6.3 Encoding sensory information in the SNNs in GReaNs
7.1.4 Using two sound source types
entendido en su acepción más genérica (especie humana). Su etimo- logía latina nos ha llegado con la expresión humus e inmediatamente pasó a la raíz homo. Sucintamente, el concepto homo se remonta al
concepto humus. Humus es el término que más se acerca a la descrip- ción de barro húmedo o arcilla o pantano terroso. El homo, es decir la especie humana, está configurada, atómica y materialmente por esta masa compacta llamada tierra, arcilla, ceniza o polvo hecho de tierra. Aquí es importante subrayar que toda vida, en cualquiera de sus for- mas, posee este mismo material: humus, arcilla, barro, tierra. Hay una génesis, un gen, un Ácido Ribonucleico (arn) del que se desprende un
Ácido Desoxirribonucleico (adn) inmerso en toda aquella materia viva,
en los que se constata un parentesco material-genético entre todo lo viviente. En este sentido de composición material, la especie humana posee la misma estructura atómico-molecular-genética que el resto de seres vivos. Todo, absolutamente todo ser viviente, es pariente ge- nético de otro ser viviente, así no pertenezca a la misma especie. Hay una especie de fraternidad genética y cósmica en la naturaleza viva. Este presupuesto llevaría al ser humano a repensar las maneras que utiliza para relacionarse e interactuar con el resto de seres vivos u otras especies vivas que ocupan un espacio en la misma casa planetaria, as- pecto que no trataremos en este espacio por ahora.
Retornando a la construcción de la respuesta a la pregunta que se in- tenta responder, y sabiendo ya que el ser humano posee un humus, una arcilla, un envase y una configuración de barro, hay que buscar cómo mantener húmedo este material (la humedad otorga maleabili- dad a la arcilla, al barro, a la ceniza, al humus) para ayudarle a modelar- lo, a orientarlo y moldearlo hacia la adquisición de procesos (hábitos, virtudes, cualidades) que conduzcan a altos logros de perfectibilidad de su misma especie, es decir, de perfectibilidad humana. Probable- mente no logre ser perfecto debido a la misma fragilidad del barro, del humus y de la arcilla que lo componen, pero sí puede situarse y ubicarse existencialmente, en un continuum proceso de perfectibili- dad humana, de ser siempre el mejor de su especie y de aprovechar el plus de racionalidad que lo identifica, para aprender a vivir razonable- mente en el cosmos o en aquel ethos social, cultural, familiar que le ha correspondido vivir y asumir. De lo anterior emerge una segunda pre- gunta: ¿cómo humedecer y ablandar la condición humana para formar lo esencialmente humano?
La respuesta a esta pregunta implica hacer mención del aspecto an- tropomórfico, es decir, de la forma material de la que se configura la especie humana. Esta vasija de barro o de arcilla es considerada un
todo integrado; posee numerosas partes o dimensiones (intelectual, lingüística, emocional, ética, espiritual, biológica, ecológica, política, social, económica, axiológica y trascendente), pero no están escindi- das en sí mismas. El ser humano es un acto existencial-material holís- tico; por tanto, se forma humanamente en perspectiva integral, com- pleja y sistémica. Se impregna aquella disposición antropomórfica por medio de la formación, de modo que “[l]a formación es un modo (acto) específicamente humano, que tiene la misión de dar forma a las capa- cidades humanas, para llegar al status de ser persona” (Gadamer, 1993, p. 39).
Lo anterior abrió paso a la pregunta por el ser-persona, es decir, por la condición humana, y ello implicó interrogarse por ¿qué es el status de ser persona? Es el paso continuo que va transformando aquella condi- ción material humana en un sujeto capaz de reconocerse como un ser racional-sintiente y con un sinnúmero de capacidades que lo ubicarán en un alto grado de su propia evolución. El ser humano pasa al estado de persona cuando esculpe o forja personalidad identitaria, es decir, una identidad que le otorga personalidad con carácter. La palabra per- sona se derivó de los personajes que actuaban en las tragicomedias griegas. Allí, los actores y las actrices asumían roles de los personajes usando máscaras para personificar una identidad. La persona era el personaje que asumía una personalidad con ayuda de la máscara. El valor y la fuerza de la tragicomedia residían en la personalidad que se le otorgaba a la máscara, y la máscara revelaba la personalidad. En ese contexto clásico antiguo, el término máscara se entendía a partir de las dos raíces que la componen lingüísticamente: más como adverbio de cantidad y cara entendida como el sustantivo de los superlativos carísima, apreciadísima, distinguidísima, respetadísima, tal como hoy se escucha la expresión “carísimo señor”, para decir distinguido señor y respetado señor.
Por tanto, asumir el status de persona le apuntará a formar, forjar y esculpir, en aquel barro o arcilla, una personalidad férrea con carácter, es decir, bien definida, con capacidad de libertad, autonomía, respon- sabilidad, de tal forma que los pensamientos, las palabras, los senti- mientos y las acciones que realice sean motivo de enaltecimiento y de orgullo de pertenecer a la especie homo. Los seres humanos arriban al estado de persona cuando descubren que su capacidad racional y su capacidad de sentir son orientadas hacia el enaltecimiento de la
dignidad de sí y de los otros. Solo el ser humano que se abre al proceso de formación integral tiene acceso a alcanzar la dignidad de ser trata- do como persona. Se aclara que formar en humanidad integralmente no exige el paso necesariamente por escuelas y academias. La forma- ción humana y con calidad humana se adquiere básicamente, en el ejemplo y el testimonio con el que se asume la vida. Este testimonio se expresa en la coherencia que lleva la persona entre su ser y quehacer, entre sus pensamientos, sus palabras o predicados, sus sentimientos y sus obras.