6.4 GAC Configuration
6.4.5 Update Rules
suficientes para confiar en el poder creativo de la mente humana. Pero, además de eso, debes empezar a tener fe en poder creativo de tu propia mente. Solo cuando estés convencido de poder lograr lo que sea, estarás dispuesto a hacer cuanto tengas al alcance de tu mano para llegar tan lejos como tú quieras.
Si consigues interiorizar estos principios, tu vida comenzará a cambiar a partir de ahora. No basta con saberlos y repetírtelos cada mañana: necesitarás ponerlos en práctica para convertirlos en un hábito. Bueno… ¿y qué esperas para triunfar?
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Delegar responsabilidades: una actitud de ganador
“Si todo parece bajo control, entonces no estás yendo lo suficiente deprisa.” Mario Andretti, piloto de carreras nombrado Corredor del Siglo XX
Si te resulta curioso que utilicemos para este artículo la cita de un as del volante…es que no has meditado lo suficiente sobre el contenido que encierra. Llegado el momento, todo emprendedor debe enfrentarse a un proyecto más grande que él. Ya no bastan los esfuerzos personales, ni tener cada aspecto de tu empresa bajo tu control: se hace necesario contar con la ayuda de alguien más.
Los motivos pueden ser muchos: te abruma la cantidad de tareas que debes llevar a cabo, no tienes tiempo para hacerlo todo a la vez o simplemente no puedes administrar tú solo cada detalle del proyecto por falta de los conocimientos técnicos necesarios.
Este último es quizás el más importante, pues existe una fina distinción entre la administración y el liderazgo. La primera tiene que ver con la gestión de las tareas, los recursos el tiempo. Cuando son demasiadas cosas, es casi seguro que vas a perder de vista tu propósito, ya que estás demasiado concentrado en los detalles.
La visión global, que no debes perder jamás, está muy relacionada con el liderazgo. Dicha cualidad implica el saber a dónde vas en todo momento, de modo que puedas dirigir tus esfuerzos y el de los demás hacia una meta específica.
Si tienes muchas responsabilidades a tu espalda, no podrás erguirte por sobre los pormenores administrativos para mirar adelante y decir “vamos por buen camino”. Si ocurre esto, dejas de ser un líder y te conviertes en un administrador.
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¿Liderazgo o administración? El cuento de los leñadores
Para que lo entiendas mejor, imagina un grupo de leñadores que se propuso talar todos los árboles desde su villa hasta la colina más cercana. Para asegurarse de ir en la dirección correcta, montaron un vigía en el campanario. Desde ahí él miraba a la colina y, en caso de desvío, les gritaba “un poco más al Este” u “otro tanto al Oeste”.
Pero los leñadores pronto comprendieron que no podrían terminar antes del invierno. Así que le pidieron ayuda a los otros hombres del pueblo, entre ellos el vigía, para que entre más pudieran talar más rápido los árboles. Este bajó del campanario, buscó un hacha y se puso a cortar. Pasado un tiempo, regresó solo para ver que la tala se había desviado tanto que, en lugar de la colina, estaba avanzando hacia el río.
La moraleja es bastante obvia, ¿cierto? Eso no significa que cumplas varias funciones, sobre todo si eres la persona más cualificada para ello y porque eres el principal interesado en que tu emprendimiento salga adelante. Sin embargo, en ocasiones deberás relegar responsabilidades, menores pero indispensables, para el logro de tus objetivos.
Divide en roles y vencerás
En muchos casos, tienes ante ti un desafío tan grande que no te quedará otro remedio que dividirlo en partes. Esta es la famosa estrategia “divide y vencerás”, de la cual hablan tanto los matemáticos y los programadores (ellos a menudo tienen que vérselas con problemas gigantescos). La idea es tratar cada parte como si fuera un problema individual, solucionarlos por separado y luego unir todas las soluciones en un resultado global.
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Ahora, ¿qué pasaría si en lugar de limitarte a dividir el problema en partes, también asignas un rol distinto para manejar cada parte? O sea, cada persona se especializaría en resolver solo una parte del problema.
Es evidente que ganas en eficiencia, puesto que las tareas se hacen al mismo tiempo. Si fueras tú solo, no podrías pasar a la siguiente sin antes terminar la que tienes entre manos. Y también ganas en calidad, por la sencilla razón de que cada quien se especializa en su rol, según sus habilidades y conocimientos.
