A Jaime Wheelock le correspondió elucubrar sobre el funcionamiento de la “economía mixta”, llegando al extremo de afi rmar que:
“Aquí lo que hay que plantearse teóricamente es la posibilidad de que la burguesía produzca sola, sin poder, que pueda limitarse a un papel productivo, es decir, que se limite a explotar sus medios de producción y que utilice esos medios para vivir, no como instrumentos de poder, de imposición. Yo creo que eso es posible en Nicaragua (..)”. 63
Esta extraña teoría de Wheelock, confundió durante largo tiempo a muchos revolucionarios honestos. En primer lugar, es necesario
63 El Gran Desafío, Jaime Wheelock Román, Editorial Nueva
aclarar que la burguesía no es una clase productora, sino todo lo contrario, es una clase parásita que sólo por el hecho de ser dueña de los medios de producción, tiene el “derecho” de apropiarse de las riquezas que producen los trabajadores. En segundo lugar, es absolutamente falso que se conforma solamente con producir y que no tiene aspiraciones e intereses políticos.
La experiencia histórica ha demostrado que el control sobre la economía genera obligatoriamente la necesidad de apoderarse del gobierno y del aparato del Estado. Si no hubiese sido así, ¿cómo explicar que importantes fracciones de los empresarios se opusieron a Somoza, porque éste les hacía “competencia desleal”? Los teóricos sandinistas confundieron a los trabajadores diciéndoles que la “Economía Mixta” estaba compuesta por tres áreas: estatal, privada y mixta. De manera tal que controlando el aparato del Estado era posible que el área estatal de la economía absorbiera paulatinamente y de manera gradual a la “inefi ciente” propiedad privada. Esta retorcida teoría era completamente falsa. La economía de un país no se puede dividir como un pastel o una naranja. Aunque existían, efectivamente, esas tres formas de propiedad en Nicaragua, estas no constituyeron nunca tres sistemas económicos separados, independientes, sino que eran pequeñas parte de un mismo sistema capitalista vinculado al mercado mundial. De la misma manera que a nivel mundial nunca existieron dos economías,- una capitalista y otra “socialista” en la época de la URSS,- sino un mercado mundial controlado plenamente por las potencias capitalistas que salieron vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, tampoco a nivel nacional se podía dividir la economía nicaragüense en pequeños subsistemas económicos.
Wheelock llegó al extremo de afi rmar que la “Economía Mixta” era un paso necesario para sacar a Nicaragua del atraso económico, desarrollar las fuerzas productivas y preparar las condiciones para el salto hacia el socialismo:
“De acuerdo con las tesis del socialismo científi co, para que pueda prosperar en forma matemática un modo de producción de una etapa a la otra, se requiere, por lo menos, la plena madurez del modo de producción que va a ser sustituido. El socialismo es un modo de producción que rebasa a otro modo de producción que ha llegado al límite, cuando las fuerzas de producción que desarrolla el capitalismo están siendo frenadas por relaciones caducas. No encontramos, de ninguna manera,
estas circunstancias en las condiciones de Nicaragua”.64
La Dirección Nacional del FSLN tomó prestada de los viejos y polvosos manuales stalinistas la teoría de “la revolución por etapas”, por medio de la cual encasillaron la realidad al siguiente esquema: en los países atrasados primero se deben desarrollar las fuerzas productivas, tarea que le corresponde a la burguesía, y hasta después se puede instaurar el socialismo.
Esta versión prostituida del marxismo no toma en consideración que las burguesías de los países atrasados ya no pueden jugar ningún rol histórico progresivo, porque están completamente atadas y vinculadas a la burguesía de los países “desarrollados”. Una prueba de lo anterior fue que en Nicaragua la burguesía resultó incapaz de derrotar a Somoza por sus propios medios, y al fi nal del proceso fueron las masas insurrectas las que derrocaron a la dictadura y quienes colocaron al FSLN en el poder.
La experiencia nos enseña que, al contrario de lo que afi rmaba Wheloock, las revoluciones socialistas todavía no han triunfado en los países económicamente desarrollados, sino que, todo lo contrario, han comenzado en los países económicamente atrasados, precisamente porque en determinas condiciones, bajo el asfi xiante capitalismo, estos países no solo no pueden desarrollarse sino que resultan incapaz de conservar el sentido de nación frente a las potencias industriales.
La teoría de la “revolución por etapas” fue utilizada únicamente para justifi car con un lenguaje semimarxista el proceso de reconstrucción de la economía capitalista en Nicaragua.
