciones sociales abstractas, se sustentan en relaciones de interés, basados en utilidades. “Pensadores con posiciones ideológicas tan disímiles como Marx, Proudhon y Comte, coincidían en reconocer que la expansión de la modernidad capitalista, a la vez que desarticulaba los vínculos y valores comunitarios, necesariamente impondría su racionalidad en las demás esferas de la vida colectiva” (Carrillo, 2002, pág. 4).

Algunas comunidades tradicionales, modernas o postmodernas, toman conciencia de su carácter al introducir espacios de reflexión sobre dinámicas, relaciones subjetividades que las caracterizan. “Cuando se generan estos procesos reflexivos sobre los factores, rasgos y potencialidad que definen sus vínculos e identidades colectivas, se van configurando las llamadas “comunidades críticas” (Carrillo, 2002, pág. 8).

Estas son las experiencias y relaciones cotidianas que se dan en torno de una mismo espacio, tanto institución social como espacio físico como lo es la comunidad, que conforman los tejidos y lazos sociales, en torno a estos es lo que se producen y reproducen los sistemas culturales y los saberes que dan sentido a los espacios comunes, con estas dinámicas se fortalecen y se hibridan con otros sistemas simbólicos provenientes de otros sectores. También es en torno a estas dinámicas como se conforman los tejidos sociales básicos que dan forma a la identidad y fortalecen el accionar de los

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sectores subordinados y excluidos (Carrillo, 2002). Esta acción, para alcances de esta investigación tomará un nombre específico, la acción colectiva, desde una primera aproximación se denomina la accion colectiva “al conjunto de relaciones que se relaciona con la aparición de un problema que no es incluido para su resolución dentro de los límites institucionales, ya sea por transformaciones recientes o por la novedad de la demanda. Las acciones colectivas se fundan en situaciones que colocan a los sujetos en espacios de la negociación política” (Giarracca, 2010, pág. 3).

Este concepto de accion colectiva, esta entrelazado con todo lo anterioemnte expuesto en la medida que la realidad del barrio, la realidad de exclusión y deterioro urbano, situan a un grupo en particular a emprender acciones distintivas, y esta se denomina accion colectiva, “la expresión de esa realidad es la exclusión social y la segregación. Para cambiar esta situación los grupos emprenden una serie de acciones mediante la participación en asociaciones de gran heterogeneidad entre sus miembros, que se conocen como acción colectiva” (Carnevali & Trujillo, 2010, pág. 12).

Es de esta manera que los contextos relevados por agentes externos, llevan a los barrios y otro tipo de asentamientos urbanos a la organización, “La segregación social producto del proceso de ocupación, se refleja ampliamente en el mercado de vivienda y termina por hacer diferenciaciones en la estructura interna de la ciudad, dibuja el espacio neutro para el desarrollo urbano, expresión de las desigualdades que tienen lugar en las áreas urbanas. Esta problemática solo puede mejorar con la contribución y participación ciudadana de todos los involucrados” (Carnevali & Trujillo, 2010, pág. 14).

Esta “brecha urbana”, caracterizada por una creciente fragmentación entre lo social y lo urbano, las ciudades y regiones se encuentran divididas, entre áreas, aquellas que se benefician por el crecimiento económico y otras que no, que presentan un deterioro urbano, en los espacios públicos, vivienda y déficit de servicios. Junto con esto la falta de planificación espacial, la falta de planificación pública y los asentamientos informales en la periferia de la ciudad, han contribuido en esta desigualdad (Kastman, 2001; De Mattos et al. 2005; Poduje et al. 2010). “Tomando en consideración las nuevas problemáticas, se pone de manifiesto entonces la urgente necesidad de pensar y concebir las ciudades de otra manera. Las tradicionales formas de planificación urbana – orientadas por la racionalidad en la toma de decisiones– no han logrado ser del todo exitosas pues no integran a los ciudadanos y ciudadanas como actores claves en la construcción de sus ciudades” ( Ministerio de Vivienda y Urbanismo, 2013, pág. 6).

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