5.2 Model and Solution
5.2.2 Variable Selection
En este apartado se van a considerar diversos aspectos que reflejan la legitimación o la deslegitimación que serían propios (si bien no exclusivos) de un adulto que quiere hacer ver a su hijo/a la forma en que valora la violencia: es decir, las normas y los valores que le transmite con el objetivo de que interiorice su mensaje de legitimación o de deslegitimación.
Antes de continuar, aclaremos el significado de ciertas expresiones que se van a emplear en nuestra investigación. Los modelos de valoración de la violencia hacen referencia al grado en que se legitima esta práctica179. Cada persona cuenta con un sistema de creencias y valores ligados a la violencia que estará más o menos asociado a la posibilidad de su legitimación o su deslegitimación. El patrón de legitimación de la violencia es el reflejo, la manifestación del modelo de valoración, y hace referencia a un conjunto de elementos: cómo reacciona el progenitor, qué piensa al respecto o cómo se
178 Véase apartado 3.2.1.1.
179 Los modelos de legitimación de la violencia que se han hallado en esta investigación son descritos en el apartado 6.2.1 del Capítulo 6.
siente180. En los epígrafes que siguen a continuación se va a dar cuenta de los aspectos que indican cómo las personas aceptan o rechazan la violencia.
Aquí se presentan estos modelos, el de legitimación y el de deslegitimación, por separado, con el objetivo de diferenciar más claramente sus características. Ahora bien, hay dos aspectos a tener en cuenta a este respecto: a) los patrones no tienen por qué ser
puros, en el sentido de que los padres no siempre manifiestan que aprueban o que
rechazan incondicionalmente la conducta violenta de su hijo, pudiendo apreciarse unos aspectos que indican que la legitiman y otros que la deslegitiman181 y b) estos modelos no son estáticos; los padres pueden tener una actitud general hacia la violencia, pero no siempre valorarán las acciones violentas de la misma forma.
En primer lugar, cuando un adulto transmite a su hijo lo que piensa al respecto de la conveniencia de la violencia, no emplea, necesariamente, elementos propios de uno sólo de los modelos. Esto es así sobre todo cuando nos referimos a la transmisión de la valoración de la violencia ante una situación concreta en la que interviene el menor. Cuando la transmisión no está ligada a un contexto concreto o cuando el niño no participa en un conflicto, existe más probabilidad de que el padre le haga llegar un mensaje puro182: puede hacer ver a su hijo su opinión acerca de la violencia sin someterla a los matices propios de la transmisión ligada a una acción violenta en un contexto determinado183. Sin embargo, en este último caso, en el mensaje parental pueden aparecer elementos que ayudan a matizar su valoración184 (por ejemplo, una vez que el hijo se ha defendido violentamente de un ataque previo, el padre le da la razón, pero le pide que no lo repita en el futuro).
180 En el desarrollo empírico de esta investigación se analizan los patrones de reacciones parentales que son manifestación de su valoración de la violencia (véase apartado 4.2.2 del Capítulo 4 y apartados 6.2.2.1, 6.2.2.2 y 6.2.2.3 del Capítulo 6).
181 Los patrones que se han hallado en el desarrollo empírico de esta investigación reflejan este aspecto; por ello se han analizado los matices que indican que se legitima y que se deslegitima la conducta violenta, en un mismo mensaje (véase apartado 4.8 del Capítulo 4).
182 Los resultados obtenidos en nuestra investigación acerca de los patrones parentales de legitimación de la violencia cuando no se hace referencia a una situación específica, pueden observarse en el apartado 5.1.1 del Capítulo 5.
183 Véase apartado 2.2 del Capítulo 2.
184 Los resultados obtenidos en nuestra investigación acerca de los patrones parentales de legitimación de la violencia cuando no se hace referencia a una situación específica, pueden observarse en el apartado 5.2.1 del Capítulo 5.
