Sánchez & Molina (2010), enuncian que en el país sobreviven entre 84 a 102 pueblos indígenas. El primer dato del Departamento Nacional de Planeación y el segundo de acuerdo a la ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia), con una población de aproximadamente 1.378.884 personas.
Los investigadores Sánchez & Molina (2010) recuerdan que un hito histórico de importancia en cuanto a las comunidades indígenas se remite al Decreto propugnado por el Libertador Simón Bolívar, en Villa del Rosario en 1820 en el cual se plantea que en adelante de su promulgación, todas las tierras que forman parte de sus resguardos serán devueltas a los naturales como eran denominados en la época. Sin embargo, lo que ha ocurrido desde ese momento hasta la actualidad es una confrontación constante por las tierras.
De hecho según los autores, los temas fundamentales de la resistencia indígena se ha cifrado en mantener su organización social y su cultura a través de tres ejes: “primero, la defensa de la tierra y del régimen comunal; segundo, la defensa del derecho a gobernarse por sus propias autoridades y bajo sus propias normas de vida; y, tercero, el derecho a mantener y ejercer sus propias manifestaciones culturales. Tierra, autonomía y cultura, será la consigna que sintetice las movilizaciones indígenas contra los regímenes hegemónicos, desde la Colonia y la República en sus diferentes momentos hasta el presente” (Sánchez & Molina, 2010:15).
A propósito de lo anterior, los datos de Acnur (2009) señalan que 70,000 personas de la población que sufre desplazamiento en Colombia son precisamente miembros de comunidades indígenas; estos datos han ido incrementándose particularmente para los años 2006 y 2008, pero la ONIC denuncia que debido a problemas de aislamiento y problemas de comunicación las cifras pueden ser mayores. De acuerdo con Acnur (2009), los indígenas huyen de sus territorios, por confrontaciones armadas, amenazas, masacres, minas antipersona y reclutamiento forzado, pero también han debido sufrir, ocupación de sus tierras sagradas y controles a la libre movilidad.
Los factores centrales que afectan a los indígenas con relación al desplazamiento son, de acuerdo con Acnur (2009), el hecho de habitar extensos territorios colectivos que se encuentran a su vez en zonas de abundantes y ricos recursos naturales, y adicionalmente que en la mayoría de las ocasiones están ubicados en lugares próximos a las fronteras o zonas geoestratégicas para el cultivo de la coca.
La comunidad Quillasinga
La comunidad Quillasinga habitante de la zona de amenaza del Galeras, se ubica en el sur occidente de Colombia en territorios semiurbanos y rurales de Pasto. Se destaca el corregimiento de Genoy por ser uno de los que se encuentra en la zona de amenaza volcánica alta.
Las comunidades de Genoy siguen una tradición ancestral de los habitantes de las zonas andinas que es la utilización de diferentes pisos términos para su seguridad agroalimentaria, de acuerdo con Lopez (2000), los indígenas de estas zonas tienen pequeñas fincas en las zonas calidad o de sierra, para la producción de maíz, caña de azúcar, café, cabuya, frutales, plátano y yuca. Igualmente plantea la fuente, los habitantes de Genoy tienen relaciones de intercambio con los pueblos del Tambo, el Peñol, al noroccidente del departamento y con las otras poblaciones del Valle de Atríz, principalmente a través del intercambio con tazas y canastas de bejuco que se utilizan para los tiempos de recolección de las cosechas de papa.
Además de la papa, los estudios de López (2000) evidencian que en la zona se cultivan en las chagras especies andinas como la quinua las cuales son destinadas al autoconsumo. La autora menciona que las viviendas son construidas principalmente de tapia y que este hecho hace que sea necesario utilizar mano de obra, dado que se debe apisonar tierra dentro de una especie de molde, por tanto se debe contratar jornal, es decir que otro campesino provea su mano de obra la cual se paga por día de trabajo, estrategia también utilizada en la zona de Boyacá también, por quien tenga casa hecha en tapia, según López (2000).
Los problemas de tierras son un factor de importancia en la región. Al respecto, los estudios de López (2000), evidencian el problema de escasez de la tierra que tiene cada grupo familiar. Por ello señala que es un factor de conflicto en la zona, dado que cada generación los padres reparten las tierras de las parcelas a sus hijos adultos. Esto se inició cuando el Ministerio de Agricultura en 1940 mediante el decreto Ley 1421, inició el proceso de parcelación. Se evidencia de acuerdo con López (2000), que el argumento de la entidad era que los títulos de los resguardos no se encontraban en la notaría, esto generó una drástica reducción de resguardos de 88 a 19, lo cual vino a configurarse en un factor desencadenante de conflictos internos por la escasez de suelo mencionada.
