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Types of cohesion in English

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6.7 Types of cohesion in English

3.1. LAS COMPETENCIAS COMO UN “MODELO DE REPUESTA” A LAS NECESIDADES HUMANAS

Las necesidades humanas han sido un problema para el hombre, asociado permanentemente a su forma de producir y consumir; un problema cotidiano que enfrentan los individuos, que crece y modifica su significado cuando se llega a dimensiones agregativas de grupo o colectividad y que alcanza rango público cuando pasa al nivel de atributos globales de la sociedad. Así, las necesidades humanas adquieren un carácter fundante de las actividades del hombre, como individuo y como sociedad, al ser una referencia implícita o explícita de lo que hace y cómo lo hace. Representan, también, una forma de justificación de la empresa humana para encontrarle sentido a sus proyectos, acciones y resultados en el espacio y en el tiempo. A su vez, las necesidades humanas se convierten en el "parámetro último" para evaluar el progreso histórico del hombre, o sea, su despliegue productivo y sus repercusiones en el mejoramiento de la vida.

El peso y significado de las necesidades humanas para la vida del hombre, sin embargo, no son garantía de claridad ni de uniformidad. Debido a que la historia social del hombre ha generado una amplia diversificación, con los efectos asociados de diferenciación y desigualdad, ha sido difícil generar el consenso básico sobre lo que encierra una necesidad y sobre cómo ésta se distingue de otras "circunstancias" o "condiciones" de la existencia humana. La necesidad es algo que no es elegible porque se sitúa en el ámbito de las condiciones vitales del hombre. No es elegible en términos de que no se puede sustituir, por lo menos no en su contenido vital, porque al hacerlo se atenta contra la continuidad de la vida. N o puedo elegir dejar de comer, ni dejar de abrigarme o dejar de respirar aire en condiciones mínimas de pureza o dejar de dormir.

Si lo hago atento contra la vida. Puedo elegir medios y formas para satisfacer tales necesidades, como comer carne o verduras, en un

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5 En este apartado recupero las ideas fundamentales desarrolladas en mi libro Necesidades Humanas

restaurante o en mi casa; puedo desear dormir en una cama ortopédica o en una de agua; puedo inclusive preferir vivir en la montaña para respirar aire puro o desear abrigarme con una chaqueta confortable o un abrigo de "rnink". En cualquier caso, estoy eligiendo sobre los satisfactores que puedo preferir o desear, pero no estoy eligiendo sobre la sustituibilidad de las necesidades6. Las necesidades, por lo tanto, tienen un carácter restrictivo por ser expresiones de condiciones vitales. Por eso, aceptan el atributo de fundamentales o básicas como condiciones mínimas para la existencia humana en un sentido biológico y social; no hay reducción de las necesidades biológicas, sino que se amplían a aquellas vinculadas al carácter de la actividad individual y social del hombre. No solamente necesito comer, abrigarme o dormir para vivir, también necesito capacidad de iniciativa, participación y libertad para vivir como sujeto autónomo en al ámbito de la interacción social con mis semejantes.

El carácter restrictivo implícito en la idea de necesidad la dota de un signo objetivo y universalizable7, por lo que las necesidades pueden ser pensadas en términos normativos tanto en el sentido de la condición vital que impone la naturaleza del hombre (norma natural) como en un sentido positivo de algo que, por ser considerado deseable, puede y debe realizarse en términos sociales (norma social).

Las dimensiones normativas de las necesidades (natural y social) adquieren un sentido dinámico e histórico. Satisfacerlas se constituye

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6 Tal como lo ha planteado Manfred Max-Neef en su propuesta de desarrollo a escala humana que"

las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y cIasificables, y que son las mismas en todas las culturas y todos los períodos históricos. Lo único que cambia, a través del tiempo y las culturas, es la manera o los medios utilizados para la satisfacción de necesidades" (Max-Neef, 1986, 27).