En segundo lugar, decíamos, los patrones no son estáticos. Este sistema hace que el sujeto tienda a aceptar o rechazar las acciones violentas, pero no tiene por qué dar como resultado que siempre legitime o siempre deslegitime la conducta violenta. De nuevo, esto sucede así especialmente al valorar situaciones específicas: es posible que se acepte una acción violenta concreta y no otra, debido a las características que definen cada acontecimiento (Andreu, Peña, y Graña, 2001; Fraczek, 1985; Galdames y Arón, 2007; Huesmann, Guerra, Millar y Zelli, 1992; Kirwil, 1989; Martín Ramírez, 1991). Sin embargo, al hacer referencia a la violencia no contextualizada prevalecerá, con más seguridad, la valoración ya conformada en base al sistema de creencias, normas y valores185.
A continuación se presentan algunos de los aspectos que denotan que el progenitor rechaza la violencia o que la acepta. Éste no es un análisis de los únicos factores reflejo de estos modelos, sin embargo, recoge algunos aspectos que han sido considerados en el trabajo empírico de esta investigación y que pueden facilitar la comprensión del desarrollo del mismo. Se han considerado los siguientes aspectos:
- Aquellos indicadores conductuales que reflejan que el progenitor rechaza la violencia cometida por su hijo, que la deslegitima186.
- Los indicadores conductuales que indican legitimación por parte del padre187.
3.2.1.- VALORACIÓN PARENTAL DE DESLEGITIMACIÓN DE LA VIOLENCIA Como se ha expuesto previamente, el término violencia lleva implícita una connotación negativa, que implica la deslegitimación del mismo concepto cuando se alude a éste de forma general188 (Martín Baró, 1983; Martín Morillas, 2003). Su definición no es, inevitablemente, neutral: se trata de un tipo de interacción entre dos o más actores en la cual existe la intención de hacer daño. Por ello se considera que se trata de un concepto con un carácter evaluativo, como expresión de un criterio moral
185 Nuestra hipótesis (véase hipótesis 1.1, en el apartado 4.2.1 del Capítulo 4) es que la valoración parental acerca de la violencia descontextualizada será de deslegitimación, dado que se trata de un concepto con una connotación negativa, tal y como se ha expuesto (véase apartado 1.1.3 del Capítulo 1). 186 El análisis de estos factores se expone en los apartados 5.2.2.1 del Capítulo 5 y 6.2.2.1 del Capítulo 6. 187 El análisis de estos factores se expone en los apartados 5.2.2.1 del Capítulo 5, 6.2.2.2 y 6.2.2.3 del Capítulo 6.
(Birnbacher, 1984; Fernández Villanueva, 2007). Desde el momento en que interviene el componente motivacional, existe el fin de provocar dolor, se reviste este concepto de una connotación negativa; de ahí el rechazo generalizado que provoca. Evidentemente, hacemos referencia aquí a aquellas acciones que se realizan intencionadamente, que no son accidentales. Como ya se ha expuesto189, a pesar de que el fin en sí mismo no sea hacer daño, en el momento en que se emplea la violencia, se daña a aquél hacia quien se direige (Berkowitz ,1993). Las acciones violentas que se llevan a cabo sin intención no son consideradas en este apartado190.
La consecuencia inmediata de caracterizar este concepto con la cualidad negativa que le otorga el componente de la intencionalidad es, pues, ligar la violencia con su propia deslegitimación. De manera que el discurso público de negación y rechazo hacia la práctica violenta es más frecuente que el de su aceptación, debido al componente negativo que conlleva el mismo concepto191 (Birnbacher, 1984; Fernández
Villanueva, 2007). Si bien es posible concebir un mensaje de legitimación de la violencia, es difícil que este discurso no asuma la carga negativa de la propia violencia192. Los sujetos de esta investigación no son un caso aislado: como miembros de la misma sociedad participarían de este discurso. En este caso, con el añadido de que son padres y madres, es decir, figuras de referencia para los menores que se están educando; personas en las que la sociedad delega la responsabilidad de transmitir a las nuevas generaciones un mensaje basado en los valores de referencia (García, Ramírez y Lima, 1998). Se confía en que los adultos que ejercen el rol de padres y madres sean capaces de hacer llegar al infante la connotación negativa de la violencia, como generadora de daño y malestar y esto sucede, en la mayoría de las ocasiones, al hacer referencia a la violencia de manera descontextualizada