Por poner un ejemplo, no necesitas aprender contabilidad para fundar un negocio. Tú eres el líder, así que solo necesitas alguien en cuya fidelidad y aptitudes puedas confiar, para que haga por ti el trabajo con los números. Mientras tanto, tú te ocupas de asignar responsabilidades y dirigir tu negocio en la dirección adecuada.
Así es como se hace en las grandes empresas y en cuanto negocio exitoso haya existido hasta el momento, pues delegar responsabilidades es un enfoque que se basa en el más elemental sentido común.
Lo que pasa es que hacerlo requiere de mucho valor, en especial para aquellos emprendedores que por primera vez se meten de lleno en un proyecto semejante. Es difícil confiar en que los demás hagan su trabajo tan bien como tú, ya que la idea en principio salió de tu mente y nadie más desea tanto que la empresa prospere. Además, ¿quién va a comprender tu sueño mejor que tú mismo…?
Selecciona el personal y reparte responsabilidades, pero hazlo con
inteligencia
Antes de comenzar a delegar responsabilidades, debes asegurarte de elegir a las personas adecuadas. De principio, no tienes por qué asignar ninguna tarea importante. Por ejemplo, si llevas un tiempo como programador freelance y tienes
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más clientes de los que puedes manejar, te basta con contratar uno o dos programadores para que hagan las tareas simples.
La comunicación con los clientes, el modelado y diseño del software, y los pagos que recibas siguen corriendo a tu cargo. Por supuesto, tienes una nueva tarea: la de repartir y coordinar el trabajo. Pero la buena noticia es que tienes mucho menos código que escribir, así que eso no será un problema.
Lo importante es que sepas elegir bien a tu nuevo personal. Desde la perspectiva de mi experiencia personal, no emplees los títulos académicos como estrategia de selección. Un empleado con un diploma te pedirá que le pagues más por el simple hecho de haberse graduado en una universidad, y eso no garantiza que sea una persona capaz y talentosa. Confía en su experiencia previa demostrable, y sobre todo no midas a tus empleados solo por la aptitud, sino también de actitud.
Este aspecto es muy importante. No importa cuán talentosos sean tus trabajadores: si no comparten tu visión o carecen de actitudes como la creatividad, la adaptación al cambio, laboriosidad o una actitud positiva, es muy probable que sean un lastre para ti.
No querrás tener a alguien que le pidas una cosa y te de otra, solo porque sus puntos de vista no coincidan contigo. Ni tampoco que holgazaneen o se resistan a los cambios necesarios que siempre van a surgir en tu empresa.
Por último, es vital que asignes los roles de acuerdo a las capacidades de cada cual, de modo que los conocimientos y habilidades de tus empleados se complementen entre sí. Solo de esta manera lograrás un equilibrio eficaz. Muchas veces duplicamos personal solo para estar seguro que algo no va a fallar, pero dos personas ocupando el cargo que puede hacer uno solo entrarán en una rivalidad que no puede ocurrir en
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tu empresa. Está claro: algún nivel de competencia es necesario, pero no cuando esta mina el ánimo de los trabajadores y los aparta del objetivo de la empresa.
Recuerda: al delegar responsabilidades debes conservar tu liderazgo para mantener la capacidad de contar con la perspectiva global y no perder el rumbo adecuado hacia tus sueños.
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Piensa y actúa como una persona de éxito: el mejoramiento
constante
“Somos lo que hacemos cada día, de modo la excelencia no es un acto, sino un hábito”.
Aristóteles, filósofo griego
En el mundo hay dos clases de personas: las que tienen visión y las que no. Estas últimas vienen a engrosar la extensa lista de quienes nunca lograrán sus sueños, aunque definitivamente los tienen. Ellos simplemente no creen que sea posible. Consideran al éxito como algo misterioso que solo está reservado para cierto tipo de gente. Para ellos, los triunfadores poseen algún poder extraordinario que no tiene explicación. Por tanto se limitan a tragarse su cuento de hadas y se conforman con lo que tienen.
Y para justificarse, rigen su vida por dichos como “más vale algo que nada”, “el remedio fue peor que la enfermedad”, “unos nacen con estrellas y otros nacen estrellados”, y otros supuestos códices de sabiduría que solo invitan al atascamiento y la inacción.
Por otro lado, encontramos aquella clase de gente que sí tiene visión. Estos no creen en frases vanas ni consideran que haya alguna magia oculta detrás del éxito. Cuentan con una fe inquebrantable en su capacidad para ganar, así el mundo entero esté en su contra. Están convencidos de que, si se persevera lo suficiente, alcanzar sus sueños será solo una cuestión de tiempo.