7 Doyal y Gough (1992) han desarrollado una interesante y amplia argumentación para demostrar las

debilidades de las diversas vertientes del relativismo cultural sobre las necesidades. Ni las tesis del utilitarismo de la economía ortodoxa acerca de la "subjetividad individual" y la "soberanía del consumidor", ni las afirmaciones de la nueva derecha acerca de la "predilección del mercado" como ordenador social de las preferencias, al igual que las propuestas de "necesidades radicales" dentro del marxismo, o del "pluralismo político" dentro de la teoría del discurso, o las afirmaciones fenomenológicas relativas a las "negociaciones permanentes" de significados en la vida cotidiana, ni las "culturas de la opresión" reivindicadas por los críticos del imperialismo cultural son suficientes para invalidar la existencia de necesidades universales. En opinión de los autores siempre existen estándares no preferenciales, que operan como referentes externos. De este modo, la universalidad de las necesidades humanas se sustenta en la idea del sufrimiento y los "daños serios" que su no satisfacción puede generar en el desarrollo del hombre , o bien en las patologías que se generan cuando una necesidad no satisfecha rebasa límites críticos de intensidad y duración (Max-Neef, 1986).

en un problema en el proceso de interacción social que supone los niveles individual, agregado y global en las sociedades.

A nivel individual, se sitúa el problema de la deliberación humana, donde operan los actos individuales reales como convergencia o discrepancia entre la satisfacción de una necesidad y los deseos y preferencias. La diferencia entre evitar daños serios y sufrimiento a los seres humanos y la búsqueda de placer individual puede ser tan amplia que es probable que genere situaciones de desequilibrio permanente y, por lo tanto, serios problemas en el mantenimiento y reproducción de la vida. Es posible necesitar algo que se quiera, pero también querer algo que no se necesite. Una afirmación común puede ilustrar esta diferencia: "yo quiero un cigarro, pero necesito dejar de fumar", lo que expresa ciertamente que la satisfacción de necesidades puede ser alterada por los impulsos biológicos, los deseos y las preferencias, o hasta por la inconciencia (Doyal y Gough, 1992).

De esta forma, razón, voluntad y sentimiento no siempre coinciden en la satisfacción de necesidades, lo que supone un profundo trabajo de comunicación y diálogo entre el individuo y la sociedad para construir una alternativa mínima de consistencia. Esto es particularmente relevante en las condiciones sociales de mercado donde operan instituciones especializadas de fomento del consumo en términos de valores de cambio y no de uso, lo que hace que la libertad se mueva en un marco de tensión permanente entre la posibilidad del hacer individual y las restricciones y exigencias sociales. En su dimensión social, las necesidades operan en un sentido normativo, lo que puede llegar a convertir a las necesidades en un derecho. La agregación social de los individuos y los atributos globales propios de la sociedad como un todo permiten valorar una forma o un estadio de desarrollo deseable de las facultades humanas, físicas, mentales y sociales (como gozar de una adecuada alimentación o salud, disponer de una vivienda adecuada o poseer determinado nivel educativo o de ingreso), mismas que se convierten en criterios normativos de la actividad social (Sen, 1992).

Sin embargo, los riesgos de alteración son claros cuando las normas sociales y

(como la moda) derivados de intereses creados o de la imposición hegemónica de expectativas de clases o grupos sociales que disputan el predominio social y político o de la efervescencia ideológica de masas (como las demandas particularistas de ciertos movimientos sociales como el feminista, antirracista o antiimperialista)8 o bien, por el clientelismo político de regímenes y gobiernos. En todo caso, la dimensión objetiva y universalizable de las necesidades puede ser objeto de una amplia disputa social, en la que los "intereses generalizables" se enfrentan a consensos ficticios o contingentes, con lo que se altera el carácter distributivo de la satisfacción social de necesidades; su lógica social se mueve entre fórmulas regresivas que generan la continua privación social de grupos y segmentos sociales y fórmulas progresivas que intentan modificar la escala social. Como quiera que sea, lo cierto es que la dimensión social de las necesidades tiene como "precondiciones" la producción material, la reproducción, la transmisión cultural y el ejercicio democrático de derechos y libertades políticas (Held, 1997).