189 Véase epígrafe Proceso de atribución. La asignación de la responsabilidad, apartado 2.3.2.2 del Capítulo 2.
190 Véase la distinción de los términos agresión-violencia en apartado 1.1.3 del Capítulo 1.
191 Tal y como se ha expuesto anteriormente, cuando se hace pública una opinión acerca de la violencia, estamos influidos por el efecto de la autorrepresentación, al pretender dar una imagen determinada (Tedeschi, 1981) (véase apartado 2.2 del Capítulo 2).
192 Los resultados expuestos en el desarrollo empírico de esta investigación, demuestran que al hacer referencia a la violencia como concepto general, los padres reflejan una visión negativa de la misma (véase apartado 5.1.1 del Capítulo 5), tal y como pronostican las hipótesis planteadas (véase hipótesis 1.1, en el apartado 4.2.1 del Capítulo 4).
Así pues, los niños interiorizan el concepto de violencia en toda su complejidad y las posibilidades de su legitimación, en la mayoría de los casos, a través de los mensajes que reciben durante las situaciones de conflicto concretas193 (en referencia a la violencia contextualizada). Sin embargo, cuando se trata de la violencia como concepto, y no como una acción específica, es poco probable que los adultos aludan a su bondad o a su pertinencia como forma de relación. De manera que el discurso parental en torno a la violencia cuando no se hace referencia a una situación determinada o cuando se trata de un conflicto en el que no participa su hijo, suele ir a favor de su deslegitimación y es posible encontrar en él mensajes que giren en torno a valores morales contrarios a la violencia (por ejemplo, hay que ser una buena persona) y a normas o premisas de conducta concretas (por ejemplo, no hay que pegar)194. También ante una situación de conflicto en la que interviene el menor, el padre puede transmitirle un mensaje de rechazo hacia la violencia empleada. Cuando el niño agrede a otro, es posible que su padre utilice también razones basadas en la moral o en normas de conducta con el fin de deslegitimar esta agresión, como veremos en los siguientes epígrafes. Sin embargo, consideramos necesario realizar esta distinción, pues si bien sí es posible encontrar un mensaje de rechazo hacia la violencia tanto cuando se habla de ella en términos generales como cuando se hace referencia a una situación en la que interviene el menor, en este último caso también es probable encontrar mensajes de aceptación puros o mezclados con los de rechazo.
Una posible explicación que encontramos para el hecho de que se deslegitime con más contundencia el concepto de violencia en general (cuando no se alude a una conducta determinada), tiene que ver con la interpretación de la intencionalidad. Cuando la valoración de la violencia no se refiere a una situación específica, cualquier agresión es un ejercicio intencionado, es decir, implica la voluntad de hacer daño. Al rechazar la violencia en términos generales, lo que se está rechazando es la intención de provocar dolor. Ahora bien, a la hora de transmitir un mensaje de valoración acerca de una situación en la que el propio hijo ha agredido a otro niño, entra en juego la interpretación de la motivación del agresor: muchos progenitores esperan a conocer la
193 Tal y como se expone en el desarrollo empírico de esta investigación, cuando los padres valoran una acción violenta cometida por sus hijos, pueden manifestar que la legitiman (véase apartado 5.2.1 del Capítulo 5), tal y como pronostican las hipótesis planteadas (véase hipótesis 1.2, en el apartado 4.2.1 del Capítulo 4
194 En el apartado 5.1.1.2 del Capítulo 5 se describen las categorías que operativizan el discurso parental en torno a la violencia descontextualizada.
verdadera intención de su hijo antes de reprobar su acción. Si el motivo les parece lo suficientemente válido, la deslegitimación, si se da, ocurrirá en menor grado o de forma confusa195.