Sin embargo, pocas de estas personas realmente obtienen lo que desean. ¿La razón…? Ellos están determinados a triunfar, pero creen que el éxito se trata
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únicamente de conseguir esta o aquella meta. Es decir que su enfoque se basa en tener, no en ser.
En apariencia, esta manera de pensar no tiene nada de malo. Pero, como se verá a continuación, entraña tres peligros que pueden convertir a un emprendedor en un frustrado.
La visión materialista del éxito: los tres peligros
El primer peligro es también el más obvio. Y es que, tan pronto alcanza su meta, el emprendedor da por terminada su labor. El resultado es un estancamiento total: pasan los años, el éxito se esfuma y solo quedan los recuerdos.
De esta situación salen muchos de esos adultos mayores que se desviven relatando sus glorias de antaño, siempre con una nostalgia terrible y un fútil deseo de volver atrás.
El segundo peligro de definir el éxito por un logro específico, es que la mayoría que piensa de esta forma no puede ser feliz hasta que no lo logra su meta y se consideran atrapados en un abismo mientras tanto. Se sienten desdichados y ansiosos porque no tienen aun lo que quieren.
Cuando por fin lo logran, disfrutan de una felicidad pasajera, que se hará más débil con el tiempo. Entonces se ven nuevamente atrapados: hasta el próximo objetivo serán presas otra vez de las mismas emociones negativas… y así sucesivamente, en un ciclo que no tiene fin.
Pero el mayor peligro es el tercero. Este reside en que muchos, de tan optimistas, creen ciegamente en que podrán llegar hasta donde sea sin necesidad de cambiar ellos mismos. Solo necesitan esta técnica o aquella para conseguir lo que quieren, y se niegan a cambiar sus hábitos y conductas.
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Son tan obstinados que repiten lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes. En fin, que se guían por el dicho de “el que persevera, triunfa”, sin darse cuenta de los errores que están cometiendo ni adaptarse a la cambiante situación que les rodea.
Lo que no saben es que la perseverancia es solo un factor de éxito, no el único. Además, ignoran el hecho de que para andar sobre hielo hace falta tablas de esquí: ellos quieren usar las mismas botas de siempre. El resultado no puede ser sino un fracaso total o, en el mejor de los casos, resultados bastante mediocres.
Y es que para triunfar, es necesario mejorar como persona.
Concepto de éxito como mejoramiento constante
De la misma forma en que no nacimos caminando y tuvimos que aprender, tú también tendrás que desarrollar nuevos hábitos si quieres alcanzar el éxito. El primero de ellos, y el más importante, es el hábito del mejoramiento constante. Una vez este quede afianzado en tu manera de ser, lo demás vendrá solo. Vivir tu vida según la filosofía del mejoramiento constante, significa que cada día te esfuerzas por hacer las cosas un poquito mejor que la vez anterior.
Dijo Steve Jobs, el genio de los negocios que levantó varios imperios desde cero: “En los últimos 33 años, me he mirado al espejo todas las mañanas y me he preguntado: ‘¿Si hoy fuera el último día de mi vida, querría hacer lo que voy a hacer hoy?’ Y cuando la respuesta ha sido ‘No’ durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo”.
Cuando obtienes un avance, no te quedas ahí, sino que buscas la manera de hacerlo todavía mejor, y así hasta que… no, no hay un límite: tú puedes mejorar tanto como
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quieras. El único límite posible será la fecha de tu muerte y es lo que menos puedes pensar en estos momentos.
Así que ve olvidando cada una de las palabras de tu diccionario, y quédate solo con estas dos: “ser” y “mejor”. Repítelas mil veces al día, aplícalas en toda pequeña acción que lleves a cabo, tatúatelas en el brazo si así consigues tenerla presente las 24 horas del día. Por supuesto, esto último es un poco exagerado, pero seguro captaste la idea. Y si te sirve como mecanismo, pues úsalo.
Cuando haces del mejoramiento constante un hábito, nunca dejarás de superarte a ti mismo y siempre verás la manera de adquirir las aptitudes y actitudes necesarias para lograrlo. Si tienes que adquirir un nuevo hábito, cambiar alguna creencia limitante o aprender algo nuevo, lo harás. Si debes realizar algún sacrificio, también. Porque la columna vertebral de todas tus acciones será la frase “ser mejor”.