Las innovaciones teóricas de los comandantes sandinistas eran realmente asombrosas. Bayardo Arce Castaño, en una ocasión llegó al ridículo de afi rmar que:
“vamos a construir el socialismo con los dólares del capitalismo”65.
Para la Dirección Nacional del FSLN lo más importante era el control político del aparato del Estado, ya que desde ahí podían dictar la
64 Entre la Crisis y la Agresión, Jaime Wheelock Román. Edi-
torial Nueva Nicaragua, Managua 1985, página 23.
política económica que la burguesía dócilmente cumpliría: “Yo creo que si existe un poder revolucionario y si existe una política económica que tenga claro cómo avanzar, puede ser muy sencillo transformar la estructura social sin tener que recurrir siempre a la expropiación de los medios de producción”.66
Wheelock nos detalla cuales serían los mecanismos utilizados por la dirección sandinista para controlar a la burguesía, que harían posible la construcción del socialismo sin necesidad de expropiarla, utilizando los dólares del capitalismo:
“Entonces, por dónde controlamos el capital? No lo controlamos por sus fuentes que serían los medios de producción, sino a través de los mecanismos de circulación: los precios, el sistema fi nanciero, las tasas de intereses. En el fondo, nosotros no tenemos tanto cuidado de que un productor se enriquezca o no. Lo que importa es saber si produce, porque en una sociedad subdesarrollada necesita de todos sus factores de producción (..) La revolución (..) ha integrado (a los productores) junto con todo el pueblo a la construcción de una obra nacional” 67.
Los mecanismos iniciales de control burocrático, que la conducción del FSLN montó desde el aparato del Estado, terminaron cediendo ante las leyes de acero de la economía capitalista que ellos mismos ayudaron a revitalizar. El monopolio del comercio exterior, por ejemplo, fue debilitado en la medida que los bancos estatales autorizaba la entrega de divisas liquidas a los capitalistas agroexportadores. Al fi nal de cuentas, fueron los capitalistas quienes terminaron por imponerle sus condiciones al Estado. Wheloock, el especialista en asuntos económicos, aclaró en una ocasión a cuanto ascendía la participación de los capitalistas en la economía:
“En la industria podemos decir que el 40% del valor bruto de la producción es estatal. El comercio exterior es un 100% estatal. El comercio interior es estatal en un 30%. En la agricultura la parte del Estado en valor bruto de producción es más o menos 66 El Gran Desafío, Jaime Wheelock Román, Editorial Nueva
Nicaragua, Managua 1983, p. 39
67 Sandinistas. Gabriel Invernizzi y Francis Pisani. Editorial Van-
equivalente a lo de la propiedad: 23 %. De manera que la economía propiamente privada es mayoritaria”.68
Pero el carácter o naturaleza de un sistema económico no se puede medir por porcentajes, aunque estos datos evidencian el rol desempeñado por la burguesía en la economía. Es importante señalar que, a pesar de las confi scaciones, la mayor parte de los medios de producción pertenecían a la burguesía y que el conjunto de la política económica, estaba destinada a proteger a los empresarios “patrióticos” con todo tipo de incentivos fi nancieros y exoneraciones fi scales. Si la economía era capitalista, la política económica del Estado no podía ser diferente.
No era tarea fácil reconstruir la economía capitalista en medio de un colosal ascenso revolucionario de las masas trabajadoras, que se tomaban las empresas y haciendas, y procuraba ejercer el control sobre ellas, destituyendo y nombrando a sus propias autoridades. Para engañar a los trabajadores, la dirección sandinista debió utilizar un lenguaje “revolucionario”, manipulando ampliamente la entonces atractiva consigna “por la construcción del socialismo”. Esta no era más que una hermosa bandera que agitaba demagógicamente en los mítines y reuniones partidarias, como una forma de calmar a sus bases radicalizadas que creían estar luchando por un gobierno de obreros y campesinos.
La “economía mixta” se tradujo en situaciones concretas para los trabajadores: bajos salarios, prolongadas jornadas de trabajo, prohibición de huelgas, restricciones a las libertades políticas y sindicales, absorción de los sindicatos y organismos de masas por el Estado capitalista, etc.
A pesar de que en 1982 se inició la guerra de “baja intensidad” impulsada por la administración Reagan, la Dirección Nacional del FSLN mantuvo invariable, contra viento y marea, el proyecto de “economía mixta”. El boicot económico de los empresarios a lo interno se convirtió en una especie de “quinta columna” en la retaguardia de la revolución. Se abrió un enorme abismo entre los encendidos discursos de los comandantes sandinistas y las duras condiciones que debieron soportar los trabajadores y sus familias, las cuales se agudizaron en la medida en que recrudeció la guerra de “baja intensidad”.