3.2.1.1.- CONDUCTAS QUE INDICAN DESLEGITIMACIÓN
En este apartado hacemos referencia a las manifestaciones del adulto que deslegitima una acción violenta protagonizada por su hijo: su reacción de rechazo al presenciar la agresión. En este caso, se trata de analizar las posibles conductas, los gestos, y no el contenido del discurso del progenitor, que será tratado en los apartados siguientes196.
a) Inmediatez.
Cuando el padre no respalda la acción de carácter violento protagonizada por su hijo, tratará de demostrarle su rechazo con el fin de hacerle entender lo inconveniente de su acto: por ello, si ha presenciado tal escena, acudirá al lugar donde se desarrollan los acontecimientos. Un principio básico de la educación es la inmediatez, hacer patentes las consecuencias de un acto cuando éstas se producen; esto es especialmente importante cuando se trata de niños pequeños (Ceballos y Rodrigo, 1998). Sin embargo, también puede ocurrir que el adulto prefiera mostrar su desagrado en privado y no ante otras personas, especialmente otros niños: de esta manera, el padre pretendería evitar el previsible sentimiento de humillación, ligado a la deslegitimación pública. Esto sucede fundamentalmente cuando los niños son mayores y les puede avergonzar que su padre le reprenda delante de otras personas.
195 A este respecto cabe destacar la función que cumplen determinadas acciones parentales (que se han categorizado en la variable Indagar): cuando el niño ataca a otro menor y sus padres insisten en preguntar por las claves del conflicto, están haciéndole comprender la importancia de la intención de cara a aprobar su conducta violenta (véase apartado 6.2.2.3 del Capítulo 6).
196 En el desarrollo empírico de esta investigación se ha analizado el conjunto de posibles reacciones y discursos parentales ante una hipotética situación en la que su hijo actuara con violencia (véase apartado 5.2.1 del Capítulo 5).
Un elemento que puede potenciar que se deslegitime al menor en el momento en que ha actuado violentamente, es la presencia de otros adultos en la misma escena197: el padre, generalmente198, se sentiría en la obligación de reprobar la acción de su hijo cuando otros progenitores están presentes (máxime si se trata de los padres del niño agredido).
Si el adulto prefiere esperar un mejor momento para demostrar a su hijo que deslegitima su acción, debería considerar que es importante que el niño entienda este rechazo, porque el hecho de no deslegitimar la conducta en el momento en que ésta sucede, puede ser interpretado por el menor como un signo de aceptación (o el reflejo de cierta desaprobación, en menor grado) (Hoffman, 2002).
b) Indagar.
Antes de comprobar la forma en que se deslegitima la conducta violenta a través de diferentes métodos disciplinarios, vamos a analizar el efecto que tiene en el menor una reacción concreta de los padres: preguntar por lo sucedido199. La forma en que el padre trata de obtener información acerca de la situación que ha presenciado determina el grado en que su hijo siente que su actuación violenta es legitimada: la manifestación del interés por conocer qué ha sucedido, influye en la percepción infantil de la legitimación que se le otorga200 (el tono de voz, las personas a las que preguntan o el
197 En el epígrafe Proceso de categorización: selección de categorías, en el apartado 2.3.2.2 del Capítulo 2, se ha hecho referencia al efecto que tiene, sobre la reacción del padre, el contexto en el que sucede la escena y el resto de personas que la presencian.
198 Existen ciertas excepciones: los padres pueden aprovechar la circunstancia de que estén presentes los padres del otro niño para que éstos le reprendan, tal y como se expone en el apartado 6.1.1.3 del Capítulo 6.
199 Esta reacción parental se ha considerado en el análisis de los datos de esta investigación, categorizándose como la variable Indagar cuando se hace referencia a la violencia contextualizada (véase apartado 4.8 del Capítulo 4).