3.2. COMPETENCIAS COMO CAPACIDADES HUMANAS

De acuerdo con la argumentación anterior, podrian pensarse los rasgos esenciales del hombre como una cuestión de capacidades. Por ello, para que éste tenga capacidad de trabajo, socialización y conciencia necesita formarse en términos sociales, es decir, aprender y apropiarse de la historia productiva del ser social. Para garantizar que éste siga universalizándose, en el sentido de ampliar el rango de objetos susceptibles a su actividad transformadora, la sociedad debe transmitir las capacidades creadas para hacer un consumo productivo de los valores de uso (medios, instrumentos y objetos) que el hombre hereda y que expresan sintetizadamente una historia de problemas y soluciones a los mismos. Igualmente, la sociedad debe transmitir la cultura y los valores fundamentales para garantizar la capacidad de comunicación y reciprocidad entre sus individuos. A su vez, debe transmitir la historia de la conciencia humana, es decir, las formas de saber y conocer, las orientaciones de la sensibilidad y sentido

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Doyal y Gough (1992) han planteado que el discurso de derechos es una opción de los grupos oprimidos y dominados para expresar y dar curso a sus demandas, pero que pueden reflejar una filosofía social o una ideología que imponga criterios sobre las necesidades sociales.

humano y los mecanismos de aplicación productiva y social de los descubrimientos humanos.

Pero el hombre no sólo necesita transmisión, sino crear nuevas condiciones para la innovación productiva a través del trabajo, la interacción social y las formas de conocimiento y aprendizaje; así como, desarrollar nuevos recursos, enfrentar nuevos problemas y satisfacer necesidades emergentes, y para ello construir las condiciones de su proactividad. El ser humano no sólo requiere apropiarse de la herencia histórica, exige también "hacer salir" su creatividad, elevar y formar sus capacidades. Es necesario que se renueve permanentemente como animal que piensa (horno sapiens), animal que trabaja (horno faber) y animal que habla (horno loquax), Precisa articular la razón con el entendimiento, el sentimiento con la moral y la voluntad con la decisión en los términos que le plantean los retos productivos de su vida social (Fullat, 1992).

Para lograr lo anterior, al hombre le hace falta educación intelectual y educación moral9. La primera consiste en formar la razón, como razón activa y autónoma, combinando la lógica y la acción para conformar las estructuras mentales más esenciales. Como apunta Piaget, "( ... ) se trata de un cierto ejercicio no únicamente verbal, sino ante todo y fundamentalmente relacionado con la acción sobre los objetos y con la experimentación" (Piaget, 1985: 46). La segunda plantea un problema de autogobierno que dote al individuo de autonomía y participación, así como de respeto al prójimo. Se trata de "( ... ) un autogobierno llevado lo más lejos posible y que sea paralelo al trabajo intelectual en común, [para que se consiga] el doble desarrollo de personalidades dueñas de sí y de su mutuo respeto" (Piaget, 1985: 57).

La educación que se basa en competencias debe servir para reconocer, problematizar y satisfacer las necesidades humanas, tanto las que conciernen a su condición vital como las que refieren a las capacidades de ser y hacer, se vuelven objeto de estudio para las conciencias humanas, de los niños y de losjóvenes que emergen generacionalmente

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Durkheim había destacado estos componentes cuando define a la educación como: "( ... ) la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que no están aún maduras para la vida social. Tiene por objeto suscitar y desarrollar en el niño determinado número de estados físicos, intelectuales y morales que reclaman de él, por un lado, la sociedad política en su conjunto, y por otro, el medio especial al que está particularmente destinado" (Durkheim, 1974,77).

