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Otro factor originador de la idiomaticidad- la opacidad- en muchos casos actúa a la vez con la reinterpretación, es decir, ambos mecanismos no se excluyen mutuamente. Por la opacidad del signo A entienden la propiedad A, que obstaculiza el “cálculo” del significado de ‘A’ debido a la ausencia de una regla productiva, que permita la representación ‘A’, o debido a la ausencia en el diccionario, de uno o varios componentes de A (Baránov y Dobrovol’skij, 1998: 21). Asimismo, admiten que la propiedad de la opacidad, condicionada por estos dos factores totalmente diferentes, está directamente relacionada con los conocimientos del receptor, tanto individuales como generales, dentro de su comunidad lingüística. Baránov y Dobrovol’skij (1998: 26-28) distinguen dos variedades fundamentales de la opacidad: opacidad de la

a) La opacidad de la deducción

Por este tipo de opacidad74

En la opinión de Baránov y Dobrovol’skij (1998: 27), la opacidad deductiva es una consecuencia típica de la reinterpretación que muy a menudo se realiza mediante reglas ad hoc. Así, como admiten los autores, la locución coger/agarrar el toro por los

cuernos constituye un ejemplo de la opacidad deductiva, puesto que se puede considerar

que no hay reglas estándar que permitan deducir el significado global de la expresión a partir del significado de sus componentes. Asimismo, corroboran que “(...) las expresiones reinterpretadas no siempre poseen, ni mucho menos, la propiedad de la opacidad” (ibídem). Según ellos, para “descodificar” el significado real se puede utilizar, en todos los casos, el conocimiento sobre las implicaturas del discurso y sobre los modelos metafóricos.

se entendía normalmente la no- aditividad de los significados de los componentes, es decir, la imposibilidad o la dificultad de inferir el significado de la UF a través de las reglas estándar de coordinación semántica.

b) La opacidad componencial

El segundo tipo de opacidad destacado- la opacidad componencial- consiste en que en la expresión están presentes elementos léxicos que no aparecen registrados en el diccionario (Baránov y Dobrovols’kij, 1998: 27). Por ejemplo, como subraya Timofeeva (2008: 291), la locución castellana [caer(se)] de bruces ‘boca abajo’ (DRAE) contiene el elemento bruces que sincrónicamente ha adquirido un significado fraseológicamente determinado que se realiza sólo en esta locución. Además, comparte la opinión de los autores rusos de que la opacidad componencial viene a rellenar lagunas que deja la concepción tradicional de la idiomaticidad en término de aplicación de reglas únicas de composición semántica (cfr. Mel’cuk, 1960), así que expresiones claramente idiomáticas desde el punto de vista de la intuición del hablante se quedaban fuera bajo dicha concepción.

Una vez presentados los mecanismos responsables de la idiomaticidad según Baránov y Dobrovol’skij, nos parece oportuno mencionar que compartimos la opinión

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de Timofeeva (2008: 292) de que la opacidad es resultado de algún tipo (o de varios de ellos) de reinterpretación, por tanto, el análisis de la idiomaticidad fraseológica debería concentrarse en ambos procesos y no sólo en el primero. Además, como corrobora la investigadora, a veces, ya resulta imposible, desde el punto de vista sincrónico, determinar las operaciones reinterpretativas que llevaron a un determinado grado de opacidad, sin embargo, esto no significa que no las hubiera en la diacronía. Así pues, el proceso de la idiomaticidad debe definirse en relación a los mecanismos que lo sustentan, puesto que el hablante reinterpreta una expresión con el objetivo de asignarle un significado nuevo, y lo hace a través de la “reutilización” de un material lingüístico ya existente para designar una nueva realidad. Por ello, en la opinión de Timofeeva (2008: 292) “la idiomaticidad en sentido amplio, no solo la fraseológica, debe entenderse como un mecanismo de denominación secundaria que aprovecha el material lingüístico disponible para referirse a nuevos conceptos”. Además, según la lingüista, dado que el objetivo del hablante es juntar varios significados y reinterpretarlos de la manera que surja uno nuevo, esto es, asignarle a la combinación un valor significativo, la idiomaticidad es un mecanismo creador de UFs, un rasgo primario en la formación de las mismas que se encuentra en los propios orígenes de UFs (Timofeeva, 2008: 295, 299). No obstante, como advierte (Timofeeva, 2008: 295), esto no significa que la idiomaticidad asegure la pertenencia de una combinación al acervo fraseológico (vid. 3.2.2).