Con la decisión del Ministerio, señala López (2000), las tierras se consideraron baldías, y los indígenas cambiaron su estatus de propietarios a colonos a quienes se les reconocieron sus cultivos o mejoras. Señala igualmente que los resguardos desaparecieron porque la población indígena tuvo que generar relaciones con los hacendados a través de peonaje para poder sobrevivir, y, adicionalmente, los anteriores territorios quillasingas fueron parte integral de la administración municipal, y desde entonces según López (2000) consideradas como corregimientos, veredas y áreas suburbanas del Municipio de Pasto.
La comunidad Nasa y la experiencia del Nevado del Huila
El territorio de la comunidad Nasa se ubica en el municipio de Paéz, localizado en la cordillera central de los Andes colombianos, está ubicado en la zona de influencia del volcán Nevado del Huila, es considerado el mayor glaciar del país; la cabecera municipal de este municipio es Belalcazar y cuenta con 15 resguardos indígenas.
La población del municipio corresponde según el DANE 2005 a 40.643 habitantes, de los cuales 30.923 son indígenas, la población resto es afrocolombiana y mestiza. De acuerdo con Osorio (2009), las formas de producción se basan en un calendario natural que marca las épocas de cosecha, con 20 épocas naturales, estas marcan momentos productivos relacionados con el cultivo del maíz y cuatro actividades rituales. Estas actividades rituales “se realizan en un ejercicio solidario de compartir, a través de la minga y el intercambio de mano” (2009:13).
Para Osorio (2009), la minga es una estrategia importante para el desarrollo de actividades productivas, caracterizada por una organización solidaria que les permite hacer labores en el territorio de manera colectiva. La segunda estrategia, el intercambio
de mano, es una prestación de apoyo para cultivar en cada parcela. Este tipo de actividades genera un sentimiento de solidaridad colectiva simbolizada por el trueque, el intercambio de productos alimenticios.
Con la existencia del volcán Nevado del Huila se presenta “una alta exposición de nueve de los resguardos indígenas que se encuentran asentados en la zona, además de efectos sobre terrenos agrícolas y pecuarios, puentes y vías” (Osorio, 2009:30).
El 6 de junio de 1994 ocurrió un sismo de magnitud 6.8 con daños en los municipios del Cauca y Huila. En todo el territorio de la comunidad Nasa se presentaron daños severos en las construcciones debido a que el sismo fue superficial y que en el momento se registraba la época invernal. Igualmente se produjo el deterioro de las coberturas vegetales, el fenómeno generó movimientos en masa o deslizamientos que taponaron ríos y caminos, sepultaron viviendas y destruyeron cultivos.
Pero el evento más grave ocurrió posteriormente, cuando ocurrieron grandes avalanchas las cuales “bajaron por los ríos Páez, San Vicente y Símbola, las cuales aumentaron en gran medida la destrucción que había producido el sismo. A causa del sismo se registraron 20 personas muertas y algunos heridos, cifra nada comparable con la cantidad de víctimas que dejaron las avalanchas, calculada en más de 300 muertos y 500 desaparecidos” (INGEOMINAS, 2000).
Ante esto la comunidad empieza un proceso de reconformación. De acuerdo con Osorio (2000,23) “surgió la necesidad de encontrar una vía alternativa, que considerara el desarrollo local (plan de vida) como posibilidad de promoción y puesta en valor de los recursos colectivos y que, a su vez, considerara a las comunidades como sujetos de autogobierno. Transformar el sistema de desarrollo (mejor estar comunitario) no significa olvidarse de la economía, sino redescubrir los valores culturales, espirituales, sociales, políticos y ambientales que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas y la misma sostenibilidad del desarrollo de la zona, la región y el planeta”.
Para los miembros de esta comunidad, “El vivir bien del Nasa implica concebir el territorio en el sentido de que en él se tejen, de manera muy fina, diversas dimensiones ecosociales, (…); estos vínculos, a su vez, permitirán repensar los problemas de estrechez territorial, que son una de las causas de la vulnerabilidad, con la finalidad de hallar la manera de permanecer en el territorio de manera estable y digna” (Osorio, 2000:24).