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Value Chains

In document Strength of weak ties in microfinance (Page 111-118)

Este apartado en especial está redactado de una forma más descriptiva y vivencial porque me gustaría hacer partícipe al lector de mis experiencias al realizar mis primeras incursiones al trabajo de campo y lo que fue para mí conocer y trabajar dentro de la UVI Totonacapan.

La primera vez que viajé a Espinal me encontraba en la ciudad de Papantla; como no sabía llegar tuve que preguntar por rutas y transportes que me llevaran hasta allá. Después de investigar un poco ubiqué una terminal de camiones que localmente se conoce como “la de los voladores” y a la que siempre llegaba para ir a Espinal a partir de ese momento.

Mientras estuve esperando la salida del camión Zozocolco-Espinal, observé la dinámica de la estación: varios camiones estacionados con letreros que anunciaban sus destinos, los “boleteros” subiendo y bajando de los camiones para cobrar el pasaje y preguntando constantemente a la gente a dónde se dirigían para indicarles que camión tomar, varios hombres (jóvenes y adultos) vendiendo comida, dulces y agua, peleándose por ver quién subía primero a los camiones. Muchas de las personas que esperan camión vienen de comunidades pequeñas y alejadas dentro de la sierra de Papantla, algunos incluso deben caminar un par de kilómetros después de que el camión los deja sobre un camino de tierra para poder llegar a sus pueblos. Estas personas generalmente hablan en totonaco; los hombres visten trajes de manta, sobrero de palma y huaraches, las mujeres traen el “luxu” o pañoleta arriba de sus blusas. Es común también ver adolescentes que van a tomar clases a las telesecundarias de la zona y personas vestidas de forma “occidental” que hablan en español, muchas veces estas personas llevan grandes cajas y bolsas con artículos para vender en las tiendas de sus comunidades.

El trayecto de Papantla hacia Espinal dura aproximadamente una hora. Los camiones hacen paradas en muchos poblados pequeños como El Chote, Paso de Vega, Pípila, Limoncillos, Serafín Olarte, entre otros. Es un trayecto largo, con un clima muy caluroso y en una carretera bastante accidentada, sobre la cual se ubican pequeñas localidades. Durante el

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trayecto siempre hay personas que suben a los camiones con la finalidad de obtener dinero, ya sea vendiendo algún producto, cantando o incluso contando chistes.

Después de una hora de subir la sierra de Papantla se vislumbra la torre de la iglesia de San José de Espinal. La entrada a Espinal (ver imagen 1.6) se marca con un letrero de un cyber café que ofrece clases de totonaco y dice: “En Espinal somos amigos del Totonakú”. Conforme el camión desciende, empiezan a aparecer casas y tiendas construidas sobre la carretera. De lado izquierdo se encuentran el parque central, la iglesia y el palacio municipal, de lado derecho hay algunas tiendas, casas y bares; casi saliendo de la cabecera están los dos únicos hoteles, en los que por 150 se puede pasar la noche.

Imagen 1.6 Entrada a San José de Espinal Fuente: Fotografía tomada por la autora

Imagen 1.7 Calle principal de Espinal Fuente: Fotografía tomada por la autora

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Frente a la iglesia se encuentra el parque central donde se organizan las ferias del pueblo y un costado de esta se localiza el Palacio Municipal. Una cuadra abajo del Palacio se encuentran las instalaciones de la UVI Totonacapan. En mi primer viaje a Espinal no pude tener contacto con los estudiantes porque se encontraban en su semana de visita a las comunidades para hacer trabajo de campo, sin embargo, pude aprovechar para conocer a los maestros, presentarme y explicarles mi trabajo de investigación. Todos ellos se mostraron muy amables y dispuestos a cooperar con el trabajo. En esa salida no realicé entrevistas porque primero quería que me conocieran y poder entablar relaciones de más confianza con ellos; puedo decir que en algunos casos sí lo logré.