Según Dobrovol’skij (2005: 375) “(...) en ciertos contextos, el componente icónico del plano del contenido de cierto fraseologismo juega un papel central en su funcionamiento”. Asimismo, resalta que las imágenes mentales evocadas por los fraseologismos influencian sus significados efectivos. Incluso, el componente gráfico es a menudo responsable de restricciones importantes en el uso de las UFs. No obstante, “no es posible predecir el significado real de un fraseologismo sobre la base única de su imagen, o sea, de su significado literal. La misma imagen a menudo suele tener su origen en diferentes metáforas conceptuales, es decir, la estructura léxica de un fraseologismo no nos dice qué metáfora ha de tomarse como marco conceptual dentro del cual éste ha de ser interpretado” (ibídem: 361). Olejarová (2000: 99), al respecto, advierte que en ciertos casos el carácter gráfico de las locuciones se perdió con el tiempo y estamos ante la imagen velada (vid. la nota 53) que puede descifrarse sólo con la ayuda de la etimología.

Así pues, en las investigaciones recientes, enmarcadas dentro de la lingüística cognitiva, se habla de la motivación, idiomaticidad fraseológica o composicionalidad semántica graduales. Por ejemplo, Olza Moreno (2009: 157, 159-175) aboga por el modelo que incluya todas las unidades que manifiestan la idiomaticidad de manera gradual, tanto inmotivadas u opacas como las que presentan cierta transparencia semántica, es decir, distingue, con arreglo a rasgos y criterios objetivos, al menos tres niveles dentro del continuum de transparencia semántica:

a) UFs de idiomaticidad fuerte, es decir, los prototipos de la UF (vid. 3.2.2.) que presentan la opacidad semántica, p.ej. hablar por boca de ganso, cuya motivación ya no es accesible al hablante actual, se trata de las UFs que surgen de la transposición semántica operada sobre una expresión de sentido recto ya

arcaica, que ha perdido vigencia en la lengua, por lo que sólo se puede acceder a

su sentido idiomático mediante un proceso de reconstrucción diacrónica, que suele tener su reflejo correspondiente en las explicaciones aportadas por los repertorios fraseográficos;

b) UFs idiomáticas motivadas (por metáfora y metonimia) que presentan gradación interna de idiomaticidad que tiene que ver, principalmente, con la existencia de un homónimo en sentido recto75

c) UFs semiidiomáticas que poseen al menos un componente que mantiene en el contexto fraseológico su significado literal

en la técnica libre del dicurso para la UF que se esté analizando, y con la posibilidad de que una expresión desarrolle varios sentidos idiomáticos conectados entre sí. Para dilucidar grados de idiomaticidad en este tipo de unidades se puede recurrir también a algunos casos de polisemia fraseológica;

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75 Aunque algunos autores, entre otros, Ruiz Gurillo (1997: 79) prefieren recurrir más bien al término homófono literal, optamos, igual que Olza Moreno (2009: 114), por la etiqueta homónimo con conciencia

de que la homonimia y la homofonia son dos fenómenos distintos: la primera engloba los casos de coincidencia de significantes y divergencia de significados; y la segunda, en cambio, se define como la relación entre dos secuencias de idéntica pronunciación pero distinta grafia y tambien distinto significado (cfr. DLM, S. V. homonimia, homónimo).

y ocupan el escalón más bajo de la gradación idiomática (‘no decir ni mu’→ ‘no decir nada’), pero que se impregnan de idiomaticidad por la acción de ciertos componentes de valor metafórico o metonímico: sólo una parte del significante fraseológico contribuye a consolidar el sentido figurado de toda la expresión. No obstante, algunas UFs pertenecientes a este grupo pueden desarrollar excepcionalmente un grado alto