200 En el desarrollo empírico de esta investigación se ha analizado la variable Indagar como la manifestación de la legitimación y de la deslegitimación de la violencia; que las conductas dirigidas a conocer qué ha sucedido vayan encaminadas a reforzar la valoración de aceptación o de rechazo hacia la violencia es función, básicamente del carácter de la acción (ataque o defensa), la persona a la que se interpela y el momento en que se realizan. En concreto, se ha hallado que la variable Indagar refuerza la deslegitimación del acto de ataque cuando el padre se dirige a su hijo y lo primero que hace es preguntarle qué ha hecho: esto se interpreta como un gesto recriminatorio (véase epígrafe Patrón de reacciones de los
padres que deslegitiman la violencia cometida como forma de ataque, en el apartado 6.2.2.1 del Capítulo
momento en que lo hacen). Ciertas diferencias sutiles en esta forma de conducirse, son manifestación de una valoración distinta de la acción201.
c) Corrección.
Una vez que ha acudido al lugar donde se desarrolla la escena, aquél que pretende transmitir a su hijo que deslegitima su acción, puede optar por diferentes métodos disciplinarios. La pretensión de los padres que deslegitiman la conducta agresiva de sus hijos es hacerles entender que su acción ha provocado un daño en la otra persona (Díaz Aguado, 2006b; Fraczék y Kirwill, 1992; Hoffman, 2002). Ésta es la base de la capacidad de la responsabilidad (nuestros actos tienen consecuencias) y la empatía (tengo que comprender los efectos de mi conducta en la otra persona y cómo se siente). Nos vamos a centrar en los modelos de disciplina propuestos por Hoffman (2002), dado que este autor realizó una descripción de los métodos disciplinarios que es mayoritariamente aceptada. Además, estudió el desarrollo del sentimiento de culpa en el niño a partir de la disciplina parental. Resume en tres los posibles métodos disciplinarios: la afirmación de poder, la retirada de afecto y la inducción202. En palabras de Ros y Gouveia (2001), el estilo disciplinario es la: “Constelación de
actitudes hacia el niño que se le comunican creando un clima emocional en el cual se expresan las conductas parentales. Esta comunicación se produce mediante las conductas dirigidas a objetos concretos –como dar una instrucción- y las conductas no dirigidas a objetos –como las manifestaciones espontáneas de afecto-; del conjunto de ambas infiere el hijo la actitud parental hacia él y en función de esa actitud interpreta las acciones o demandas concretas.” (p. 208). Otros autores han definido estilos de
disciplina similares a los propuestos por Hoffman y con una denominación casi idéntica. En algunos casos, al estilo inductivo, se le llama también democrático y se contempla uno más: el permisivo o indulgente (Baumrind, 1991; MacCoby y Martin, 1983).
Grusec y Goodnow (1994) consideran que el empleo de cada modelo de disciplina por parte de los padres, depende del tipo de problema de que se trate: así, por
201 En el apartado 3.2.2.1 se explica que el hecho de preguntar por lo sucedido también puede ser una forma de legitimar la violencia.
202 En el desarrollo empírico de esta investigación no se han tenido en cuenta estos tres métodos como tal, sino conductas concretas que obedecen a formas disciplinarias de cada uno de ellos (por ejemplo, el castigo –como reflejo de la afirmación de poder-; el enfado –como reflejo de la retirada de afecto- o el razonamiento acerca de las normas –como reflejo de la inducción-).
ejemplo, el castigo físico (propio del método de afirmación de poder) sería utilizado cuando el hijo no ha controlado un impulso o, el razonamiento (propio de la inducción), se emplearía con el fin de hacerle entender que es negativo provocar daño a los demás. Ceballos y Rodrigo (1998) consideran que el tipo de disciplina depende, fundamentalmente, de dos factores: la atribución causal que realizan ante la conducta del niño (externa o interna) y la emoción que en ellos suscita. Los problemas de externalización (transgresión de normas morales, actos violentos o daño a terceros) suelen provocar reacciones de ira e indignación, que se traducen en métodos