Durante mi segundo viaje ya me sentía más familiarizada con la región y con los maestros; en esta ocasión los alumnos sí se encontraban, por lo que les pedí a los maestros me dejaran entrar a algunas de sus clases y presentarme con ellos. El primer grupo al que entré fue séptimo semestre, el maestro me presentó con ellos e incluso habló un poco sobre mi trabajo antes de que yo pudiera hacerlo; les pidió a los alumnos que cooperaran conmigo en

Imagen 1.8 Parque central de Espinal Fuente: Fotografía tomada por la autora

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las entrevistas ya que los resultados de mi investigación podrían ayudar a mejorar la LGID. Aunque en ese momento todos los estudiantes estuvieron de acuerdo con ser entrevistados, al principio fue muy difícil que me dejaran hacerlo, en realidad se notaban un poco desconfiados y desinteresados, lo que a mí me pareció normal porque apenas me habían conocido. Yo por otro lado, tampoco me sentía aún con la confianza de llegar a ellos y pedirles una entrevista porque apenas acababa de llegar y no había tenido la oportunidad de relacionarme más con ellos y de participar en la vida de la UVI. Ese mismo día uno de los maestros se me acercó para preguntarme como me iba con las entrevistas, cuando le comenté que aún no había podido hacer una, le habló a uno de sus alumnos y le pidió que por favor me dejara entrevistarlo. Creo que esto fue un poco incómodo tanto para el joven como para mí, sin embargo, fue así como conseguí mi primera entrevista, la cual fue muy interesante. Al finalizar la entrevista algunos de sus compañeros se nos acercaron y comenzaron a platicar conmigo e incluso a bromear, así logre entrevistar a dos estudiantes más.

En las entrevistas, los estudiantes me comentaban que las salidas a las comunidades es lo que más disfrutan porque para ellos es más significativo ir ahí y trabajar con las personas en propuestas que surgen de la comunidad misma. Comentaban también que a diferencia de los estudiantes de otras universidades, ellos pueden vincularse mejor con las comunidades ya que son parte de ellas, viven su misma realidad y las entienden mejor que otros estudiantes o personas que lleguen “de fuera”. Este es un discurso recurrente entre los estudiantes de la UVI, que los empodera frente a otros estudiantes y fortalece su reconocimiento como indígenas en una comunidad rural.

Otro de mis intereses al llegar a esta región era aprender a hablar (o al menos conocer un poco) la lengua totonaca. Uno de los maestros de la UVI me comentó que un estudiante de sexto semestre iba a impartir unos cursos de totonaco dentro de la UVI para aquellos estudiantes y gente de la comunidad que quisieran aprender, ya que él era hablante de la lengua. Pude tomar algunos cursos de totonaco con alumnos de la UVI durante los días que hacía mi trabajo de campo. Personalmente, siembre busqué involucrarme en actividades de la sede, lo que me ayudó a entablar relación con los alumnos y los docentes, sin embargo,

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mi participación muchas veces se vio limitada por los tiempos que tenía para regresar al trabajo de campo.

Con el tiempo fue más fácil obtener entrevistas y que los estudiantes aceptaran participar, aunque esto nunca dejó de ser un reto. Les debo en gran parte a los docentes, el que yo haya podido tener ese contacto con los alumnos y realizar mis entrevistas y talleres porque siempre los incitaban a participar, a compartir sus saberes, sus experiencias, a no quedarse callados y dialogar sin importar que fuera alguien de la comunidad o externo a ella.

Estas fueron algunas de mis vivencias dentro de la sede Totonacapan. Al regresar a Xalapa había adquirido la experiencia del viaje, además de mi primera práctica etnográfica. Considero importante el relatar esto porque me hizo confrontar la teoría con la práctica y darme cuenta de lo complejo y a la vez amplio del trabajo etnográfico. Si bien existen ciertas características del mismo, fue bueno darme cuenta de las posibilidades creativas que encierra y de la importancia del reconocimiento de mi propia subjetividad al hacer una investigación.

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