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de opacidad semántica, ligado a sus partes idiomáticas, por ejemplo, la locución verbal hablar por la boca de ganso cuya parte traslaticia- por la boca de ganso- aporta un significado idiomático de motivación opaca. Ya no se hace posible conectar ganso con el significado de ‘maestro o pedágogo’ que tenía antiguamente, de ahí el sentido figurado de 'dejarse influir por las opiniones de un maestro' →'[decir] lo que ese maestro sugiere'→‘decir lo que otro le ha sugerido’ DRAE). Así pues, el hecho de que una UF posea un segmento interpretable literalmente y sea inicialmente semiidiomática, no implica que no pueda estar integrada, al mismo tiempo, por una segunda secuencia altamente idiomática (Olza Moreno, 2009: 160).

Entonces, según la división propuesta por Olza Moreno (1998: 166-167), serán idiomáticas tanto las expresiones opacas o inmotivadas en su significado como aquellas que, aun no siendo en rigor composicionales, presentan algún nivel -mayor o menor- de transparencia semántica, que son semánticamente exocéntricas (cfr. Mendívil Giró, 1998: 47 1999: 377). No obstante, las categorías mencionadas no pueden definirse de modo cerrado, no constituyen grupos homogéneos en su configuración semántica, pueden presentar asimetrías, sobre todo, en el estadio de los fraseologismos motivados de algún modo por metáfora y metonimia, puesto que “(...) parece complicado- aunque (...), no del todo imposible- poder distinguir netamente o con la suficiente exhaustividad grados diversos dentro de él, máxime si se tiene en cuenta la subjetividad interpretativa (...)” (ibídem: 157). Por otra parte, las dificultades se suavizan en la definición de los dos extremos propuestos: UFs semánticamente opacas y UFs semiidiomáticas. Asimismo, para Olza Moreno (2009: 158) las metáforas y las metonimias vivas y relativamente activas en la mente del hablante son las responsables de un significado fraseológico menos idiomático, es decir, menos oscuro en su motivación, mientras que aquellos tropos cuya fuerza motivadora haya quedado desdibujada habrán dado paso a un significado fraseológico más opaco y, por tanto, más idiomático. A través del análisis de la dependencia existente entre la motivación semántica y la idiomaticidad se podrán revelar datos interesantes acerca de aspectos implicados, por ejemplo, en la comprensión, el aprendizaje y el empleo de las UFs (vid. 6.1.).

Según Timofeeva (2008: 323) el marco teórico de la TLFC (vid. 5.2.) “proporciona el engranaje necesario para afrontar el estudio de las características denominativas de las UFs”, es decir, las UFs se pueden definir como unidades con

estructura sintagmática pertenecientes al lenguaje figurado convencional, que cumplen el requisito de denominación adicional, el requisito de imagen y están convencionalizadas en el uso. Por tanto, la fraseologización se contempla como el proceso por el cual una estructura sintagmática se ve sometida a operaciones de tipo idiomático (la reinterpretación y la opacidad) para adquirir características del lenguaje figurado (cumplir los requisitos presentados) y, finalmente, se convencionaliza en el uso con los valores adquiridos. Así pues, la denominación adicional y el componente de imagen son los parámetros que fundamentan la configuración del significado fraseológico, mientras que la complejidad estructural y la fijación uso-social (la convencionalización) son, por su parte, aspectos complementarios, no imbricados, en la opinión de Timofeeva, de manera directa en la construcción del nuevo significado, aunque absolutamente imprescindibles para su comprensión como tal (ibídem: 322- 323).

Resumiendo lo presentado, la idiomaticidad se encuentra en los orígenes de los fraseologismos. En la creación de las UFs el hablante parte de un determinado proyecto denominativo para designar un objeto, una cualidad, un proceso, un estado, etc, que todavía no tienen nombre. De ahí que uno de los procedimientos más frecuentes consista en la búsqueda de una entidad parcialmente similar, que ya posee una denominación lingüística, y que sirve de base conceptual para la nueva denominación: se trata de un proceso de metaforización en el sentido amplio que posee una serie de características propias (Timofeeva, 2008: 315).