(Godoy, 2004). Pero también, tales necesidades humanas, a través de la educación, se vuelven objetos auto-experimentables por sujetos que interpretan y transforman su mundo. La educación dota a los individuos de capacidades mentales y prácticas para potenciar su disponibilidad de recursos, y buscar la efectividad máxima entre el consumo y la satisfacción de necesidades. En general, la educación puede asumirse como un espacio que la sociedad abre para que, a través de los hombres, se mire a sí misma, se distancie de sí y de lo que es, y discrepe de ella misma para conferirle sentido a lo que hace o a lo que no hace; la educación se convierte así en una forma de conciencia de las necesidades humanas y su grado de satisfacción.

En la perspectiva del desarrollo humano, las competencias deben expresar, en última instancia, capacidades humanas como una pieza clave para ampliar la actividad productiva y social del sujeto, mediante la apropiación y producción de conocimientos, habilidades, destrezas y valores que se van adquiriendo en procesos de interacción comunicativa10 en los que el individuo asimila la experiencia social en materia de tecnología, cultura e instituciones. Pero, a través de la educación no sólo se recrea el saber social, sino que, además, se promueven los espacios para innovar y crear nuevo conocimiento. Tal objetivo se cumple mediante la asimilación y el dominio de los medios fundamentales de transmisión y creación de conocimiento y práctica, a saber: los lenguajes, las habilidades y los conocimientos que, de manera conjunta y articulada, pueden ser entendidas como formas codificadas de construcción de sentido y acción que dotan al individuo de herramientas para transformar su mundo natural y social.

Los lenguajes permiten comunicar, hacen posible reconstruir mentalmente las realidades materiales, favorecen la proyectividad del sujeto para pensar mundos de experiencia posible y permiten cambiar al mundo por medio de su representación. Por su parte, las habilidades permiten canalizar la praxis de los sujetos en el manejo

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10 De acuerdo con Habermas, se trata de dos procesos de "racionalización social", uno de trabajo o

"acción racional", y otro de "acción comunicativa". El primero, "( ... ) se orienta por reglas técnicas que descansan sobre el saber empírico [e] ( ... ) implican en cada caso pronósticos sobre sucesos observables, ya sean físicos o sociales; estos pronósticos pueden resultar verdaderos o falsos ( ... )"; el segundo proceso de "acción comunicativa" es "( ... ) una interacción simbólicamente mediada. Se orienta de acuerdo con normas intersubjetivamente vigentes que definen expectativas recíprocas de comportamiento y que tienen que ser entendidas y reconocidas, por lo menos por dos sujetos agentes ( ... )" (Habermas, 1986,68-69).

operativo y funcional, definen las opciones instrumentales para la transformación de las realidades concretas, permiten conectar pensamiento con acción, cerebro con manos y hacer efectivo el deseo, el proyecto y la voluntad de transformación que toda acción humana supone.

Los conocimientos son formas condensadas y sistematizadas de saberes que connotan y denotan actitudes y habilidades en campos concretos de la actividad humana.

Los lenguajes, las habilidades y conocimientos que forma y transforma la educación dotan al individuo tanto de la capacidad para "distinguir-elegir- poner-reunir-contar-decir", es decir, armar un discurso interpretativo, como de la capacidad para "reunir-adaptar-fabricar-construir", o sea, facultad de producción a través de la técnica (Castoriadis, 1989).

En estos términos, la educación basada en competencias debe reflejar la constitución de capacidades indisolublemente ligadas a la actividad vital del hombre. Por ello, deben ser una herramienta central de pensamiento, acción y praxis en todas las oportunidades de la vida, tanto en el ámbito de la producción como de la distribución y el consumo. Ésta constituye, asimismo, una pieza clave para el mantenimiento de la moralidad social pues facilita la socialización de los deberes y derechos. Incluye también la dimensión utópica de la existencia al fomentar necesidades futuras adelantando en el presente los medios sociales e instrumentales para su logro sustentable.

Conseguir lo anterior plantea la necesidad de establecer los espacios y los medios adecuados para que la educación cumpla con su cometido de transmitir y producir lenguajes, habilidades y conocimientos. De tal modo que pensar en el desarrollo educativo como parte medular del bienestar puede ampliar la evaluación del progreso social.

4. UNA PROPUESTA OPERATORIA

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