Así, cada pequeño logro será una victoria para ti. Empezarás a ver el éxito como un camino, no como un lugar. Dicho de otra forma, tu propia vida se convertirá en un éxito.
Y mis metas… ¿a dónde se fueron?
Pero, ¿y dónde quedan aquellas metas que te impulsaron a querer convertirte en una persona más capaz…? Bueno, alcanzar estas “metas externas” será un efecto secundario de la mejora constante. Esto es así porque, dentro de la lista de cosas que irremediablemente vas a querer mejorar, se encuentra tu propia habilidad para conseguir lo que quieres.
Aquí llegamos a una conclusión muy importante: el éxito externo es resultado directo del éxito interior. Obtener cosas es consecuencia inevitable de tu desarrollo personal, de esa partida de ajedrez que juegas por dentro. Por esa razón es tan importante que,
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desde ahora mismo, empieces a redefinir tu concepto de éxito. En lugar de enfocarte en tener más, enfócate en ser mejor. Los resultados, como las manzanas, caerán por su propio peso.
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¿Por qué un emprendedor nunca debe trabajar solo?
“Todo está ligado, todo se une en el universo. No se puede separar la parte del todo: la interdependencia rige el orden cósmico”.
Taizen Deshimaru, maestro Zen japonés
Esta pregunta quizás te resulte elemental. A fin de cuentas, ¿no dice el dicho que en la unión no está la fuerza? Pero aun si tienes clara esta idea, es importante que comprendas que el trabajo en equipo va más allá de una estrategia conveniente. Es realmente un principio universal.
¿Te has detenido a observar cómo funciona la Naturaleza? La mayoría de las especies animales tienden a agruparse. Los leones siempre andan en manada. De hecho, las hembras cazadoras forman “equipos tácticos” para acechar y abatir a sus presas. Los chimpancés, por otra parte, conviven en verdaderas tribus con pautas sociales, estrategia que los sitúa en una posición muy ventajosa respecto a otros animales.
Y aunque esto es evidente dentro del reino animal, se manifiesta en todas las formas de vida. Por ejemplo, las flores están diseñadas de tal forma que los insectos, aves y murciélagos transporten el polen de una flor a otra. Esta es una relación en que ganan ambas partes, pues una se reproduce y la otra obtiene alimento.
La interdependencia entre especies es uno de los cimientos de la vida en la Tierra, y llega a tal grado que la extinción de una sola puede perjudicar un ecosistema completo.
Sinergia: una ley universal
Lo mismo ocurre con los seres humanos. Si disfrutas de la Historia, ya sabrás que las grandes hazañas difícilmente se consiguen sin cooperación. Las pirámides fueron
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erigidas gracias al esfuerzo conjunto de miles de personas con diferentes especializaciones: arquitectos, constructores, escultores, escribas, picapedreros, comerciantes… Cada cual con habilidades y roles diversos.
Cuando un grupo de personas se une para conseguir una meta que beneficie a todos, el producto resultante es mayor que la suma de las partes. A esto se le llama sinergia. Los conocimientos, habilidades y recursos que le falta a uno, son complementados por los conocimientos, habilidades y recurso que posee el otro. Es igual que la relación entre flores e insectos. La abeja no produce polen, pero puede transportarlo porque vuela. La flor no puede ni moverse, pero es la que produce el polen. Complementando sus deficiencias, ambas partes ganan.
La sinergia es una ley natural y, como ocurre con todas las leyes naturales, violarla solo puede conducir a resultados contraproducentes. Esto es un principio que los grandes emprendedores conocen y utilizan muy bien a su favor.
Y es así como consiguieron el éxito. No importa el talento que tengas ni cuán poderosa sea tu determinación. Contar con el potencial de otras personas siempre te permitirá conseguir mejores resultados
Los tres pilares de la sinergia
A los guionistas les encanta usar en sus diálogos esa frase que reza: “cuando quieres que algo salga bien, tienes que hacerlo tú mismo”. Y aunque parezca antinatural, muchas personas se toman muy en serio esta idea. Confían en que con empeño y creatividad, podrán lograr cualquier cosa por muy grande que sea. Esta filosofía de vida contiene un falso optimismo y descarta por completo la ley universal de la sinergia.
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Pero, ¿cómo emplear la sinergia a tu favor? Si lo piensas un poco, te darás cuenta que es bastante sencillo. Para que haya sinergia entre un grupo de personas, deben cumplirse los siguientes requisitos: